Diego Bravo: de hombre fuerte a fusible de la administración Petro

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Diego Bravo está en el ojo del huracán por cuenta de los errores que cometió la administración en la implementación del nuevo modelo de las basuras.

Foto cortesía de David Campuzano - El Espectador.

 

 

El alcalde Gustavo Petro está pensando seriamente en sacar a Diego Bravo de su administración. Así se lo aseguraron a La Silla cuatro fuentes distintas, del Concejo, del Acueducto y del círculo interno de Petro. Según la fuente más cercana al Alcalde, la decisión estaba tomada pero luego de la entrevista que concedió Bravo a El Tiempo, el mandatario estaría considerando otras variables antes de dar el paso. En menos de dos meses, el gerente de la Empresa de Acueducto pasó de ser el nuevo hombre fuerte de Petro para convertirse en el principal referente del fracaso que tuvo, al menos en sus inicios, el nuevo esquema del aseo propuesto por el alcalde.

 

En octubre pasado, La Silla lo describió como el hombre clave de la Administración de Bogotá porque por sus manos estaban pasando varios de los temas cruciales: no sólo la creación del nuevo ente público de aseo, sino también la venta de agua en bloque a los municipios vecinos, la descontaminación del río Bogotá y la viabilidad de los lotes para vivienda de interés social.

Con el secretario de Gobierno Guillermo Asprilla destituído en primera instancia por la Procuraduría, Bravo se convirtió en el más fuerte y fiel escudero de Petro. De hecho, Bravo también fue clave en el triunfo que obtuvo Asprilla al lograr aprobar en el Concejo el Plan de Desarrollo.

Petro le encomendó a Bravo el que acaso sea su proyecto más ambicioso, cambiar el esquema del aseo, pero 48 horas después de que éste arrancara el mismo alcalde y sus funcionarios tuvieron que salir a reconocer los errores y ajustar drásticamente el plan inicial.  El Acueducto tenía que prestar el servicio de recolección de basuras a través de Aguas de Bogotá, su empresa filial, de manera que los operadores privados -cuyos contratos vencían en diciembre- salieran del negocio. E incorporar a los recicladores. Sin embargo, el Acueducto no alcanzó a tener todo listo y en dos días la ciudad empezó a llenarse de residuos. Al final, los cuatro operadores privados tuvieron que volver a ser contratados puesto que Aguas de Bogotá no pudo prestar un buen servicio.

"Hay un esquema administrativo caótico en la empresa que no permite ver con claridad cuántas personas están contratadas, de qué manera, y de dónde van a salir los recursos para pagarles", dijo hoy de Aguas de Bogotá el personero distrital Ricardo Cañón.

El lío de las basuras generó 150 quejas ciudadanas ante la Procuraduría por las fallas en el servicio de recolección, además de las indagaciones que abrieron algunos organismos de control, el descontento general y una primera cabeza que rodó: la de Mario Álvarez, gerente de Aguas de Bogotá. Y desde el primer momento todas las críticas apuntaron hacia Bravo, quien en reiteradas ocasiones le aseguró a la prensa, al Congreso, al Concejo y a los organismos de control que todo estaba listo para el nuevo modelo de las basuras.

Se lo aseguró incluso al resto del gabinete. El secretario de Gobierno, Guillermo Asprilla, en varias reuniones de gobierno preguntó con insistencia al gerente del Acueducto si era verdad que todo estaba listo para el nuevo modelo de las basuras. El que él hubiera dicho que sí y luego hubiera resultado que no ha ocasionado críticas incluso de sus compañeros de gabinete.

Guillermo Alfonso Jaramillo, secretario de Salud, el 28 de diciembre pidió la renuncia de Bravo por considerar que al alcalde lo habían engañado y no le habían dado información veraz sobre el proyecto.  Jaramillo es uno de los funcionarios estrella de Petro y goza de toda su confianza, por lo que el hecho de que el mandatario no lo hubiera desmentido públicamente reforzó el rumor de que Bravo estaba en la cuerda floja.

Gustavo Petro se hizo amigo de Bravo hace unos doce años. Foto: Juan Pablo Pino
El secretario Educación, Óscar Sánchez, como alcalde encargado, dijo que hubo un exceso de optimismo en el tema de basuras.
El secretario Salud, Guillermo Jaramillo, pidió a Bravo que renuncie.

Sobre todo porque luego de Jaramillo, se pronunció en la misma dirección el alcalde encargado Óscar Sánchez, secretario de Educación, quien criticó el exceso de optimismo que hubo alrededor del nuevo esquema de aseo.  

Días después, Bravo se defendió en El Tiempo advirtiendo que no hizo nada a espaldas del alcalde, que éste estuvo enterado de todas las reuniones con los operadores privados y que no quería entrar en polémicas con sus colegas del gabinete.

Según supo La Silla, Diego Bravo sí tenía la instrucción del Alcalde de explorar con los privados alternativas de contrato con condiciones más favorables para la ciudad, pero la idea no era que todos terminaran siendo contratados. Y al parecer, uno de los asuntos que más molestó al Alcalde fue que Bravo haya permitido que los operadores le llegaran con relativa facilidad y que incluso, como lo reveló La Silla, el mismo día de la 'toma' del Acueducto por parte de la Superintendencia de Sociedades Bravo ya estuviera reunido con algunos de ellos en el Jockey Club.

Otra fuente, con contactos en el Acueducto, agregó que tampoco fue bien recibido que al final haya quedado la sensación de que la administración les tuvo que rogar a los privados para que se encargaran de las basuras ante la inoperancia del nuevo ente público.

La Silla supo por tres fuentes que serían varios los secretarios con ganas de que Bravo se vaya. Creen que esto le ayudaría a Petro a reestablecer la relación con la ciudadanía después de la debacle de las basuras. Aunque, según dijo una de las fuentes, detrás de esta posición también habría un poco de celos frente al protagonismo de Bravo y un interés de que este no salga a disputarse la cabeza de la lista de Progresistas al Congreso.

En esa lista tendría que pelearse la cabeza con otros petristas fuertes como Antonio Navarro, Guillermo Alfonso Jaramillo, Eduardo Noriega e incluso Carlos Vicente de Roux.

De cualquier manera, ayer en el Acueducto, la salida del gerente, por renuncia o por despido, sonaba por algunos pasillos con insistencia.

Sin embargo, Petro aún tiene sus dudas. Primero porque no quiere cometer una injusticia y él sabe que Bravo actuó siguiendo directrices. Además, si por algo se ha destacado el gerente del Acueducto es por cumplir al pie de la letra la exigencia que les hace Petro a sus colaboradores cercanos de atreverse a tomar riesgos.

Mientras funcionarios como Fernando Rey (exgerente de Transmilenio) prefieren irse por no querer arriesgarse en algunas iniciativas de la Administración, Bravo puso la cara frente a los cuestionamientos que llovieron desde que Petro anunció su modelo de las basuras y defendió como nadie el proyecto. Además, le ha demostrado lealtad y lo ha defendido de cuestionamientos sobre su polémica decisión de no vender agua el bloque a los municipios vecinos y también en su pelea con el ministro Vargas Lleras.

“Tiene cabeza, carácter y experiencia. Además, es capaz de hacer la tarea que le delegue el Alcalde”, dijo una fuente cercana a Petro sobre Bravo.

Bravo se encuentra de vacaciones y volverá a fines de esta semana. A su regreso podría conocerse la decisión definitiva de Petro. El alcalde deberá escoger entre buscar un responsable por el fracaso inicial de su proyecto de basuras o darle apoyo a uno de los principales bastiones de su gestión.

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