La hora final del asbesto

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El asbesto ha muerto y ahora solo queda que se extienda su certificado de defunción. Será el paso final y definitivo para que la sustancia no robe ninguna otra vida en nuestro país.

Hace unos días en plenaria de la Cámara de Representantes se aprobó por unanimidad el proyecto de ley que prohíbe la producción, comercialización y distribución el asbesto en Colombia a partir de enero de 2021.

Se trata de una medida histórica que se vincula de manera directa con el cuidado de la salud de los colombianos. Pero también es un homenaje, tardío lamentablemente, a las miles de víctimas cuyas vidas fueron arrancadas por la mortal sustancia y para la lucha inagotable de sus familiares.

Estamos convencidos de que con la decisión del Congreso quien ha ganado ha sido el país y los ciudadanos. En este sentido, en Greenpeace y otras organizaciones que impulsaron esta campaña, agradecemos el compromiso de más de 230.00 colombianos que hicieron de esta su causa y entendieron la magnitud del problema:  firmaron una petición, twittearon, enviaron mails a los congresistas, salieron a la calle y presionaron, para que se impulsara la prohibición del asbesto.

En el momento de la victoria aparece en la memoria la enorme figura de Ana Cecilia Niño, la mujer que inició una batalla heroica contra la sustancia que arrebató su vida junto a Daniel Pineda, el hombre que supo seguir su lucha y que no descansó para regalar esta ley como homenaje póstumo a su esposa.

Es cierto, ha sido un paso clave el que se ha dado en el Congreso, pero no podemos obviar las complicaciones y dificultades que durante años tuvo una iniciativa que, pese a la evidencia científica, una y otra vez era insólitamente rechaza por los congresistas.

Era cuando el poder del lobby se manifestaba con su peor rostro –vinculado con la protección del negocio-,  y que se imponía de manera inentendible al bienestar de las mayorías.

Por décadas la estela mortal del asbesto nos ha acompañado de manera extensa y silenciosa. La sustancia se ha movido con sigilo gracias a su invisibilidad. Traicionera, su efecto ha sido lento y sus consecuencias para la salud muchas veces tardías, con primeros síntomas que pueden demorar años y hasta décadas en aparecer.

A la vista, y obviado de manera reiterada estaban los antecedentes entregados por el Instituto Nacional de Cancerología, organismo que señalaba que la sustancia había sido responsable de 1.744 muertes por cáncer de pulmón entre 2010 y 2014.

Ahora solo resta la conciliación entre el Senado y la Cámara, para luego esperar a la sanción presidencial. ¡Ahí, será ley!

El asbesto ha muerto y ahora solo queda que se extienda su certificado de defunción. Será el paso final y definitivo para que la sustancia no robe ninguna otra vida en nuestro país.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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