El maestro Salustiano en la Fiscalía

Silla Sur

Si el Fiscal sabe el daño que produce cuando actúa como sátiro más que como Fiscal, la pregunta obvia es cuál es su motivación.

Néstor Humberto Martínez heredó de su padre la inteligencia y la habilidad para usar la sátira como recurso comunicativo. Martínez, el padre, fue uno de los más finos humoristas políticos del país durante casi tres décadas y sus actuaciones y escritos resultaban demoledores para quienes eran objeto de sus críticas. Martínez, el hijo, un avezado abogado ha tenido siempre la capacidad de identificar la afirmación, el ademán, el gesto que se puede exagerar para ridiculizar una situación.

Esta semana lo hizo en forma magistral: de un documento que dicen tiene más de 130 páginas, que debe contener el inventario de los bienes de las Farc, extrajo los párrafos que permitían provocar “el dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a censurar o ridiculizar”, que es como el diccionario define la sátira.

Martínez, el hijo, en su condición de Fiscal llamó la atención que las Farc habían incluido en el listado de bienes que conforman lo que ellos llaman su “economía de guerra” artículos como exprimidores de naranja y otros similares. Como en las mejores actuaciones de Martínez, el padre, en su caracterización del gran maestro Salustiano Tapias el dicho mordaz resultó demoledor.

La expectativa de que las Farc entregaran sus bienes para reparar a las víctimas como se pactó en el acuerdo para lograr su desmovilización y desarme quedó sepultada para siempre. Ya no importa si las Farc cumplen o no con lo que están obligados. El sentimiento colectivo es y será, cualquiera sea el desenlace, de indignación por la burla que significa que se entreguen enseres viejos como si tuvieran capacidad de reparar los enormes daños.

Las Farc dicen que en su listado hay relacionados más de 300 kilos de oro, unas 20.000 cabezas de ganado, 300 vehículos, dinero por unos 4.000 millones de pesos y un número considerable de inmuebles que comprenden decenas de miles de hectáreas.

Descontando lo descontable, los bienes que pueden ser útiles para la reparación pueden valer unos 300 mil millones de pesos, que es menos de lo que todos esperábamos, pero no es ni mucho menos una cifra despreciable. Lo que procedía, una vez recibido el listado, si se ejerce alguna autoridad, era hacer lo que hizo el gobierno: definir un procedimiento para la verificación y entrega de los bienes y después su comparación con la información oficial para saber si lo entregado es todo o no.

Claro, si uno no es autoridad sino humorista mordaz y realiza un programa de radio o televisión dirigido a criticar y cuestionar, lo que le corresponde, una vez conocido el listado, es hacer bromas dirigidas a generar indignación y escoger lo que permita ridiculizar como lo hizo magistralmente Martínez, el hijo, el fiscal, como lo hubiera hecho Martínez, el padre, el escritor y humorista.

Martínez, el hijo, el fiscal, tiene mucho del talento de su padre. Lo usa de cuando en cuando en sus actuaciones públicas y con mucha frecuencia en conversaciones privadas que suelen estar salpicadas de comentarios mordaces y sonrisas socarronas. En los espacios privados esa característica es no solo inofensiva sino agradable, en el cumplimiento de funciones públicas puede hacer mucho daño como lo hizo en este caso.

La declaración del Fiscal es devastadora para eso que se llama “el clima de opinión”. Cuando le pregunten a la gente en la siguiente encuesta “¿cómo va la vaina?” la gente contestará indignada que mal. Destacar los exprimidores y no los 300 mil millones útiles es un hecho calculado y dirigido a producir daño. Martínez conoce bien lo que se genera en el “ánimo colectivo” y ha analizado centenares de veces en las juntas directivas a las que ha pertenecido el efecto en el “clima de los negocios” y ha conocido el efecto devastador para los gobiernos porque ha participado centenares de veces en reuniones gubernamentales o políticas en las que se evalúa ese impacto.

Si el Fiscal sabe el daño que produce cuando actúa como sátiro más que como Fiscal, la pregunta obvia es cuál es su motivación.

Buena parte de la explicación puede ser menos compleja de lo que parece: a los humoristas políticos su actuación les genera placer y esa es su satisfacción. Hay que ver como disfrutaba Jaime Garzón haciendo lo que hacía. Cumplen su papel, logran el objetivo de poner el dedo en la llaga. Martínez a veces parece querer hacer lo que hacía su padre.

Otros le atribuyen al Fiscal motivaciones políticas. No dudan que cuando Martínez usa la sátira lo hace con el propósito de generar un efecto de opinión. Algunos creen que quiere generar el “clima de opinión” favorable a la posición que ha tenido Germán Vargas Lleras en relación con el acuerdo con las Farc y que coincide con lo que opinan los columnistas y analistas afectos a Cambio Radical. Coincide que las sátiras del Fiscal suelen ser aplaudidas y difundidas por los voceros y congresistas de ese partido político.

Algunos creen que esas motivaciones políticas son de un poco más mediano plazo y que están dirigidas a construir la imagen de ser “el que le para el mocho a los de las Farc”, sumada a la de adalid contra la corrupción lo que le daría un prestigio suficiente para aspirar en el futuro a la Presidencia de la República.

Ya se verá, por ahora el debate sobre los bienes de las Farc ha producido dos efectos positivos: el primero, que quienes se opusieron durante años a que se hiciera un acuerdo con esa guerrilla ahora exigen a rabiar su cumplimiento y segundo, que las autoridades, después de 50 años, dicen saber en detalle cuáles son los bienes de las Farc, cuánto valen, donde están, quien les ha servido de testaferros y etc, por lo que los ciudadanos podemos esperar que rápidamente lo que no aparezca en la lista sea objeto de extinción de dominio y que los responsables de no decir la verdad pierdan los beneficios jurídicos que se les han ofrecido a cambio de decirla.

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