Tres años perdidos y falta otro

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Estamos a punto de completar el 75% del mandato que los bogotanos otorgamos al alcalde Gustavo Petro. Ya es tiempo de hacer el balance. Columna.

Estamos a punto de completar el 75% del mandato que los bogotanos otorgamos al alcalde Gustavo Petro. Ya es tiempo de hacer el balance. Se trataba de un experimento encabezado por una persona fuertemente caracterizada de izquierda y con un reconocimiento amplio de estar dispuesto a enfrentar a las peores mafias enquistadas en la política.

Cuando los bogotanos eligieron a Petro sabían que no era un experto urbanista y que de los temas de la ciudad poco sabía, pero –en general- los alcaldes llegan sin saber y aprenden rápido o se rodean de un grupos de técnicos conocedores de los temas. Petro tenía todas las posibilidades de liderar un proceso verdaderamente revolucionario en la ciudad pero desafortunadamente desperdició la oportunidad y vamos a tener un cuatrienio perdido.

El Alcalde nunca logró construir un “modelo de ciudad”. Saca del sombrero piezas aisladas de un cuadro que no logra tomar forma: es un “ambientalista”, habla de la defensa de los animales, habla del cambio climático, habla de la importancia de ciudades compactas, habla de la preservación del agua, habla de vehículos eléctricos, habla de los medios alternativos de transporte, habla de reciclar.

Es un “pionero en inclusión social”. Habla de hacer vivienda de interés social en zonas calificadas hasta ahora como de estrato seis, habla de los derechos de la comunidad LGTBI, habla de los negros.

Es un “luchador contra la corrupción”. Habla de clientelismo, habla de las extorsiones de los concejales, habla de las mafias.

Es un “perseguido de los grandes capitales”. Habla contra los medios de comunicación, habla contra los grupos económicos, habla contra los constructores, habla contra los empresarios.

Es un “innovador” en materia de transporte. Habla de un sistema integrado, habla del metro, habla del cable, habla de los buses eléctricos, habla de carriles exclusivos, habla de restricciones a las motos, habla de peatonalización.

El gran problema de Petro es que solo habla. Hace poco. En la descripción más literal es un hablador. Mientras el Alcalde habla la ciudad parece bloqueada. Desde el punto de vista político está paralizada, ninguna decisión del gobierno local tiene vocación de ser convertida en realidad porque se para en el Concejo, se enfrenta con políticas nacionales, se encuentra con resistencias ciudadanas o de organizaciones de interés, se estrella con la incapacidad institucional de gerencia cualquier programa o proyecto. Por la razón que fuera, la gobernabilidad en Bogotá está rota.

El clima de opinión es muy malo, el peor de cualquier lugar de Colombia. El 76% de los bogotanos creen que las cosas en la ciudad están empeorando. El 70% desaprueba la gestión del Alcalde. El 60% siente miedo de vivir en Bogotá, no quiere salir a la calle. Alguna medición califica a la ciudad como la más peligrosa para las mujeres en el transporte público y etc, etc.

Petro está enconchado, a la defensiva, cada vez con menos amigos y aliados políticos. Atrincherado en la maquinaria burocrática y en la organización social creada alrededor de los programas oficiales.

Petro está dedicado a pensar en la política electoral. Gasta horas discutiendo sobre la manera como su grupo debe enfrentar la contienda electoral del 2015. Habla de candidatos, habla de recoger firmas, habla de cómo podría volver a los verdes. En política, donde se había movido bien, también se ha vuelto en el sentido más literal de la expresión un hablador.

Terminada la Alcaldía de Petro habrá algunos indicadores positivos en la ciudad. Varios, muchos quizás. Se destacaran los de educación, porque hay un Secretario serio, que ha sido de los pocos que lo ha enfrentado. Tendrá para mostrar una importante disminución en homicidios y pare de contar, en todo lo demás la ciudad estará peor que cuando llegó Petro a la Alcaldía.

La ciudad estará más contaminada y tendrá peor disposición final de sus basuras, a pesar de que el Alcalde habla de eso. La ciudad tendrá unos problemas enormes de movilidad a pesar de que el alcalde habla de eso. La ciudad será tanto o más excluyente que antes a pesar de que el Alcalde habla de eso. Las potenciales zonas de renovación urbana estarán más deterioradas que antes y ningún proyecto importante en curso a pesar de que el Alcalde habla de eso.

Aunque no voté por él, me hubiera gustado que Petro tuviera una alcaldía exitosa. No solo porque vivo aquí sino porque tenía la posibilidad de adelantar una gobierno de izquierda exitoso que verdaderamente pudiera romper con la exclusión social y física de la ciudad; que pudiera dejar un sistema de transporte efectivo; que valorara la función del espacio público en las ciudades; que actuara en el comportamiento de los ciudadanos en materia de preservación de agua, de convivencia; que enfrentara de verdad a “los poderosos”.

Con Petro en la Alcaldía la ciudad no solo no cambió sino que se hunde en el pesimismo. La Alcaldía hizo una encuesta sobre la felicidad de vivir en Bogotá y se encontró que la gente valora bien lo propio –su familia, su casa, su barrio pero califica muy mal lo bienes públicos, la seguridad, la movilidad, el espacio público.

Durante el Gobierno de Petro vivir en Bogotá se convirtió en un martirio y mientras tanto el Alcalde habla.

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