El destape de Vargas

Silla Paisa

El destape de Vargas es muy positivo para la campaña. Los electores tienen cada vez más claras las opciones. Hay dos visiones y por tanto dos caminos distintos. Las dos visiones son legítimas y los ciudadanos tendremos que escoger.

Justo cuando el Presidente Santos volvía a creer que su ex vicepresidente podía ser su carta para derrotar a su archi rival, Vargas le coquetea, se reúne con Uribe y anuncia públicamente su alianza con él en una eventual segunda vuelta presidencial. Al Presidente le había hecho creer lo contrario para mantener o ampliar su participación burocrática en el Gobierno.

Consiguió mantener la participación de Cambio Radical en la superintendencia de notariado y abrió la puerta para que el Ministro David Luna, que es uno de los más leales a Santos, pero tiene un acuerdo con Vargas hace algunos años, con el visto bueno del Presidente, salga pronto a reforzar la campaña en Bogotá.

Santos es esta vez víctima de la que él cree es su virtud: sentirse más sagaz que los demás engañando a unos a y a otros.

Ayer Vargas mencionó uno a uno a los candidatos respecto de los que estaría dispuesto a hacer lo que fuera necesario para impedir que llegaran a la Casa de Nariño. Los mencionó a todos menos al de Uribe: Fajardo, Petro, De la Calle, Clara. Con ellos tiene diferencias irreconciliables.

Cuando habló del de Uribe, lo elogió, pero, dijo que le parecía “muy pollo”.

Santos, el engañado, volverá a decir que es con Vargas como se derrota a Uribe, mientras ellos construyen su alianza.

El destape de Vargas es, sin embargo, muy positivo para la campaña. Los electores tienen cada vez más claras las opciones. Hay dos visiones y por tanto dos caminos distintos. No es solo lo que vaya a pasar con el acuerdo hecho con las Farc, que no será mucho, sino el modelo de sociedad que se construya a partir de la terminación del conflicto. Las dos visiones son legítimas y los ciudadanos tendremos que escoger.

Uribe y Vargas, por ejemplo, nunca hablan de igualdad, su preocupación es el crecimiento económico, confiados en que éste beneficia a todos, a unos más que a otros, pero a todos. Uribe y Vargas reivindican todo el tiempo el principio de autoridad y rechazan el diálogo. Les importa más la eficiencia que el Estado de Derecho. Uribe y Vargas han concedido a los cristianos la restricción de derechos para promover una especie de “orden moral”. Uribe y Vargas subordinan la política ambiental a las metas económicas. Uribe y Vargas compiten por representar los intereses del establecimiento y el statu quo.

Lo que Vargas quiere impedir a toda costa es lo contrario: que la política económica no solo beneficie a los ricos, sino que el desarrollo sea más equitativo; que las políticas públicas no haya que imponerlas con el Esmad sino que sean el resultado de procesos colectivos que las hagan más legítimas; que se proteja a las minorías. En fin.

Lo curioso es que mientras los unos lo tienen claro, los otros no parecen tanto. Fajardo, que encabeza las encuestas, niega siempre que lo que haya sea una disyuntiva de esta naturaleza. Le parece que plantearlo de esta manera nos mantiene en una polarización innecesaria. Repite con Duque y Uribe que no estamos hablando de derecha e izquierda y etc.

El Partido Verde y el Polo que construyeron su caudal, mucho o poco, con el discurso contrario han renunciado a plantear el juego de esa manera para facilitar la campaña fajardista.

Esa posición facilita la campaña uribista para su consulta. Salvo Ordóñez, los dos candidatos, Iván Duque y Martha Lucía Ramírez, van a subrayar ese discurso y van a insistir que esas divisiones son anticuadas con lo que ciudadanos desprevenidos pueden llegar a la conclusión de que si los unos y los otros dicen lo mismo es que da lo mismo.

Me parece que la ciudadanía lo tiene más claro. Si bien, no se encasilla en categorías que les resultan ajenas sí entiende con nitidez que lo que hay son dos caminos distintos y que no conducen al mismo lugar.

Ayer en Barranquilla un taxista petrista en una conversación espontánea concluía con la misma lógica del discurso de Vargas: cualquiera que no sea Vargas o el de Uribe. Y seguramente en Popayán o en cualquier otro lugar del país otra conversación termina con la otra sentencia: nada que parezca castro chavista.

La gente apenas empieza a meterse en la campaña presidencial, lo que ha ocurrido hasta ahora es que se han elegido cuatro de los cinco candidatos que van a competir con opciones: Fajardo, Petro, De la Calle y Vargas y que el que llegue de la consulta del Centro Democrático completará el cuadro. En la primera vuelta se elegirán los voceros de cada una de las dos visiones. Hoy todos parecen con opciones, pero ese será un proceso de selección natural, a lo largo de los cuatro meses unos se irán desinflando y otros irán creciendo en función de como los perciban los electores.

Será una elección muy interesante gracias a la polarización que como en la canción de Mercedes Sosa nos permite distinguir “lo negro del blanco”.

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