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Por Tatiana Velásquez Archibold · 09 de Abril de 2016

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La segunda administración de Marcos Daniel Pineda en Montería completa hoy sus primeros 100 días, en medio de la percepción generalizada de que la ciudad va por buen camino y montada sobre la premisa de continuar con la transformación que su grupo político comenzó hace ocho años, cuando él llegó por primera vez a la Alcaldía.

Aunque en esa capital le reconocen que desde temprano hizo sentir el arranque de su gobierno con medidas como la revocatoria del día sin moto, todavía hay expectativa por saber cómo despegará el megaproyecto bandera de su segundo mandato: convertir a Montería en una agrópolis. También comenzó dándole dos de las secretarías más clave al polémico exgobernador Alejandro Lyons: Hacienda y Salud.

Durante este primer trimestre, el alcalde de los monterianos ha sabido mostrarse como un gobernante que tiene clara su agenda, centrada en hacer de Montería la ciudad verde del Caribe y en seguir adelante con las obras viales, de salud y educación.

 

Hasta ahora, ha firmado convenios con el Ministerio de Educación para mejorar la infraestructura escolar, se ha proyectado como un mandatario bien conectado con el Gobierno Nacional por gestionar el pronto inicio de la doble calzada Montería - Kilómetro 15, que conduce a Medellín, o pedirle a la ANI desempolvar el proyecto para conectar el Segundo Anillo Vial monteriano con el Urabá antioqueño. Y hasta ha empezado a inaugurar las obras que dejó sobre ruedas su antecesor y aliado político Carlos Eduardo Correa.

Además, se ha mostrado como un mandatario que no vacila a la hora de tomar decisiones. Especialmente, porque repite como timonel gracias a los votos de su propio grupo político y a la alta popularidad que mantiene desde su primera administración. Y esa autonomía se ha visto reflejada en la conformación del gabinete, integrado mayoritariamente por gente cercana a él.

“Desde el comienzo se le ha visto una hoja de ruta clara. Que sabe para dónde va y qué ciudad quiere seguir construyendo”, se lo describió a La Silla el presidente de la Cámara de Comercio de Montería Félix Manzur Jattin.

Para un político activo, que pidió no ser citado, la buena imagen del alcalde Pineda radica en que “tiene presencia, marketing político y sabe venderse”. Eso se ve reflejado en la más reciente encuesta, elaborada por el Centro Nacional de Consultoría para CM&: ocupa el primer lugar entre los gobernadores y alcaldes del país con el 88% de favorabilidad.

Recién llegado, Pineda cumplió una de sus primeras promesas de campaña. El 4 de enero abolió el martes sin moto y le dio paso al martes y jueves sin parrillero. El cambio de esa restricción, que estuvo vigente durante ocho años, cayó bien en la capital cordobesa porque la moto  es uno de los medios de transporte más usados allí. Ahora los motociclistas podrán circular todos los días por las calles monterianas, excepto por el Centro de la ciudad, y solo los martes y jueves no podrán llevar parrillero.

Dos meses después, el alcalde Pineda firmó con la ministra de Educación Gina Parody un convenio por 66 mil millones de pesos para mejorar la infraestructura de 26 escuelas, a las que asisten 28 mil estudiantes.  Además, sancionó la tarifa diferencial de transporte público para los escolares y universitarios. Aunque esa fue una iniciativa de un grupo de egresados de la Universidad de Córdoba, que tuvo el apoyo del Concejo.

Otra medida que también le resaltan en Montería es la implementación de los Jueves de Comuna. Desde la primera semana de febrero, Pineda y su gabinete se desplazan a los barrios para conocer de viva voz de la comunidad sus inquietudes y opiniones sobre su ciudad. Ese material, dice el propio alcalde, servirá de insumo para el Plan de Desarrollo, que está en construcción y debe presentarle este mes al Concejo.

También, como parte de su estrategia para que la gente sienta una Alcaldía más cercana, creó el programa Mi Barrio, a través del cual se desplaza a las comunidades la oferta institucional en salud, educación y recreación.

Ese estilo cercano a la gente, le dijo el concejal liberal Aldrin Pinedo a La Silla, es uno de los puntos plausibles del gobierno de Pineda. “Él escucha muy de cerca y no es un alcalde de escritorio”, comentó el concejal rojo.

Sin embargo, en Montería hay quienes advierten que corre el riesgo de terminar convirtiéndose en un alcalde populista.

En ese buen ambiente inicial ha sido clave el apoyo de la prensa local. Tal como ocurrió durante su primera alcaldía, entre 2008 y 2011, en estos primeros 100 días la mayoría de medios, particularmente el principal diario de Montería, han sido generosos con su gobierno y son pocas las voces que critican o cuestionan su gestión. Estas están en la radio, desde programas con buena sintonía como Comentado y Pulso del Tiempo.

Las buenas relaciones también se reproducen en el Concejo, donde 14 de los 19 concejales hacen parte de la coalición mayoritaria de Pineda, y los otros cinco no fungen oficialmente como oposición. Ese Concejo amigo deberá debatir los meses venideros dos planes clave para la Montería de los próximos años: el de Desarrollo y el de Ordenamiento Territorial.

Así como le reconocen un gobierno dinámico y con voz de mando en esta primera etapa, también le recuerdan que tiene el reto de terminar las obras inconclusas (consideradas por algunos, elefantes blancos) que comenzaron en su primera administración. Y hasta ahora no ha dado fechas precisas de cuándo podrán estar listos el Coliseo Happy Lora, el asilo y el estadio Amín Manzur.

En medio de la relativa luna de miel que vive en estos primeros días, el mandatario de los monterianos tendrá el reto de seguir convenciendo, sobre todo a las voces más críticas, con la transformación que su grupo político inició hace ocho años y por la que es considerado el ‘Peñalosa Caribe’.

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