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Por Manolo Azuero | Ana León · 20 de Octubre de 2015

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En la carrera hacía la Gobernación de Santander y la Alcaldía de Bucaramanga compiten clanes poderosos que por años han manejado los hilos del poder en esta región. Sin embargo, también juegan dos candidatos independientes, por firmas, que no tienen ninguna trayectoria electoral, no han hecho alianzas con las estructuras que más votos ponen en el departamento y, apostándole a campañas atípicas, en medio de la maquinaria y los ríos de plata que alimentan las de sus rivales, se le han enfrentado a los caciques. 

 

Leonidas rompe la rutina electoral

En la contienda por el Palacio Amarillo de la Gobernación, donde los liberales pusieron a Didier Tavera y el dividido clan Aguilar presentó a dos candidatos, Holger Díaz y Carlos Fernando Sánchez, el empresario Leonidas Gómez ha querido mostrarse como la alternativa a los otros tres que, dice él, son la misma cosa.

Después de tres campañas seguidas, las de 2003, 2007 y la de 2011, muy polarizadas entre una ficha liberal y otra más cercana al viejo PIN y a la familia Aguilar, Gómez ha irrumpido con una candidatura visible que en las encuestas que se conocen recoge más del 10 por ciento de la intención de voto.

El candidato es un empresario del turismo, que antes fue director de obras de teatro y, entre otras cosas, ha sido reconocido por ser líder del complejo turístico Acuarela en la Mesa de los Santos y promotor del mercado campesino allá mismo.

Su relación con la política, antes de estas elecciones, se limitaba a una cercana amistad con el senador del Polo Democrático, Jorge Robledo, y a su cercanía con el Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana, que hace unos años promovió la movilización contra la minería en el Páramo de Santurbán.

Así, su candidatura, que la avaló por firmas, por el movimiento Dignidad Santandereana, no cuenta con el respaldo de ningún cacique regional.

Los apoyos de grandes electores han llegado más bien desde Bogotá.

Fuera de Robledo, la senadora verde Claudia López también vino a hacerle campaña.

A nivel local, su principal aliado es el único diputado del Polo en Santander, Roberto Schmalbach, quien con 13.735 votos en 2011, aunque representativo entre la izquierda local, ésta lejos de ser un cacique.

Los partidos que lo respaldan, como el Polo, el Partido Verde, la Unión Patriótica y el Mira no son decisivos en la contienda y no todos están completamente unidos a su alrededor.

Sin políticos influyentes ni maquinarias de su lado, la campaña de Gómez ha sido austera pero contundente en su discurso.

El candidato, a diferencia de las otras campañas, que manejan numerosos grupos de pregoneros, cuenta con una avanzada pequeña (poco más de 10 personas, según una fuente de adentro) que trabajan con él desde que recogió las firmas.

Además, parte de su equipo administrativo y creativo es voluntario. Estudiantes en vacaciones, familiares y artistas, como el compositor del himno de Bucaramanga, Gabriel Latorre, le han ayudado a montar un campaña barata y distinta.

La publicidad no fue masiva (a excepción de la que tuvo en Vanguardia) y la movida proselitista, en los últimos meses, fue entre caminatas para repartir volantes, reuniones pequeñas de voluntarios y en empresas que lo apoyan, los foros organizados por terceros, una escuela de liderazgo para mujeres, fábulas en redes y algunas pocas concentraciones y caravanas.

Todo esto, sin la ayuda de concejales que manejen burocracia y contratación, como los que apoyan a Didier Tavera en Bucaramanga, o de entidades públicas que pongan a sus contratistas a hacer campaña, como lo hacen la Empresa Pública de Alcantarillado Empas y la Corporación Ambiental Cdmb en favor de Carlos Fernando Sánchez.

Sin embargo, su campaña si se ha sentido pues se dedicó a criticar de frente a su rivales.

En el debate de la Alianza de Medios, en el que La Silla participó, Gómez le dijo a sus rivales que se unieran porque representaban lo mismo. La misma idea la repitió después en el debate de Enlace de Televisión en Barrancabermeja.

Su campaña, además, puso a rodar una cuña radial, que fue censurada por algunos medios pero muy replicada en las redes sociales, donde refieren las investigaciones judiciales contra los otros candidatos y venden la idea de Gómez como una alternativa. La censura motivó una columna del periodista Alberto Donadío en El Espectador.

En Vanguardia la publicidad de Gómez ha cuestionado las prácticas típicas de la política local, como la repartija de tamal y lechona para comprar votos. Y para reforzar su argumento de un candidato diferente, anunció en la recta final de la campaña que va a donar su sueldo como gobernador y no usará los carros oficiales del departamento.  

Su discurso ha hecho énfasis en su apuesta por enfrentar y derrotar la corrupción y a los corruptos, y en esa línea Gómez terminó en llave con el candidato a la Alcaldía de Bucaramanga que repite lo mismo, Rodolfo Hernández; la cabeza de la otra campaña quijotesca en estas elecciones.

La campaña atípica de Hernández

 Rodolfo Hernández es un empresario muy rico de Santander, que en los años 70 fue concejal de Piedecuesta, al sur de Bucaramanga, pero después se dedicó a la construcción y no volvió a competir por un cargo de elección popular hasta este año, por firmas.

Realmente, hasta hace tres cuando empezó la campaña con almuerzos y chocolatadas en su Pent House, en el barrio Cabecera de Bucaramanga, y la construcción de dos canchas sintéticas y un salón comunal en los sectores populares de la ciudad.

El candidato, quien forjó la constructora HG y una financiera de vivienda a su alrededor, antes de medirse, venía de apoyar al liberal Lucho Bohórquez en 2011 y de ser socio del cuestionado representante a la Cámara Fredy Anaya en un negocio para montar el nuevo relleno sanitario que serviría al Área Metropolitana de la capital santandereana.  

El candidato le ha dicho a La Silla que ambas cosas, apoyar a Bohórquez y asociarse con Anaya, fueron dos errores. Y su discurso se ha centrado en atacar la clase política de las que sus otrora amigos forman parte.

La apuesta del ingeniero, que tiene la plata y la ha usado para financiarla, es quijotesca porque es una aspiración significativa (aunque no en todas las mediciones le va bien, en la más reciente encuesta de Ipsos figura de segundo), a pesar de no tener a ningún cacique local detrás y no contar con el apoyo de ningún partido oficialmente.

Ha recogido el respaldo de líderes nacionales tan disímiles como Álvaro Uribe y Claudia López, pero ni el Centro Democrático ni el Partido Verde a nivel local lo respaldan porque no aceptó ayudar con plata a las listas al concejo de cada partido. Ambos partidos aterrizaron en la campaña liberal. 

Tampoco y por la misma razón, como lo contó La Silla, logró cerrar un acuerdo con el Polo. Y con la UP se sentó pero al final ese partido terminó con Carlos Ibáñez, el elegido liberal.  

Fuera de la falta de respaldo entre los políticos tradicionales, Hernández tampoco ha aglutinado a los ‘cacaos’ del empresariado local, con los que no tiene muchas relaciones, y la plata sale toda de su bolsillo.

Por otro lado, la campaña, muy influenciada por el hermano del candidato, Gabriel Hernández, se ha hecho sentir a pesar de que es atípica en el fondo y en la forma.

Este Hernández es filósofo y semiótico y ha incidido en que la campaña sea diferente.

El nombre del movimiento es Lógica, Ética y Estética, el logo es el número PI, no abrieron sede - toda la operación ha sido desde el Pent House -, el proselitismo es caminando, no le dieron plata a fórmulas al concejo, rechazaron propuestas de apoyo de políticos ‘duros’ como el Pote Gómez (representante a la Cámara) y el ex gobernador Mario Camacho, la publicidad de vallas ha sido precaria, pagan espacios en Vanguardia para enviarle cartas a los electores, no le hacen un seguimiento sistemático a las más de 14 mil personas que atendieron en el apartamento, la publicidad en los medios tradicionales y en redes no es la de una campaña cotidiana, el equipo central de campaña se agota a un círculo de personas cercanas al candidato con poca experiencia en lo electoral, y hasta Kant y el imperativo categórico figuran en el discurso.  

A esta “anormalidad” se suma el desparpajo con la que habla el candidato de la clase política local. Todo su discurso lo ata al problema de la corrupción, dice que a Bucaramanga se la roban por toneladas y a su principal rival, el candidato oficialista Carlos Ibáñez, lo llama “Lucho Ibáñez” en alusión al Alcalde de Bucaramanga, Lucho Bohórquez. Y, con unos guantes de boxeo en una mesa, en vídeos y vía Facebook, le ha propuesto "retos" para criticarlo. Por ejemplo, lo retó a que dijera de dónde está sacando la plata "para comprar tantos votos". 

También se suman sus propuestas bien peculiares. El candidato dice y repite que para que no se roben la Alcaldía va primero a recoger todas las chequeras del municipio. Además, en estos últimos días, en los barrios más pobres, está repartiendo una carta notariada de compromiso donde se compromete a que, los que la reciban, participaran de un programa de 20 mil viviendas para familias de estratos 1, 2 y 3 - si lo llegan a elegir.

Es mezcla de independencia e innovación con un lenguaje frentero, apoyada en plata suficiente y lista para difundir el mensaje,  le han permitido ganarse un espacio de opinión.

El domingo se sabrá si le alcanza para pelear el primer lugar, en una disputa en la que compiten la maquinaria liberal, con Carlos Ibáñez; La U, el clan Aguilar y el viejo PIN, con Jhan Carlos Alvernia (apoyado por sus hermanos que son millonarios); y el movimiento Mais, con Sergio Isnardo Muñoz.

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