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Por Irina Isabel Yusseff Mujica · 18 de Octubre de 2016

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Convertir a Metrolínea en ‘estrato 20’ es la primera promesa de campaña que a Rodolfo Hernández se le diluyó. Si bien su administración ha dado los primeros pasos para desenredar el caos del sistema transporte masivo, aún hay mucho camino por recorrer y lo que le queda al frente es una trocha. 

La varada

El hueso más duro de roer en Bucaramanga y el área metropolitana es el del sistema de transporte masivo, Metrolínea, que como lo contó La Silla, encendió motores cuando tenía la carrocería a la mitad.

 

Por eso, en la campaña de 2015, uno de los temas centrales de los candidatos a la Alcaldía de Bucaramanga estuvo en cómo iban a solucionar la crisis del sistema que se ha venido agravando desde el mismo momento en que entró a operar y que incluso ha sido denominado el ‘monstruo de siete cabezas’ de esa ciudad.

El discurso de  Rodolfo Hernández fue el más particular, y con sus típicas consignas contra la corrupción aseguró que era capaz de convertir a Metrolínea en un servicio ‘estrato 20’, y que para hacerlo resolvería el desequilibrio financiero a partir de la reestructuración en los contratos adjudicados de la operación y recaudo, la construcción de las obras que faltaban y la recomposición del esquema accionario de los socios.

Sin embargo, como contó La Silla, cuatro meses después de su posesión y una vez estuvo listo el Plan de Desarrollo, las metas que plasmó para lograr una de sus grandes promesas de campaña se quedaron cortas. 

Desde ese entonces, su ideal de subir de estrato a Metrolínea empezó a patinar y la meta que planteó para la recomposición de los contratos, se quedó solo en el seguimiento y control de las cláusulas. La otra propuesta de campaña, que era bajarle el valor a la tarifa también naufragó

Eso y el pleito de $169 mil millones que perdió por la construcción del ‘Portal de Papi Quiero Piña’ (PQP), la diluida renegociación de los contratos con operadores y la constante disminución de usuarios del sistema, todo atizado con el nombramiento de Ángela María Farah Otero, una abogada de Montería que no cayó bien entre la oposición de Hernández, hicieron que su promesa mutara de caballo de batalla al mismo monstruo que en los últimos ocho años ha sido el dolor de cabeza de los mandatarios de turno.

La gerente

El nombramiento de Ángela Farah en la gerencia de Metrolínea, se convirtió en la punta de lanza de la oposición de Rodolfo Hernández en el Concejo  (integrada por 12 de los 19 concejales -10 liberales, uno de Opción Ciudadana y uno del Mais-), y desde que se posesionó le han cuestionado de todo.

Debido a que Farah Otero no es de la región, la coalición de oposición le criticó al Alcalde haber traído alguien de otro lado argumentando que en la región había gente capacitada para ese puesto.

Luego, las críticas pasaron por su idoneidad para desempeñar el cargo y en medio del primer debate de control político sobre su gestión la callaron y levantaron la sesión argumentando que ella no cumplía los requisitos para darles el informe.

Más adelante, a la voz de los concejales se sumó la de la Contraloría local, en cabeza del liberal Jorge Gómez Villamizar (también en oposición), que bajos los mismos argumentos pidió la revocatoria de la gerente y le compulsó copias a la Procuraduría, ese ente de control no ha abierto investigación formal por ese hecho. 

Mientras tanto, la Alcaldía de Hernández se ha mantenido en que las críticas son infundadas y en que la oposición está montando “una cortina de humo para desviar la atención de los malos manejos de los recursos en la entidad”. 

En medio de esa puja, la primera semana de octubre la Contraloría ordenó la suspensión de Farah por considerar que podría torpedear una investigación que le abrieron porque les canceló el contrato a tres empleados de Metrolínea. Desde ese momento Farah se apartó del cargo y Hernández tuvo que nombrar un gerente encargado. 

La trocha

Como contó La Silla, desde el momento en que entró a operar hace seis años, Metrolínea no ha logrado despegar del todo. Tiene en su haber pérdidas por más de $21 mil millones y ha perdido cinco laudos arbitrales con contratistas que le han representado deudas por $195 mil millones.

Si bien el problema viene desde su creación y los sucesos que desencadenaron la crisis no son atribuibles a esta administración, ni en el propio equipo de Hernández creen que el Metrolínea ‘estrato 20’ que prometió sea una realidad antes de que termine su periodo. 

“Lo que falta es camino”, le dijo a La Silla Juan Pablo Ruíz, gerente encargado de la entidad. 

Desde que Ángela Farah cogió las riendas de Metrolínea, los cambios en la operación del Sistema han dado para todo. Y aunque su gran acierto ha estado en que disminuyó los tiempos de desplazamiento con rutas exprés para aumentar pasajeros -algo que le reconocen hasta sus detractores-, la fórmula no le ha funcionado y la pérdida de usuarios continuó.

Aunque en septiembre puso en marcha otra de las movidas de su gestión, e ingresó al Norte de la ciudad -otra de las promesas de Hernández-, el panorama tampoco es muy alentador.

El gerente encargado le dijo a La Silla que con la entrada en el Norte se han ganado aproximadamente 1.000 pasajeros que antes no se tenían, pero que eso no es suficiente para generar ganancias, debido a que Metrolínea entró al Norte, pero lo hizo sin un punto de recarga de pasajes y sin portal.  

”Lo que falta es camino (para Metrolínea 'estrato 20')

Juan Pablo Ruíz, gerente encargado de Metrolínea

En ese caso, al igual que todo lo que sucede con el sistema se ha dado en medio de la puja entre los operadores (tanto de los buses como de los puntos de recarga) y la gerencia de Metrolínea, porque los primeros dicen que están quebrados y el segundo que independientemente de su situación financiera tienen que cumplir las obligaciones a las que se comprometieron en los contratos.

Aunque Rodolfo Hernández se ha anotado algunos goles como la gestión con los bancos para que les disminuyera la tasa de interés a los concesionarios, quienes tienen pérdidas acumuladas que superan los $40 mil millones pues se endeudaron con tasas de interés muy altas bajo la promesa de que el proyecto sería rentable, y los operadores han dicho que sí están dispuestos a renegociar los contratos de concesión, la solución a corto plazo no está muy clara.

Los operadores de los buses -Metrocinco Plus y Movilizamos-  quieren renegociar el contrato pero bajo la condición de que permitan que en la ciudad también circulen buses convencionales (ellos también son los dueños)  y eso no lo podría aceptar la Alcaldía porque estaría permitiendo que le quitaran pasajeros a Metrolínea y sería algo así como legalizar la competencia desleal al transporte oficial.

Eso sin contar que Hernández también prometió que llegaría al 100 por ciento de cobertura en el sistema (actualmente está en 85%), y esa idea también está muy lejana porque no solo requiere que estén listos todos los portales sino varias inversiones en obras viales, y más buses. 

El jefe de gobernanza de la Alcaldía, Manolo Azuero, le dijo a La Silla que “este gobierno va a entregar los 4 portales que faltan antes de 2019”; sin embargo, solo 3 están financiados y para el restante Rodolfo Hernández tendría que ir a pedirle plata al Gobierno de Santos, cuando, como lo contó La Silla, está en la orilla opuesta de la Presidencia.

Con ese panorama, Rodolfo Hernández tiene mucho en contra para cumplir una de sus principales banderas de campaña, entre esos el tiempo, al que ya le pasó su primer cuarto.


 

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