Bogotanos premian lucha anticorrupción de Petro

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Gustavo Petro es el nuevo Alcalde de Bogotá. Con su triunfo gana la izquierda, pierde Uribe, pierde la dirección del Polo, pero sobre todo es un premio a su batalla contra la corrupción. Mientras que Bogotá ratifica que tiene un electorado verdaderamente independiente y que vota en los comicios locales muy diferente a como vota para las presidenciales.

A pesar de que inicialmente se pensaba que el eje de esta campaña podría ser el tema de la experiencia y la competencia, al final el eje que se impuso fue uno: la lucha contra la corrupción.

La campaña nunca se liberó de ese tema, no sólo porque resultaba obvio teniendo al alcalde Samuel Moreno, suspendido y en la cárcel, sino porque en los meses de campaña se revelaban nuevos hechos, o se conocían decisiones judiciales de los órganos de control que mantuvieron el tema en el primer lugar de la agenda.

Enrique Peñalosa, que arrancó liderando las encuestas, resultó ser el blanco de la campaña y el perjudicado con que el debate gravitara en torno a la corrupción.

Primero porque el ex alcalde ya había soportado una imagen desfavorable alta asociada en buena medida a los rumores, difundidos por sus contradictores desde hace años, sobre su interés en Transmilenio, la participación de su familia en negocios en la alcaldía anterior y a su participación en negocios de taxis e incluso como accionista de Carrefour, acusaciones que jamás se han probado.

Pero además, porque su alianza con Uribe y el Partido de la U (incluido JJ Rendón) no sólo no le trajeron réditos sino todo lo contrario. Se convirtieron en un fardo. Su alianza con ellos lo puso a responder por hechos en los que no tenía nada que ver, como los escándalos de corrupción ocurridos durante el gobierno de Uribe e incluso por los del Gobierno de Moreno, a través de los concejales de la U que lo apoyaban, nueve de los cuales fueron llamados a interrogatorio por la Fiscalía en conexión con  el Cartel de la Contratación.

Petro, Gina Parody y Carlos Fernando Galán fueron consistentes en mantener la corrupción como el tema principal y el tiempo que dedicaron los debates de la última semana al tema demuestra que lograron su objetivo.

Siempre se presentaron como quienes han combatido la corrupción. Parody, alegando que ella había obligado a su partido a sacar a los parapolíticos de la lista de La U para ella encabezarla, usó esta estrategia para tratar de eliminar a uno de sus competidores directos, Carlos Fernando Galán, quien durante una parte de la campaña le disputó a la candidata el tercer lugar en la intención de voto de los electores. Galán defendió que fue uno de los primeros que denunció el Cartel de la Contratación.

Pero de todos los candidatos, era Petro quien realmente encarnaba la lucha anticorrupción. En el Congreso con sus debates destapó la parapolítica en Antioquia y Sucre, entre otras regiones, mandando a varios parapolíticos a la cárcel. Denunció la corrupción a nivel nacional, sobre todo las chuzadas ilegales del DAS, de las que fue víctima. Y luego, en Bogotá, junto con Carlos Vicente de Roux y Luis Carlos Avellaneda, conformaron una Comisión de Seguimiento que recopiló e investigó las denuncias contra el Cartel de la Contratación, y que puso finalmente el tema en el centro de debate de la ciudad. Esto lo marginó de su partido y lo llevó a renunciar definitivamente al Polo.

Los bogotanos le premiaron a Gustavo Petro su trayectoria y su batalla contra la corrupción. De esta forma, con una ventaja de más de 150 mil votos, Petro se convirtió en el nuevo alcalde de Bogotá.

Su votación, si refleja bien lo que dicen las encuestas, fue el resultado de una votación mayoritaria del Polo, que claramente -como lo anticipó La Silla Vacía- movió sus estructuras a favor de Petro. Pero también de gente de otros partidos: del Partido Conservador, de La U, del Partido Liberal, de los Verdes y, sobre todo, de esa gran masa de bogotanos que no se identifica con ningún partido.

 

El revés de Peñalosa

El de Peñalosa

El revés de Peñalosa

 

Gustavo Petro realizó una campaña centrada en la bandera anticorrupción. Su trayectoria encarna esa lucha.
Gina Parody, con su alianza con Mockus, logró saltar al tercer lugar. Aunque le fue mejor de lo que pronosticaban inicialmente las encuestas y es un triunfo impresionante dada su edad y que llevaba fuera del país dos años, le fue peor de lo que ella y su campaña esperaban.
 
La alianza con Álvaro Uribe fue letal para Peñalosa. No le puso los votos en los estratos bajos que esperaban los Verdes y sí le ayudó a convertir al Partido Verde en uno más, donde la ilusión ya no cabe.
Carlos Fernando Galán nunca se desinfló en las encuestas. Su imagen positiva es alta y su imagen negativa es mínima. Galán y Gina desde ya se perfilan como la cara de la nueva generación de la política en Bogotá.
David Luna fue uno de los grandes perdedores de la contienda. No alcanzó los 100 mil votos a los que aspiraba. Le falló el cálculo que hizo al no aliarse con Galán.

Mientras Petro se benefició de ocupar la campaña en el terreno de la corrupción, Peñalosa intentó situarla en el campo de la experiencia y el conocimiento.

Su slogan final de “quiere, sabe y puede” subraya su mayor virtud, que es una probada capacidad como ejecutor y su reconocimiento como uno de los mayores expertos en los temas de las ciudades, hecho que es aceptado incluso por sus contradictores.

Petro, aunque había sido elegido representante por Bogotá, no había estado nunca en los temas de la ciudad, salvo unos debates en el Congreso contra Peñalosa y muchas de sus propuestas fueron criticadas por sus contendores y expertos de populsitas.

“No han administrado ni un parqueadero” fue una de las frases más repetidas por Peñalosa para mostrar las debilidades de sus competidores y la cuenta de Aurelio Suárez sobre el número de días que Petro estaría en la alcaldía y el número de jardines infantiles que ofrecía puso a rodar lo absurdo que resultaba ofrecer mil jardines, que significaba hacer casi uno por día.

Pero Petro logró capotear las críticas y minimizar en la opinión pública su falta de experiencia administrativa y reemplazarla por la idea que lo que le faltaba en experiencia gerencial, lo tenía en una capacidad demostrada de liderazgo.

La sensación de crisis en todos los ámbitos, que favorecía a Peñalosa, disminuyó durante la campaña por la imagen favorable que logró la alcaldesa encargada Clara López. La salida de Samuel  Moreno de la Alcaldía cambió uno de los supuestos del inicio y es que la sensación de tocar fondo estaría al máximo para el día de las elecciones.

 

Las alianzas

Lo otro que terminó marcando esta campaña fueron las alianzas. La presencia temprana de Álvaro Uribe en la campaña bogotana la marcó todo el tiempo.

Primero, generó una profunda crisis al interior del Partido Verde, que llevó a su división. Antanas Mockus se salió del Partido que había ayudado a crecer hasta lugares inimaginables hacía solo un año, en las elecciones presidenciales, ante la aceptación del apoyo uribista a Peñalosa por parte de la mayoría de la dirección de la organización. 

Con su salida, la ilusión que había generado el Partido Verde entre mucha gente, sobre todo joven, se erosionó. Peñalosa, Lucho Garzón y los demás directivos del Partido Verde (menos Ángela María Robledo, John Sudarsky, Juan Carlos Flórez y Sergio Fajardo, que no estuvo en la reunión) violaron el mito fundacional del partido al preferir a Uribe antes que a la Ola Verde.

Básicamente cambiaron un partido por una eventual Alcaldía. Y al final, perdieron ambas cosas. Su premio de consolación fue la Alcaldía de Tunja. Porque aunque ganó Fajardo, difícilmente eso se lo debe a los verdes.

La alianza con Uribe no sólo le quitó los votos de una buena porción de los verdes mockusianos, sino también la de otros bogotanos que habrían votado por Peñalosa por su trayectoria y conocimientos técnicos, pero que se resistían a fortalecer con su voto a Álvaro Uribe, así fuera a nivel simbólico. Ya la vez pasada, el apoyo de Uribe no le había ayudado en Bogotá y nuevamente cometió el error.

Si bien se sabe lo que le quitó su alianza con Uribe, aún no es claro si le sirvió por lo menos en los estratos 1 y 2, que fue la apuesta de Peñalosa con el ex presidente. Las encuestas parecerían indicar que no. De todas maneras, la votación de Peñalosa esta vez fue inferior a la que sacó en 2007. Con la derrota de Peñalosa, perdió Uribe en grande, pues tampoco ganó en casi ningún otro sitio.

La otra alianza importante durante esta campaña fue la de Gina Parody y Antanas Mockus. Desde que Mockus lanzó su candidatura tuvo problemas económicos y también tuvo que enfrentar varias impugnaciones. Al final prefirió aportar a una candidatura que evitara que el triunfo de Peñalosa pudiera ser cobrado como un triunfo de Uribe.

La alianza se reflejó en la intención de voto de los electores y Parody aumentó su registró en al menos 6 puntos con los que pasó del quinto lugar, a competir con Petro y Peñalosa, cuando todas las apuestas se hacían sobre la base de la polarización entre ellos dos. Sin embargo, no le sumó lo suficiente y quedó en un lejano tercer lugar y no tan cerca como lo habían pronosticado las encuestas. Incluso Datexco la había puesto de segunda en El Tiempo.

Las alianzas que no se hicieron también tuvieron incidencia en el resultado final. David Luna buscó una alianza con Carlos Fernando Galán y Gina Parody, pero la mezquindad entre Parody y Galán los superó. Tampoco se logró la alianza entre Luna y Galán, que resultaba obvia cuando se hablaba de la reunificación de Cambio con el Partido Liberal, del que salieron casi todos sus dirigentes. Al final, incluso se buscó una alianza entre Luna y Peñalosa, pero por una autoimportancia exagerada de Luna, esta también fracasó. Y Luna lo pagó caro porque ni siquiera logró los 100 mil votos que necesitaba para posesionarse como el gran líder liberal en Bogotá.

Carlos Fernando Galán nunca se desinfló como se esperaba, con lo cual su futuro político queda garantizado.

La otra alianza que se quedó entre el tintero fue la de Petro y Mockus. Cuando todos creían que esa sería la alianza natural, el ex alcalde prefirió a Parody. Sin embargo, en el último debate de CM&, Petro reiteró la invitación a Mockus para conformar un partido después de las elecciones.

Aurelio Suárez, a pesar de sus conocimientos sobre Bogotá y de su esfuerzo en esta campaña, tuvo que soportar todo el desprestigio del Polo, que se fue casi en su totalidad hacia donde Petro. Los bogotanos castigaron en grande la corrupción del Polo.

 

El nuevo Alcalde
 

El discurso de aceptación del triunfo del nuevo Alcalde envía el mensaje de que el tema nacional sigue siendo prioritario en su agenda. Habló de las víctimas, de la reconciliación, del TLC, de la reforma a la ley 30. Le dedicó cinco minutos al consumo del mínimo vital de agua, a la importancia de apostarle a la nutrición y a la educación de los niños. Bien podría haber sido su mismo discurso de haber ganado la Presidencia.

Como los bogotanos eligieron a Petro con la esperanza de que solucione los problemas de la ciudad, que son muchos, y no para que funcionara como un eje de oposición a las políticas nacionales, seguramente cuando empiece el empalme, el tema local se impondrá necesariamente en su agenda, si quiere tener éxito.

En todo caso, un tema que sí tiene que ver con la agenda nacional y que es fundamental para el país, es que la izquierda conserva un espacio político importante. En medio del unanimismo de la Unidad Nacional, que haya un espacio tan relevante para Bogotá para una fuerza minoritaria, es clave para la democracia.

También es importante para la democracia que un ex guerrillero, que le ha apostado a la Constitución del 91 y a la paz desde el primer día que dejó las armas, haya obtenido el voto ciudadano. Eso le puede dar esperanza a otros que siguen aferrados a las armas en cualquier bando.

La otra gran conclusión de la jornada bogotana es que el electorado de la ciudad vota muy diferente cuando se trata de elecciones nacionales y cuando se trata de Bogotá. Cuando se trata del país se inclinan por la mano dura, por el orden, porque imaginan una situación muy caótica de orden público. Pero en Bogotá, los votantes ven sobre todo el problema de desigualdad social como mucho más importante para la ciudad y, por eso, consistentemente, han votado con la izquierda en las últimas tres elecciones para Alcaldía. Una vez más demostraron que su voto es independiente de los partidos y que ni siquiera un personaje tan popular como Uribe puede incidir en su voto.

El reto de Petro es grande.

 

Galería resumen del proceso electoral:

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Fotografías por Laura Linero, Mauricio Morales y Santiago Mateus

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