El nombramiento de Pardo como Ministro de Trabajo: un gana-gana

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El nombramiento de Rafael Pardo como Ministro de Trabajo fue visto por los sectores involucrados como un gana-gana.

Desde hace más de un mes, el Presidente le había ofrecido al jefe del Partido Liberal el cargo, pero este se había demorado en aceptarlo hasta después del 30 de octubre.

Para Rafael Pardo era fundamental salir victorioso de estas elecciones regionales y lo consiguió. Fortaleció el liderazgo ideológico del partido, le abrió las puertas a una nueva generación de políticos con buena imagen en la opinión, debilitó al ala samperista de izquierda y logró –sin coalición– una gobernación más que en 2007 y conservó las siete alcaldías de ciudades capitales que tenía. En ese sentido fue al partido al que mejor le fue el domingo, pues La U –sola– sólo consiguió cuatro gobernaciones y el Partido Conservador una. Pero, sobre todo, ganó por la importancia de las gobernaciones y alcaldías donde su candidato fue elegido.

Aunque perdió Santander y Córdoba, ganó Atlántico, Bolívar, Tolima, San Andrés y ciudades como Ibagué, Pereira, Santa Marta y Medellín. Y en número de alcaldías, concejos y votos quedó de segundas muy cerca de La U.

El Vicepresidente Angelino Garzón es uno de los pocos que pierde con el nombramiento de Rafael Pardo, pues durante el primer año de gobierno se pensó que el Ministerio de Trabajo sería su fortín burocrático. Tocará ver si logra ser elegido presidente de la OIT.
Rafael Pardo, el nuevo Ministro de Trabajo, tiene mucha experiencia como negociador, una habilidad que necesitará en el nuevo cargo.

Este ‘renacer’ se logró en gran parte porque con la entrada de los liberales a la Unidad Nacional –forjada por Pardo y César Gaviria– se creó la percepción entre las bases del partido de que ahora sí tenían poder, que formaban parte del gobierno y que tenían acceso a los funcionarios y al presupuesto nacional. La idea de que las ‘ideas liberales gobiernan’ caló, pero faltaba que realmente formaran parte del Gobierno Nacional.

Cuando negoció la entrada de su partido a la Unidad Nacional, Pardo dijo lo que suele decirse siempre en esos momentos: que era un acuerdo programático que no incluía repartición de puestos. Y lo cierto es que la agenda liberal de una ley de víctimas y una ley de primer empleo fue acogida por el Presidente Santos como ejes fundamentales de su gobierno. Pero después de un año de estar por fuera de un gabinete, con alta representación conservadora, los liberales sienten que por fin con Pardo de ministro tienen su cuota burocrática. Que no será pequeña.

El nuevo Ministerio de Trabajo será un gran fortín, pues hay miles de cargos que están por crearse. Sólo en términos de inspectores de trabajo, el acuerdo de Santos con Obama en el Plan de Acción es nombrar 480 nuevos funcionarios, más del doble de los que hay hoy. Entonces, los liberales ganan.

Pardo Gana

El nuevo cargo será todo un reto para Pardo. Normalmente el Ministerio de Trabajo no tiene un perfil muy alto, pero la coyuntura actual exige que el nuevo ministro lo tenga.

Fuera del desarrollo institucional del Ministerio, Pardo tendrá sobre sus hombros una parte fundamental de la implementación del Tratado de Libre Comercio, que es el famoso Plan de Acción. Este paquete de exigencias laborales que le impusieron los demócratas a Colombia como condición previa para aprobarle a Obama el TLC, marcará su derrotero.

Ya el Gobierno sacó la parte fácil, que era presentar leyes y expedir decretos, pero su implementación es compleja, porque exige cosas como desmontar la intermediación laboral con cooperativas (sólo en el Ministerio de Protección Social hay 400 empleados sin contrato laboral), crear una comisión negociadora entre sindicatos y empresas para resolver conflictos laborales, incluidos temas salariales, regular la negociación colectiva y la huelga, entre otros asuntos.

Además de estos temas relacionados con el TLC, el nuevo ministro tendrá que formular políticas para crear nuevos empleos y formalizar los que hay (sólo el 38 por ciento de los empleos son formales según cifras oficiales y hay más de dos millones de desempleados). Y encima, asumirá todo el tema de pensiones.

Y están las tareas coyunturales: sobre todo manejar las huelgas. Eso, en el momento que vive el mundo y Colombia, posiblemente le ocuparán a Pardo como mínimo un tercio de su tiempo. Y negociarlas cada vez será más difícil, puesto que a medida que aumentan las inversiones en minería y otros megaproyectos, se consolida el sindicalismo de industria, que es mucho más fuerte que el sindicato de cada empresa. La negociación de la huelga por parte de la USO es un ejemplo de ello.

Con todos estos retos, Pardo entrará al gabinete como un protagonista y esto le servirá para darle visibilidad a él, que todavía conserva sus aspiraciones presidenciales a pesar de lo mal que le fue en la contienda pasada.

Pardo tiene cualidades fundamentales para que le vaya mejor que a casi todos los demás que podrían haber aspirado a ese cargo: le genera confianza a los sindicatos (La Silla Vacía habló con Julio Roberto Gómez, líder de la CGT, y con Luciano Sanín, de la Escuela Nacional Sindicial, y ambos elogiaron el nombramiento) porque lo ven como un demócrata que además puso el tema del empleo en la agenda desde su campaña. Le genera confianza a los empresarios porque pertenece al Establecimiento y no es radical. Y le genera confianza a los gringos, a quienes tendrá que responder por los compromisos adquiridos con el TLC.

Por otra parte, Pardo tiene experiencia como negociador por su experiencia como facilitador del acuerdo con el M-19, la negociación más exitosa de paz hasta el momento. Y le interesa y conoce el tema laboral, que fue uno de los ejes de su campaña presidencial. Además, es un cargo desde el cual podrá mantener el respeto de los políticos liberales.

Santos gana

Aunque Pardo gana, el que más gana con su nombramiento es el presidente Santos. Primero, porque no era fácil encontrar alguien que quisiera asumir el Ministerio y que tuviera un perfil tan alto que le resultara difícil al Vicepresidente rechazarlo o manipularlo.

Durante todo el primer año se asumió que este ministerio sería el fortín de Angelino Garzón y se rumoró que el cargo lo ocuparía Julio Roberto Gómez. Pero Santos ha ido quitándole paulatinamente poder a Angelino y esta decisión va en la misma dirección. Aunque Garzón puso al actual Viceministro de Relaciones Laborales del Ministerio, Javier Parga, un hombre de su entraña, que seguramente pasará a la nueva entidad, para el Gobierno era fundamental que ese ministerio quedara a cargo de alguien que fuera visto como neutral tanto por los empresarios como por los sindicalistas y nadie tan cercano a Angelino proyectaría esa sensación.

Si Garzón finalmente consigue la postulación para ser Director General de la Organización Internacional de Trabajo, para lo cual el Gobierno está haciendo un verdadero lobby, Pardo tendrá plena autonomía. Si no logra la nominación, será difícil que quepan los dos en el mismo tema.

Políticamente, el nombramiento de Pardo también le conviene a Santos. Tener a Pardo en el gabinete le quita fuerza a la unión entre los liberales y Cambio Radical sin incluir a Santos. Sin Pardo, lo que se ha discutido dentro del partido Liberal, es que habrá una dirección colegiada integrada por algunos congresistas. Esto en la práctica lo que significará es que Santos será el jefe de facto del Partido Liberal, así como lo fue Uribe del Partido Conservador. De hecho, hace unas semanas, el representante Simón Gaviria le dijo al Presidente en una reunión de la bancada liberal que ellos lo veían como el jefe natural de la colectividad y que "lo invitaban a inmiscuirse en los temas internos del partido". Ante lo cual, Santos sonrió.

Aunque lo ideal para Santos sería ser el jefe del Partido Liberal y de La U, después de las elecciones del domingo, Álvaro Uribe necesitará a La U más que nunca como trinchera para posicionarse con miras al 2014. Después de que las derrotas de sus candidatos más importantes lo dejaran debilitado, en su comunicado de ayer comenzó a hablar del Centro Democrático, lo que da una pista de hacia donde se querrá ubicar en el espectro político: donde está Santos hoy.

Y hoy criticó abiertamente la entrada de Pardo al gabinete santista: "el Gobierno dice que no tenía candidatos, pero el Gobierno antes de las elecciones anuncia nombramientos que muestran total hostilidad hacia nosotros", advirtió Uribe, a la vez que pidió a La U oponerse a la reforma a la Justicia de Santos. Desde que Pardo se opuso a la segunda reelección de Uribe y a su proyecto de Justicia y Paz, Uribe matriculó a Pardo de enemigo.

Si lo ocurrido el fin de semana precipita la ruptura definitiva entre Santos y Uribe, Santos necesitará al Partido Liberal. Sobre todo porque si algo augura el discuso de Gustavo Petro el domingo, es que el nuevo Alcalde de Bogotá espera convertirse en un verdadero interlocutor del Gobierno Nacional y en algunos temas en su principal opositor, como en el tema del TLC.

Petro lo hará desde la Alcaldía, pero también desde el movimiento nacional que espera crear. Según dijeron fuentes a La Silla Vacía, Antonio Navarro, el actual gobernador de Nariño, liderará ese esfuerzo que, si les funciona, se convertirá en un polo político alternativo a la Unidad Nacional de Santos y a Navarro en un contendor de peso para Santos si desea reelegirse. Ese movimiento seguramente recogerá la indignación y las ganas de cambio de un sector de la población y obligará a Santos a colocarse entre el uribismo y los Progresistas.

Tener a alguien como Rafael Pardo en el gabinete con la capacidad de desactivar la protesta social sin poner en contra del Gobierno al sector empresarial y que además le deja la silla vacía para liderar un partido que acaba de salir victorioso de las elecciones es más de lo que normalmente se espera de un ministro. Tocará ver si Pardo cumple todas esas expectativas.

 

Nota de la editora: después de publicada la historia, añadimos el párrafo con las nuevas declaraciones de Uribe.

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