La entrega de armas: el nuevo rifirrafe con las Farc

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La ronda actual de discusiones en la Habana ha sido más difícil que la anterior. No solo está la discusión de la Asamblea Constituyente que quieren los guerrilleros para refrendar los acuerdos sino que ahora entra el debate sobre cuándo dejarían las armas los guerrilleros.

Al final, el desacuerdo entre Gobierno y Farc frente a la dejación de las armas está en la secuencia de los eventos. Es una diferencia que no es menor.

Ayer, Andrés París, vocero de las Farc en la Habana, dijo las palabras mágicas para evaporar la ilusión que ha ido creciendo alrededor del proceso de paz: dijo que no entregarían las armas. “Las armas se silencian cuando la voluntad de dispararlas cese y eso ocurrirá en Colombia cuando se cumplan todas estas situaciones que estamos llevando a la mesa de negociación”, le dijo en una entrevista a El País de Cali.

Diciendo que su modelo de negociación era el del Irlanda del Norte, donde nunca hubo una entrega de armas aunque cesó el conflicto armado, París reiteró lo que ya había dicho Iván Márquez en su discurso de inauguración de los diálogos en Oslo, al recordar las palabras de Alfonso Cano: “desmovilizarse es sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es rendición y traición a la causa popular y al ideario revolucionario que cultivamos y luchamos por las transformaciones sociales”.

Evidentemente, es una posición diferente a la que han expresado los negociadores del Gobierno. En su discurso en la Universidad Externado en mayo, en el que el Alto Comisionado de Paz explicó “la ruta mental” del proceso de paz, Sergio Jaramillo fue explícito en que la dejación de armas era una condición innegociable para avanzar en la tercera fase de construcción de la paz.

“De lo que se trata es de convenir una agenda para la terminación del conflicto que permita a las Farc exponer sus ideas sin el acompañamiento de las armas, y con plenas garantías para su transformación en una fuerza política desarmada”, dijo Jaramillo. Y agregó : "La paz no se trata de recibir un fusil para entregar un taxi o una panadería. Se trata, repito, de quitar las armas del camino para poder transformar unos territorios y reconstruir el pacto social en las regiones. Para garantizar que no vuelva a haber guerra.”

Jaramillo explicó así cómo entendía lo acordado con las Farc en el Marco del Acuerdo de Paz negociado por él y ‘El Médico’, en representación de la guerrilla, durante la fase exploratoria de este proceso, y que determina la agenda de las conversaciones en la Habana.

En el punto 3 de este Acuerdo, sobre el Fin del Conflicto, el Acuerdo dice que es un “proceso integral y simultáneo”, que implica un cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y como punto dos, “la dejación de las armas. Reincorporación de las Farc-Ep a la vida civil en lo económico, lo social y lo político, de acuerdo con sus intereses”.

En ese mismo punto, el Gobierno se compromete a realizar las reformas de las que habla París: “el Gobierno revisará y hará las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz”.

La secuencia

Tras leer la entrevista de París y las cosas que ha dicho Iván Márquez queda claro que ellos no le darán al Gobierno (y al país) el gusto de verlos entregar las armas, un ritual que suele simbolizar en todos estos procesos, de una manera clara, bella y contundente, el fin del conflicto armado y el comienzo de una transición.

Esta postura corresponde a una idea que para ellos es esencial y es que ellos no se van a “reintegrar” a la sociedad colombiana –a cuyo Establecimiento ven como corrupto e injusto- sino que mediante este proceso de negociación ellos buscan “transformar” esa sociedad.

De alguna manera, esa idea de la transformación está incorporada en el mismo diseño del proceso que se está discutiendo en La Habana. La idea de estas conversaciones no es negociar qué se le entrega a las Farc a cambio de las armas sino las condiciones que hay que crear para que ni ellos ni nadie sienta que las armas son necesarias para hacer política en Colombia o para ser tratado con un mínimo de respeto y dignidad en el campo.

El primer punto ya parcialmente acordado sobre desarrollo rural integral apuntó a definir las cosas básicas que tiene que hacer el Estado para que los campesinos no sean unos ciudadanos de tercera. Y el de participación política que están discutiendo ahora busca identificar las talanqueras del sistema que impiden que haya una verdadera participación democrática de las minorías que quieran hacerle oposición al Establecimiento.

De la discusión sobre estos dos puntos, saldrá un listado grande de reformas que toca hacer. En el acuerdo sobre el tema agrario, quedaron entre otros, el compromiso de crear una justicia agraria, de titular las tierras de los campesinos, de llevar infraestructura y educación al campo. En el acuerdo sobre lo político, seguramente quedarán reformas de tipo electoral, un estatuto para la oposición, garantías para acceder a medios de comunicación, etc.

Lo que está diciendo Andrés París es que ellos mantendrán las armas hasta que el Gobierno emprenda todas estas reformas. Lo que ha dicho el Gobierno es que estas reformas, que tienen un eje territorial, se harán con las Farc. Pero que ese derecho de participar e incluso liderar estos cambios se lo ganan una vez hayan dejado las armas.

Al final, el desacuerdo entre Gobierno y Farc frente a las armas está en la secuencia de los eventos. Es una diferencia que no es menor.

La simultaneidad

Lo difícil es que el Acuerdo dice que la entrega de las armas y la realización de las reformas y los ajustes institucionales será “simultáneo” y lo primero tarda unas horas mientras que lo segundo años.

En la entrevista que dio a La Silla el ex jefe guerrillero del Fmln, la guerrilla salvadoreña, Joaquín Villalobos, lo resolvió así: “En temas con impacto social, el inicio del programa o la constitución de una institución o la participación en una institución es la prueba de que cumplió. No es lograr la meta. Si no es asím es una carta al niño dios.  El inicio de esos procesos es el cumplimiento del acuerdo”, dijo.

Siguiendo esta lógica, bastaría con que el Gobierno sacara el decreto creando la justicia agraria o el Conpes acordando una megainversión en el campo. Pero es improbable que las Farc vayan a estar dispuestas de entenderlo así.

Las Farc querrán guardar las armas porque la desconfianza de la guerrilla hacia el Establecimiento es tan grande como la de la mayoría de colombianos hacia las Farc. Antecedentes como la extradición de los jefes paras después de la negociación de Ralito o el exterminio de la UP no han hecho sino alimentarla.

Sin embargo, la misma tragedia de la Unión Patriótica hace inviable que ellos puedan participar en la construcción de ese “nuevo país rural” con las armas.  Las armas y la política son una combinación letal.  

En todo caso, en el Acuerdo Marco quedó explícito que hay que crear garantías para que se pueda hacer esta transición sin que los maten. Y si los acuerdos pactados más que beneficiar a los jefes guerrilleros mejorarán las condiciones de millones de colombianos, la misma sociedad se encargará de garantizar que no les hagan conejo.

“Todos los procesos de paz exitosos en el mundo llevan a una transformación de los grupos armados en movimientos políticos, eso es precisamente la transformación de un conflicto. Y la base de esa transformación son las garantías”, dijo Jaramillo en su discurso. “Garantías para los grupos: que puedan participar en igualdad de condiciones y sin riesgos de seguridad; ygarantías para la sociedad: que se rompa para siempre el lazo entre la política y las armas [...]”. 

Si las Farc no están dispuestas a asumir el riesgo de romper ese lazo antes de someter el Acuerdo a la refrendación de los colombianos, le darán a los críticos de este proceso de paz su mejor arma para restarle toda legitimidad.

If you want to see this article in English, read here translation by Matilda Villarraga.

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