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Por Juan Esteban Lewin · 10 de Abril de 2016

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Si por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, los primeros cien días de Federico Gutiérrez como Alcalde de Medellín muestran que será un alcalde visible y con mucho contacto ciudadano, pero menos fuerte en lo técnico. Es decir, que habrá más acción que planeación.

Como en campaña, ha estado en contacto permanente con la ciudadanía, caminando en las calles

en el estadio

o montando en metro

y con una presencia muy grande en redes sociales y medios de comunicación.

Quizás una sola imagen basta para mostrarlo: mientras otros gobernantes expusieron sus avances de los primeros 100 días en un auditorio, Gutiérrez lo hizo en una plaza pública.

Esa visibilidad se la reconocen amigos y enemigos, aunque no siempre lo valoran igual: para los primeros es prueba de liderazgo, y para los segundo muestra que se preocupa más por la forma que por el fondo.

“Le veo compromiso; liderazgo; muy conectado con el ciudadano”, dice el senador de La U Germán Hoyos, aliado político del alcalde. “Creo que sabe usar muy bien su instagram...” dice en son de crítica Daniel Duque, quien fue director de juventudes de la campaña de Alonso Salazar, rival de Gutiérrez a la Alcaldía en las pasadas elecciones."Ha cometido muchos errores como violar el debido proceso a los hinchas de fútbol o estigmatizar a los jóvenes que toman trago".

 

Esa visibilidad le ha ayudado a tener la aprobación de casi cuatro de cada cinco medellinenses (el 78 por ciento según la encuesta Gallup de febrero) a pesar de haber sido elegido con menos de dos de cada cinco votos.

Gutiérrez también ha mostrado liderazgo porque le ha puesto el pecho a situaciones difíciles y ha tomado decisiones muy sonadas que, aunque le han granjeado enemigos, también han mostrado que hay alcalde.

Por ejemplo, ante la crisis de contaminación de la ciudad, la semana pasada prohibió la circulación de carros y motos el fin de semana y la de volquetas incluso esta semana, medidas que afectaron a miles de ciudadanos pero que ayudaron a superar la emergencia.

También reaccionó rápido frente a la venta de las acciones de Isagén: le propuso al Concejo vender las que tiene EPM en la empresa aprovechando que el nuevo dueño tiene que ofrecer comprarle a los demás accionistas y al mismo precio que vendió la Nación (que es sustancialmente mayor al precio de las acciones en la bolsa).

Esa propuesta es especialmente polémica en la ciudad en la que queda la sede de Isagen y donde hay una cultura de protección de las empresas públicas. Y después de haber sido derrotado inicialmente por 4 a 3 en una comisión del Concejo, mostró que no se iba a echar para atrás tan fácil, lo llevó a la plenaria y ganó por un apretado 12 a 9, la única votación en la que Gutiérrez no ha tenido una mayoría cómoda.

Y una prueba más de esas decisiones rápidas y firmes se dio frente a los choques entre barras bravas en el clásico de fútbol entre Nacional y Medellín, el primero en más de un año en el que había hinchas de los dos equipos por decisión del mismo alcalde.

Tras los choques, usó las cámaras inteligentes del estadio para individualziar a 12 barristas y los sancionó, prohibiendoles por tres años ir al estadio y con multas de de casi 14 millones de pesos. Y se reunió con cabezas de barras interesadas en erradicar la violencia.

Además de esas decisiones frente a coyunturas puntuales, Gutiérrez ya ha mostrado que va a tomar otras gruesas. Y las más sonadas muestran que la seguridad será un punto central de su administración .

La seguridad, el eje más claro

Un elemento central de su estrategia es recuperar el centro de la ciudad, donde hay una gran presencia de economías ilegales. Para implementarla empezó sacando a los vendedores ambulantes del céntrico Parque Berrío, una decisión que parece pequeña pero que muestra sus intenciones pues las bandas viven de disimularse entre los vendedores y les cobran cuotas por seguridad.

Desde que asumió funciones, Gutiérrez ha salido con policías y militares por algunos de los barrios más duros de la ciudad y les ha dado órdenes de luchar de frente contra las bandas criminales.

Esto ha producido una escalada en los homicidios porque la arremetida ha alterado el equilibrio de poder en el microtráfico y también provocó amenazas de muerte contra Gutiérrez.

Pero su manera de enfrentar el problema no ha caído bien entre todos. Algunos han criticado una visión demasiado policiva y no suficientemente social del problema. Para demostrarlo, ponen de ejemplo la orden de Gutiérrez a la Policía de aplicar la norma que prohíbe consumir alcohol en lugares públicos, que era letra muerta pero que a su juicio deteriora la seguridad y la convivencia.

Eso molestó mucho a grupos de jóvenes que se tomaron parques y plazas para beber alcohol, en abierto desafío a Gutiérrez. Éste respondió diciendo que su intervención del centro sí incluye una intervención social y no solo policiva, y recordando que hay que fomentar la cultura de la legalidad y por eso no se puede tomar en el espacio público.

Más allá de ese choque, la apuesta de Gutiérrez en la seguridad también muestra sus deficiencias desde lo técnico.

Las dudas técnicas

El anteproyecto del plan de desarrollo, que es el producto técnico más importante que produce un alcalde en los primeros cien días, ha recibido críticas de las voces más autorizadas de la ciudad por sus falencias técnicas.

“No es claro cuál es el proyecto de ciudad”, le explicó a La Silla la coordinadora de Medellín Cómo Vamos, Piedad Patricia Restrepo, que lideró el análisis de este tanque de pensamiento.

“No es claro cuál es el proyecto de ciudad

Piedad Patricia Restrepo, coordinadora de Medellín Cómo Vamos

“En líneas generales se propende por una ciudad equitativa, segura y sostenible bajo un modelo de desarrollo integral”, dice el documento de Medellín como Vamos, pero “en el Plan no se presenta de forma detallada qué se entiende por el desarrollo integral, y tampoco define el alcance de la ciudad equitativa, segura y sostenible”. Es decir, no explica bien para dónde va Gutiérrez.

Esa falta de norte se suma a otros dos problemas, según Medellín Cómo Vamos: que sus diagnósticos están incompletos o ausentes, y que suelen estar desconectados de las metas.

Quizás por eso, en el tema de seguridad las metas tienen problemas. La más gruesa es que la meta en homicidios es reducir la tasa de 20,13 a 20 por cada cien mil habitantes, una reducción marginal y que incluso puede querer decir que haya más asesinatos que hoy y la tasa solo baje porque hay más gente en Medellín.

Estos problemas en la formulación del plan se suman a la escogencia del secretario de Seguridad.

Cuando Gutiérrez empezó a revelar los nombres de su gabinete, en noviembre del año pasado, muchos fueron recibidos con felicitaciones por su independencia y otros con sorpresa por su juventud. Pero el nombre de Gustavo Villegas creó polémica: había sido señalado de haber ayudado al narco Juan Carlos “Tuso” Sierra con contratos como director del Programa Paz y Reconciliación en la alcaldía de Sergio Fajardo. Es decir, con la “Oficina de Envigado”.

Gutiérrez recordó que Villegas había salido exonerado judicialmente del escándalo, a pesar de que el Tuso lo había acusado, y el ruido bajó rápidamente.

Pero luego, en febrero, Villegas volvió a desatar críticas cuando dijo en medios que ya no existe la “Oficina de Envigado”, sino una serie de bandas menos poderosas, una aseveración que fue fuertemente criticada, en parte por el escándalo de noviembre, y que llevó a que Gutiérrez lo desmintiera al día siguiente.

Los problemas con Villegas tienen que ver con las críticas al anteproyecto del plan, pues el equipo de Gutiérrez es joven y tiene menos experiencia que los de sus antecesores. Y como el alcalde está enfocado en tomar decisiones rápidas, ese equipo tiene la carga de armar el proyecto de más largo aliento.

Falta ver si en una ciudad que se ha disparado gracias a la continuidad de proyectos durante 12 años y tres alcaldías, esa preferencia por la acción sobre la planificación termina siendo una nueva oportunidad de mejora o un motivo para que se frene.

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