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Por Antonio Canchila García | Ana León · 18 de Octubre de 2016

En San Alberto, Cesar, los grupos antirrestitución hicieron eventos en plaza pública, puerta a puerta y pedagogía con su propia interpretación de los acuerdos.

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El No en el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos con las Farc tuvo en la mayoría del país el impulso del uribismo y el voto disciplinado de las iglesias cristianas, pero en la subregión del Magdalena Medio (que incluye territorio de los departamentos Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cesar y Santander) contó con unos factores adicionales.

Esa zona fue clave para el rechazo mayoritario del 2 de octubre al proceso con las Farc porque le puso 121.566 respaldos al No, es decir, 1.88 por ciento del total de los apoyos de esa opción en el país. El Sí allí alcanzó 118.402 votos.

La Silla indagó y encontró que además de la ausencia de maquinaria el día de la votación y del hecho de que la coalición del Gobierno que recorrió parte del país promoviendo el Sí en plaza pública no llegó hasta allá, en esa región hubo otros factores que fueron determinantes en el triunfo del No: el movimiento antirrestitución de tierras, el factor anti-fracking, el rechazo a Santos y las amenazas de las bacrim.

Así se movieron los tres factores del No en el Magdalena Medio:

 

Abanderado por asociaciones de campesinos y ganaderos que se consideran víctimas de la Ley de restitución de tierras, el grupo antirrestitución se movió con fuerza por el No, principalmente, en San Alberto y Aguachica (sur del Cesar) y en Morales (sur de Bolívar).

La Unidad de Restitución de Tierras del Magdalena Medio hasta el momento solo ha restituido 82 predios (que suman 2 mil hectáreas)  frente a las más de 3 mil reclamaciones que se han presentado en su oficina y es en parte por la movilización permanente que se ha dado allí en contra de esa política.

La movilización contra la Ley de restitución nació en 2012 y ha consistido en la defensa de los derechos de los actuales poseedores de las tierras, que ahora son reclamadas por personas que aseguran haber vendido sus propiedades por miedo durante la época del terror paramilitar.

Es tal el rechazo a la restitución que en el Sur de Bolívar, a pesar de que existen más de mil reclamaciones desde 2012, aún no se ha empezado ningún proceso por falta de garantías de seguridad, debido a que la influencia que existe en esta zona del Ejército de Liberación Nacional, ELN, y de bandas criminales.

La Asociación Campesina del Magdalena Medio, Ascamm, una agremiación con poco más de un año de haberse constituido y que tiene cerca de 800 miembros entre ganaderos, palmicultores y parceleros que se vienen movilizando en contra de los acuerdos con las Farc, fue la que estuvo al frente de la campaña por el No y de la logística del día del plebiscito.

Esa organización ya había sonado una vez en el país cuando en la marcha contra los acuerdos que promovió el uribismo en abril  movilizaron a gente en San Alberto con camisetas en las que se leía ‘No a la restitución de tierras’,  y aunque fue la más visible en la campaña del No, tuvo coequipera y fue la Asociación Colombiana de Víctimas de la Ley de Restitución de Tierras, Asocolvirt, organización que también apoyó la marcha en la que apareció el controvertido mensaje y la mismo que organizó el mediático evento al que asistió el exprocurador Alejandro Ordóñez donde llovieron quejas en contra del proceso de restitución.

Tanto Ascamm como Ascolvirt se movieron también en el paro camionero y en la llamada resistencia civil del uribismo.

Por todas esas movidas en buena parte del sur del Cesar y de Bolívar, así como de Santander,  fueron vistos desde entonces como los abanderados del No.

El mismo representante legal de la asociación Aníbal Guerra le contó a La Silla que su estrategia principal para promover el No fue difundir su interpretación de la reforma rural establecida en el acuerdo. “Siempre cuestionamos, por ejemplo, de dónde van a salir todas las hectáreas que van al banco de tierra del acuerdo. A quiénes se las van a quitar”, nos dijo Guerra.

Con dineros de las personas que hacen parte de Ascamm hicieron puerta a puerta, imprimieron unos siete mil volantes, pagaron cuñas radiales y mandaron a hacer más de mil camisetas y gorras, además, trajeron al líder del uribismo Óscar Iván Zuluaga a San Alberto y Aguachica en la semana previa al plebiscito.

Con toda esa maquinaria en San Alberto, por ejemplo, ayudaron a ponerle 4.100 votos al No, resultado que casi duplicó al Sí (2.496 votos), que aunque tenía comité promotor no tuvo cómo competir por falta de recursos.

“Había un comité, pero sin recursos para transporte ni refrigerio nadie se mueve. Estábamos en desventaja con los del No y yo mismo alerté de eso al Gobernador Franco Ovalle y al Gobierno Nacional por el fenómeno antirrestitución, pero no hubo atención a ese tema”, le dijo a La Silla Pedro Guevara, alcalde.

Aunque en Aguachica muchos consideran normal la victoria del No porque allá ganó Óscar Iván Zuluaga en segunda vuelta, las cifras dejan claro que el movimiento antirrestitución sí se sintió ahí. Mientras que en segunda vuelta la diferencia entre Zuluaga y Santos fue de menos de 900 votos, el No se alzó con más de 18 mil votos y el Sí apenas logró 8 mil. La diferencia fue de más de 10 mil apoyos.

Aunque en el Magdalena Medio santandereano estas asociaciones también tienen presencia, su movilización por el No, no fue tan organizada pero sí influyó considerablemente.

A principios de agosto, cuando ya se avecinaba el plebiscito, en fincas de Santander y parte del Sur de Bolívar y Sur del Cesar, aparecieron panfletos en los que se leía que la restitución de tierras les iba a quitar sus parcelas a todos los campesinos.

En Sabana de Torres, por ejemplo, el municipio en donde empezó la restitución de tierras en Santander, dos promotores del Sí y uno del No le dijeron a La Silla que la campaña del No, se construyó a partir de los comentarios de indignación de muchas personas que se sienten vulneradas con los procesos de restitución y los que temen que les pase lo mismo.

“La campaña del No la hizo prácticamente la misma oficina de restitución de tierras acá, con la forma en la que siguen pasando por encima de los compradores de buena fe”, dijo Julio González de Asocolvirt.

A eso se suma el hecho de que los seguidores del uribismo allí ha ido en aumento por ser el grupo político que ha apoyado a los movimientos antirrestitución

Para tres políticos y dos líderes sociales de esa subregión, los resultados de las presidenciales de 2014, en los que seis de los diez municipios del Magdalena Medio que le votaron al uribismo en la primera vuelta mantuvieron su apoyo hasta la segunda, era muestra de que lo que enfrentaban los del Sí en esta subregión no era poca cosa.

“El palmicultor o el ganadero es un solo voto. El problema es que él le da trabajo a cientos y cientos. La indicación para los jornaleros era una sola: votar por el No”, dijo uno de ellos.

Tras estos resultados, Ascamm, Ascolvirt y otras agremiaciones de la zona están reclamando ahora su participación en la renegociación de los acuerdos, porque, aunque los uribistas plantean el tema de tierras en los puntos que presentaron, creen que eso no los representa y a través de una carta solicitan al Gobierno estar en la renegociación.

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