Los votos que le faltarían a Uribe, más por chambonería que por fraude

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Desde ayer el Centro Democrático está señalando la existencia de un fraude electoral en su contra. Además de un comunicado oficial de ese movimiento donde señalan que les robaron 250 mil votos, el ex ministro Fernando Londoño dedicó su columna en El Tiempo de hoy al “gran chocorazo”, del que no presentó mayores pruebas aparte de que entre Sucre, Córdoba y Atlántico habrían puesto 26 senadores. Pero las cifras de Londoño no dan y lo que dicen los uribistas no es una denuncia de fraude electoral sino un imperdonable error de la Registraduría.

Desde ayer el Centro Democrático está señalando la existencia de un fraude electoral en su contra. Además de un comunicado oficial de ese movimiento donde señalan que les robaron 250 mil votos, el ex ministro Fernando Londoño dedicó su columna en El Tiempo de hoy al “gran chocorazo”, del que no presentó mayores pruebas aparte de que entre Sucre, Córdoba y Atlántico habrían puesto 26 senadores.

Pero las cifras de Londoño no dan y lo que dicen los uribistas no es una denuncia de fraude electoral sino un imperdonable error de la Registraduría, que podría llevar a que, una vez corregido, la lista uribista sea la más votada  - con las implicaciones políticas que eso tiene.

Los votos todavía pueden aparecer

La principal denuncia del uribismo, que ha sido replicada por todos los medios, es que en casi 8 mil mesas (8,3 por ciento del total de mesas) sacaron votos y la Registraduría no los contó el domingo. Eso no quiere decir ni que haya habido fraude ni que votos hayan desaparecido.

Álvaro Uribe ha estado pendiente de los 250 mil votos. Foto: Juan Pablo Pino
Entre más votos saque el Centro Democrático, mejor para la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga. Foto: Juan Pablo Pino
Fabio Valencia Cossio (a la derecha) ha estado al frente del seguimiento a los escrutinios. Fue quien le llevó los documentos de la diferencia entre lo informado por la Procuraduría y lo que presuntamente tienen los E14. Foto: Juan Pablo Pino

De hecho, las pruebas que presentan muestran que esos votos deberían aparecer cuando se de el escrutinio final en los próximos. La fuente de la denuncia es la discrepancia entre dos datos: el que informó la Registraduría el domingo y que retomamos todos los medios, que es el llamado preconteo, y el de los formularios que llenan los jurados de votación, conocidos como E14.

Mientras el dato del preconteo es informal y solo tiene fines informativos, el de los E14 es la base sobre la cual se hacen los escrutinios - que son los que sí tienen valor jurídico y definen quién sale elegido. Los escrutinios empezaron esta semana y se demoran algunos días.

Mejor dicho, lo que hizo hoy el uribismo no fue denunciar que les hayan robado 250 mil votos (cifra que sale de una proyección de haber revisado algunos E14, no de haberlos visto todos) sino que es un aviso de que ellos creen que deberían sacar 250 mil votos más al final del escrutinio. Por eso Fabio Valencia Cossio, quien ha sido el vocero para este asunto, nunca ha hablado de fraude sino de una falta de contabilización de votos por la Registraduría (aunque el senador Juan Carlos Vélez sí habló de la prueba de un fraude).

Eso no quiere decir ni que el problema sea menor ni que no haya habido fraude. Con esos 250 mil votos, si efectivamente esa es la cifra de la diferencia entre el preconteo y el escrutinio, la lista uribista al Senado sería la más votada, superando a La U por unos 65 mil votos. Y tendría la bancada más grande, de 22 senadores, dejando a La U con 19.

Si esos votos hubieran aparecido en el preconteo, la lista uribista habría salido como la más votada. Esto podría haber cambiado el clima político, porque en el nivel simbólico tener la bancada más grande del Senado y la lista más votada habría dado a Uribe como el gran ganador de las elecciones.

Además, es posible que sí haya habido irregularidades. Por ejemplo, en los escrutinios en Antioquia el Centro Democrático ha impugnado los resultados que aparecen en los E14 en varias mesas, porque salen en cero los votos por el movimiento uribista. Cuando han logrado que las comisiones escrutadoras revisen las bolsas de votos, han encontrado que faltaron por incluir los del Centro Democrático. Así, hoy hasta las tres de la tarde habían logrado que se incluyeran 156 votos nuevos en su lista a la Cámara por Antioquia.

Además, las altas votaciones en algunos departamentos caribes (como Córdoba donde la votación pasó de 600 a 665 mil votos o Atlántico donde la votación creció de 730 a 890 mil votos) o los apagones en Sucre y Córdoba sí pueden ser señales de un fraude. Pero, por ahora, no está probado.

Las cuentas alegres de Londoño

La única “prueba del fraude” que aporta Londoño en su columna es que entre Sucre, Córdoba y Atlántico pusieron 26 senadores pero solo tienen el nueve por ciento del potencial electoral. El problema es que ese argumento no solo no prueba un fraude, sino que tampoco corresponde a la realidad.

Del Atlántico sí son, como dijo Londoño, diez: están Arturo Char, Laureano Acuña, Miguel Amín, Efraín Cepeda, Roberto Gerlein, José David Name, Álvaro Ashton, Eduardo Pulgar, Jaime Amín y Armando Benedetti (que tiene también mucha fuerza en Bogotá, donde empezó su carrera política como concejal, y donde obtuvo más votos que en el Atlántico).

De Córdoba, en cambio, no son los nueve que dice el ex ministro. Son siete: Nora García Burgos, Musa Besaile, Ñoño Elías, Arleth Casado, Yamina Pestana, Martín Morales y Daniel Cabrales. Quizás Londoño incluyó a Antonio José Correa, quien es de origen crodobés pero tiene su fortín en el centro de Bolívar y especialmente en Magangué, donde hizo su carrera política, y a Sandra Villadiego, quien también nació en Córdoba pero no tienen ninguna incidencia polítca allí sino en Bolvíar.

Y en Sucre tampoco son siete. Son cinco: están Teresita García Romero, María del Rosario Guerra, Mario Fernández, Antonio Guerra y Julio Miguel Guerra.

En total son 22 en vez de 26. Y eso que él incluye en esos 22 a tres de la lista del Centro Democrático (María del Rosario Guerra, Jaime Amín y Daniel Cabrales), que extrañamente Londoño incluye en sus pruebas de un fraude santista.

Es decir, la gran prueba de Londoño tiene un error aritmético. en vez de 26 senadores se trata de 19 senadores santistas.

Además, Londoño no tiene en cuenta que Magdalena, que históricamente había tenido un gran peso electoral, se quedó sin ningún senador (en el Senado de 2002 que el ex ministro toma como ejemplo tuvo cinco senadores) y votó en gran medida por candidatos del Atlántico. Y La Guajira, que es menos importante pero pesa, tampoco puso senador propio. Los dos le pusieron votos a senadores de Sucre, Córdoba y Atlántico, y ayuda a explicar que éstos tengan más senadores.

Aunque es cierto que hay una concentración de senadores de esos tres departamentos, el argumento de Londoño la infla, ignora que otros departamentos costeños se quedaron sin senadores e incluye a uribistas como prueba de un fraude contra el uribismo.

Esto no quiere decir que no haya fraude, sino que la prueba de Londoño tampoco demuestra su existencia.

La Registraduría ya dijo que los escrutinios, que definirán si esos 250 mil votos faltaban y que ayudan a ver si hubo fraude, se pueden demorar hasta un mes. Pero ese es un tiempo muy largo en política y, mientras tanto, no solo el Centro Democrático se queda sin el momentum político que le habría dado el anuncio de que su lista fue la más votada al Senado, sino que Uribe queda como un mal perdedor.

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