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Por Juanita León · 02 de Enero de 2016

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La última y única vez que había montado con Germán Vargas Lleras en un avión, el Vicepresidente fumó en el black hawk, contrariando la insistente solicitud del capitán. Por eso, volver a volar con él, no parecía un gran plan.  Pero Germán Vargas Lleras fue sin duda el personaje público que más poder acumuló en el 2015 y era la única oportunidad para lograr una entrevista con él.

Con un partido que demostró poco pudor para realizar alianzas con grupos políticos cuestionados como el de la Gata en Magangué o el que apoyó a Kiko Gómez en la Guajira, Vargas –ya con una maquinaria política propia y potente- se convirtió en este año en el candidato presidencial a vencer y en la figura alrededor o en contra de la cual se están haciendo las grandes movidas del poder político.

Tame

El Vicepresidente usa el avión de la Fuerza Aérea en el que viajamos, su oficina realmente, cuando no lo requiere el Presidente para aterrizar en pistas más pequeñas; cuando no lo necesita ‘Tutina’; o cuando los negociadores con las Farc no tienen que viajar a la Habana. En ese orden.

Pero ya empezadas las novenas, el único que sigue trabajando como un demente es él. Demente porque a pesar de que tan solo hace unas semanas le diagnosticaron un tumor benigno en el cerebro y le recomendaron bajarle el ritmo al trabajo, ese día teníamos programado viajar a Tame, Arauca, San José del Guaviare y Villavicencio. Una maratón. Que él viene repitiendo este año tres o cuatro veces a la semana.

Me habían dicho que Vargas le tenía miedo al avión. Si es así no se le notó. Desde el instante en que despegamos hasta que aterrizamos a las 9 y pico de la noche, el Vicepresidente nunca paró de trabajar. 

Cuando miraba por la ventana, era para explicarme lo que había hecho o iba a hacer: la torre de control de El Dorado que este gobierno modernizó; la nueva pista que se está construyendo; las que van a quedar habilitadas en cinco años para 40 millones de viajes.

Desde el aire, Germán Vargas Lleras no ve las selvas tupidas o las montañas imponentes. Él ve las 27 grandes concesiones que puso en marcha, los 51 aeropuertos que están en construcción o remodelación, las autopistas 4G que conectarán medio país, los túneles y los puentes que parirarán los cientos de contratos que supervisó durante este año. Inversiones que superan los 70 billones de pesos. Cuando él mira por la ventana, Vargas ve el reflejo de sí mismo.

“Será otro país”, me dice, cuando le pregunto por el impacto que tendrán las vías 4G. “Para que se forme una idea”, me dice. “Según el Banco Mundial, Colombia ocupa el número 18 en infraestructura en el continente.  Solo están peor Guyana, Haití, Cuba y Bolivia. Cuando esto termine, pasaremos a estar de terceros, solo superados por Brasil y México”.

¿Estarémos mejor que Chile?, le pregunto.

“Mejor que Chile. Para haber sido hecho en un lapso tan corto será un gran logro. El país va a tener mayor competitividad, menores costos logísticos, condiciones viales más seguras. Y lo más importante, vamos a integrar el territorio nacional”.

Me acordé de una anécdota que contaba Joaquín Villalobos, el ex jefe guerrillero del Fmln en El Salvador. Decía que nada les había hecho mayor daño a su causa revolucionaria y nada los había debilitado tanto como cuando el Gobierno hizo una gran autopista que les dividió su retaguardia en dos y conectó medio país.  Pensé decírselo, pero él no estaba en ánimo de conversar.El día es perfecto para volar, el cielo totalmente azul.

Arauca

Vargas revisa un folder con las fichas de todos los proyectos de Tame, y otra en la que están escritas con unas letras gigantes el listado de cosas que habían quedado pendientes de la última vez que había estado allí.  Compara ambas informaciones y va tachando lo que ya está hecho y haciendo anotaciones al margen.

Le pregunta al delegado del Invías por el estado de dos vías que aparecen retrasadas. El delegado titubea. Dice que la obra está muy avanzada. Vargas lo confronta: en sus fichas aparece que la que está a cargo del Ejército va rezagada, con menos del 40 por ciento de ejecución. El delegado intenta de nuevo. Vargas se ratifica. El delegado se rinde: no sabe el estado de dos proyectos de Arauca.

“¿No sabe?”, le pregunta Vargas subiendo la voz y arrancando la página con fuerza. Es un movimiento tan agresivo, que yo me sobresalto. “¿Es que entonces viene de paseo?”, le pregunta.

El delegado acusa el vaciadón. Promete tener los datos apenas aterricemos.

“Es que si no es con apremios y con rejo, no se hace nada en este país. Por eso es que uno tiene que andar puto”, dice Vargas, visiblemente alterado.

Le toca el exámen, entonces, a Luis Felipe Henao. El Ministro de Vivienda lleva trabajando con Vargas desde los 23 años, uno más de los jóvenes políticos prometedores que se han hecho a la sombra del Vicepresidente y que lo aprecian y defienden aunque Vargas rara vez los felicite por algo.

Supongo que porque ya lo conoce, Henao tiene todos los detalles en unas fichas blancas, marcadas con post it de diferentes colores. Incorchable.

En el carro vía al evento, le pregunta al gobernador de Arauca que nos ha recogido sobre el orígen político de su sucesor y del nuevo alcalde. Son fruto de una alianza entre Cambio Radical y de la U. Vargas parecía desconocerlo.

Cuando unos días después le cuento a dos colegas suyos de gabiente que eso me había sorprendido, ambos se ríen. “Es imposible”, me dijo uno de ellos. “Vargas sabe hasta los concejales de Cambio Radical del pueblo más ínfimo de Colombia”.

En todo caso, cuando llegamos a la urbanización de cien casas que iba a entregar ese día, tenía todo el mapa político en la cabeza y se había transformado. Entró en escena el Vargas político y carismático.

El primer beneficiario es un hombre desdentado de unos 40 y pico años. Se llama Adriano.

“A ver, papá, apúrele”, le dice el Vicepresidente, con micrófono en mano, y provocando carcajadas entre los asistentes. Adriano, su esposa y cuatro hijos y un nieto suben al escenario, perplejos.

Vargas los entrevista.

-¿Cuánto pagan de arriendo?

100 mil pesos.

- ¿Qué tal es la casa donde viven?

“No tan bonita ni tan fea. Piso regular, techo regular”, responde Adriano. Es jornalero, gana 25 mil pesos el día, trabaja de lunes a viernes. Ella cuida los niños.

Vargas pone en escena un pequeño performance con Henao, que se repiría luego en otras entregas:

"Con ese sueldo, ministro, Adriano no podría hacer ahorro programado”, dice. “Esta es la única oportunidad de tener casa propia”.

Vargas cuenta que la política anterior de vivienda exigía a una persona de salario mínimo 14 años de ahorro programado para comprar una cosa.

“Por eso nunca, NUNCA, un colombiano de salario mínimo podía acceder a este programa. Deambulaba con su carta cheque de un lado para otro”.

“Muchas gracias al señor presidente de la República”, dice Adriano, y continuá: “y gracias a (titubea mirandolo)… quien? Al señor vicepresidente”.

‘Ese soy yo”, dice Vargas. El auditorio se ríe.

Vargas explica que le gusta siempre recoger unos testimonios para constatar que no hubo interferencia, ni politiquería, ni corrupción para encontrar los beneficiarios de las casas.  Los elegidos salen de un sorteo hecho por Red Unidos.

Luego le dice al Alcalde, usando la tercera persona de los que saben mandar:

“Alcalde, ¿podemos poner una volqueta para que se trasteen todos hoy mismo?”. El alcalde dice que sí.  Luego, se dirige al constructor: “No se va a bajar el constructor de un detalle? ¿Un bono de electrodoméstico? Un televisor. Es que las veo como dormidas a las beneficiarias”. Todas aplauden felices.  Ante la presión, el constructor ofrece un televisor plasma de 90 pulgadas como había sugerido Vargas.

Se la gana José Héctor Moreno, que vive con sus dos hijos y señora en Corocito, en una “casetica de madera, piso de tabla, techo de zinc”, según le cuentan al Vicepresidente.

Antes de despedirse, anuncia que el Ministro de Comunicaciones David Luna (quien a pesar de ser liberal ahora es de la cuerda de Vargas) le ha confirmado que pondrá Internet y donará computadores para los beneficiarios de todas las 100 mil casas.

Hay euforia. “Es increíble, el internet les da más ilusión que la casa”, dice Vargas, un poco defraudado.

Otros tres beneficiarios reciben sus escrituras con entrevista incluida y luego Vargas dice que nos tenemos que ir porque otros 500 colombianos esperan sus casas en Arauca.

En el avión, Vargas le pregunta al delegado del Invías sí ya tiene la información que le pidió. No la tiene. Es que en Tame no entra el celular (otra tarea para el Mintic).

En Arauca los beneficiarios de los 640 apartamentos están ansiosos esperando nuestra llegada.  Mientras la animadora anuncia la entrada de Vargas, en medio de los aplausos, aprovecho para conocer el apartamento modelo. Es muy bueno: dos habitaciones, cocina, lavadero, techos altos. Henao luego dice que cuestan unos 43 millones de pesos (“es como meter plata en la alcancía”, les dice).

La visita tiene un propósito doble. Por un lado, el Vicepresidente quiere firmar el contrato por 55 mil millones de pesos para la carretera Tame-Arauca. La licitación la ganó la firma Hidalgo-Hidalgo, y allí está presente el delegado del consorcio. También termina entrevistado.

- ¿Cuándo arranca la obra?

El 15 de enero.

- ¿Cuántos empleos directos va a generar la obra?

300.

-¿De gente de Arauca?

El 90 por ciento.

Vargas le dice que estará verificando la obra.  “No nos vaya a quedar como el responsable del aeropuerto de Arauca”, le dice. “El contratista va retrasado y ya le notificamos las primeras sanciones”.

Cuenta que ha ejecutado solo el 28 por ciento de la obra y amenaza con quitarle la obra. En este caso no dice públicamente su nombre, pero en las siguientes ciudades sí pone en evidencia a los contratistas incumplidos.

Le pregunto al funcionario que está al lado mío si cree que esa estrategia funciona. “Todo el mundo le teme, me dice. Porque comple casi todo lo que dice. Si amenaza lo cumple”.

Elogios públicos y humillaciones privadas, la receta del liderazgo efectivo en Colombia.

Vargas viajó durante todo el año por el país firmando este tipo de contratos. Ninguno de estos eventos era indispensable. Porque la verdad es que Vargas, como Vicepresidente, carece de competencia para ordenar gasto y él firma esos contrato como testigo. Hasta antes de su llegada, esos contratos los firmaba el director del Invías en una reunión en su oficina.

Pero Vargas, que tiene un estilo de microgerencia muy similar al de Álvaro Uribe, es un convencido de la importancia del contacto personal.

“Si uno no está encima verificando que se hagan las obras y se limita a recibir informes es imposible garantizar la buena ejecución de las mismas”, me dijo el Vicepresidente cuando le pregunté si esos eventos eran necesarios.

Vargas delega en el alcalde, en el comandante del Ejército, y en Henao la entrega de algunas escrituras, y la consabida entrevista a los beneficiarios. Luego agradece al notario porque “si no fuera por él, que lo hizo gratis, ustedes tendrían que haber pagado dos millones de pesos por la escritura”.

La última casa que entrega allá es a una mujer, madre soltera de dos niños. Vargas la entrevista.

-¿Marido?

No hay

-¿Se voló?

Sí. (risas en el auditorio)

-¿No volverá si sabe que es propietaria de este bello apartamento?

Que no vuelva, porque es mío.

Menos de una hora después, estamos de nuevo en el avión.

San José del Guaviare

El vuelo a San José del Guaviare dura una hora, una hora en la que Vargas saca otra vez su folder y su hoja en blanco marcada con letra gigante y repite el ritual de verificar el estado de los compromisos. Los de Arauca los pasa a limpio en su Ipad.

También aprovecha para hablar con el representante de El Guaviare, que es del partido de la U. Se ve feliz de estar tan cerca del Vicepresidente y no pierde oportunidad de pedirle cosas para su pueblo. Unos cuántos kilómetros más para la vía cuyo diseño va a inaugurar el Vicepresidente ese día que conectará a San Vicente del Caguán con el Guaviare.

“Celebremos que en medio del recorte fiscal se puede hacer esta obra”, le dice Vargas. “A mí no me salga con lista de mercado. Es que uno siempre sale debiendo”.

La presencia del Estado en una región como el Guaviare es tan ínfima que nadie quiere desaprovechar la venida del Vicepresidente. El Gobernador y el Alcalde le piden los mismos kilómetros por los que ya ha intercedido el Representante, y algunas cosas más.

Las 100 mil casas gratis que terminó de entregar este año el gobierno habían costado para 2012, según el Presidente Santos, 6 billones de pesos, y cubierto menos del 10 por ciento del déficit habitacional del país.  Un programa populista, según sus críticos, y enormemente rentable políticamente.

Pero, para mucha gente en el Guaviare, sobre todo víctimas de la guerra que son las principales beneficiarias de las casas, una de las pocas muestras concretas de que el Estado a veces se puede poner de su lado.

La ceremonia de la firma del contrato dura lo suficiente para el clip que saldrá en los medios. El aeropuerto del Guaviare carece de luces y tenemos que despegar antes de que anochezca. Todavía nos falta la aparición en Villavicencio.

Antes de irnos, le pregunto al alcalde alcalde electo de El Retorno si sirve que el Vicepresidente haga ese tipo de presencia.

“Claro”, me responde como asombrado por la estúpidez de la pregunta. “Que venga el Vicepresidente en carne propia le da a uno mucha moral”.

Moral, como la moral de los soldados?, le pregunto.
 
“Sí, de respaldo. Es que uno vive aquí muy olvidado del nivel central. Si vino el Vicepresidente, la obra se tiene que hacer. Además, porque seguramente será el Presidente en dos años”

Villavicencio

La escena se repite en el avión, esta vez con las fichas de Villavicencio. El Vicepresidente está cansado. Todos lo estamos.

Le vuelve a preguntar al representante del Guaviare sobre el gobernador. Ya había preguntado lo mismo antes, y la respuesta era poco olvidable: al gobernador del Guaviare le dicen ‘compra mundos’ porque va comprando tierra por donde viaja y porque es un hombre de 80 años que fundó el departamento y que en palabras del representante es “muy bondadoso”.

“Es que esta droga me tiene ahuevado”, dice el Vicepresidente. El enfermero se acerca y le dice que es hora de tomar el medicamento.

Vargas está tenso todo el tiempo. Incluso cuando lee el periódico parece trabajando. En el trayecto, miró cinco ediciones de El Siglo. Escanea las páginas y las pasa con método. Me cuenta que todas las mañanas se lee El Tiempo, El Espectador, la República, Portafolio y El Siglo con dos cafés.  “Muy enchapado a la antigua, no?”, me pregunta.

El representante del Guaviare vuelve y le pregunta si habrá alguna opción para alargar la vía que están haciendo en el departamento.  Vargas aprovecha para echar su puya. “Dígale al ministro de Hacienda, porque yo ya no tengo más plata”, dice (es verdad, Vargas ya se gastó la plata del 2016 y el 2017).

“Él va al Congreso y dice hay que recortarle el presupuesto a Vargas y ustedes aplauden. Bueno, pues entonces pidanle la plata al Ministro”.

Vargas tiene una rivalidad con Mauricio Cárdenas, el ministro de Hacienda que aspira a convertirse en su rival en el 2018 por el partido Conservador y la U.

Le pregunto si siente que su cartera sufrió de manera desproporcionada el ajuste fiscal.  “No nos afectó concesiones pero sí el programa de obra pública”, me dice. “Era de 10 billones, terminamos ejecutando seis”.

En Villavicencio, Vargas entregó 932 apartamentos y firmó los estudios de la vía de la Altillanura.

El show se repite. Pregunta a cuántas mujeres se les voló el marido (a casi todas). Pregunta sobre la casa que dejan y la felicidad que sienten de recibir una nueva.

El ministro Henao explica cómo “la única forma de construir la paz es con hechos reales para ayudar a la gente a salir de la pobreza. Un verdadero hecho de paz es que pueda haber estas vías”.

Vargas no menciona la paz.  Le pregunto en el avión, ya de vuelta, cuál es su verdadera posición frente a la Habana.

“Lo he convertido en regla de oro: no opino del proceso de paz. Pero tampoco de otros asuntos que no me fueron delegados”, dice.

¿Es cierto que va a renunciar antes de que le toque?, le pregunto. Quedan pocos minutos para aterrizar en Bogotá y finalmente accede a darme la entrevista.

“No. Es más, no se si lo haga”, me dice. Pero agrega: “Sí me parece inadecuada la inhabilidad sobreviviente. Me medí como vicepresidente con unas reglas de juego y el cambio en la ley de equilibrio de poderes se hizo con nombre propio. Eso viola cualquier principio.”

Pero sí va a ser candidato para el 2018, le digo.

"No he tomado la decisión. Tengo un compromiso muy grande con el país. No hay nada más gratificante que las tareas que tengo a mi cargo. Quienes creen que ando obsesionado con ser presidente, que pierdan cuidado."

¿No lo trasnocha ser presidente?

"Para nada. Eso dijeron hace 5 años y hace 4 y hace tres. años Lo que no puedo es estar gastado mi tiempo en controversias estériles de pura politiquería."

¿Se refiere a la controversia con Roy y Serpa?

"Son controversias tan poco productivas."

¿Parece que en todo caso la reunificación liberal ya no se dio?

"Hace ya un tiempo que no se habla de eso. No olvide que muchos nos separamos del partido cuando se nos convino a apoyar la segunda candidatura de Serpa a la Presidencia de la República. Han pasado 14 años desde entonces y en el liberalismo parece que nada haya ocurrido. Tantos años después y siguen bajo las orientaciones de Serpa. Generando las mismas polémicas y controversias que dieron orígen a la gran división y la ruptura que provocó en el liberalismo desde entonces.”

Es un sablazo premeditado a Serpa y yo lo entiendo como un titular que me quiere dar. Conoce la avidez que tenemos los periodistas por albergar una pelea.

¿Se está acercando a uribe

"Estoy tan alejado de la política, me dice el hombre que la desestabilizó en el 2018. Para que lo tenga presente: hace siete años no hablo con el presidente Uribe. La última vez que nos vimos fue en el aniversario del centenario de Carlos Lleras Restrepo."

Le digo que es paradójico que al mismo tiempo que le ha arrebatado a los políticos la corrupción asociada a las licitaciones de obras, le haya dado fuerza a clanes políticos tan cuestionados en las pasadas elecciones.

“El éxito de estos programas ha sido la modalidad de contratación. Casa entregada, casa pagada. Eliminamos los anticipos”, me dice.  “Le arrebatamos esta caja menor a la corrupción y a la politiquería. Eso es parte de los buenos resultados.”

Al mismo tiempo hizo alianzas con políticos muy cuestionados, insisto

“No puedo responder por todas las actuaciones del partido. Ni estuve en la dirección del partido. Tampoco me deslindo de la responsabilidad de las decisiones que se tomaron. Ahora el desafío es demostrar que las preocupaciones eran infundadas”.

Por último, y dado que en pocas semanas será operado del tumor en la cabeza –una cirujía que parece de poco riesgo pero que se ha convertido en el tema de moda en los corrillos políticos- le pregunto si es prudente seguir trabajando a ese ritmo a pesar de la recomendación médica.

La pregunta le ofusca un poco: “Ese desmayo no tiene nada que ver con el ritmo de trabajo. Sí tengo un tumor que me voy a operar en enero, y que ocasionó la convulsión. Pero nada tiene que ver con el ritmo de trabajo. Por supuesto que no.”

Al día siguiente tiene programado un viaje similar a Cali, Buenaventura y otros municipios del Valle. Y un par de días después, a Santander.

“Quiero dejar todo listo antes de la operación”, me dice. 

Ya en Bogotá, se monta en la camioneta que lo recoje, y antes de hacerlo le pide a Henao que lo acompañe para la última reunión de trabajo. Son las 9.30 p.m.

Comentarios (1)

carlosreyvega

09 de Enero

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Pese a que muchos Colombianos no somos adeptos al vicepresidente Vargas Lleras, es innegable los grandes esfuerzos que éste hombre esta haciendo para lograr llevar a nuestra Patria a un mejor escenario. Lo mas positivo de todo, es pasar del discurso a las obras

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