La desbandada

Html

Eólica-Blog (1).jpg

Aquí estamos ahora, ante la caída inevitable del carbón después de casi 35 años de explotación minera industrial de este mineral en Colombia. La pregunta es si el país se preparó para esta situación.

En los últimos meses vienen aumentando las noticias relacionadas con el carbón -especialmente el térmico-, principal producto minero nacional, que genera alrededor del 85 por ciento de las regalías del sector. La mayoría confirman que el mercado de este producto es cada día más difícil, que sus precios bajan, y que su futuro es la desaparición debido, entre otros, a las cada vez más exigentes obligaciones ambientales. Todo esto sumado a los compromisos de muchos de los países compradores de ser carbononeutrales para 2050 o 2060.

Una de las más representativas es la que fue portada de la revista The Economist en diciembre. Plantea el fin del carbón como el gran energético que generó riqueza en el pasado, pero que ahora debe y está saliendo de la canasta energética mundial a pasos agigantados. El informe revela la caída de precios en la bolsa de las empresas mineras de carbón y el aumento del de las empresas de energía limpia. Señala además la caída en 34 por ciento del consumo de carbón de Estados Unidos y la Unión Europea desde 2009.

Como indica The Economist, la economía del carbón y la del petróleo forman un nexo de empleo -deuda, ingresos fiscales y exportaciones- que dificulta el tránsito de los países hacia otros escenarios productivos y energéticos. Muchos, como Colombia, defienden ferozmente este tipo de economías y parecen no vislumbrar un futuro que no dependa de estos energéticos, como es evidente en la persistencia de procesos riesgosos como el fracking para la búsqueda de transformaciones productivas y energéticas.

En Europa el declive del carbón se logró rápidamente gracias a políticas gubernamentales decididas, a alternativas que cada día son más baratas, y a restricciones al acceso de capital. La capacidad de generar electricidad, principal uso del carbón, ha comenzado a disminuir en el mundo, lo que es un claro mensaje.

TheEconomist

El giro ha sido tan rápido que pese a los incentivos del gobierno del expresidente Trump a los sectores del petróleo y carbón, recientemente Peabody Energy, una de las empresas de carbón más grandes de Estados Unidos, quebró, y ExxonMobil fue expulsada del Dow Jones, en el que estaba desde 1928.

Las transformaciones, entonces, no se están dando porque haya falta de oferta del carbón, sino porque hay falta de demanda, lo que ha conllevado a una baja de precios que se subsanan temporalmente con bajas en la producción.

En Colombia las noticias relacionadas al carbón tienen que ver con el cierre de las principales explotaciones en La Guajira y Cesar, o con la venta de las operaciones mineras y la salida del país de los grandes operadores mineros de esta región, que han orientado la política minera nacional, la legislación, y las reglamentaciones mineras y ambientales. Ahora que se van los grandes operadores —quienes en medio de válidas críticas ambientales y sociales fueron adaptándose lentamente e incorporando mejoras en su operación—, ¿quién quedará?

En el sector minero mundial, en casos similares, se ha visto que las actividades quedan en manos de pequeños operadores internacionales o nacionales, que se quedan con máquinas desgastadas de alto costo operativo y con muy poco capital de trabajo. Esto, acompañado de incumplimientos de compromisos ambientales y sociales acordados, dejando en muchas ocasiones pasivos ambientales mineros con graves implicaciones sociales, ambientales, de salud y económicas, principalmente en las regiones productoras. Y acá puede pasar lo mismo.

Para aplacar las preocupaciones, se ha planteado que se mantendrán los programas sociales y ambientales ya pactados. Sin embargo, es iluso pensar que cuando estas empresas culminen la venta y se hayan retirado del país, estos compromisos seguirán, pues depende de la voluntad de las empresas salientes, dadas las pocas o inexistentes implicaciones jurídicas o los compromisos contractuales que hay, o de las empresas pequeñas, que no tienen capacidad de hacerlo.

Y aquí estamos ahora, ante la caída inevitable del carbón después de casi 35 años de explotación minera industrial de este mineral en Colombia. La pregunta es si el país se preparó para esta situación previsible y de la que se venía hablando desde hace más de 20 años. Todo indica que no fue así.

No hay una ley ni instrumentos administrativos apropiados que eviten la generación de pasivos ambientales mineros, que controlen adecuadamente los cierres mineros y mucho menos, recursos para su gestión. Los departamentos y municipios productores no generaron riqueza y tampoco proyectaron ni construyeron un futuro sin minería aprovechando esa riqueza temporal. ¿Y las regalías? No fueron bien invertidas.

¿Que? hacer entonces? Algunos piensan en sacar lo más rápido posible el carbón y buscar mercados cada día más distantes y esquivos, aun a costa de los compromisos internacionales, con inversiones gigantescas necesarias para atender los mercados del Pacífico. Otros consideran que nos debemos llenar de termoeléctricas a carbón, aumentando nuestras emisiones de carbono y quemando nuestras existencias. Estas soluciones van en dirección contraria de lo que el planeta requiere y son de difícil viabilidad política.

Lo más acertado es acelerar la transición productiva de los departamentos generadores de carbón para reequilibrar las economías y capacitar a los trabajadores en nuevas actividades. Además, es urgente blindar el país frente a salidas abruptas y sin cierres mineros apropiados, por lo que se debe promover una rápida transición productiva; expedir leyes que eviten que se generan pasivos ambientales mineros; fortalecer las autoridades mineras y ambientales para ejercer controles adecuados, todo ello para evitar un daño irreversible en estas zonas mineras en esta desbandada.

Hace una década Colombia avanzó en estimar su potencial eólico y aprovechamiento solar. Sin embargo, aunque era evidente que lo había, especialmente en el norte del país, la transición no se ha dado por decisiones tardías o políticas públicas.

La transición será compleja, pero entre más tarde se haga y sin un norte claro, que aún no se ve, generará más daños ambientales, sociales, de salud y económicos, dada la dependencia que hemos tenido en nuestro aparato productivo tanto del carbón como del petróleo. ¿Cómo debe ser entonces? Esa (y qué acciones se requieren a corto plazo ante la desbandada) es la cuestión.

Temas destacados

Este espacio es posible gracias a

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
0
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias