La marcha: un arranque modesto

Silla Cachaca

Que Álvaro Uribe es el mayor elector hoy por hoy de Colombia, no cabe duda, pero que solo cuenta incondicionalmente con aproximadamente el 20% de los electores tampoco

El Centro Democrático inició ayer formalmente su campaña presidencial. Lo hizo convocando unas marchas en una veintena de ciudades del país en la que presentaba sus precandidatos: Duque, Guerra, Trujillo, Ramírez, Londoño, Ramos y Ordoñez. Las marchas resultaron nutridas en tres o cuatro ciudades y lánguidas en las demás.

El Partido hizo un esfuerzo de organización enorme y mostró disciplina y capacidad de convocatoria. Logró adhesiones de personajes políticos que hasta ayer se presentaban con el escudo del Partido Conservador como Marta Lucía Ramírez y el caricaturesco Alejandro Ordoñez. Para lograr adhesiones de grupos religiosos fanáticos radicalizó su discurso contra los derechos de las minorías.

El Centro Democrático es un partido fuerte sin duda, con una doctrina política radicalmente de derecha, acorde con los tiempos de Trump y Le Pen y eso hay que abonárselo: hace un esfuerzo por convocar a quienes profesan principios y valores atados a la sociedad patriarcal y machista, son homofóbicos, anti comunistas, defienden un modelo económico que ha generado y profundizado la desigualdad, justifican los métodos autoritarios del Estado y sus agentes si consideran que lo hacen para imponer esos valores, consideran que el sistema de controles no deja gobernar y que reconocer muchos derechos a la gente termina obstaculizando el desarrollo.

Ejercen legítimamente su derecho, aunque en el ejercicio de la política acudan a la ilegalidad o echen mano de las mentiras y en el Gobierno hayan incurrido en delitos para tratar de lograr el resultado que querían como ahora los confiesan los ministros que se quieren someter a la Justicia de Paz.

La convocatoria a la marcha tuvo un despliegue grande, incluso en los medios que ellos acusan de ser serviles del gobierno. Les compraron la idea de que no era una manifestación del Centro Democrático sino ciudadana y entonces le preguntaban a la gente si iba a marchar o no como si realmente quienes no sean simpatizantes de ese grupo político tuvieran razones para asistir al lanzamiento de sus candidaturas. RCN, acorde con su línea ideológica, invitaba a la marcha en sus noticieros y señalaban los lugares de encuentro y otros detalles que convocantes de otras movilizaciones tienen que difundir a través de publicidad paga.

Casi ninguno de esos medios registró la marcha que habían hecho miles de indígenas en el norte del Cauca un par de días antes.

Lanzaron el señuelo de que se trataba de una manifestación contra Santos y el mal gobierno como si la gente no se diera cuenta de que estaban invitando a un evento interno de un partido político. Al final lograron reunir unos miles de personas, no entro en el debate de cuántos porque es interminable. Mostraron que tienen un partido fuerte pero no un movimiento ciudadano creciente que los siga y que logre si quiera poner en peligro la estabilidad de Santos, cuya renuncia era la principal petición de los marchistas.

Esta derecha radical es el sector más organizado, pero no necesariamente el más grande

Estas marchas no se comparan por supuesto con las impresionantes manifestaciones ciudadanas de Brasil el año pasado, para mencionar ejemplos del vecindario. Esas sí logran cambiar el curso de la historia, estas claro que no.

Que Uribe es el mayor elector hoy por hoy de Colombia, no cabe duda, pero que solo cuenta incondicionalmente con aproximadamente el 20 por ciento de los electores tampoco. No parece tener más seguidores que los que tenía hace cuatro años cuando inició su campaña para llevar a la Presidencia a Oscar Iván Zuluaga. A pesar del enorme desprestigio de Santos, el Centro Democrático no parece haber crecido según lo indican no solo las encuestas sino ahora estas marchas, grandes algunas, pero en todo caso modestas.

Esta derecha radical es el sector más organizado, pero no necesariamente el más grande, ni genera un entusiasmo ciudadano auténtico como el que producía, por ejemplo, la ola verde en el 2010.

Intuyo que por razones pragmáticas cometen el error de convertir en sus voceros a pastores fanáticos como Arrázola en Cartagena y eso les puede generar una barrera con clase medias urbanas que suelen ser determinantes en las elecciones de Colombia.

Tampoco sé si les sea útil seguir usando la idea de que hay que sacar a la gente emberracada que les resultó tan exitosa en la campaña del NO en el plebiscito. Esa marcha de ayer en Bogotá, que llevó un poco menos de gente que la de las banderas blancas el 5 de octubre pasado, era una marcha con rabia distinta a la esperanza que usaron los estudiantes entonces. Uno esperaría que la esperanza se imponga sobre la rabia, pero allá ellos.

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