Si Duque no endereza nos va a ir muy mal

Silla Paisa

Uribe se preocupa por la baja en las encuestas; los demás nos preocupamos porque un país en turbulencia, y Colombia siempre lo está, requiere un piloto que tenga claro el rumbo.

El expresidente Uribe está preocupado porque el Gobierno de su pupilo, Iván Duque, no toma cuerpo y eso puede generarle consecuencias negativas al Centro Democrático en las elecciones del año entrante. Los demás colombianos compartimos la preocupación, pero por razones distintas.

Uribe se preocupa por la baja en las encuestas, los demás nos preocupamos porque un país en turbulencia, y Colombia siempre lo está, requiere un piloto que tenga claro el rumbo. La revista The Economist lo sintetizó gráficamente con toda contundencia: Duque es la aguja de una brújula que no encuentra el norte.

El debate de la Reforma Tributaria ha develado falta de consistencia conceptual en el equipo de gobierno. Más allá de pretender gravar con IVA los productos básicos de la canasta familiar, que era un error de cálculo político elemental, no queda claro cuál es la apuesta gubernamental para conseguir la prometida reactivación económica.

Los empresarios deben estar sorprendidos con el Presidente, al que tanto aplaudieron. Les ofreció rebajas incumplibles de impuestos y el resultado será seguramente aumentarles la carga tributaria. Impuesto a los dividendos, a las remesas de utilidades al extranjero, al patrimonio, sobretasas a los bancos y al sector minero son contrarios al credo uribista de la confianza inversionista en el que creían.

Los que tienen esperanza en la promoción de la economía naranja, de la que tanto habla Duque, deben estar perplejos de que en el proyecto de Ley de Financiamiento se pretenda cargar con IVA a los espectáculos públicos y, de paso, se proponga eliminar la sobretasa del 4% al IVA, que promovió Uribe en su primer gobierno y que ha sido fuente para sostener programas como los de apoyo a deportistas de alto rendimiento que ha producido los éxitos deportivos que hemos celebrado en la última década, así como la promoción del cine nacional.

Los azucareros no deben creer que ayer Duque haya defendido un aumento en el impuesto a las gaseosas después de que había sido el principal opositor a ese tributo en las discusiones de la reforma de hace dos años.

Ya la clase media y los profesionales independientes que habían sido usados por Duque para hacerle oposición a Santos se habían desencantado con el Presidente, que presentó un proyecto que pretendía cargar exclusivamente en ese sector la consecución de nuevos recursos para el Estado.

Según las encuestas, Duque perdió a la mitad de sus electores en sólo 100 días de gobierno, pero no debió ser sólo por la propuesta de reforma tributaria; debió ser también porque esa clase media con valores de derecha, preocupada por la educación de sus hijos, debe estar desconcertada porque el Presidente haya dicho primero que no hay plata, después que sí, pero que la tienen los gobernadores a través de las regalías; después que no fue culpa suya porque el presupuesto se aprobó antes de que llegara; otro día, que va a pedir donaciones de particulares, y ayer que “le di unas instrucciones a la Ministra (de Educación) para ver si, haciendo un esfuerzo, podemos conseguir unos recursos más”. Y, mientras tanto, en vilo el semestre académico de más de 300 mil estudiantes.

Los uribistas, que ahora tienen una imagen desfavorable de Duque, habían creído que los problemas de seguridad se resolvían de un día para otro porque estaban causados por una instrucción de Santos a la Fuerza Pública de dedicarse a jugar ajedrez para no molestar a las Farc.

El Presidente y el Ministro de Defensa han tratado de reforzar ese mensaje: miliares y policías no actuaban porque no había “comandante en jefe”. Uribe se había dedicado, en su Twitter, a generar una sensación de zozobra difundiendo todos los problemas de orden público con la marca de “informa la comunidad”.

Esa sección de su red social ahora está bastante alicaída. Pareciera que la comunidad ya no le informa a Uribe, pero eso no significa que “la comunidad” no se entere. La comunidad, por ejemplo, no le informó ayer a Uribe de la explosión de un artefacto en la Comuna 13 de Medellín, ni del asesinato de dos soldados en la frontera con Venezuela, ni del asesinato de un hombre en un bus de Medellín, con lo que se completó el homicidio 550 del año en esa ciudad, 50 casos más que el año pasado, a pesar de la alharaca permanente del Alcalde.

La comunidad nunca le ha informado a Uribe, o al menos él no lo ha publicado, del asesinato de los desmovilizados de las Farc, pero ayer mataron a dos más y van 84.

Claro: el Gobierno se defiende diciendo que todos los problemas son heredados y por eso ha desempolvado el espejo retrovisor como Uribe le había recomendado a Duque que lo hiciera desde el primer día.

Uribe, que sabe de política como el que más, está preocupado no porque el petrismo esté movilizado, sino porque el uribismo está desencantado. El expresidente mira con horror las encuestas que muestran que en Antioquia y el Eje Cafetero es donde Duque tiene el mayor descenso en favorabilidad. Por eso, con toda sinceridad, les dice a los cuadros de su organización que salir a defender el Gobierno en la ya próxima campaña electoral va a ser difícil y que si “Duque no endereza” les va a ir muy mal.

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