Más que plata, el lío del fútbol femenino es de voluntad

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Foto: Federación Colombiana de Fútbol.

La liga profesional lleva apenas cuatro años y ahora no dura más de tres meses. La mayoría de las futbolistas no tiene contratos, y el gobierno no ha tenido capacidad de influencia sobre directivos que ven la liga de mujeres como un problema.

La más reciente controversia alrededor del fútbol femenino en el país ocurrió esta semana. El ministerio del Deporte tuvo que rectificar a Fernando Jaramillo, presidente de la División Mayor de Fútbol Colombiano (Dimayor), sobre la inversión del gobierno para la Liga femenina de 2020.

 

Jaramillo es el jefe del ente más poderoso del fútbol nacional, compuesto por 36 equipos de fútbol, que conforman la primera y segunda división, y que dirige las ligas profesionales. Sus presidentes tienen cada uno poder de voto, dentro de la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol, de la que también hacen parte.

La controversia por plata se dio porque Jaramillo había dicho, en una reunión con el Instituto de Recreación y Deporte de Bogotá (Idrd) y las futbolistas bogotanas, que el gobierno solo le había entregado 900 millones de pesos para la liga de mujeres. Días después, el ministro Ernesto Lucena le respondió que tenían listos alrededor de 1.500 millones de pesos, pero que la Dimayor simplemente no usó cerca de 600 millones restantes.

Esta controversia ilustra que el problema de fondo para que despegue el fútbol femenino no es de plata, como han argumentado sus directivos, sino de voluntad. Según los ocho consultados para esta historia, entre periodistas, directivos de clubes y futbolistas, esa falta de voluntad existe desde la Dimayor, un órgano tan poderoso que ni siquiera el gobierno logra tener mayor influencia.

Y detrás de esa falta de voluntad, sienten muchas jugadoras, hay un machismo histórico en el fútbol y en sus órganos directivos compuestos casi exclusivamente por hombres.

No es la plata

La plata estaba, y no se la gastaron. Los recursos no gastados salen de un fondo de desarrollo deportivo del Gobierno de 17 mil millones de pesos anuales.

“La ejecución (del contrato) fue de 900 millones y no es que hayan devuelto la plata, es que no ejecutaron los otros 600”, nos dijo Miguel Acevedo, director de posicionamiento deportivo en el MinDeporte y encargado de auditar esos recursos.

Nos explica que la plata restante era “directamente para el alojamiento, transportes y gastos médicos de la Liga femenina” y que el gobierno entrega la plata a la Dimayor a plazos, mientras ocurre la ejecución anual del contrato.

No es la única fuente de recursos externa que tiene la Dimayor, y en general la Federación Colombiana de Fútbol. Desde 2016 la Fifa, órgano rector mundial del deporte, arrancó un programa para promocionar la práctica entre las mujeres con recursos que envía a cada Federación, y desde 2017 le pasa a Colombia 500 mil dólares anuales para ese proyecto.

A pesar de contar con recursos como estos, el fútbol femenino está desfinanciado, sin seguridad laboral para las casi 300 futbolistas profesionales que compiten en la Liga anual, con inestabilidad del mismo campeonato, y con denuncias públicas de acoso sexual y machismo por parte de los dirigentes.

La realización de la Liga femenina, que se juega cada año desde 2017, es vista por los clubes deportivos como un problema y no una oportunidad. El mismo presidente de la Dimayor lo reconoce, como un lío asociado a la falta de plata.

”ahorita están en crisis buscando recursos para el masculino”

Fernando Jaramillo, presidente Dimayor

“Mantener un equipo es costoso, es una inversión importante y ahorita están en crisis buscando recursos para el masculino, creo que algunos (clubes) sienten que ya con eso tienen suficientes problemas”, nos dijo.

Pero para futbolistas, periodistas y fuentes vinculadas con el tema directamente desde la Liga, la plata para la Dimayor y los clubes, con o sin pandemia, siempre ha sido una excusa para no invertir en el fútbol femenino.

Cuando arrancó, la Liga contó con 3.500 millones de pesos que salieron, según explicó en su momento la Dimayor, de “recursos propios” (1.500 millones), del programa Forward de la Fifa (1.500 millones) y de plata de Coldeportes, hoy MinDeporte (500 millones).

Esa Liga duró seis meses y contó con 18 equipos. Desde ahí, tanto la inversión como los participantes han fluctuado.

Mientras en 2017 jugaron 18 equipos, en 2018 lo hicieron 23. Luego, en 2019, 20 clubes compitieron. Y para el 2020, por la pandemia, Conmebol (órgano rector del fútbol en Sudamérica) flexibilizó las exigencias a los clubes de tener equipos femeninos. El resultado fue que de los 18 clubes colombianos que iban a jugar el torneo local, quedaron solo 13.

Esto muestra que si no hay una obligación, muchos equipos prefieren prescindir de las mujeres en el fútbol.

Lo mismo ocurre con la duración de los torneos: mientras en 2018 duró seis meses, para 2020 duró tres. Y de los partidos jugados, Win Sports, el único canal que tiene los derechos de transmisión, emitió el 30 por ciento de los juegos de esa Liga. El campeonato masculino, en cambio, fue transmitido en su totalidad.

Hoy en la Dimayor no tienen claro cuándo jugarán el torneo femenino. Dicen que posiblemente el próximo semestre y con una duración de menos de dos meses. Esto ya produjo una crítica de las jugadoras de la Selección Colombia de mayores, en un comunicado en redes sociales a inicios de este mes.

“Parte de la no consolidación es que, definitivamente, hay una escasez de recursos en el fútbol en general, y esto afecta también a la Liga femenina”, nos dijo Fernando Jaramillo, presidente de la Dimayor.

“El patrocinio es muy complicado y más en esta época donde no hay ingresos de taquilla para la Liga femenina”, nos dijo Eduardo Méndez, presidente de Santa Fe, el actual campeón de esa Liga.

Y si bien la pandemia afectó la taquilla, este es solo el tercer rubro de ingresos de los equipos de fútbol profesional en el país.

”El patrocinio es complicado y más ahora donde no hay ingresos de taquilla para la liga femenina”

Eduardo Méndez, presidente de Santafé

En el último informe de la Superintendencia de Sociedades sobre el estado financiero de los equipos, para 2019 los 36 equipos reportaron en total 648 mil millones de pesos en ganancias, que salían principalmente de las transmisiones por televisión (19 por ciento) de la venta de jugadores (26 por ciento) y de las taquillas (17 por ciento).

Los ejemplos de equipos que tienen inversiones constantes son contados, pero muestran resultados. Según nos dijo Méndez, ganador del último campeonato, su equipo gasta casi mil millones de pesos al año para mantener una nómina de 25 jugadoras con contratos todo el año. Lo mismo nos dijeron en el Atlético Huila, campeón de la única Copa Libertadores femenina que tiene el país.

De todos modos, en general, la inversión para tener un equipo competitivo no se ve en los salarios de las jugadoras.

Manuela Acosta, futbolista desde hace 10 años, nos dice que de las 294 jugadoras que, con ella, participaron en la Liga del año pasado, la mayoría tuvo contratos solo por los tres meses que duró esa temporada.

Y no eran millonarios, como los de sus colegas hombres. Mientras el año pasado el delantero Teófilo Gutiérrez ganaba cerca de 100 mil dólares mensuales en el Junior, los contratos de las jugadoras “rondan entre un mínimo y 2.5 millones, en la mayoría de los casos”, nos dijo la futbolista Acosta, quien ha jugado en Millonarios, Santafe, Equidad y en el Inter de Italia.

El último informe de la Asociación de Futbolistas Profesionales sobre la situación laboral de las jugadoras en 2020 establece que, de los 13 equipos en la Liga, solo tres (América, Nacional y Santafé) contrataron desde marzo hasta diciembre. “Los 10 clubes restantes hicieron contratos por la duración del campeonato”. O sea, 57 días.

Eso tiene evidentes repercusiones en lo laboral y lo deportivo. Primero porque, si las futbolistas tienen un empleo formal, tienen que pedir licencias no remuneradas en sus trabajos para jugar la Liga, ya que el equipo no les garantiza sueldo todo el año.

Y además, porque como no están entrenando todos los días, como sí lo hacen los futbolistas hombres en las pretemporadas, sus cuerpos sufren el desgaste. “Prendemos la máquina 2 o 3 veces al año y la volvemos a apagar”, nos dijo Acosta, quien nos cuenta que varias de sus compañeras terminaron la temporada con lesiones y luxaciones.

Ella dice que de los 36 equipos profesionales, “siete u ocho se ‘ponen la camiseta’”. Y menciona a Santa Fe, Millonarios, Equidad, Fortaleza, Nacional, América. Eso también depende de si los equipos clasifican a copas internacionales, como es el caso de Santafe y América, que van a la Libertadores.

”La brecha no es solo salarial: es de reconocimiento”

Manuela Acosta, futbolista

Pero dice que “al resto simplemente no les interesa”.

“Hay clubes que llevan trabajando todo el tiempo en fútbol femenino y que están convencidos que va a agregar valor en el futuro, y otros que no tanto”, nos reconoció Jaramillo. “Lo que argumentan los directivos es que no le aporta nada al fútbol y que es el masculino y la Selección Colombia la que genera recursos”, nos dijo el presidente de un equipo que pidió no ser citado para no tener problemas.

De todos modos, la Dimayor también tiene responsabilidad.

“No hay un proyecto serio por parte de Dimayor y eso hace que la Liga no tenga continuidad ni patrocinadores. ¿Qué marca va a invertir sin una estructura?”, nos dijo la periodista Nathalia Prieto, directora de Féminas Fútbol, uno de los pocos medios especializados en el fútbol femenino colombiano.

Eso se ve, según nos dijeron cinco consultados, en que dentro de la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol no existen planes para la proyección de las jugadoras. 

“La brecha no es solo salarial: es contractual, es de estrategias de comunicación, de reconocimiento”, insiste Acosta.

La Federación cuenta con una comisión asesora de fútbol femenino conformada en 2017 que tiene tres directivos: Marcela Gómez, presidenta del América Femenino; Paola Salazar presidenta de Águilas de Rionegro y la única directora de un equipo profesional masculino; e Iván Sánchez, presidente de la Liga de Fútbol de Boyacá.

Sin embargo, de acuerdo con tres consultados, entre ellos un dirigente de un club, esa comisión “no tiene ninguna injerencia sobre lo que decide la Dimayor” respecto al fútbol femenino.

A lo que se suma que proyectos creados por las mismas futbolistas para hacer la Liga sostenible no han sido implementados por la Dimayor. Eso pasa con la propuesta que desde hace dos años las futbolistas Manuela Acosta y Vanessa Córdoba vienen impulsando con un modelo similar a la Bundesliga alemana o la Liga estadounidense. Desde que lo presentaron a Jaramillo, el año pasado, el proyecto no ha sido puesto en marcha.

”¿Qué marca va a invertir sin una estructura?”

Nathalia Prieto, directora de Féminas Fútbol

Y es que, pese a que por primera vez en la historia el país tiene a una Vicepresidenta que tiene en su agenda la equidad de género; un Presidente abiertamente hincha; y un Ministerio encargado del deporte que aporta millonarios recursos, la injerencia del gobierno es muy limitada. El gobierno no tiene poder de decisión, especialmente porque la Fifa castiga hasta con expulsión de varios años a las federaciones que permiten esa injerencia.

Pero también porque, como contamos en esta historia, varias de las cabezas clave del fútbol colombiano como Ramón Jesurún, presidente de la Federación de Fútbol, tienen una amplia red de relaciones públicas, que incluye a funcionarios del Gobierno y de la Rama Judicial.  

Acosta, Córdoba y demás representantes de jugadoras se han reunido con la Vicepresidenta, la Secretaria presidencial para la Mujer; el Ministro de Deporte, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo y poco o nada han podido hacer para cambiar la ecuación de poderes.

“El fútbol es tan poderoso que no lo cambia ni el Presidente”, nos dijo, resignada, una futbolista consultada.

Machismo detrás de la falta de voluntad

Aunque los tres directivos que consultamos niegan que las dificultades que enfrentan las futbolistas en Colombia correspondan al machismo, las denuncias de acoso sexual y corrupción en la Selección femenina y episodios públicos de misoginia por parte de la dirigencia cuentan otra historia.

El caso más famoso es el de Gabriel Camargo, el poderoso exsenador y presidente del Deportes Tolima, quien en 2019 dijo que las futbolistas son “más tomatrago que los hombres” y que el fútbol profesional femenino es “un caldo de cultivo de lesbianismo tremendo”. Hasta ahora no ha sido sancionado por lo que dijo, y Álvaro González, presidente de la Difútbol (que maneja las ligas amateur del país) y otro poderoso dentro de la Federación, calificó el episodio de su colega Camargo como un “error involuntario” por haber dicho esas cosas en público.

Esa es tan solo una muestra del machismo estructural que hay en un deporte dominado por hombres desde su creación.

En el trato que reciben las jugadoras por parte de la dirigencia hay trazos de desdén.

Fue el presidente de la Federación, Ramón Jesurún, quien en 2015 cortó la remuneración para las jugadoras durante los ciclos de preparación de la Selección, mientras que la mantuvo para la selección masculina. En ese momento, alegó la necesidad de hacer recortes para saldar cuentas luego del FIFAgate, como contó la Liga Contra el Silencio.

La Silla intentó contactar a Jesurún para esta historia, pero al momento de la publicación no había respondido a ninguna de las llamadas y mensajes.

Las denuncias de acoso sexual dentro de la Selección femenina terminaron en una condena de dos años para Didier Luna, extécnico de la sub-17, luego de un preacuerdo con la Fiscalía, que incluyó cambiar el delito de acoso por el de injuria.

A esto se suma que, cuando consultamos a un directivo sobre qué tipo de patrocinio podría buscar para su equipo en la Liga, nos habló de marcas como Leonisa (ropa interior) y Nosotras (toallas higiénicas), demostrando una visión muy limitada sobre el rango de interés de las mujeres, las marcas, y las oportunidades del fútbol femenino.

Todo esto muestra que las futbolistas en este país tienen el camino cuesta arriba. Y aunque hay dificultades que son inherentes a una Liga que lleva apenas cuatro años de trayectoria, serán muy difíciles de solucionar sin cambios de fondo en la cultura de un deporte hasta ahora dominado por hombres.

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