¿Jugando al chance?

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 Duque decidió apostar a que pueden salir a las calles millones de personas sin que ocurran daños graves a la salud. Ya veremos si le sale la apuesta.

Con una precaria facultad jurídica, el Presidente de la República expidió un nuevo decreto en el que “limita totalmente la libre circulación de personas y vehículos por el territorio nacional”, ahora hasta el próximo 11 de Mayo. Amplió, sin justificación expresa, las excepciones a la orden, por lo que un poco más de un millón de personas ya no estarán en el aislamiento que se recomienda para que no se contagien con el Covid 19. Duque decidió apostar a que pueden salir sin que ocurran daños graves a la salud. Ya veremos si le sale la apuesta.

Colombia ha mantenido una cuarentena flexible si se le compara con las de la mayoría de los países europeos, que también empiezan a apostar en el mismo juego que ahora lo hace el Presidente de Colombia. De la prohibición de circulación están exceptuadas las personas que trabajan en actividades consideradas esenciales y, en general, todos para abastecerse. Ha habido innumerables congestiones en los sistemas de transporte y en supermercados. 

Aún así pareciera que las medidas han producido el resultado esperado, no de evitar el contagio, sino de que nos vayamos contagiando poco a poco.

En vista de que no nos ha ido mal con los riesgos que se han tomado hasta ahora, que no han sido pocos, como si fuera un jugador de cartas, que era una habilidad que se le reconocía a Santos pero no a Duque, ahora el Presidente decide aumentar el riesgo. Lo hace, más o menos, con la misma información con la que cuentan los jugadores: llevan unas cuentas de qué cartas han salido, saben cuales están todavía tapadas, pero no si las tienen otros jugadores o en qué orden están en el mazo.

Hay unas curvas que han hecho e interpretan epidemiólogos. Construidas a las volandas y sin tener certeza de los supuestos de los cálculos por la novedad del virus y por el desconocimiento de la forma como se mueve, pero es la información que hay. Parecida a la que tienen los jugadores. Los que hacen las curvas, a sabiendas de que no disponen de la información suficiente, ponen también la cara adusta de los jugadores, lo que les da credibilidad.

Los científicos, que tanto se invocan en las decisiones oficiales, vaticinan algo que, con la información disponible, lo vaticinaría también un lego en la materia que es que mientras el virus esté rondando habrá más contagio si hay más interacción social, claro, salvo que con unos cuidados se logre que ese crecimiento en el contagio no sea tan grave. Como cuando un jugador de 21 tiene 14 y sabe que entre las cartas tapadas hay muchos dieces, a pesar de lo cual pide una carta más, al fin y al cabo, hay probabilidad de que salga un cinco, o incluso el siete.

Duque decidió pedir una carta más. Tiene 17 y le va yendo bien, por eso seguramente se animó. No espera que le salga el 4, pero sabe que por ahí hay un par de doces y algún tres. A muchos les da miedo que salga uno de esos ochos que no han repartido. A todos nos toca confiar en que gane la apuesta.

Muchos de los gobernantes que han estado en situaciones parecidas o incluso más arriesgadas que las de Duque también han decidido pedir otra carta. En varios países de Europa, donde tratan de administrar tragedias de dimensiones que aún nos parecen impensables, también van a permitir que los trabajadores de la construcción reinicien sus actividades e incluso algunos han optado por permitir que lo hagan algunos comercios como librerías y otros han decidido subir la apuesta hasta los niveles de mayor riesgo como las peluquerías y los gimnasios.

No he oído decir que alguno haya decidido autorizar la actividad y el desplazamiento para hacer las apuestas de los juegos de suerte y azar incluido el chance y el baloto. No sé, pero imagino, que, en ningún país como Colombia, la financiación de la salud dependa tanto de los juegos de suerte y azar, por lo que incluir dentro de las actividades esenciales las apuestas puede resultar exótico pero razonable.

Claro las cartas no es un juego de suerte dirán los conocedores, se juega con base en conocimiento, e información. Hay que llevar las cuentas de cuántas y cuáles cartas han salido. Hay que valorar el juego de los demás. En fin, como se está tratando de hacer con la dinámica de la pandemia: se llevan las cuentas, se mira como se mueve, se compara con la manera como se comporta en otras partes, podemos establecer probabilidades, pero no podemos afirmar con certeza que la siguiente carta sea un tres y no un nueve.

Duque ha venido actuando como lo hace el buen jugador de cartas, sabe de memoria cuántas cartas están aún en el mazo, podría decir si queda por ahí algún cinco o si ya salieron todos. Incluso en sus intervenciones diarias ha asumido la actitud de los dealers. No muestran sentimientos, parecen fríos, pero con el control de la situación. Cuando le recomendaron que usara la chaqueta en la que se veía su nombre, el vestuario parecía copiado del de los trabajadores de los casinos. Esa actitud nos ha transmitido algo de tranquilidad a quienes sabemos que está jugando a nombre nuestro.

En el chance es distinto. No hay un método serio de establecer el grado de probabilidad de que el número sea aquel por el cual uno apostó. Ahí la información en realidad es superstición: es que va a caer el triple dos, o le apuesto al número del día en el que juego y así...

Me da un poco de temor que en realidad Duque no haya pedido una carta más que probablemente sea un tres o un cuatro, sino que haya decidido abandonar las cartas y apostar ahora en el chance cuya actividad autorizó.

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