Protestas: López hace equilibrio, Petro busca capitalizar y Duque indigna más

Imagen

La Alcaldesa, el líder opositor y el Presidente son las principales caras políticas del momento de crisis que desde hace 48 horas enfrentan los gobiernos nacional y distrital por los abusos policiales. 

La crisis por las protestas que se viven en Bogotá, aunque ya comenzaron a sentirse en otras partes del país, en rechazo a la muerte del abogado Javier Ordóñez por abuso policial, tienen de rostro las 10 víctimas que en 48 horas han dejado los desmanes. Más allá, políticamente, el momento gira sobre todo alrededor de tres figuras clave que están definiendo o teniendo que ver en algún sentido con lo que está pasando.

Son el presidente Iván Duque y la alcaldesa de Bogotá Claudia López, porque en sus manos están las decisiones que están marcando el rumbo de los hechos; y el senador líder opositor de ambos, Gustavo Petro, por ser quien intenta capitalizar el descontento y es el personaje que varios sectores acusan como el principal promotor de los reclamos que ayer se sintieron también en Medellín, Barranquilla, Cali, Neiva y Manizales.

En la segunda jornada de protestas, las manifestaciones llegaron más allá de Bogotá, a ciudades como Barranquilla, Cali, Armenia y Neiva; y municipios como Soacha y Cajicá, en Cundinamarca. Muchos terminaron en choques con la Policía, según reportaron autoridades y usuarios en redes sociales. En Bogotá hubo incendios en los CAI de Ferias y Villaluz, al occidente; y se repitió la jornada de protestas y disturbios entre otros, en Engativá, Fontibón, Usaquén y Suba. En estas localidades, así como en Barranquilla y Tunja, fueron constantes los reportes en redes sociales de personas agredidas por el Esmad y agentes de Policía. En Cali, la Alcaldía reportó desmanes de encapuchados que saquearon un Carulla y destruyeron muebles de restaurantes en la turística zona del Parque del Perro en el sur de la ciudad.

Mientras López hace equilibrio, entre actuar como una mandataria empática que responsabiliza de los muertos a la Policía, al tiempo que es la jefa de la institución a la que acusa; Petro invita a manifestarse contra una “dictadura cínica” y Duque le pone gasolina a la indignación defendiendo a ojo cerrado a la Fuerza Pública e insistiendo en su discurso de las “manzanas podridas” aunque cada vez lluevan más videos mostrando atropellos.

Lo que ellos hacen no sólo tiene efectos inmediatos en la protesta, sino que es importante, además, porque incide en la polarización en la que lleva años el país y que será la que, probablemente, termine definiendo la carrera presidencial de 2022.

Duque le pone gasolina a la indignación

Frente a la muerte de Javier Ordóñez en Bogotá, luego del abuso de unos policías que lo sometieron con armas taser, y las otras víctimas mortales, la línea del presidente Duque y los funcionarios que han atendido la situación con la Alcaldía de Bogotá (como su ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo; el viceministro del Interior, Daniel Palacio; y el director administrativo presidencial, Diego Molano) ha sido la de defender de entrada a la Policía.

Su discurso ha sido el ya conocido de que se trata de “manzanas podridas”.

Eso mientras en redes no hacen sino correr videos en los que se ven cada vez más atropellos de la Fuerza Pública contra manifestantes y ciudadanos, dejando en evidencia que no son casos aislados.

Como este:

Este:

Y este:

Al igual que el uribismo, de esa manera Duque y su Gobierno le apuestan a defender a la institución policial en una estrategia de seguridad que prioriza el orden estatal como fórmula para responder a la sensación de caos que generan las protestas y los actos de vandalismo que se desatan en algunas de ellas.

Pero, a juzgar por los comentarios en redes y la rabia que se ve en las calles, su posición le está poniendo más gasolina a la indignación. Al menos entre un sector de la ciudadanía.

Duque, además, hasta ahora ha guardado silencio ante las solicitudes de una reforma a la Policía, que vienen no solo desde la oposición y la Alcaldía de Claudia López, sino de entidades como la Defensoría (a donde llegó un aliado del Gobierno) y la Procuraduría.

En el Congreso los senadores Iván Cepeda (Polo), Antonio Sanguino (Verde) y la representante Maria José Pizarro (Decentes) presentaron un proyecto de ley que busca, entre otros, que la fuerza pública no tenga armas como las pistolas taser en las protestas. La próxima semana, Cepeda radicará dos proyectos más: uno para que la Policía quede bajo el mando del Ministerio del Interior y otra para que los actos de la Policía no sean juzgados por la Justicia Penal Militar, sino por la justicia ordinaria, es decir, quitarle el fuero militar. Ambas son reformas que apuntan al corazón de la Policía y que requerirían al menos un año para su debate, porque serían cambios a la Constitución. Aunque habría tiempo para tramitarla, no habría mayorías para tramitarla. Tanto Cepeda como Pizarro nos admitieron que en este gobierno “no hay voluntad política” para reformar a las Fuerzas Militares, por lo que apuntan a que los proyectos, con un Congreso con mayorías afines al Gobierno, sean archivados. “Yo no me hago ilusiones con este Gobierno. Insistiremos, pero la verdad es que para que se dé ese cambio toca esperar dos años para un nuevo Gobierno porque ellos tienen las mayorías en el Congreso”, nos dijo Cepeda.

En las dos intervenciones públicas que ha hecho en referencia a las protestas y desmanes, el Presidente ha pedido evitar la estigmatización hacia la Policía: “Bajo ninguna circunstancia podemos aceptar como país que se estigmatice, que se les llamen asesinos, a quienes deben cuidar a los ciudadanos”, dijo ayer al mediodía.

El Ministro Trujillo, horas antes, había hablado en el mismo tono: “Hacemos un llamado para que deje de estigmatizarse a la institución policial, que es querida por los colombianos, tratando injustamente de señalar a todos sus miembros de conductas cometidas por algunos”.

Una situación que ratifica que el Gobierno Duque mantiene una desconexión con la calle que protesta, tal y como ocurrió en el Paro del 21N el año pasado, en el que parte de las razones de las protestas era la inconformidad con el Presidente.

“Es una oportunidad perdida enorme que no haya dicho que hay problemas serios con la Policía, que muchos reconocen. Duque perdió la posibilidad de mostrar que oye a la gente”, nos dijo el analista de riesgo político, Sergio Guzmán.

Duque, sus ministros y otros funcionarios han atendido directamente la situación, al instalar un Puesto de Mando Unificado, tener reuniones con la Alcaldesa, anunciar más pie de fuerza en la capital y exigir a la Fiscalía una pronta resolución del caso del asesinato de Ordóñez.

No obstante, para los analistas consultados, no ha habido muestras de empatía directa con la calle en momentos de crisis.

“La desconexión de Duque es toda, no se para del lado de la gente”, agregó a su turno, el analista de La Silla Llena, Carlos Suárez.

Muestra de eso es que el Presidente obvió mencionar el nombre de Javier Ordóñez el miércoles, cuando ya las imágenes de cómo era agredido por los policías eran virales. “Hemos visto hechos dolorosos hoy, pero también la actitud gallarda y férrea de la Policía y el Ministro de Defensa para hacer las investigaciones”, dijo en la celebración del día de los Derechos Humanos.

El jueves al mediodía, casi 36 horas después de que Ordóñez muriera y cuando ya la indignación era evidente, lo mencionó en dos ocasiones al pedir celeridad en las investigaciones a los policías involucrados.

A lo que se suma que, como contamos ayer, si bien la muerte de Ordóñez fue lo que llevó a la gente a las calles, el malestar social que impulsó el 21N no se fue con la pandemia del covid que, temporalmente, desactivó la protesta. Al contrario, avivó las desigualdades de un país con casi el 20 por ciento de desempleo.

“El Gobierno ha tenido amplias oportunidades de demostrar que sí escucha y que puede cambiar la vida de la gente. El Paro fue una de ellas, pero se demora mucho en tomar decisiones”, nos dijo el analista Guzmán.

Ya hay llamados de movilizaciones sociales para el 21 de septiembre programadas en la capital y desde ayer varias universidades privadas y públicas, como los Andes y la Nacional, entraron en asamblea permanente para reactivar la movilización.

Un escenario que es propicio para el capital político que busca el máximo opositor del Presidente y del uribismo: Gustavo Petro.

Petro busca capitalizar una protesta ajena

En las últimas 48 horas de manifestaciones, el Senador líder de la Colombia Humana, opositor a López y Duque, se ha dedicado a usar su cuenta de twitter para hacer llamados a reactivar la protesta social; a narrar las quemas a los CAI en Bogotá; a pedir la renuncia de la cúpula militar y a advertir que los disparos de agentes de la Policía en la protesta son “una orden nacional”.

Esas acciones virtuales fueron rechazadas directamente por el uribismo.

Sin mencionarlo directamente, tanto Duque como el ministro Trujillo rechazaron los “llamados de la oposición” a sacarle rédito político a las protestas.

Si bien Petro desde ayer hizo llamados a la protesta, como contamos desde el 21N, no es él quien lleva a la gente a la calle a manifestarse. De hecho, seis personas que estaban involucradas en la organización de las 17 manifestaciones de anoche, entre estudiantes universitarios y sindicalistas, nos señalaron, por aparte, que asistieron de forma espontánea, vía mensajes y cadenas de whatsapp que circularon desde ayer en la mañana.

Sin embargo, la situación sí lo ayuda a reactivarse porque ahora que volvieron las manifestaciones, puede capitalizar su plan para 2022, que, como contamos, consiste en ser la cara del voto indignado y radicalizado, apuntando a las críticas hacia el centro y el uribismo. 

La calle es la el escenario de Petro, ahí está su campaña, como él mismo lo dijo desde que perdió las elecciones de 2018.

“Volvimos a la normalidad y coinciden los tiempos con lo que pasó antenoche, que fue un ‘Florero de Llorente’ de lo que es la continuación de la campaña que Gustavo Petro había iniciado en 2018”, nos dijo el analista Suárez.

Para la representante Maria José Pizarro, de la lista de los Decentes que lidera Petro, la idea no es capitalizar políticamente la protesta. A su juicio, lo que mueve las marchas tiene que ver con las medidas insuficientes del Gobierno en temas económicos, educativos, ambientales, entre otros.

“Los responsables de las protestas son los que gobiernan ¿Quién está está en el Gobierno? ¿Quiénes han tomado medidas insuficientes? ¿Quiénes no han sido capaces de implementar una renta básica o la matrícula cero? (...) Nosotros representamos a ocho millones de personas (los que votaron por Petro a la Presidencia en 2018), claro que sí, pero no somos responsables de los malos gobiernos, ni del nacional ni del distrital”, nos dijo la congresista.

El posible regreso a la calle revive en un momento en el que se han presentado 55 masacres en el país este año, según Indepaz, cuando la implementación del Proceso de Paz no avanza como debería; y  las denuncias de abuso policial y de violaciones en el Ejército también son visibles.

Todas son causas que Petro ha movido en sus redes, en sus discursos en el Congreso y ahora vuelve a recoger esas banderas como motor parte de su campaña a la Casa de Nariño.

Pero también como parte de su férrea oposición a la Alcaldesa López, a quien ha señalado de “pasividad” frente a “una masacre de Duque contra el pueblo bogotano”.

La mandataria no le ha contestado directamente. Su reacción frente a las protestas, además de acciones gubernamentales como liderar los consejos de seguridad y el PMU, acompañar a las familias de las víctimas y heridos y pedirles a los ciudadanos ayer que trataran de estar en sus casas antes de 7 de la noche, ha sido la de acusar al Gobierno Nacional y a la Policía de lo sucedido, en un intento por hacer equilibrio.

López, en la tarea de equilibrista

López está en una posición incómoda, no sólo por el tremendo reto que tiene enfrente, sino por haber pasado de ser una de las figuras políticas que apoyó el Paro Nacional el año pasado, a ser la mandataria de la capital que debe dirigir a la Policía, una institución que ha reprimido esas voces de protesta y que parece no responderle.

Por un lado, se ha mostrado como una mandataria empática ante el dolor y la indignación de la ciudadanía, con lo cual marca una distancia frente al presidente Iván Duque.

La Alcaldesa no solo reconoció que hubo abuso policial, sino que dio personalmente el informe de las siete personas que murieron por armas de fuego y de los 58 heridos por la misma razón.

Calificó el accionar de algunos miembros de la Policía como un “atentado” y una “masacre” contra los bogotanos.

Esa posición fue rechazada por la Casa de Nariño, en cabeza del director administrativo de la Presidencia, Diego Molano (un vocero de Duque con la Alcaldía), quien le pidió señalar a los “vándalos” y no a los policías.

Agregó López que por el lado de su Administración iban a dar asistencia jurídica y psicosocial a las familias de las víctimas y que iba a hacer todo lo posible para que estos casos no quedaran en la impunidad.

También, le pidió a Duque y a los congresistas que hagan una reforma estructural a la Policía para que se cambien las prácticas de los uniformados y para que cuando se presenten casos como el de Javier Ordoñez y el de Dylan Cruz (a quien un patrullero del Esmad mató el año pasado en una manifestación) los procesos no queden en manos de la Justicia Penal Militar.

Esa petición va en sintonía con lo que exige la ciudadanía en las calles.

Pero, por otro lado, como alcaldesa Claudia López es la jefa de la Policía a la que acusa y la responsable política de sus lineamientos en una protesta.

Con la institución, además de la acusación que les hizo, ella también ha intentado mostrarse empática, por ejemplo, ayer cuando visitó a algunos de los 147 policías heridos.

Su posición ya le está valiendo que algunos le recuerden las críticas que el año pasado le hizo al entonces alcalde Enrique Peñalosa por el actuar de la Fuerza Pública en las protestas.

Aunque ha tratado de implementar un protocolo basado en el diálogo para que las protestas no terminen en desmanes, claramente esa apuesta no está funcionando en Bogotá.

Fueron 50 CAI incendiados la primera noche de manifestaciones el miércoles; y el jueves, cuando pidió a la gente ir a las casas a las 7 de la noche sin poner toque de queda, de todos modos hubo desmanes en localidades como Suba y Engativá, y en barrios como Santa Helenita y Villaluz.

Esos hechos le han dado argumentos a Petro para criticarla.

El analista Carlos Suárez le dijo a La Silla que Petro no va a perder cualquier oportunidad para intentar desacreditar a Claudia López porque es la que representa el centro que será su mayor contendor en las elecciones de 2022.

Ella, al igual que Duque, por ahora no le responde ni lo menciona. Desde sus redes les habla constantemente a los ciudadanos, frente a los cuales reparte sus responsabilidades con el Gobierno Nacional.

Compartir
0
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias