Santos le pone electrochoques a la salud

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El Presidente Juan Manuel Santos y la Ministra de Salud, Beatriz Londoño, en la rueda de prensa para anunciar ajustes a la salud. Santos busca descativar la bomba del descontento por la salud.

Foto: Juan Pablo Pino

Con el anuncio del Gobierno de hacerle varios ajustes al sistema de salud, Santos busca frenar una crisis que, como la de la Educación el año pasado, ha venido creciendo, ya llegó a la calle y los opositores están capitalizando políticamente.

Precisamente hoy hubo una marcha en varios lugares de Bogotá en protesta por la situación de la salud. Liderada por miembros de la izquierda, tanto del Polo Democrático como de Progresistas, la marcha de sindicalistas, trabajadores de la salud y médicos llegó finalmente a la Plaza de Bolívar, donde el alcalde Gustavo Petro le habló a los marchistas. Y es que el tema de la salud se ha vuelto una bandera de Progresistas para saltar a los debates nacionales: Guillermo Alfonso Jaramillo, Secretario de Salud de Bogotá, lidera el descontento de los médicos del Distrito, y Antonio Navarro está tratando de posicionar un proyecto de Ley Estatutaria de la Salud, como mostró en su última entrada en el blog de La Silla Vacía.

Después de la última encuesta de Gallup, en la que la salud aparecía como una crisis a punto de estallar, Santos busca atacar el problema antes de que salga de control. Ya la semana pasada la ministra Londoño había anunciado que el Gobierno estaba preparando un “plan de choque” y Santos tenía pensado hacer el anuncio de las medidas ayer, antes de la marcha, pero se le atravesó la crisis en el Cauca.

Conrado Gómez renunció a la Superintendencia de Salud. Su salida se da en el marco de una fuerte crisis del sector.

La Ministra de Salud, Beatriz Londoño, queda más claramente en cabeza de resolver los problemas de la salud. Su reto político es muy grande, porque las movilziaciones están creciendo y el descontento entre los usuarios es muy grande.

Foto: Juan Pablo Pino

La "Marcha Blanca" de hoy mostró que el descontento entre los trabajadores de la salud son muy grandes. Además, que cuentan con el apoyo del Polo Democrático y de Progresistas, incluyendo la Administradión Distrital. Vea la galería de fotos aquí

Foto: Juan Pablo Pino

Hoy en rueda de prensa, Santos dijo que la salud ha sido motivo de preocupación “desde el primer momento” y que su gobierno recibió “una situación caótica”. Además, aunque anunció unas medidas que va a ejecutar en las próximas semanas, Santos también dijo que otras más estructurales serán definidas más adelante, a través de una concertación con los actores del sistema.

El dilema político de Santos

 

Los anuncios de Santos se producen un día después de la renuncia del Superintendente de Salud. Aunque oficialmente Conrado Gómez dijo que decidió renunciar a su cargo por motivos personales, dos fuentes del sector de la salud le contaron a La Silla Vacía que la renuncia se dio por solicitud de la Ministra.

Esta mañana, seguramente para dispersar ese rumor, en la rueda de prensa, la ministra Londoño afirmó que la salida de Gómez había sido una decisión de Santos. La Silla Vacía llamó a Gómez para preguntarle sobre este punto, pero el ex Superintendente prefirió no hablar. En todo caso, lo que es claro es que la relación entre ambos no fluía.

Gómez está en su cargo, directamente por designación de Santos, en cuya campaña había trabajado, y gracias a su cercanía con la senadora Dilian Francisca Toro, como contó en su momento La Silla Vacía . En ese entonces la Superintendencia dependía del Ministerio de Protección Social, y con la escisión del ministerio, se fue al de Salud.

Desde el principio, Londoño y Gómez tuvieron dificultades para trabajar juntos. En parte, dicen algunos, porque Gómez aspiraba a reemplazar a Mauricio Santamaría en el cargo cuando renunció para dirigir Planeación Nacional. Y en parte, porque uno de los problemas más grandes del sector de la salud tiene que ver con su vigilancia y en el Ministerio sentían que Conrado no estaba acogiendo las recomendaciones en ese sentido.

Aunque los superintendentes tiene autonomía frente a los ministros, lo usual es que trabajen en llave para que haya una buena coordinación en el sector. Este no fue el caso entre Londoño y Gómez.

Por ejemplo, desde el Ministerio se decía que era necesario intervenir varias EPS del régimen subsidiado, que aunque eran más pequeñas que SaludCoop no eran transparentes en cómo transferían recursos a los municipios. Esto fue especialmente fuerte en el caso de algunas EPS de Urabá y Chocó, por lo que la Ministra pedía una intervención pero la Superintendencia no tomaba una decisión al respecto. Eso, según algunas fuentes consultadas, creó molestia en el Ministerio porque dio la sensación de que Gómez no quería decidir para afectar los resultados de la Ministra.

Con la crisis tomando cada vez más protagonismo, Santos decidió cortar una cabeza y la de Gómez terminó siendo la más débil. Por una parte, desde su nombramiento había sido cuestionado, como contó entonces La Silla Vacía, por ser el hermano del presidente del gremio de las farmaceúticas. Luego revocó una multa por 627 mil millones de pesos a SaludCoop, decisión que tuvo que reversar; su intervención a SaludCoop fue objeto de críticas por quienes, como el senador Mauricio Ospina, creen que la EPS debió ser liquidada; ha habido denuncias de corrupción que salpican directamente a la Superintendencia, como lo contó La Silla Vacía.

Con este ruido alrededor del Superintendente, y unos días después de que la senadora de la U Dilian Francisca Toro tuviera una audiencia ante la Corte Suprema en una investigación por presunto lavado de activos, que la deja debilitada, Santos cortó el hilo por lo más delgado.

Toro siempre ha negado que Conrado, quien fue su asesor durante varios años, fuera su cuota política. Y le dijo a La Silla Vacía que no tiene problema con la decisión. “Esta mañana leí en los medios que la decisión había sido de Conrado, quien sentía que había cumpido un ciclo. Yo respeto totalmente esa decisión y no tengo ningún problema con el presidente ni con él por su salida”, afirmó.

Pero quemar ese ‘fusible’ es solo una jugada de Santos. El descontento sigue y no va a parar solo porque cambie el Superintendente. Por eso, y por las evidentes fallas en el sistema de salud, anunció varios ajustes.

 

¿Y el modelo de salud?

La pelea de fondo, y que más toca a las ciudadanos, es la prestación del servicio de salud. Para mejorarlo, Santos anunció tres grupos de medidas de choque. Estas medidas son transformaciones estructurales e importantes pero que por ahora no tendrán un impacto directo en la atención a los pacientes. Y en cambio sí afectan los intereses corporativos de grupos de interés como las Cajas de Compensación, las EPS, las clínicas privadas y las agremiaciones médicas, que tienen una gran capacidad de movilización.

Primero, planteó una inyección de 1,2 billones de pesos al sistema en giros directos (es decir, no a las EPS sino a las clínicas y hospitales). Eso podría ayudar a que éstos superen, en todo o en parte, sus angustias financieras, y a que proveedores, médicos y otros empleados reciban los pagos que les deben. También anunció que utilizará los recursos del Fondo de Solidaridad para sanear las deudas del sistema. Lo que no está claro es que los recursos sean suficiente, y no eliminan los motivos del déficit. En todo caso el efecto sobre los usuarios no se verá en el corto plazo.

Segundo, Santos decidió reforzar la supervisión sobre las EPS. Anunció que va a adelantar un decreto, que estaba pensado para octubre, en el que se van a reforzar los estándares de funcionamiento de las EPS, lo que en la práctica va a llevar a que muchas de ellas salgan del mercado. Aunque esta decisión es relevante, porque hay muchas EPS que están en problemas para servir realmente de aseguradoras de la salud, esta decisión podría agitar la relación entre el Gobierno y los demás actores del sistema.

Esas relaciones ya están tensas por decisiones como unificar el POS entre los regímenes contributivo y subsidiado sin igualar lo que le paga el Estado a las EPS de los dos regímenes por cada afiliado (la llamada Unidad de Pago por Capitación, UPC). Aunque la idea del Ministerio es igualar la UPC dentro de un año y medio, mientras tanto ya ha creado molestias. Sobre todo porque la UPC puede ser suficiente en algunos lugares donde la gente usa menos servicios de salud (por ejemplo, en las regiones en las que la población vive dispersa y no pueden acudir al sistema), mientras que en las grandes ciudades no. Por eso los anuncios más sonados han sido el retiro de EPS de ciudades grandes como Bogotá.

La unificación del POS también molestó a la industria farmacéutica y a algunas clínicas y hospitales privados, agremiados en la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, que estaban esperanzados en un POS sin restricciones que finalmente la Ministra Londoño echó para atrás.

El tercer grupo de medidas que anunció Santos tiene que ver con las instituciones encargadas de la salud. Ahí es donde los cambios son más fuertes. No solo habló de un revolcón en la Superintendencia de Salud después de la salida de Gómez, sino que señaló que se va a eliminar a la Comisión de Regulación en Salud (CRES), y que sus funciones van a pasar a técnicos de MinSalud.

En la CRES se sientan dos miembros del gobierno con cinco expertos independientes que representan a varios actores del sistema, como las asociaciones de usuarios o las de profesionales de la salud. A juicio de los técnicos del Ministerio, esto hacía que decisiones trascendentales como qué debe incluir el POS quedaran en manos de los actores interesados. Una fuente le dijo a La Silla Vacía que este era uno de los mayores distrosionadores del sistema.

Con estas medidas Santos asume un gran riesgo, y es que por pertinentes que sean, los usuarios solo van a sentir sus beneficios en varios meses, mientras cambia el sistema. Eso quiere decir que, mientras tanto, la molestia puede seguir creciendo, sobre todo porque igual pisa algunos callos como los de las EPS, que ahora estarán sujetas a una reglamentación más exigente.

Pero Santos también abre una puerta a cambios de mayor calado, que pueden resultar más taquilleros. Por ejemplo, no dijo nada de los recobros y de cómo se va a manejar todo lo que no cubre el POS, que es el motivo del hueco en el sistema y de muchas de las quejas de los usuarios. Este elocuente silencio se suma a la invitación a concertar que lanzó el Presidente.

“El sistema de salud no es del gobierno, es de todo el mundo. Queremos que todos los actores sientan como propio el sistema”, dijo Santos. Lo difícil es ponerlos a todos de acuerdo y evitar que la bola de nieve siga creciendo.

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