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Por Ángela Rivera · 29 de Julio de 2016

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El Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá que solo lleva cuatro años de construido, que costó más de 14 mil millones de pesos, que requirió exhumar más de tres mil cadáveres y que busca dignificar la memoria de las víctimas, está amenazando ruina. Esto ocurre precisamente cuando el país está a punto de firmar un proceso de paz en donde la verdad es un punto central de las negociaciones de la Habana.

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Un Centro para dignificar la memoria

El Centro de Memoria, concebido por Camilo González de Indepaz e impulsado por Clara López cuando era secretaria de Gobierno de Samuel Moreno, está cargado de simbolismo, empezando por el terreno en donde se construyó: el parque de la Reconciliación.

Era un terreno que durante 200 años fue un cementerio sin bóvedas, porque era donde se enterraba la gente pobre, y donde según la leyenda urbana estaban sepultados los muertos del 9 de abril.

Antes de construirlo, durante tres años, exhumaron 3 mil cuerpos que estaban allí enterrados convirtiéndose en el procedimiento arqueológico más grande de Latinoamérica.

El Centro se concibió como un monumento para las víctimas del conflicto en Colombia. “Era necesario tener un sitio en donde se pudiera ver la magnitud del horror de la guerra y en donde se pueda hacer memoria para construir la paz”, explicó a La Silla Camilo González.

En Centro hay una exposición permanente de los hitos en el conflicto colombianos. Hay un Café de la Memoria ambientado con periódicos y muebles que recuerdan el 9 de abril.

También hay un salón donde los adultos pueden leer lo que se ha acordado en La Habana y los niños aprender sobre lo pactado a través del juego.  

También hay un espacio para que las víctimas le cocinen a otros  mientras recuerdan los alimentos que abandonaron con sus tierras o para que tejiendo o bordando escenas de lo que vivieron, puedan contarle a los que estén dispuestos a escucharlas lo que les pasó.

Durante la construcción del Centro, miles de víctimas llevaron puñados de la tierra de su terruño para hacer un camino largo como un símbolo de la unión entre las víctimas y la tierra que dejaron atrás.

“Desde su inauguración, el 6 de diciembre de 2012, el Centro se ha convertido en un epícentro de víctimas”, dice Ana Teresa Bernal, ex Alta Consejera para los derechos de las víctimas del distrito durante el gobierno de Petro.

De acuerdo con Bernal entre 2014 y 2015, en promedio, recibieron cien personas diarias y las marchas por las víctimas del 9 de abril de 2013 y 2015 que convocaron a casi 500 mil personas se organizaron allí.

Sin embargo, casi desde la misma inauguración, el Centro comenzó a presentar filtraciones de agua. Cuatro años después, de acuerdo con información recopilada por el Concejal de Cambio Radical José David Castellanos, cuando Peñalosa asumió la alcaldía recibió un monumento en avanzado deterioro.

“La Alcaldía recibe y se empiezan a ver problemas en la infraestructura que no se sabe si son de asentamiento o el deterioro normal de la infraestructura, o de pronto hubo algo en la construcción o en el diseño”, dijo Ángela Anzola actual Alta Consejera para los derechos de las víctimas del distrito, a La Silla.

Después de una visita, el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático—IDIGER— concluyó que las filtraciones de agua han deteriorado tanto los muros de contención que sostienen el auditorio principal, que recomendaron cerrarlo mientras lo arreglan.

Pero esa filtración no es la única falla. Algunas paredes y una ventana del Centro están agrietadas. De acuerdo con Anzola, todavía no han podido determinar la magnitud de los daños en la infraestructura ni quién es el responsable.

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Los posibles responsables

El concurso para diseñar el Centro se lo ganó la reconocida firma de arquitectos de Juan Pablo Ortiz, que ya en el 2000 había construido el Archivo de Bogotá.

El Consorcio Centro del Bicentenario 2010, compuesto por las firmas: Constructora v.c.ltda valco Constructores y Constructores ltda y u.c. o.s.a. fueron los responsables de la construcción.

Y los interventores de la obra fueron Construmarca ltda y César Darío Hincapié Flores. Entre ellos podría estar el responsable de la situación actual.

Aunque, de acuerdo con Camilo González, el problema del Centro es la falta de mantenimiento.

“Cuando no se limpian las canales y llueve mucho, los espejos de agua se rebosan”, explicó. “Por esa razón, el auditorio se inundó dos veces y la madera se levantó. Son situaciones controlables”.

Según González, los problemas del Centro radican en que no tiene ni la autonomía para tomar decisiones ni el presupuesto puesto que depende de la secretaría general de la Alcaldía “Todo se hace más lento si no hay una administración independiente”, argumenta.

Anzola explicó que el Centro de Memoria en este cuatrienio, para funcionamiento y mantenimiento, tiene un presupuesto de 12 mil millones de pesos, que según una fuente de la institución, les alcanza apenas para operar.

Pero en una etapa de posconflicto esperan que aumente pues su labor es central para lo que viene.

De acuerdo con Anzola, todavía no saben de dónde va a salir la plata para reparar los daños a la infraestructura, pero por la importancia del Centro y lo que significa para la ciudad y las víctimas “tendrá que salir de alguna parte”.

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