La banda sonora de los mandamases versión vallenato

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Ser saludado con nombre propio en un vallenato es evidencia de victoria en la Costa. Un honor máximo que da jerarquía social y equivale a salir en las páginas de farándula de los periódicos. Un símbolo de poder. Pero a veces -no siempre, hay que decirlo- el saludado no es el valiente ni el conquistador ni el resistente, sino el bandido de turno en la región que está buscando reconocimiento. 

No es ningún secreto. En la cultura vallenata los vencedores son los que más duro pisan: los más valientes, los más conquistadores, los más resistentes. En la región en donde esta música es reina esos hombres victoriosos son comparados con toros de lidia, con gavilanes y con gallos de pelea. Y han sido celebrados igual en los cantos silvestres y llenos de poesía de los juglares que en las letras modernas y de menos filigrana de generaciones nuevas.

Ser saludado con nombre propio en un vallenato es la evidencia irrefutable de esa victoria. Un honor máximo que da jerarquía social y equivale a salir en las páginas de farándula de los periódicos. Un símbolo de poder.

Pero a veces -no siempre, hay que decirlo- el saludado no es el valiente ni el conquistador ni el resistente, sino el bandido de turno en la región que está buscando reconocimiento. O el político que quiere exactamente lo mismo. Y, en ocasiones, ambos porque suele pasar que el bandido y el político sean la misma persona. Mandamases que cuentan con banda sonora para sus andanzas.

Ya lo habíamos contado en La Silla: en agosto pasado le celebraron el cumpleaños a la Primera Dama del Cesar y, según una fuente que tuvo acceso a la mega parranda, ahí el cantante Jorge Oñate le mandó un saludo por micrófono al hoy detenido (cuando estaba en otra parranda vallenata) gobernador de La Guajira Kiko Gómez y a un amigo en común al que nombró como “el perrero de los malcríaos”. El mismo mote con el que muchos en el Cesar y en La Guajira conocen a Marquitos Figueroa, el presunto capo con el que asocian a Kiko.

Oñate no sólo nombró ese día, por micrófono, a “el perrero de los malcríaos”. El año pasado le grabó el saludo en una canción, como para que el viento no se llevara el gesto.

(Dele play a cada video para escuchar el momento exacto de cada saludo. Y si conoce más saludos de este tipo, escríbanos un comentario al final de esta historia).

Esta es la primera canción de esta banda sonora de mandamases, versión vallenato. Porque, es bien sabido, no es una situación exclusiva de este género ni de Colombia. La relación mafia-músicos, por ejemplo, pasa por Frank Sinatra cantándole a la mafia genovesa, por los corridos mexicanos dedicados a algunos capos de la droga y por escándalos como el que generó la canción Mi Hijo y yo del grupo Niche, en cuya letra se lee un acróstico para José Luis Santacruz sobrino del narco José ‘Chepe’ Santacruz (sobre la que su autor, Jairo Varela, dijo que nunca le habían pagado y que tampoco había conocido al tío).

Si el “perrero de los malcríaos” que menciona Oñate no es Marquito Figueroa, aquí en esta canción Silvestre Dangond no deja dudas pues le dedica su canto con nombre propio.

“Oye Marquitos Figueroa, aquí tienes mi canto”

La canción es de hace 10 años, época en la cual para algunos nativos “ya Figueroa se perfilaba como otro posible Jorge 40”, según nos contó una fuente que conoce bien el Cesar y La Guajira.

Uno de los vallenatólogos más reconocidos se llama Julio Oñate (es el autor del libro El ABC del vallenato), él le explicó a La Silla que en muchas ocasiones “el cantante vallenato actúa de buena fe, nombra a alguien que en ese momento no estaba en la picota pública”.

Claro que el confeso miembro del cartel de la contratación en Bogotá, Emilio Tapia, ya estaba en la picota pública este año cuando, de nuevo, Silvestre Dangond le dedicó este saludo en una canción de su álbum más reciente.

En 2011, cuando el escándalo del cartel que se robó la plata para hacer Transmilenio por la calle 26 estaba a la orden del día en las redacciones de los periódicos, Diomedes Díaz no sólo saludó a Tapia sino que lo llamó con cariño “el hombre de las carreteras”.

A lo largo de su historia musical, Diomedes ha saludado en sus canciones a más de un personaje cuestionado, por decir lo menos. Por ejemplo, a Jorge Luis Alfonso (el hijo de ‘La Gata, detenido dentro de un proceso por homicidio) lo llamó “el papá de los pollitos, de los gallos y los gavilanes”.

También saludó a Ricardo Palmera, antes de que éste se convirtiera en Simón Trinidad.

“Y por eso es que a Ricardo Palmera lo queremos tanto, es el mismo ejemplo”

Y a los supuestos narcos Samuel Alarcón (asesinado en la cárcel y a quien las autoridades consideraban como ficha clave del cartel de la Costa) y Felipe Eljach (asesinado y mencionado como narco en el libro ‘Los jinetes de la cocaína’).

Se dice que ‘El gavilán mayor’, también de Diomedes y grabada en 1978, fue toda dedicada a un marimbero de la época que era el mayor de un grupo de hermanos a los que les decían “los gavilanes”. Eso dice el mito sobre la canción que es una oda al guajiro que se hace respetar.

Yo soy entre las aves el más volador

porque en las alas tengo más poder

porque cargo mi pico con disposición

pa el que me quiera jugá una traición

y con mis garras me sé defender

Yo soy el gavilán mayor

que en el espacio soy el rey

En esta canción, Diomedes saluda a Lucky Cotes, mencionado como contrabandista en el libro ‘Los jinetes de la cocaína’.

El experto Julio Oñate nos dijo, sin embargo, que, según sus averiguaciones, el autor de esa canción (llamado Hernando Marín) la había escrito “como una forma de destaparse frente a otros autores de vallenatos que por la época empezaban a surgir en La Guajira”. Es decir, como una forma de hacerse respetar diciéndoles que él era un gavilán frente a ellos. Y que lo que pasó fue que el personaje que se hacía llamar “el gavilán” se la apropió y Marín “sacó beneficio” de esa pretensión “parrandeando con el tipo”.

Los saludos en los vallenatos, prosigue Julio Oñate, nacieron en el mismo momento en el que éstos empezarona ser grabados formalmente en las disqueras, en la década del 40.

Al principio se limitaban a menciones afectuosas a los compadres, a los parientes o a los mismos músicos del conjunto. No eran pagos.

Ahora tampoco son pagos. Al menos, no formalmente. Porque hay versiones de que algunos cantantes cobran por esas menciones. “Si es un cantante famoso, puede llegar a cobrar hasta 10 millones de pesos por un saludo”, le dijo a La Silla una fuente que conoce bien este folclor.

Un saludo que no sea pago se puede dar por petición del saludado o por deseo del saludador.

Otra fuente, también conocedora, nos explicó que hay categorías para los saludos: es de mejor estatus el saludo al inicio de la canción que al final. “El ser el primero en ser saludado dentro de un disco es una deferencia altísima que habla de la importancia del personaje”.

Por ejemplo, en la siguiente canción Jorge Oñate menciona casi en la mitad a Kiko Valdeblanquez, un nombre que se dio a conocer en la región con la bonanza marimbera de los 70. Es decir, que le dio mediana importancia.

Pero no sólo hay categorías sino formas de saludar. Por ejemplo, en clave (sí, así como sería lo de “el perrero de los malcríaos”.

Aquí, de nuevo, Oñate saluda. Esta vez a los hijos de LG (Lucas Gnecco, quien fuera dos veces gobernador del Cesar y luego recibiera tres condenas: una 24 años de cárcel por la suscripción irregular de millonarios contratos y por constreñimiento al elector).

Uno de los hijos mencionados de “LG” es el representante José Alfredo Gnecco, primo del actual Gobernador del Cesar, quien quiere llegar al Senado y supuestamente cuenta con el apoyo de la casa Gnecco.

Más adelante, en esa misma canción ‘Amalaya’ de Jorge Oñate es saludado Jorge Luis Alfonso López, quien para esa época no tenía líos judiciales.

Pero quizás el saludo (aunque no habría sido en grabación sino en una parranda) que generó verdadero escándalo -un escándalo nacional, de hecho- fue el que supuestamente hizo Poncho Zuleta a los paramilitares.

“¡No joda, viva la tierra paramilitar!. ¡Vivan los paracos, no joda!”, se le escucha decir a Poncho, aunque el cantante ha afirmado varias veces que es una imitación.

En un artículo, el diario El Heraldo de Barranquilla citó a un experto diciendo que muchos de estos saludos son apología al delito, pero no son condenables.

“Es un fenómeno reprobable, pero en el caso del vallenato también hay que entender la cultura y las relaciones que se tejen entre personas y familias desde la infancia. Además, muchas de estas personas no tenían líos cuando fueron saludados”, dijo una fuente. También hay que decir que son varios los cantantes vallenatos que no suelen hacer saludos en sus canciones, como por ejemplo Jorge Celedón.

Y mientras concluye la novela judicial del Gobernador Kiko y su supuesto socio Marquitos Figueroa, a quien la justicia anunció que iba a capturar, vale la pena terminar con esta canción de 2008 en la que Farid Ortiz los menciona a los dos así:

“Marquitos Figueroa y Kiko Gómez, querido jefe”

Actualización:
Bonus Track

Exactamente una semana después de publicada esta historia decidimos actualizarla con más saludos vallenatos, enviados todos por los usuarios de La Silla a través de twitter, facebook y los comentarios aquí abajo. Y arrancamos con una pequeña serie de saludos a un personaje que, a juzgar por los mensajes que le envían, es muy querido entre algunos de los más importantes cantantes vallenatos. En la capital, en cambio, ese mismo personaje (según él mismo lo aceptó al buscar un acuerdo con la Fiscalía) participó en el robo a Bogotá por lo que no es nada apreciado.

Aquí Martín Elías (el hijo de Diomedes Díaz) le dice al polémico Emilio Tapia que "Dios levanta en victoria a los hombres de buen corazón, como usted y como yo".

Y aquí Silvestre Dangond le habla en clave a Tapia. ¿Qué le habrá querido decir? "Oye Emilio Tapia, lo que me dijo y lo que le dije, vio, vio, vio..."

Silvestre, Diomedes y Peter Manjarrés, se nota en sus saludos, aprecian mucho a Tapia...

Cambiemos de mandamás con dos saludos afectuosos a "la esperanza de La Guajira".

Aquí Jorge Oñate "recuerda" a la condenada por homicidio Enilce López 'La Gata' y a uno de sus hijos, detenido y en líos con la justicia también por un supuesto homicidio.

En 1986 el Binomio de Oro le cantó al hombre que quería fundar el "Magdalena Grande", un proyecto criminal, mafioso y paramilitar.

Y "con el alma", Diomedes, de nuevo, saluda a su amigo Samuel Alarcón.

Los Zuleta aquí no saludan, sino que parece que dedican toda la canción a un contrabandista famoso de La Guajira que ya habíamos citado en esta historia.

En este saludo, Los Betos le piden al detenido gobernador Kiko Gómez que mejore La Guajira.

La siguiente canción es casi un mito para quienes conocen bien y gustan de la obra musical de Diomedes Díaz. Fue compuesta por él y vio la luz en 1991 en un álbum que se llama 'Mi vida musical'. El rumor que hay es que está dedicada a un gran amigo que tuvo Diomedes, que aparece señalado como narco en el libro 'Los jinetes de la cocaína' y que había sido asesinado cinco años antes. Se trata de Felipe Eljach. Una vez, durante una entrevista para televisión, el fallecido periodista Ernesto McCausland se atrevió a preguntarle para quién era la canción, ya que ésta no menciona explícitamente a nadie. Diomedes no quiso precisar. Pero el rumor persiste hasta hoy.

Aquí en cambio sí es claro que la canción de Diomedes es dedicada a un marimbero llamado Lisímaco Peralta.

Como dijimos arriba, en ocasiones el saludo vallenato va para el político de turno en la región que está buscando reconocimiento. Una fuente de Valledupar nos dijo que, por esta época, uno de los más nombrados es el congresista Ñoño Elías.

Siguiendo con políticos, aquí Los Betos nombran "al Concejal que manda en Barranquilla".

¿Y qué tal este saludo para un polémico exfuncionario del Congreso de la República?

Pero ni Álvaro Uribe ni Tomás, su hijo, necesitaban reconocimiento cuando Farid Ortiz les hizo este saludo. O más bien: esta cuña reeleccionista con la que finalizamos: "Tomás Uribe: uno, dos y tres ¡Uribe va otra vez!

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