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Por Jineth Prieto · 08 de Noviembre de 2016

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Aunque la apertura parcial de la frontera de Colombia con Venezuela, que completa casi tres meses, sirvió para que en Norte de Santander sectores como el del comercio de alimentos se reforzaran y se le bajara la temperatura a la crisis humanitaria que se está viviendo en el vecino país, también logró que se revivieran viejos problemas de ese departamento y despertó otros que sus autoridades aún no saben cómo contener.

En Norte varios renglones económicos que se habían fortalecido con el cierre del paso entre los dos países volvieron a sentir los embates del contrabando, a la crisis de la salud le salió una nueva pata, y el desempleo sigue de capa caída, mientras la tasa de informalidad empezó a aumentar.

Esta es la otra cara de la apertura de la frontera.

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El contrabando de gasolina volvió a crecer

Aunque con la crisis que se desató en Norte de Santander con el cierre de la frontera sectores políticos y económicos dijeron que esa era el momento para que la dinámica de esa región despegara con vuelo propio, como lo contó La Silla, en el caso del contrabando eso no sucedió.

En su lugar, quedó en evidencia que el control de esa práctica está muy lejos de ser una realidad, que el dominio de las bandas criminales sobre esa actividad en los municipios fronterizos se expandió, y que la complicidad de la Guardia venezolana y de algunos sectores de la Policía colombiana con esta actividad está enquistada en la región.

Los dos distribuidores autorizados de gasolina y Acpm en esa región - Terpel y Colmutinor- durante el periodo en el que se mantuvo cerrada la frontera ganaron terreno y cuadruplicaron su ventas (pasaron a abastecer casi la totalidad de la demanda de combustibles, que está alrededor de los 12 millones de galones); sin embargo, en los últimos tres meses empezaron a registrar un descenso acelerado en sus ventas.

Según las cifras que se manejan en el sector, la demanda de combustible legal ya se redujo a 9 millones de galones mensuales, lo que en plata blanca significa que el contrabando ya copó el mercado de 3 millones de galones mensuales en todo el departamento.

Aunque las cifras no son tan desalentadoras como solían ser antes del cierre de la frontera, cuando se estimaba que el comercio ilegal alimentaba la venta de 8 millones de los 12 millones de galones que demandaban los habitantes de esa región, el aumento del contrabando sí es preocupante para ese sector.

Los factores que han propiciado el nuevo aliento del contrabando de combustibles son varios. Por un lado, las bandas criminales ya reajustaron sus estructuras para seguir vendiendo gasolina y acpm con la frontera abierta parcialmente, y están pasándola en grandes cantidades a través de trochas en varios municipios fronterizos con la complicidad de la Guardia Venezolana y la Policía colombiana, por lo que los operativos de la Secretaría de Hacienda del departamento para tratar de frenar el contrabando no han dado muchos frutos; y por otro, en Norte de Santander sigue operando el cupo de gasolina subsidiada (con exención de impuestos) que pueden vender las estaciones de servicio.

Ese último factor es uno de los que ha alimentado históricamente el contrabando de combustibles en ese departamento debido a que le pone un límite a la gasolina legal que circula en la región.

Si bien por ahora ese cupo está sujeto a la demanda (antes solo estaban en circulación 3.5 millones de galones mensuales), es decir, le dejan comprar combustibles a las estaciones de servicio de acuerdo a lo que vendieron en el mes inmediatamente anterior, hay otro problema, y es que dependiendo de su ubicación, las gasolineras pueden comprar más o menos acpm o gasolina.

“Si una estación está ubicada en el anillo vial (a las salidas de Cúcuta) puede comprar 60 por ciento de Acpm y 40 por ciento de gasolina porque allá la mayoría de vehículos que circulan son de carga pesada y tanquean con Acpm, y si está en el sector urbano el tema es inverso”, le dijo a La Silla una fuente que se mueve dentro del gremio de los combustibles en Norte de Santander.”Lo que termina pasando es que a las dos les sobra del combustible que no venden y quedan atorados, unos con gasolina y otros con Acpm, ellos terminan jodidos y la venta de contrabando aumenta”.

La nueva pata de la crisis de la salud

Como en todo el país, en Norte de Santander el sistema de salud está en crisis por las millonarias deudas de las EPS a la red pública y privada de hospitales e IPS.

Además de que en ese departamento están pensando en declarar la alerta roja en salud porque todo el sistema está colapsado, y en entre otras, no se están dando citas médicas, ni tratamiento a los pacientes, y las EPS solo reconocen que le deben a la red 492 mil millones, cuando las IPS dicen que la deuda pasa los $1,2 billones; la llegada masiva de venezolanos se convirtió en un nuevo problema.

Desde que se habilitó el paso peatonal entre los dos países, cientos de venezolanos han llegado a los hospitales públicos y privados de la región a solicitar atención de urgencias debido a que en su país no los están atendiendo.

Solo en estos dos meses la atención que se le ha brindado a venezolanos en Norte le han representado a la red de salud una facturación de $2.500 millones, que nadie sabe quién va a pagar.

“Es claro que por sentido humanitario no se puede negar la atención. En mesas de trabajo con el Ministerio de Salud y la Cancillería, se dijo que el pago de estas prestaciones que están haciendo los hospitales iba a venir de un esfuerzo binacional, pero a hoy nada se sabe”, le explicó a La Silla Juan Alberto Bitar, secretario de Salud de Norte de Santander.

La alerta sobre lo que está pasando también la lanzó el defensor del Pueblo Jorge Villamizar, quien le dijo a La Silla que si no se frenaba la situación, se podría volver incontenible, teniendo en cuenta que la crisis en Venezuela continúa y todo está dado para que sus habitantes sigan buscando atención médica en el país.

El jueves el gobernador de ese departamento, William Villamizar, junto a Vitar y Villamizar, así como el Alcalde de Cúcuta, Cesar Rojas, se reunieron con el superintendente de Salud, Normán Julio Muñoz, para pedirle que intervengan la red de la salud en Norte.

La carne de Venezuela y la salud pública

El caso de los ganaderos es muy parecido al de los combustibles, con el agravante de que el contrabando de carne se está convirtiendo en un problema de salud pública en la región.

Según cifras del sector, mientras estuvo cerrada la frontera en Norte de Santander se llegaron a sacrificar 300 reses diarias cuando antes el promedio estaba entre 40 y 50. Sin embargo, en los últimos dos meses la cifra se fue en picada y bajó a las 100 cabezas diarias.

El problema que enfrenta este sector está ligado a que la carne que se trae desde Venezuela la venden más barata porque no paga impuestos, y el contrabando tiene quebrados a los ganaderos, que dejaron de criar reses porque la demanda del mercado no les da.

Sin embargo hay otro problema adicional y es que la manera en la que transportan esa carne, especialmente desde que la frontera está cerrada, no cumple con todos los estándares de salubridad.

En Norte de Santander se han incautado miles de kilos de carne (representa el 70 por ciento del contrabando que se intercepta) que han sido transportadas en carros sin refrigeración, que guardan entre asientos sucios y el piso de los automóviles y que no guardan ninguna cadena de higiene, además del papel con que la envuelven parcialmente.

Una fuente de adentro de la Secretaría de Hacienda de Norte de Santander le dijo a La Silla que también tienen conocimiento de que en maletas que son cruzadas a pie por la frontera se trae carne que luego se vende en ese departamento.

“Esa es la minucia, pero en las trochas se está trayendo carne en altas proporciones”, explicó esa fuente.

La mano de obra venezolana y la informalidad

La mano de obra en Norte de Santander, especialmente en Cúcuta, es competida por los venezolanos que llegan al país, y ese fenómeno con la apertura de la frontera volvió a aumentar.

Las razones por las que los empresarios prefieren contratar venezolanos a colombianos están en que cobran menos de un mínimo y que por su condición de ilegales no se les paga ni prestaciones sociales ni riesgos profesionales, lo que les da mayor rentabilidad.

Aunque en la capital de Norte el Departamento de Migración está realizando operativos constantes al comercio formal y eso ha mantenido la vinculación de personal extranjero controlada, los venezolanos siguen ocupando esos espacios.

Esta semana el Dane publicó la medición sobre la tasa de desempleo en el país para el tercer trimestre del año, y nuevamente Cúcuta quedó ubicada en el segundo lugar, con un índice de desocupación del 15,1 por ciento, y solo por debajo de Quibdó; pese a que se esperaba que con la reactivación de económica de sectores como el del comercio de alimentos aumentara la vinculación de personal local.

La cantidad de venezolanos que están llegando a Colombia diariamente, además se han sumado a la cadena de informalidad, que es la más alta del país en Cúcuta -rodea del 68 por ciento-. Muchos se han convertido en vendedores ambulantes y les están compitiendo ese mercado a los colombianos que viven de él.

Los inmigrantes que se quedan

Según cifras de Migración, desde que se reabrió el paso peatonal entre los dos países a Colombia han entrado 4 millones 800 mil venezolanos, de los cuales 4 millones 782 mil han regresado a su país de origen.

Si bien, por ahora, no se puede decir que los 18 mil que no han reingresado a Venezuela se quedaron irregularmente en Colombia, debido a que un visitante tiene permiso de permanecer en este país por 90 días prorrogables por otros 90 más, esa ya es una alerta que está encendida, teniendo que en cuenta que ese número es el equivalente a la población de un municipio promedio en el país.

Y es que desde que se reabrió el paso entre los dos países, solo el Puente Internacional Simón Bolívar se convirtió en el principal punto de entrada de extranjeros a Colombia en todo el país. Solo para darse una idea, mientras que a través del aeropuerto El Dorado ingresan en promedio diariamente 24 extranjeros, solo en ese puente lo hacen más de 50 mil.

Debido a que Migración aumentó sus operativos de control sobre la estadía irregular de venezolanos en Colombia, el problema no se ha desbordado; sin embargo, la llegada de pobladores del vecino país y su estadía irregular no está siendo contenida en su totalidad, y eso está agravando las condiciones laborales de Cúcuta y el área, aumentando los índices de pobreza y de mendicidad, y generando nuevos retos con los inmigrantes para los que el país no estaba preparado.

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