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Por Jineth Prieto | Carlos Hernández Osorio · 10 de Diciembre de 2017

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Con la renuncia de Horacio Serpa a su aspiración de repetir curul porque no le dieron la cabeza de la lista liberal al Senado, no solo se precipitó el relevo generacional de su propia casa sino que se abrió la oportunidad para evitar que Juan Manuel Galán se vaya del Partido.

La sacada

Hasta hace una semana dentro del serpismo daban por descontado que el grupo nuevamente tendría la cabeza de la lista.

Lo decían, porque tras la elección de César Gaviria como Presidente del Partido, según una fuente de adentro del grupo de Serpa que dice saberlo de primera mano, detrás de cámaras hubo el acuerdo de que le respetarían al Senador la figuración en 2018.

Según esa misma fuente y otras dos que son de la línea samperista (la misma a la que pertenece Serpa), el senador ayudó a que la elección de Gaviria fuera por unanimidad, debido a que un sector del Partido, como contó La Silla, temía que llegara solo a impulsar a su gente y desconociera a los demás.

Las cuentas se mantuvieron así hasta que la bancada roja empezó a moverse para pedir que alguien diferente a Serpa encabezara la lista al Senado y a oídos del grupo del Senador llegaron rumores de que Gaviria lo estaba considerando.

Según se lo relató a La Silla una fuente del primer círculo de Serpa, como los rumores persistieron, empezaron a buscar a Gaviria para que corroborara los acuerdos, que hasta octubre seguían en pie.

Sin embargo, Gaviria jamás les contestó.  A la par, empezó a circular una carta entre los congresistas para pedir que Juan Manuel Galán ocupara el primer lugar de la lista.

Sobre el origen de esa carta hay dos versiones. La primera es que fue el mismo César Gaviria quien le pidió a la bancada que lo hiciera; y la segunda, que fueron los senadores Rodrigo Villalba del Huila y Arleth Casado de Córdoba, y el representante nortesantandereano Alejandro Carlos Chacón los que sacaron al ruedo la idea.

Cualquiera que sea, lo que cinco fuentes liberales le dijeron a La Silla, es que la motivación en los dos escenarios era la misma: forzar la salida de Serpa, a quien ya varios, incluso no gaviristas, lo ven con dificultades para reelegirse.

Lo paradójico es que en 2014 obtuvo 120 mil votos y fue el más votado al Congreso. Pero, como contó La Silla, Serpa estuvo lejos de desempeñar el papel protagónico que prometía.

Y recientemente ha tenido varios reveses. En la consulta liberal estuvo con Cristo y perdió hasta en su natal Santander; también apareció nombrado en un escándalo por presunto tráfico de influencias en la revocatoria del alcalde de Barranca, Darío Echeverri; y en lo local, las cuentas le variaron con el salto al Senado de su otrora fórmula Miguel Ángel Pinto, quien desconoció los acuerdos de mantenerse en la Cámara y entró a pelearle la misma torta de votos.

“Eso de que había que sacar a Serpa muchos venían diciéndolo de hace rato. La verdad es que ya nadie siente que represente mucho y pues dejarle la cabeza no tenía sentido”, nos explicó un senador que prefirió no dar la cara.

Aún si había cierto consenso informal dentro del Partido sobre no dejar a Serpa encabezando la lista, en los cinco trinos que hizo el Senador se fue lanza en ristre contra Gaviria.

Y hasta hizo alusión a las fotos de Gaviria con la pastora de la iglesia cristiana Misión Carismática Internacional, Claudia Castellanos (que terminó donde Vargas Lleras).

A los pronunciamientos se sumó el exprecandidato presidencial Juan Fernando Cristo, quien pidió un “congreso extraordinario” del Partido para revocar la presidencia de Gaviria.

La propuesta de Cristo podría quedarse en el aire porque a un día de que se cierre el periodo de inscripciones, la atención de la mayoría está centrada en su propio futuro y no en peleas internas.

Además, porque aunque hay un sector dentro del grupo de Serpa que cree que la decisión de Gaviria obedeció a que está intentando reducir a esa línea para darle más alas a sus allegados, hay otro dentro del mismo grupo que sí quería que él no estuviera al frente de la lista del Senado.

“Con qué cara nosotros vamos a decir que este es un partido de renovación si Serpa sigue encabezando”, dijo a La Silla una de esas fuentes. “Aquí lo que pesaron fueron los cálculos políticos. Es mejor que él salga ya y dignamente”.

En todo caso, Serpa no tardó en poner a rodar el Plan B. Ayer su hijo, el concejal de Bogotá, Horacio José Serpa, renunció a la presidencia de esa Corporación y a la credencial para saltar el próximo año al Congreso.

El Plan B

En 2015, cuando Horacio José Serpa se lanzó al Concejo de Bogotá y quedó como el corporado más votado de la ciudad al alcanzar 37 mil votos, la idea de su grupo era que a la mitad de su periodo renunciara para tratar de heredar la curul de su papá en el Senado.

Esos planes se trastocaron por la inseguridad jurídica que generó la sentencia del Consejo de Estado que anuló la elección de Oneida Pinto como gobernadora de La Guajira por haber renunciado a su cargo como alcaldesa de Albania para lanzarse al primer cargo de su departamento.

Aunque en enero el Consejo Nacional Electoral sacó un concepto según el cual concejales, diputados y congresistas podrían renunciar para lanzarse a otros cargos sin quedar inhabilitados, aún persiste la duda y por eso Serpa hijo anunció que terminaría su periodo como concejal y que su padre repetiría en el Senado.

Desde entonces, su trabajo político en Bogotá se enfocó en impulsar la candidatura de Serpa padre y de la fórmula a la Cámara, Samir Abisambra, que viene del Partido Verde y ha sido más cercano al él que a su papá. Al tiempo, comenzó a trabajar la idea de lanzarse a la Alcaldía en 2019.

Sin embargo, luego de la consulta liberal del 19 de noviembre en la que en su natal Santander Serpa padre le aportó muy poco a Juan Fernando Cristo y se confirmó que su fuerza electoral viene en declive, comenzó a rumorarse en Bogotá la posibilidad de que Serpa hijo fuese quien se lanzara al Senado.

Pero el propio Horacio José le dijo a La Silla Cachaca en ese momento que no contemplaba esa posibilidad, y salió a desmentirlo en redes sociales:

Personas cercanas, sin embargo, nos admitieron que sí estaban haciendo estudios jurídicos y que no veían tan enredado el panorama.

(Por esos días, de hecho, renunció al Concejo su colega Antonio Sanguino, de la Alianza Verde, para lanzarse al Senado).

El detonante terminó siendo la renuncia de su papá.

Al heredarle a su padre, el eje de esa campaña se traslada a Bogotá, que es donde Serpa hijo ha construido su capital político.

Aquí, además, los líderes, los ediles, la burocracia y el candidato a la Cámara son más de él que de su padre.

Así que su tarea ya no será tanto heredar votos, sino cosechar en su beneficio lo que él mismo ha sembrado.

No llegará pidiendo el primer lugar en la lista porque sabe que no tiene el peso ni la historia que sí tuvo su papá, pero con su presencia sí asegurará que esa casa se mantenga vigente en la campaña.

“Lo que haremos es redoblar esfuerzos porque sabemos que aquí tenemos una fuerza muy grande”, nos dijo Samir Abisambra, la fórmula a la Cámara en la ciudad.

Pero así como Bogotá será clave, también será insuficiente para lograr la curul.

Por lo que ahora Serpa hijo tiene la tarea de recoger los apoyos que tenía su papá en el país.

En Santander, ya tiene fórmula con Alberto Chávez, un liberal que fue secretario de Educación en la administración de Richard Aguilar y es hermano de Jaime Chávez, presidente de la financiera Comultrasán.

Si el gobernador de Santander, Didier Tavera, le cumple con los acuerdos a su papá, quien le consiguió el aval pese a que incluso terminó peleado con su amigo el cacao santandereano, Alejandro Galvis Ramírez, también contaría con votos de entrada y con el respaldo del diputado cristiano Carlos Alberto Morales.

En Antioquia, Horacio Serpa ya tenía acuerdos con el gobernador Luis Pérez, por quien se dio la pela para que le dieran el aval, y en Atlántico, con Eduardo Verano de La Rosa quien es amigo suyo de antaño, así que si se los endosan también tendría votos en esas dos regiones.

Sin embargo, si se queda con la curul y lo de Oneida Pinto no lo afecta, Serpa hijo también tendrá que jugar con un elemento adicional.

Dos fuentes en el liberalismo le dijeron a La Silla que la candidatura de él estaría viciada porque al haber sido presidente del Concejo de Bogotá fue ordenador del gasto y eso lo inhabilitaba para lanzarse.

Que sea así o no, está por verse. Pero probablemente le tocará defender la curul -si la gana- en tribunales.

El guiño a Galán

Así como la salida de Serpa modificó las cuentas dentro de su propia casa, también rebarajó el escenario con Juan Manuel Galán, quien luego de renunciar a la precandidatura liberal a la Presidencia argumentando falta de garantías estaba buscando irse del partido.

Galán esperaba revivir el Nuevo Liberalismo, bajo el argumento de que ese partido se había acabado porque su papá, Luis Carlos Galán, fue asesinado y devolverle la personería jurídica era una forma de reparación similar a la de la Unión Patriótica.

Y aunque con ese escenario no le alcanzaba el tiempo para salir al ruedo en estas elecciones, debido a que el Consejo Nacional Electoral, CNE, no ha tomado una decisión aún, sí le abría una puerta para irse de las toldas rojas y tener su propia plataforma en 2022.

Con la carta que circularon los congresistas pidiendo que él fuera el que liderara la lista le envían el mensaje de que lo quieren adentro y la salida de Serpa les sirve para retenerlo.

“Aquí se trata de sumar y él sí sumaba. La cabeza de la lista es lo mejor que le podemos ofrecer por ahora”, dijo a La Silla un congresista. “A él también le sirve porque lo peor que puede hacer un político es desaparecerse cuatro años y más si quiere la Presidencia”.

Hasta anoche Galán no había respondido al ofrecimiento. Pero si acepta, además de que los liberales lograrán mantenerlo de su lado por lo menos una elección más, también evitan que sus votos terminen en Cambio Radical.

Esa posibilidad obedece a que Carlos Fernando Galán, quien está en Cambio, quiere la Alcaldía de Bogotá, y si Juan Manuel finalmente no estaba en el liberalismo podía direccionar su apoyos hacia el partido de Vargas Lleras a cambio de asegurarle a su hermano el respaldo para 2019.

Ese escenario depende en todo caso de lo que decida el CNE sobre el Nuevo Liberalismo, porque por lo que La Silla supo, el plan de los Galán, independientemente de lo que resulte para estas elecciones, sí está en retomar el partido de su papá y si lo hacen ya no dependerían de ninguna otra colectividad para ejecutar sus planes políticos.

Así que sin Serpa en el escenario, a dos días de que finalice el periodo de inscripciones y cuando al menos 10 representantes quieren saltar al Senado y la mayoría de los senadores mantenerse, la expectativa sobre cómo quedarán la lista roja es grande.

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