Barranquilla, Junior F.C. y lo innegable

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Lo ocurrido ayer en el marco del partido de River frente al Junior no solo fue una disputa por el balón, sino una controversia que intentó negar lo innegable: la crisis social y humanitaria en Barranquilla y en la Nación.

Esta columna fue escrita en coautoría con Alan Gutiérrez Gutiérrez 1. 

“Los que creen que el deporte no tiene nada que ver con la política o no saben nada de deporte o no saben de política”

 Gerardo Caetano.

Fútbol, Football, Fu?ball, Calcio, Futebol. Varios idiomas, un solo sentimiento. Un lenguaje universal. El fútbol o soccer es uno de los deportes que mayor pasión, alegría y júbilo genera en las naciones del mundo. Un gol cantado o gritado en cualquier lengua será asimilado tanto en Punta Gallinas en la península de La Guajira, como en Wuhan en China (epicentro del covid). El fútbol, también llamado "balompié", tiene alrededor de 157 años de existencia desde su aparición en Londres un 19 de diciembre de 1863, fecha en la que se llevó a cabo el primer encuentro competitivo entre dos equipos.

Sin embargo, el fútbol como deporte y entretenimiento también ha sido un mecanismo útil para desviar la atención en tiempos donde reinan las crisis políticas y los autoritarismos. Solo basta recordar el Mundial de fútbol de Argentina en 1978 que se dio en medio del nefasto proceso de Reorganización Nacional liderado por la Junta Militar en cabeza del General Jorge Rafael Videla.

En aquella ocasión, el mundial fue instrumentalizado por la dictadura para apaciguar las denuncias sobre violación a los derechos humanos que desde el año 1976 (fecha del golpe de Estado a Isabel Perón) se venían presentando en la Argentina debido a la represión de los militares en el poder.  

El 1 de junio de 1978, en el Monumental de River Plate tuvo lugar la final de este campeonato entre la “albiceleste” dirigida por César Menotti y la selección de Holanda, cuyo marcador fue de 3-1 a favor de los primeros. Lo escabroso de aquella jornada futbolística —que le representaba a los argentinos obtener su primer mundial— fue que mientras ellos celebraban a las afueras del estadio, muy cerca de allí estaban siendo torturadas personas al interior de la Escuela de Mecánica de la Armada por ser opositoras a la dictadura militar. La represión militar buscaba esconderse entre el éxtasis y la felicidad derivada del triunfo futbolero.

Guardando las proporciones, pero ejerciendo el mismo modus operandi de instrumentalizar el fútbol para negar lo innegable y ocultar los autoritarismos, el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo Heins, junto con la Fuerza Pública impidió a sangre y fuego que manifestantes alrededor del estadio Romelio Martínez boicotearan el partido que hubo entre Junior F.C. y el River Plate de Argentina.

Pese a las posibles presiones de la Conmebol para realizar el partido, el encuentro deportivo no se canceló porque los dueños del equipo barranquillero lograron imponer su voluntad. Ellos son los mismos que gobiernan la ciudad y el departamento del Atlántico. Es claro que si se hubiese postergado la fecha, el ejercicio de su poder hegemónico en estos momentos estaría enfrentando una derrota política, cultural y simbólica.

La “escaramuza” (así calificó Pumarejo en el programa Presión Alta lo sucedido) presentada entre manifestantes y efectivos del Esmad correspondió a la grave crisis política que viene viviendo Colombia y que hoy tiene a miles de ciudadanos —jóvenes en su mayoría— en las calles de ciudades grandes e intermedias. Cabe entonces preguntarnos lo siguiente: ¿qué es el Junior de Barranquilla tanto para la gente como para sus propietarios que son la familia Char? Para la gente y sus fanáticos es una pasión, una felicidad. Toda una vida. Para los Char es un negocio, una maquinaria. Una forma de hacer política y de cooptar al elector.

Lo ocurrido el día de ayer 12 de mayo —en el marco del partido entre River y Junior— no solo fue una disputa por el balón —un once pa' once—, sino una controversia que intentó negar lo innegable: la crisis social y humanitaria en Barranquilla y en la nación.

No es secreto alguno que toda vez que hay inconformismo en la ciudad de Barranquilla o se acercan tiempos electorales, la casa Char publicita los grandes fichajes que se harán en Junior F.C. En febrero de 2019, año en el que se celebraron las últimas elecciones locales y en las que el actual alcalde Pumarejo resultó victorioso en las urnas, el equipo “Tiburón” trajo directamente del Necaxa de México al jugador chileno Matías Fernández, que rápidamente se convirtió —en su momento— en el futbolista mejor pagado del equipo, con un sueldo de 1.3 millones de dólares anuales.

El fútbol en su esencia es paz y reconciliación. La cantera histórica de los grandes jugadores en Colombia son las clases populares. Este sublime deporte siempre ha sido un punto de encuentro entre los barrios, allí se construye amistad, alegría y pasión. Contrario a ello, las élites dominantes ven al fútbol como la posibilidad de capturar electores, hacer negocios y  usarlo como plataforma política.


Politólogo, docente universitario, maestrante en Filosofía, activista social y político.

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