La portada de Semana es un reflejo de que la campaña empieza alrededor de Petro

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 La entrevista al líder de la Colombia Humana avivó el discurso del antipetrismo en la derecha y acentuó el de confrontación con el uribismo en la izquierda.

La entrevista de Vicky Dávila al candidato presidencial Gustavo Petro que fue portada de Semana ayer saltó, en unas líneas, del análisis electoral del 2022 a preguntas por la relación del candidato presidencial con Hugo Chávez, si se perpetuaría en el poder y su pasado como guerrillero del M19. 

Terminó con una discusión sobre el delito político, en la que la periodista llamó “hampones” a los exguerrilleros como Petro. A la tercera vez, él colgó la videollamada. 

A un año de las elecciones, la entrevista con su versión en video y las reacciones en redes, que posicionaron hashtags como “Gnecco” (por el apellido del esposo de Dávila) o #PetroEsUnHampon, tienen al menos dos efectos:

  • Renuevan el mensaje del miedo a Petro, que puede impulsar la campaña de la derecha, que ha sido discreta y carece de un candidato claro.

  • Mueven a Petro del discurso que había impulsado de ser el favorito que reúne a muchos sectores y no reconoce la existencia del centro, a uno más confrontacional con la derecha, similar al que lo llevó a segunda vuelta en 2018.

Si los dos se consolidan, llevarían a que la campaña gire en torno al exalcalde de Bogotá, un escenario que ayuda a ambos y hace más difícil el camino de los candidatos de centro.

Monta a la derecha en el antipetrismo

La mayoría de precandidatos o posibles candidatos de derecha salieron a opinar sobre la entrevista. 

Uno de los primeros fue Tomás Uribe, hijo del expresidente Álvaro Uribe y a quien varios miembros del Centro Democrático han puesto a sonar como presidenciable, y quien, como contamos, ha asumido cada vez más el rol de político.

Tomás publicó un resumen de la entrevista que sigue la línea del Centro Democrático de rebautizar el miedo al castrochavismo como miedo al socialismo y de mostrar a Petro como la personificación de esa amenaza. Por ejemplo, dijo que Petro “declara admiración por Chávez” y “desprecia a los empresarios”, y que “declara que su proyecto político requiere mínimo 3 periodos”.

Otra fue la senadora y precandidata Paloma Valencia. Publicó un video del expresidente Uribe en el que habla de “los castrochavistas colombianos”. 

Además de figuras del Centro Democrático hablaron los exalcaldes que, como contamos, plantean otra alternativa de derecha.

Enrique Peñalosa se enfocó en su antigua pelea con Petro por el manejo de Bogotá, de donde ambos fueron alcaldes: “Gustavo Petro habla bien, pero dice mentiras y como gobernante poco hace”.

Federico Gutiérrez, exalcalde de Medellín que ya había demostrado que criticar a Petro está en el centro de su discurso, apeló esta vez a neologismos relacionados con Venezuela. Esta mañana dijo en RCN Radio que la suya es “una visión contraria a la petromadurista”

Ese episodio reitera que los precandidatos de derecha coinciden en criticar a Petro para mostrarse ante su electorado. 

Es una estrategia que demostró su efectividad en 2018, cuando Iván Duque ganó en segunda vuelta avivando el miedo a Petro, pero que esta vez comenzó mucho antes. Y eso muestra hasta dónde Petro inicia la carrera como el candidato a vencer, que hasta ahora había enfocado su discurso en conquistar a los votantes que no lo tienen como primera opción.

Petro, en un terreno en el que se sabe mover

Jorge Rojas, uno de los políticos más cercanos a Petro (fue su secretario en Bogotá y coordinó la campaña presidencial de 2018), dijo que el líder de la Colombia Humana “dio la entrevista para medirle el aceite a la extrema derecha”.

Aún no es claro es si esa medición le ayudó o le dejó quemaduras. 

En un principio Petro pidió que no se publicara la entrevista. 

El viernes,  Andrés Hernández, su jefe de prensa, publicó un tuit  en el que afirmaba que “no autorizamos la entrevista por falta de garantías”. Pero al otro día el propio Petro compartió la conversación  y Hernández borró su trino. 

Hernández le explicó así lo sucedido a La Silla: “Petro salió supremamente molesto y me pidió no autorizar la publicación, pero luego supe que él y Vicky habían solucionado las cosas y acordado publicarla”.

Esa decisión es una señal de que las preguntas de Dávila llevaron a Petro a temas en los que no estaba enfocado, como su pasado en el M19 o la discusión sobre si en Colombia hay democracia. Y que al final sí está dispuesto a moverse en ese terreno.

“Lo que hizo la entrevista fue aclarar todos esos miedos que todavía están ahí”, dijo Hernández, aunque agregó que “puede que también sea un arma de doble filo”.

Para varias figuras fuera de la izquierda, Petro salió bien librado, sobre todo por el direccionamiento evidente de las preguntas de Dávila.

Como Carlos Fernando Galán, concejal de Bogotá y miembro del ‘nuevo liberalismo’, que hace parte de la alianza de centro:

O la activista Catherine Juvinao:

También el abogado y columnista Ramiro Bejarano:

Sin embargo, para Juan Federico Pino, analista y profesor de la Universidad Javeriana, que el debate vuelva al conflicto armado y al rol de exguerrilleros como Petro, a la larga beneficia más a la derecha. 

“Es una oportunidad que Petro le generó a ese sector para sacar el tema. De fondo está la interpretación de la historia del país, y de un sector que ve el conflicto en términos de seguridad pública y lucha contra la delincuencia”, dice Pino.

De acuerdo con Pino, el candidato de la Colombia Humana había apostado por una doble estrategia, como explicamos en 2020: presentarse como el punto central de una gran convergencia (la que hoy llama ‘Pacto Histórico’) y a la vez radicalizar a la ciudadanía para así minar al centro y erigirse en el campeón del antiuribismo, como ya ocurre con el ecosistema de nuevos medios digitales que lo rodea. 

Esta entrevista le da más fuerza al segundo camino, en el que, según Pino, Petro tiene las de perder. Es una lógica similar a la que lo llevó a la segunda vuelta en 2018, pero que tuvo un claro límite en su derrota contra Iván Duque. 

Aunque en esta ocasión comienza mucho antes, y el discurso de miedo que la derecha ha construido en torno a Petro se potencia por sus buenos resultados en 2018. 

El resultado, por ahora, es incierto: puede ayudar al líder de la Colombia Humana, pues tanto Uribe como el presidente que puso tienen menos favorabilidad, o agotar la figura de Petro, como pasó con Germán Vargas entre 2017 y 2018.

Lo que ocurra dependerá de Petro, pero también de si otros periodistas siguen el camino de Dávila de avanzar en el camino de personificarlo como una amenaza.

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