Uribe se la juega por el Centro Democrático antes que por Duque

Silla Santandereana

El ex presidente del uribismo deja el mensaje de que el Presidente que ayudó a elegir debe “enderezarse”. Lo hace ad portas de las elecciones regionales.

El jueves pasado Blu Radio circuló un video en el que el senador y ex presidente Álvaro Uribe le decía a unas personas en una reunión, sabiendo que lo estaban grabando, “necesitamos que Duque enderece, porque si no endereza nos va muy mal”.

Aunque luego Uribe dijo que se refería a la necesidad de que su apadrinado, el presidente  Iván Duque, enderece el país, sus mismos compañeros de bancada dicen que dejó el mensaje de que el uribismo busca evitar los costos del mal momento del Gobierno.

Lo hizo sin romper con Duque, una movida similar a las que había mostrado en las semanas recientes con su posición de apoyar la tributaria de Duque pero no el IVA a nuevos productos de la canasta familiar, que era su corazón en recaudo, o sus trinos sobre la necesidad de ayudar al Presidente, que a la vez muestra que no hay ruputura pero que sí hay posiciones tan distintas que tiene que llegar a rescatarlo.

Eso, de entrada, golpea a un Presidente que llegó al poder en buena medida por ser “el de Uribe”, porque muestra que su padrino político no está totalmente de acuerdo con su forma de gobernar. Con eso, Uribe se pone del lado de sus bases políticas que, como contó La Silla Paisa tras hablar con 45 uribistas, están en gran medida desilusionados del presidente por el que votaron.

Para hacerlo, Uribe tenía la ventaja de que ya había distancias claras entre uribistas y Gobierno, como hemos venido narrando, que han ido llenando de contenido la famosa frase de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez de que “una cosa es el Centro Democrático y otra el Gobierno”.

La movida de Uribe puede ayudar a evitar que la alicaída imagen de Duque siga afectando a su partido político, ya sea porque logre sacar adelante su plan de darle gobernabilidad y norte al Gobierno haciendo de Ministro del Interior y de puente con las bases uribistas, o porque sea el inicio de un distanciamiento que lleve a que en la cabeza de la opinión sea cierta la frase de Marta Lucía a la hora de votar.

Duque puede solo

Desde su discurso al asumir la Presidencia, el 7 de agosto, Duque marcó distancias con el uribismo, por lo menos en su discurso conciliador.

A eso sumó el nombramiento de personas que tuvieron cargos importantes en el Gobierno Santos, tan criticado por Uribe, su partido y sus bases, o que votaron Sí en el plebiscito de 2016, en contravía con el uribismo.

Luego Duque marcó diferencias con su padrino, como lo hizo al apoyar las medidas anticorrupción a las que Uribe se opuso o al poner en cabeza de la implementación del Acuerdo con las Farc a un hombre que había votado por el Sí, Emilio Archila.

Además, también se alejó de las visiones más radicales del uribismo, por ejemplo al nombrar a un ministro abiertamente gay o al recibir al ex jefe de las Farc, Rodrigo Londoño ‘Timochenko’ en la Casa de Nariño con otra docena de congresistas.

A la vez que se alejaba del uribismo más duro, Duque marcó una forma nueva de relacionarse con el Congreso, sin ‘mermelada’.

No ha dado puestos para comprar apoyos (aunque sí a sus aliados de campaña), no ha dado representación política ni siquiera impuesta (como lo que hacía Juan Manuel Santos al nombrar ministros de su entraña y ‘asignarlos’ a partidos) no ha usado los cupos indicativos para darle tajadas del presupuesto a los congresistas (aunque ha dejado avanzar la tecnomermelada que permitirá tener esos cupos encima de la mesa).

Ese cambio no ha llevado a una ruptura con el Congreso, que Duque no parece querer pues no ha convertido ese cambio en el eje de su discurso ni ha criticado a los políticos, pero sí empezó a pasar factura.

La tributaria, la gota que rebasó el vaso

Eso se nota sobre todo en la reforma tributaria, que lleva ya casi cuatro semanas de trámite sin que haya ni siquiera ponencia.

Lo grave para Duque es que solo quedan tres semanas de sesiones ordinarias para que logre que haya ponencia, votación en comisiones, ponencia para las dos plenarias y conciliación entre lo que decidan el Senado y la Cámara. Eso, con la complejidad de una tributaria y la posibilidad de que los congresistas pidan que se voten, uno por uno, los más de 100 artículos que hoy tiene el proyecto, es un desafío grande.

La carta que le queda es convocar a extras para las dos semanas que van del 16 al 31 de diciembre y que allí salga la reforma, algo que es usual en las tributarias pero que marcaría la debilidad del Gobierno.

Más por lo ocurrido con el contenido de la reforma, que arrancó con el buen auspicio de que el Gobierno la presentó el día después de que la Cámara hundió la moción de censura al ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, pero desde ese momento cargó el lastre de la propuesta de poner IVA a decenas de productos de la canasta familiar.

Aunque también traía un subsidio para que el 30 por ciento de hogares más pobres pagara ese IVA y proponía reducir su tarifa del 19 por ciento actual al 18 en 2019 y al 17 en 2020, la hicieron inviable varios factores.

Por ejemplo, que siempre es impopular defender nuevos impuestos, que el subsidio no protegía a la clase media y que el Gobierno no logró conseguir un defensor claro y de peso para la propuesta (ni Duque ni Carrasquilla lo hicieron; encargaron al director de la Dian, José Andrés Romero, y al muy joven viceministro de Hacienda, Luis Alberto Rodríguez).

Pero quizás el factor más fuerte fue que Uribe se opuso públicamente a la propuesta desde un par de semanas antes, cuando era apenas un rumor. Eso dejó a la propuesta sin el sustento político del partido de Duque e hizo más fácil que todos los demás partidos le dieran la espalda.

Al fin y al cabo, si el padrino político del presidente no la apoyaba y el Gobierno tampoco iba a pagarles su apoyo con ‘mermelada’, no tenía mayor sentido político apoyarla.

"Yo creo que la gente está emputada. Cuando un gobierno no mide el efecto político de una decisión, por más técnica que sea, no puede esperar que el partido lo apoye", le dijo a La Silla una senadora del Centro Democrático para resumir esa distancia.

Una distancia que no se limita al muy criticado IVA, pues también se ve en que las reformas a la Justicia y a la política que presentó Duque se empezaron a demorar más de lo usual para un Gobierno que está arrancando, y a que en los dos casos proyectos o propuestas de los partidos empezaran a tener más fuerza.

Además, incluso sin críticas directas, el cambio ha molestado a los congresistas y no solo por no tener puestos ni cupos.

“Aunque no haya mermelada Duque satanizó un deber constitucional de los congresistas que es el de llevar inversión a las regiones siempre y cuando no haya un interés particular.” le dijo a La Silla un congresista del Partido de La U que pidió no ser citado.

Por eso, porque sin mermelada no hay mayorías gubernamentales y porque en el Congreso ven a un Gobierno poco pendiente, el liderazgo del Gobierno, en el lento trámite de las reformas, ha sido prácticamente nulo.

En la reforma política la batuta la ha tenido el senador de La U y contradictor del Gobierno, Roy Barreras; y la de Justicia, la voz más fuerte ha sido la del senador de Cambio Radical Germán Varón, quien es independiente.

Aunque las ministra de Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, y de Justicia, Gloria María Borrero han asistido a las comisiones y a las plenarias, lo usual es que los congresistas no les pongan mucha atención cuando hablan.

Esa poca fuerza de Duque en el Congreso había sido poco visible hasta el hundimiento del IVA a la canasta familiar, que se dio menos de una semana después de las encuestas de Invamer y Cifras y Conceptos que mostraron una gran caída en su aprobación, que materializaron e hicieron pública su mala hora.

Ahí fue cuando Uribe salió al rescate.

Uribe al rescate

Uribe arrancó la semana pasada, el lunes después de las encuestas y la rendición de cuentas de Duque de sus 100 días, con este trino:

Con eso, dejó el mensaje de que se va a echar al hombro mejorar la situación del Gobierno, especialmente en el Congreso, a la vez que busca el bien de su partido.

Lo va a hacer, primero, como un Ministro del Interior.

“Uribe quiere ayudar al Gobierno y por eso está tratando de conciliar posiciones dentro del Congreso”, le explicó a La Silla un Senador de La U que pidió no ser citado. Explicó que Uribe ya está en la tarea de buscar unas mayorías, y que para eso ha usado su experiencia y el respeto que tiene dentro del Congreso.

Según Carlos Motoa, senador de Cambio Radical, Uribe ha empezado a estar más pendiente de lo que pasa en las comisiones más importantes y en la plenaria, como suelen hacer los Ministros de Interior para asegurarse de que salga adelante la agenda legislativa del Gobierno.

“Ha estado en la tarea de monitorear la actividad en el Congreso, ya sea él mismo o a través de los congresistas más cercanos a él, como Paloma Valencia o el presidente del Senado Ernesto Macías”, explicó Motoa.

Además de monitorear, Uribe se metió en las discusiones de la tributaria de frente, y para defender el futuro de la reforma, una vez el Gobierno aceptó sacrificar la propuesta del IVA en la canasta familiar.

Pues según un ponente de la tributaria, Uribe llegó a la reunión de ponentes del jueves pasado, ya con esa decisión tomada, y dijo que su carrera política está llegando a su fin, que su único interés es que a Duque le vaya bien y que hará todo lo que sea necesario para que así sea.

Por eso, Uribe dijo que ayudaría a buscar la forma para que la reforma tape lo máximo posible el hueco fiscal de 14 billones que la justifica.

Por ejemplo, entre lo que le propuso a las comisiones económicas en esa reunión, fue que se podía poner un porcentaje extra de renta a mineros y al sector financiero, tema que será examinado hoy en la reunión de ponentes de la tributaria.

De hecho, Uribe luego estuvo en otra reunión en el Palacio de Nariño entre Duque y la bancada del Centro Democrático, y según uno de los congresistas que estuvo ahí luego se reunió con Carrasquilla y los ponentes uribistas. Todo eso, buscando salidas.

"No creo que haya una ruptura entre Uribe y Duque, pero sí hay una molestia por el manejo que le ha dado a la tributaria. Por eso es que Uribe se ha metido de cabeza con Carrasquilla para intentar salvarla", explicó una de las congresistas que estuvo también presente en la reunión.

Si lo logra, puede obtener una victoria política, pues quedaría como el salvador de una reforma que el Gobierno ha reiterado que es fiscalmente necesaria, sin haber apoyado su parte más impopular.

La pregunta es si eso evita el costo político de que la haya propuesto el Presidente que fue elegido en buena medida porque era “el de Uribe”.

De cara a 2019

Aunque con la llegada del uribismo al poder el fantasma del castrochavismo se esfumó, para los congresistas gobiernistas está vivo el miedo de que a la izquierda le pueda ir bien el año entrante y luego en 2022.

Así lo dejó claro la senadora uribista Paloma Valencia en una nota de The Economist titulada “La dificultad de ser Iván Duque” (The difficulty of being Iván Duque”). "Si extendemos el IVA, la izquierda ganará todo [en las elecciones municipales del próximo año] y Duque no podrá gobernar", dijo Valencia.

Esa preocupación es general, según otros cuatro congresistas que sienten que si a Duque le va mal, la oposición se va a beneficiar electoralmente.  "Lo del IVA es devastador para las elecciones regionales. Le dimos comida gratis a la izquierda", resumió uno de ellos.

Para otros, ahora es un lastre salir a buscar votos con un partido que buscaba hacer que la clase media tributaria más, como lo dijo una persona que quiere lanzarse a una Gobernación como uribista.

"Duque se queda cuatro años, en cambio el partido tiene una vocación de poder que va más allá de él y no podemos permitir que nos debilite", explicó otra congresistas uribista que pidió no ser citada.

Para las elecciones locales faltan todavía 11 meses, más de 330 días. Llegarán cuando el Gobierno Duque haya tenido muchas ocasiones para demostrar si definitivamente será un lastre para el uribismo o no y si Uribe siente que su pupilo pasó el examen o deja la constancia de que intentó rescatarlo pero no pudo.

Porque lo que es muy improbable es que la relación entre el Presidente y su padrino político siga siendo de personas que están distantes, pero son distintos.

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