Mockus: "Si a Uribe Peñalosa le parece un buen candidato, tiene derecho a votar por Peñalosa "

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Mockus: "Si a Uribe Peñalosa le parece un buen candidato, tiene derecho a votar por Peñalosa"

 

El martes de la semana pasada, Antanas Mockus convocó a una rueda de prensa en el edificio donde vive Lucho Garzón. La expectativa de los periodistas era grande. La mitad creíamos que se iba a lanzar a la Alcaldía de Bogotá. La mitad que no.

Cuando finalmente habló, leyó dos cartas. Una, la había escrito para la ciudadanía, en la que explicaba los principios del Partido Verde, hacía sugerencias sobre cuál debería ser la posición de los verdes frente a Bogotá y decía claramente que con ese comunicado se “desatravesaba” a la candidatura de Peñalosa. Los periodistas inmediatamente transmitieron la noticia: Mockus no va.

La otra carta era dirigida al Partido. Mockus arranca esa carta diciendo que no le gusta hacer favores, que evita recibirlos, que evita quedar debiéndolos. Es su forma de explicar que nunca hubo un pacto para que Peñalosa fuera el candidato único del Partido a la Alcaldía. Y luego dice que le gustaría ser precandidato.

"De hecho, como explicaré, me gustaría hacer campaña por Enrique y por mí y a partir de cierto momento, si el proceso así lo requiere, hacer campaña por él. Competir en quién coopera más y mejor por el bien de la ciudad. Construyendo juntos el programa de gobierno podríamos avanzar hacia una práctica de la política en la cual los contendores cooperan, además de respetarse y reconocerse mutuamente virtudes y capacidades.

Propuse consulta pero me acogería a encuesta —como la propuesta por Enrique en las últimas horas— siempre y cuando la competencia consista en quien coopere más y mejor al abordar los problemas de la ciudad desde los principios y las prioridades del Partido Verde.

Hacer consulta o encuesta —después de haber trabajado un mes con énfasis en la elaboración del programa de gobierno— podría generar una oportunidad para seguir buscando formas nuevas de hacer política. De paso, los que quieren vernos peleados verán frustradas sus expectativas. Un trabajo conjunto de los equipos de los pre-candidatos aspirantes debería ayudar a construir el programa de partido para la ciudad.

Es posible que la Dirección Nacional esté viendo demasiados riesgos en la innovación propuesta. Algunas voces externas recomiendan una campaña convencional centrada en una discusión pública sobre los problemas de la ciudad. Si ese es su argumento y no una parcialidad frente a los pre-candidatos, sabré atender y acatar”, es como concluye su carta.

Mockus la leyó y nadie dijo nada. Era aparentemente contradictoria con la anterior, pero la noticia ya estaba al aire, Mockus no se lanza, y para qué complejizar la cosa.

¿Por qué Mockus leyó las dos cartas? ¿Las había escrito en momentos diferentes? ¿Qué quería realmente Mockus? El miércoles fui a entrevistarlo a su casa para preguntárselo. Mockus vive en una casa modesta en el barrio de clase media de Quinta Paredes. Es de los pocos políticos que no necesita de la pompa ni del ritual de los servidores del poder. Se le notaba triste, como si hubiera asumido su decisión contrariando el impulso del corazón.

¿Por qué decidió poner a consideración de la gente su nombre para después no lanzarse?, le pregunto. ¿Qué lo motivó a plantearlo en un principio y luego a arrepentirse?

Mockus, obviamente, no me contesta de manera directa. Nunca lo hace. Antanas suele poner las reglas de la interacción con él, dulcemente y de una manera inevitable para su interlocutor. Esta no sería una entrevista normal.

Me cuenta que ha estado trabajando en una introducción para la reedición de su libro “Representar y disponer”, que era su tesis de grado y que su reto era conectar lo que había escrito en el 88 con lo que había hecho en los últimos 15 años.

La tesis dice que una representación es algo que transforma un juego de lenguaje , me explica Mockus. ¿Qué es una representación? Algo que permite pasar a argumentación más rigurosa o a un ordenamiento más eficaz de la acción.

Se da cuenta que no he entendido. Entonces retoma algo que yo le dije antes sobre cómo su campaña fue demasiado artesanal, sobre si quizá no habría sido bueno contar con el conocimiento que ya existe sobre cómo ganar elecciones.

Cuando dice que hicimos una campaña de aficionados, el profesional usa palabras distintas y eso permite un fluir en la organización de la acción. Pero eso aleja de la espontaneidad emocional, me dice. Entiendo.

El tema del lenguaje es ahora la idea que lo ocupa y el filtro a través del cual está viendo el mundo.

Mockus repasa para mí los cambios que ha introducido en el lenguaje político: lo de la hora zanahoria, lo de ser zanahorio, la cultura del atajo, lo de la cultura ciudadana, lo de construir sobre lo construido. Pero se da cuenta que está incurriendo en un acto de vanidad y se corrige.  Son pequeñas huellas, dice. Y comienza a autocriticarse: Si uno no se cuida entra en el juego del lenguaje del otro.

Tiene un ejemplo a la mano y es una entrevista que dio hace poco en el que le preguntaron por los primeros seis meses de Santos y él acudió al cliché de la luna de miel.

Uno revisa sus lunas de miel y se da cuenta que una buena luna de miel es un período de ajuste fuerte, pero caigo en la bobada. Mi percepción es que yo me puedo sustraer al contagio con el lenguaje normalmente practicado.

Me doy cuenta que así me está contestando mi pregunta de por qué pensó seriamente en lanzarse a la Alcaldía de Bogotá. Quería introducir otro cambio en el lenguaje de la ciudad y en lo que significa hacer una campaña.

O sea que en el fondo, por esas razones, sí quería ser candidato, le digo. Por eso la carta al Partido diciendo que quiere hacer campaña por Peñalosa y por usted.

Lo estaba pensando en serio desde una visión muy optimista de que puedo jugar sin enturbiar el juego y sin que me enturbien el juego. Fue una sensación clarísima. Yo puedo jugar si logro no contaminarme de los juegos prevalecientes. Entendí mejor lo que había hecho hacia atrás. Diciendo si uno cambia las maneras de decir las cosas uno influye en la manera de hacer las cosas.

Si tenía ganas de lanzarse, ¿por qué finalmente decidió no hacerlo?

El 13 de enero mandé una carta a la dirección del Partido diciendo estoy dispuesto a que hagamos cosas tan locas como las que expreso a continuación. Después en Barranquilla hice una presentación en Power Point con otras ideas más puntuales. Es impresionante la fuerza de la cultura.

¿Qué tiene que ver esto con la cultura?

La gente dice Peñalosa lo ayudó y usted tiene que ayudarle. Claramente habíamos dicho hay una regla: ‘los que pierdan apoyan al que gane’.

Yo le propongo al Partido Verde un juego y lo que se produce es una especie de tradicionalización. Llega uno con una propuesta y sale como si hubiera formulado otra.

¿Cuál era el juego que usted proponía?

Primero era hacer una campaña cooperando. En el partido sentían que se corría el peligro de ser una repetición de lo difícil de repetir. Lo que proponía en la carta del 13 de enero, era la construcción de un programa conjunto, menos actos públicos, hacer una especie de reality: se encierran ambos equipos y producen material cada día, y al final hay una reunión con ciudadanos y se les presentan los consensos del día. Y se escucha la opinión de la ciudadanía.

Y lo otro era que los dos, que probablemente le tenemos mucha alergia al trabajo del Concejo, nos comprometíamos a que el que queda de segundas arma lista para el Concejo. Entre otras, porque parte de la crisis no visibilizada de esta ciudad está en el Concejo. Subrayo que era una propuesta que se puede llamar heroica, pero mi propuesta era ‘hagamos algo no convencional’.

¿Su frustración es que no le entendieron?

En cierto sentido, no fue ni considerada porque se leyó desde el juego del lenguaje tradicional. Nunca estuve realmente atravesado, entré en la cancha sin explicarle a Lucho y Peñalosa con calma.

El lío de las innovaciones es que si la explicas mucho, la prudencia se impone. En la Dirección Nacional, la gente dijo: ‘repetir ya no va a causar sorpresa’. Parte de la libertad del 2010 es que íbamos en la cola, lo que arriesgábamos no es lo que se arriesga ahorita. Que los dos candidatos mejor posicionados hace cuatro días fuéramos Enrique o yo con una ventaja grande era otra circunstancia. Un partido es más prudente que un individuo.

¿No les pareció prudente entonces que usted se lanzara. Y por eso, igual decidió hacer pública la carta al Partido…?

La carta de ayer la escribo a regañadientes.  Usted adivinó que primero era una o la otra. Las hubiera podido leer con dos horas de separación. Me parecía importante explicar cuál era la dirección de la propuesta y el tema de la prudencia. Usted tiene una estructura colegiada, va en profundización de lo que hizo el año anterior, ya hay una candidatura lanzada y todo es vivido como un sabotaje a la candidatura. Hay una gotica homeopática de decir pensemos ese camino. Estoy de acuerdo que era arriesgada.

En la carta al Partido Verde usted quiere dejar constancia de que había otro ‘tratamiento’ para la campaña.

Refleja un deseo, un camino, lo que hubiera podido ser. La carta a la ciudadanía es más simple, le digo: Enrique es muy buen candidato, apoyemos a Enrique.

Antanas parece un poco triste de no haberse lanzado, de no haber podido jugar el juego que proponía.

Yo llego a la reunión con los otros tres directores y leo esto. Me preguntan, ¿va a inscribir la candidatura? y les digo no. En otro mundo posible, podrían haber dicho, pensémoslo, miremos cómo podría ser.

¿Quería que le rogaran, que le pidieran reconsiderarlo?

Es peligroso que yo quiera a tal punto innovar. Pero simplificando, también es un poco peligroso querer demasiado ganar las elecciones. Para mí es muy importante el cómo. Ojo, cuando usted cuando dice ‘quería que le rogaran’ es el juego del lenguaje normal.

Quería decir que no encontró suficiente receptividad a su innovación.

En cierto sentido tampoco me hacía ilusiones. Estaba atrapado en la interpretación de ‘Antanas se está atravesando en el camino de Enrique, que va bien’. Lo que hago es salirme contándole a la gente el otro juego de lenguaje que era posible.

Su respuesta es larga y llena de vericuetos, pero si uno tiene la suficiente curiosidad para oírlo, es clara. Quiso proponer otra forma de hacer política, otro lenguaje, y el partido no quiso seguirle el juego.

Igual, ¿por qué tendría que hacerlo? Antanas tiene una teoría maravillosa sobre la importancia de ser un anfibio cultural, de poder moverse en muchos mundos. Pero él es el menos anfibio de todos. Hay que nadar en su corriente.

Le pregunto qué va a hacer ahora. Si realmente va a ejercer un liderazgo en el Partido y durante la campaña.

Debo procurar no hacer anuncios, sino hacer. Lo que vamos a hacer es innovaciones puntuales. En Barranquilla expliqué este texto.

Le manifiesto mi frustración con que el día en que concedió su derrota, haya dicho que ahora ‘viene todo’, y que al final, no haya venido realmente nada. Confieso mi despecho y cruzo la línea de la independencia periodística. Soy la vocera de la sensación de abandono de la Ola Verde

El semestre pasado, ocurrió una cosa compleja y es que regresé a algo de escritura. Escribí algo que decía la política es acción. Otra que decía es delimitación e interpretación.  Y otra que decía es deliberación.

Los recreos, las interrupciones de la actividad compartida traen consigo una especie de regreso de la desconfianza. Durante el proceso electoral cuando la meta está definida es fácil cooperar. Cuando el resultado, a pesar de ser bueno no es suficientemente bueno, como que cada uno se repliega, dice será que tiene sentido o se preocupa por temas sobre qué quiere hacer cada cual en la vida. Es un descubrimiento de la interdependencia y sus maravillas pero también sus lados oscuros.

Yo también entiendo que si uno ha tenido un rol protagónico y está en una asociación de iguales tiene que haber una redistribución de las jerarquías y de los principios de igualdad.

Yo insisto: ¿cuál siente que es su responsabilidad frente a la Ola Verde?

El proceso de la Ola Verde nos sorprendió y fue muy bello. Claramente la Ola Verde arrancó sin pedir permiso, fue una relación de cooperación muy libre alrededor de lo que se emprendía.

Las próximas semanas voy a estar en reuniones regionales ubicando en qué puedo aportar. Volvemos a lo de los juegos de lenguaje.

Desarrollamos la manifestación con la canción, la voz de Sergio, es un lenguaje importante, nunca me imaginé devolviéndole la verdad a la tarima. Del autoanálisis, me he dado cuenta que parte de lo que he hecho ha dependido de la investidura. Ser rector y llevar una espada. Es como tener un uniforme del cual tomar distancia frente al uniforme. Antanas influye más cuando está con alguna investidura. Si no, es un pobre tipo tímido y tartamudo. Hay un poconón de cosas que la gente debería pensar y no uno. Gandhi influyó un montón y nunca fue elegido.

La entrevista tiene que terminar ya, Mockus está tarde para un compromiso con Caracol y yo no he llegado a ninguna de las preguntas concretas que tenía en el tintero. Opto por la obvia y es la relación entre Uribe y Peñalosa. Le pregunto si comprometió a Peñalosa a no hacer una alianza con el ex presidente.

"Si a Uribe Peñalosa le parece un buen candidato, tiene derecho a votar por Peñalosa y decir que vota por Peñalosa. Yo confío en que Peñalosa no va a variar su distancia frente a fenómenos como la Yidispolítica, las chuzadas y otros. Ha habido críticas de Enrique claras sobre el gobierno de Uribe incluso en temas de desarrollo de infraestructura, de institucionalidad. Quien tenía las frases acuñadas más fuertes frente a Uribe era Enrique.  Sergio era el que más insistía que no era ni uribista ni antiuribista. Y yo me había inventado el posturibe.

Me parece excelente que el candidato del partido Verde lo quisieran tener todos. Es buena señal. Sobre Uribe hay que reconocer que fue un hombre que logró resultados pero utilizó métodos que son censurables. Y parte de la sociedad que no ve las consecuencias suficientemente bien celebra que el atajo haya estado ahí para obtener los resultados obtenidos. Pero en algún momento tenemos que trascender. Si la gente lee a Peñalosa como un apéndice de Uribe nos fregamos. Pero si uno piensa en los consensos que hay alrededor de la ciudad, de lo que hay que hacer, de lo que Enrique ha estado repitiendo que la ciudad requiere, todos somos ciudadanos en formación, incluido el doctor Uribe.

Para mí el problema del apoyo de Uribe a Enrique es si pidiera ingreso al partido Verde. Tendríamos que escuchar sus razones, sus clarificaciones sobre lo que ocurrió en Colombia, y de pronto la gana. Con eso no estoy diciendo seamos blandengues con el todo vale. Pero la enemistad puede evolucionar. Una de las razones para defender la vida es sagrada, es que mientras la gente está viva puede aportar y cambiar. De lo que se trata ahora es de hacer el proceso electoral local algo donde la ciudadanía desborde el proceso formal organizado y donde los jóvenes hagan valer su poder.

No solo queremos que sea el Verde sea el mejor partido en Colombia sino que todos los partidos puedan competir sin destruir, sin denigrar, porque nos lo merezcamos". 

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