La agenda Lgbti está enclosetada en campaña

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La agenda Lgbti brilla por su ausencia en las propuestas y trinos de los candidatos a Congreso y Presidencia. 

La agenda Lgbti está ausente en el debate electoral. Ni los candidatos que la han defendido están hablando de ella, ni el movimiento Lgbti ha mostrado un gran esfuerzo por posicionarla. Esto, a pesar de que en estas elecciones existen varios candidatos a Congreso abiertamente Lgbti, y de que varios de los candidatos a la Presidencia son de corte progresista y liberal.

El coletazo del triunfo del No en el plebiscito ha llevado a que mientras el movimiento Lgbti poco se ha sentido en esta campaña, el discurso estigmatizante en su contra gane espacio.

El coletazo del No

Con el episodio de las marchas en contra de las cartillas de Gina Parody y luego del rol protagónico que tuvieron las iglesias evangélicas en el triunfo del No en el plebiscito, se sabía que el fantasma de la “ideología de género” tendría un papel importante en las elecciones del 2018.

Cuando el No ganó en el plebiscito, gracias al apoyo de grupos cristianos que buscaron tumbar el Acuerdo de Paz entre el gobierno nacional y las Farc EP bajo la narrativa de que en él se imponía la ideología de género, el movimiento Lgbti vio cómo borraban su nombre y banderas de varias páginas del acuerdo renegociado.

Además fue perfilado, como le dijo un activista a La Silla, “como el enemigo común” que logró la unión de las diferentes comunidades cristianas que movieron el No.

“El estar en contra de nosotros cohesionó al movimiento cristiano y lo convirtió en una verdadera fuerza política”, dice un activista que prefiere no revelar su nombre por el trabajo que tiene. “Después del plebiscito, representar la agenda Lgbti no solo no es ‘taquillero’, sino que quita votos.”

En eso coincide Wilson Castañeda, director de Caribe Afirmativo, organización defensora de derechos Lgbti:  “Pasamos de exigir ser visibilizados y de hacer parte de los programas de los y las candidatas en el 2010 y, en mayor medida, en el 2014, a que ahora no solo no seamos nombrados, sino que las pocas veces que nos nombran lo hacen para referirse a que, si son elegidos o elegidas, van a replantear nuestros derechos”.

El clóset

Hay dos explicaciones de por qué la agenda Lgbti ha regresado al clóset.

Para algunos la agenda legal ya está cubierta y aunque se debe luchar por no retroceder en derechos, los candidatos no tienen mucho más que ofrecer.

“Tenemos matrimonio, adopción e identidad de género, no hay un debate político que dar”, dice Mauricio Albarracín, activista e investigador de DeJusticia, que es partidario de la primera teoría. “El tema podría estar en el deseo de algunos sectores de que haya un retroceso de derechos y la lucha tendría que estar en no perderlos.”

Angélica Lozano, representante y candidata al Senado por la Alianza Verde, dice que solo hay una deuda legal que es la ley de identidad de género para los trans que ella propuso en la legislatura pasada. “Los demás derechos ya están cubiertos, fueron reconocidos por la Corte Constitucional y no es necesario repetirlos en una ley. Lo que falta no es de ley, lo que falta es de igualdad social.”  Algo similar dijeron de la campaña del senador de la U, Armando Benedetti, uno de los que más ha defendido los derechos de la población Lgbti.

“Nadie quiere ir a un debate y abrir unos micrófonos para seguir estigmatizando a una población. En estos contextos no hay discusiones posibles, solo discursos agresivos que sacan avisos de ‘Sodoma y Gomorra’ y que buscan devolvernos a enfermos”, explica Marcela Sánchez, la directora de Colombia Diversa.

Otros activistas Lgbti, sin embargo, creen que todavía hay mucho por hacer a nivel legislativo y que pasar de agache para no alebrestar a las iglesias no es buena idea.

“El silencio que se está dando en esta campaña lo único que hace es marginar al movimiento Lgbti del escenario político que define la agenda del país en los próximos años,” opina Castañeda, de Caribe Afirmativo.

Según Castañeda, aunque los derechos son derechos y están en plena vigencia así hayan sido reconocidos por el Congreso o por la Corte, “sigue habiendo una deuda pendiente en Colombia y es que todos estos derechos adquiridos cuenten con un cuerpo legislativo o aparato legislativo que los proteja”.

La activista trans Matilda González dice que falta la ley de identidad de género y también medidas efectivas para evitar la discriminación y la violencia contra las mujeres trans, sobre todo en lo que concierne a las trabajadoras sexuales.

“Los aspirantes al Congreso deberían estar haciendo propuestas sobre estos temas”, dijo. Además, agregó, que de la jurisprudencia de la Corte sobre asuntos Lgbti el 70 por ciento de las sentencias están orientadas a temas de orientación sexual enfocados en la agenda de lesbianas, gays y bisexuales y el 30 por ciento para identidad de género que beneficia la agenda trans.

“Si nos silenciamos, nos jodemos”, dice. “Lo único que no podemos hacer es no dar el debate.”

Zunga La Perra Roja del Caquetá, otra activista trans, va por la misma línea de González planteando que callarse no puede ser la estrategia.

“Las candidaturas abiertamente Lgbti, como las de Angélica y las de Tatiana, son muy buenas. Pero no son suficientes”. Y agrega: “Los candidatos que nos apoyan no están dando el debate por un miedo electoral fundado en la ideología de género. Necesitamos hablar para poder desdibujar los mitos que hay en los temas de identidades.”

La semana pasada varias organizaciones de derechos Lgbti lanzaron la campaña Voto por la Igualdad, que lleva más de tres elecciones funcionando y con la que buscan promover el voto informado a favor de la igualdad, sin apoyar a uno u otro candidato o partido.

A través de una gráfica, la herramienta muestra la actividad de los candidatos al Congreso en Twitter.  Los ubica en un espectro de favorabilidad y desfavorabilidad gracias a un algoritmo que analiza los trinos que han hecho en referencia a conceptos como Lgbti, diversidad e igualdad.  

Con Voto por la Igualdad lograron que unos pocos candidatos trinaran sobre el tema. Entre los que lo hicieron están Tatiana Piñeros, mujer trans candidata por la lista de la decencia, y los candidatos verdes Juanita Goebertus y Mauricio Toro. También trinó Humberto De la Calle.

Luego de esto, el tema se volvió a apagar en redes.

Más allá de si poner el tema en la agenda electoral le conviene a la comunidad Lgbti o aumenta el riesgo de un retroceso, a partir de los resultados del plebiscito se cree que las comunidades evangélicas aportan no solo un voto importante en número, sino cohesionado y disciplinado. Un voto que ya mostró hacer la diferencia en elecciones.

El voto de los Lgbti no funciona igual. Como le contaron a La Silla tres de las personas con las que hablamos, no se puede hablar de “la comunidad Lgbti”.

En las cinco siglas confluyen diferentes agendas, como la trans y la gay, que se unen para perseguir la igualdad y equidad entre géneros, pero que no suponen una cohesión ni, mucho menos, una unidad a la hora de votar.

El voto cristiano no solo es más atractivo que el Lgbti, sino que es más cercano al que puede llegar a calar en buena parte de los votantes. Como indica la Gallup Poll, la mayoría de colombianos siguen creyendo en el modelo de familia tradicional y es homofóbica.

El efecto Gina

Esto hace que no solo los candidatos estén optando por no poner el tema en campaña sino que, como nos contó un funcionario público que trabaja en temas de género, desde lo que pasó con la ex ministra Gina Parody con las cartillas y el plebiscito, “el gobierno está cogiendo con pinzas el tema Lgbti.”

Según esta fuente, hace más de un año está lista la política pública de garantías de derechos de la población Lgbti que hace parte del plan de desarrollo del gobierno Santos II pero lleva un año frenada en el Ministerio del Interior.

Ni Juan Fernando Cristo, ni el actual ministro Guillermo Rivera, quienes han estado a la cabeza del Ministerio del Interior, cartera encargada del desarrollo de la política, la han firmado. Posiblemente porque su atención se ha centrado en sacar las leyes del fast-track que vencía en diciembre pero quizás, también, para no asumir el costo político. La política pública de libertad religiosa y de cultos, que beneficia a las iglesias cristianas, sí se ganó su firma. Y no solo eso sino también la afirmación del presidente de que la biblia es mejor que la constitución. 

La Silla buscó infructuosamente una declaración del Ministro del Interior Rivera, encargado del tema.

En las próximas elecciones, se medirá de nuevo la fuerza del voto religioso. Y dependiendo quién gane la Presidencia, la agenda Lgbti podrá nuevamente salir del clóset. O no.

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