Ad portas de la segunda vuelta, los verdes revisan su estrategia

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Fotos: Laura Rico Piñeres

El golpe del domingo fue duro para los verdes, pese a que tratan de asumirlo como un triunfo. Las encuestas y los medios habían pronosticado otra cosa, las expectativas eran altísimas, pero después de que se conocieron los resultados de la primera vuelta el desinfle se sentía en todos los niveles de la campaña. Alicaídos, se ven con la labor de mejorar su estrategia para la votación definitiva el próximo veinte de junio.

La paliza 21 a 46 de Santos no fue solamente un golpe emocional. Al recibir menos votos de los que habían esperado, los verdes ahora se ven con menos plata por reposición de votos para la segunda vuelta. Además, inevitablemente, cuando analizan los errores de la campaña y lo que hay que mejorar, el ánimo pasa del "tú también ayudaste" al "tú también la embarraste".

Los primeros dias de esta semana hubo varias reuniones de la dirigencia del partido. Representantes de las campañas regionales fueron a Bogotá a expresar sus quejas y ayudar a pensar en los giros que debe dar la campaña para seguir adelante. Analizaron problemas, desde la falta de claridad en los mensajes y los problemas de logística, hasta el fracaso del discurso de Mockus frente a la televisión nacional, constantemente interrumpido por cantos y eslogans, después de que se supieran los resultados de la elección del 30 de mayo.

Pero la etapa de duelo tiene que ser superada rápidamente y ya el partido, con las limitaciones propias de un partido tan nuevo y con pocos recursos, se prepara para dar la pelea hasta el final. Aunque con tan poco tiempo no harán un giro drástico como el que dió la campaña de Juan Manuel Santos, si habrá una reestructuración de estrategias para buscar convencer a los abstencionistas y a los que votaron por otros partidos de que se pongan la camiseta verde.
 
Arriba: Gilma Jiménez, la senadora más votada de los verdes, como los otros parlamentarios, se dedicará a recorrer las regiones donde es más fuerte haciendo campaña. Abajo: Los verdes están haciendo campaña recordándole a la gente que el mundial es importante, pero hay que sacar tiempo para salir a votar el 20 de junio.
 
Aterrizar el mensaje

Una de las tácticas será una campaña de publicidad que explique la propuesta de Mockus de una manera más sencilla y tangible. Según Carolina Urrutia, la directora programática de la campaña, en este momento el equipo se está concentrando en "simplificar, simplificar, simplificar". La idea es pasar de mensajes abstractos como "los recursos públicos son sagrados" a ejemplos que puedan mostrarle a las personas cómo la corrupción puede afectarlos personalmente en su vida diaria.

Por ejemplo, en lugar de decir que Colombia ha perdido cuatro billones de pesos por cuenta de la corrupción, piensan explicar cuantos colegios podrían construirse con esa cantidad de dinero. Buscan así poder llegarle de manera más clara a toda la población, especialemente los estratos más bajos donde las encuestas muestran que es más débil su apoyo. La campaña publicitaria se hará principalmente por televisión.

Pero aterrizar el mensaje no se trata simplemente de tomar lo que ya se ha dicho usando ejemplos más claros. Una gran parte de la estrategia será tener propuestas puntuales para las necesidades de las distintas regiones del país. Que la gente de Caldas sepa cuál es la propuesta de Mockus para recuperar el sector cafetero, y que en Tolima sepan cuál es la posición concreta frente a la mina de la Colosa.

Además de llevar al candidato a municipios que aún no ha visitado, sobre todo en áreas donde no le fue bien como la Costa Atlántica, piensan meterle más énfasis a las estaciones comunitarias de radio. Van a llevar a miembros de la campaña a hablar en esos programas (no solo Mockus, también Lucho, Fajardo, Peñalosa, y miembros de la bancada parlamentaria), y usarán una estrategia parecida a la que usó Uribe en sus campañas en las que las cuñas publicitarias en los medios locales tienen mensajes dirigidos a municipios específicos.

No convencer a los convencidos

La esperanza de los verdes reposa en los votantes abstencionistas y los que votaron por partidos que no pasaron a segunda vuelta. Quedan atrás las grandes plazas públicas llenas de camisetas verdes y jóvenes gritando coros de apoyo, la campaña ahora se lanza a la calle a hacer una presencia puerta a puerta.

Una de las ventajas que tiene esta campaña es un grupo enorme de personas que, aunque sintieron decepción con los resultados del domingo, siguen dispuestos a regalarle su tiempo a la causa. Una de las estrategias será replicar la "Ola Amarilla" que ayudó a llevar a Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá, en que grupos de 30 o 40 voluntarios se reunían en la tienda de un barrio y se dedicaban a hablar con las personas en sus casas.

Los 50.000 testigos que el partido entrenó para ayudar el día de las elecciones ahora van a ser entrenados en movilización política para que puedan volverse líderes en sus barrios. En Bogotá, por ejemplo, ya está organizado un bus diario que sale de la sede de campaña todos los días a las 9 de la mañana a visitar diferentes localidades de la ciudad.

Sin embargo, aunque los políticos siempre sueñan con conquistarlos, los abstencionistas no son fáciles de encontrar, y el 20 de junio el panorama es más dificil. Por un lado, está comprobado que entre más reñida sea una campaña, más votan los abstencionistas porque sienten que su voto puede significar un cambio. Ese no es el caso en estas elecciones, en las que Santos parece tener todas las de ganar.

Por otra parte, el día de las elecciones hay tres partidos de fútbol del Mundial. Eso puede ser un factor mínimo para los votantes convencidos, pero los abstencionistas se dejan llevar fácilmente por el mal tiempo o un mejor plan. La campaña, consciente de eso, ya está repartiendo calendarios de todos los partidos con mensajes que le recuerdan a la gente la importancia de salir a las urnas.

Mantener el centro

El rechazo del Partido Verde a una alianza con el Polo ha sido recibido con críticas en algunos sectores, pero es una decisión de fondo que obedece tanto a una fuerte posición ideológica, como a un cálculo político.

Por un lado, el Partido, como insistió Antanas Mockus durante una rueda de prensa el martes pasado, quiere abrir sus puertas pero no quiere desdibujar su identidad haciendo alianzas. Los Verdes se crearon como un partido de centro, aunque esto no lo griten a los cuatro vientos, les preocupa mantener su independencia de la politiquería tradicional que ha manchado al Polo con personajes como Iván Moreno y Venus Albeiro Silva. Además, el Partido Verde no quiere convertirse en un partido de oposición sino en una "alternativa política con posibilidades reales de llegar al poder", como le dijo a La Silla Vacía un miembro de los directivos de la campaña.

Mockus aclaró que admira la labor que hace el Polo y le parece muy importante para el país. Incluso está dispuesto a incorporar algunas de las propuestas que hizo ese partido en su programa, como la expropiación de tierras de la mafia para reparar a las víctimas del conflicto. Pero insiste en que el Polo y el Partido Verde tienen que mantenerse separados, "cada loro en su estaca".

Además de querer mantener su identidad de partido de centro y anti-politiquero, no hacer una coalición formal con el Polo es también parte de un cálculo estratégico. No todos los simpatizantes verdes son anti uribistas, una porción de ellos tienen una imagen favorable del Presidente, y una sola foto con Gustavo Petro podría darle las herramientas a Santos para encasillar a los verdes como un partido de izquierda, enemigo de las políticas de Uribe y no dispuesto a mantener una mano dura frente a la seguridad. Eso, en un país que es todavía mayoritariamente uribista, podría ser un golpe irreparable para los verdes.

Por eso, Mockus buscará afianzar su mensaje de "construir sobre lo construido". La visita ayer al presidente Uribe es un primer paso en recordarle al país que él no está en contra de las políticas de Uribe, en particular la seguridad. Buscarán además enfatizar las diferencias de liderazgo entre Mockus y Santos. Como ha dicho Enrique Peñalosa en varias ocasiones, "la diferencia entre un buen gerente y un líder es que un líder puede cambiar actitudes y comportamientos, y eso fue lo que nosotros logramos en Bogotá y Medellín".

A pesar de lo que quisieran algunos estrategas que hacen parte de la campaña, las altas cúpulas y Mockus en particular se niegan a llevar a cabo una campaña de mayor confrontación con Santos, en la que se haga énfasis en las debilidades del candidato de la U, sus antecedentes, o las inconsistencias de su campaña.

Las limitaciones

El Partido Verde es un partido muy nuevo, sin la experiencia y organización que otras organizaciones políticas llevan mucho tiempo construyendo. Además, tiene una visión tan radical de la política limpia, que a veces se quedan enfrascados en dilemas éticos que no les permiten actuar a tiempo.

Ese fue el caso del transporte el día de las elecciones. En Colombia, sobre todo en las áreas rurales donde las veredas quedan muy alejadas de los puestos de votación, tradicionalmente los partidos políticos han contratado transporte para asegurarse que los votantes puedan llegar a las urnas. La campaña se demoró mucho tiempo decidiendo si transportar a los ciudadanos era limpio, pues podían sentirse presionados a votar por el partido que los lleva a la mesa. Cuando finalmente se decidieron a contratar buses (o willys, chalupas o chivas, según la región) era demasiado tarde pues los otros partidos se les habían adelantado.

Pero para la segunda vuelta hay pocas esperanzas de que las cosas salgan mejor. En la mayoría de las campañas, los transportadores donan sus servicios por el día, pero los Verdes dicen no querer comprometerse 'debiéndole favores' a nadie. También dicen que es dificil contratarlos, pues ese tipo de trámites los transportadores los hacen el último día, y como por ley todas las cuentas de la campaña tienen que quedar totalmente arregladas el día de las elecciones, es logísticamente imposible organizar así las cosas. Su plan es presionar al gobierno para que se asegure de que los alcaldes pongan transporte, como lo determina la ley, un plan arriesgado, por decir lo menos.

Para la segunda vuelta, además, hay aún menos plata que para la primera. Mientras el anticipo inicial fue de $5.000 millones de pesos y la reposición de $2.067 pesos por voto, para la segunda vuelta los candidatos solo reciben $3.000 millones y $1.033 pesos por voto recibido.

Pero los problemas no son solamente de falta de agilidad y de financiación. Mockus, aunque tiene una idea de país muy clara y una forma de liderazgo peculiar, no es un microgerente. No se preocupa por asuntos a los que otros candidatos le prestan gran atención, como la publicidad. Por eso la gerente de la campaña, Liliana Caballero, ha tenido que volverse el eje central de la organizacion, y mientras en otras campañas personas diferentes de encargan de manejar el tiempo del candidato, de tomar decisiones administrativas, y de tomar decisiones estratégicas, donde los verdes todos esos papeles se han concentrado en una sola persona.

Aunque a Caballero todos en la campaña le reconocen que es una persona sumamente eficaz, y logra que se tomen decisiones que solo en manos de Mockus podrían tardar demasiado, tanto en las regiones como en la sede central le critican su ortodoxia excesiva. Es tan estricta en seguir las reglas al pie de la letra, que miembros de la campaña creen que quita flexibilidad y capacidad de reacción a la organización.

Pero una de las ventajas de los verdes es que no dependen solamente de lo que decida la dirigencia del partido. Ya por su cuenta, los seguidores de la Ola Verde están armando sus propias iniciativas, como "adopte a dos abstencionistas" una campaña que están promoviendo en Facebook para que los mockusianos se encarguen de sacar a votar a sus amigos que se quedaron en la casa el 30 de mayo.

No se puede negar que entre las filas de los verdes se siente menos entusiasmo que hace unas semanas, y hasta rabia y desilusión, pero siguen decididos a dar su mejor pelea el 20 de junio.

Aunque no logren conquistar la presidencia, aspiran a salir fuertes, convertidos en una fuerza política importante en el país, que pueda consolidarse en las próximas elecciones locales y llevar su idea de política limpia a las alcaldías, asambleas y concejos de todo el país. Lograr, realmente, crear un partido que está aquí para quedarse.
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