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Por Ana León · 16 de Julio de 2016

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Velez es conocido por sus bocadillos y desde hace un mes y medio por la represa de la Batanera, una obra que duró cuatro años en construcción, a la que le metieron $9 mil millones, y que colapsó a 10 días de su puesta en funcionamiento.

Y es que si hay algo que esté mal en Vélez, uno de los seis municipios capitales de provincia en Santander, es el abastecimiento de agua, y aunque para arreglar el problema la Gobernación desde 2011 ha metido miles de millones, las cosas siguen igual. 

 

Los veleños, además de la fallida represa, tienen la empresa de servicios públicos intervenida; tras $43 mil millones en contratación para acueducto y alcantarillado y varios años de espera, aún las obras están quedadas; y también, por la falta de eficiencia en la ejecución de las obras, hay 80 familias damnificadas.

Esta es la historia de la millonaria inversión que no se ha visto en el municipio.

La plata enterrada en la represa

Aunque aún no se sabe a ciencia cierta qué fallas técnicas ocasionaron que la represa de la Batanera, una obra contratada en la administración de Horacio Serpa y ejecutada en la de Richard Aguilar, se fracturara, en el municipio siempre tuvieron dudas sobre la idoneidad de la construcción. Tanto fue así que ni Yaneth Grandas, la alcaldesa anterior, ni Leonardo Pico, el actual alcalde, recibieron oficialmente la obra, pese a que desde la Gobernación anterior fueron a inaugurarla en diciembre con bombos y platillos.

Es un proyecto que inicialmente era por ocho meses y se demoró cuatro años, hágase una idea

Veedor ciudadano

“Teníamos diferencias con el contratista por un motor que faltaba, por el manual de procedimiento, por una sedimentación que se podría generar a futuro. Pero nunca pensamos que iba a terminar así. Y menos porque llevábamos solamente diez días usándola”, le dijo a La Silla Pico.

Esa semana en la que funcionó la represa, según cuenta el Alcalde, los 3.300 veleños que tienen acueducto –solo el casco urbano- pudieron, por primera vez en mucho tiempo, recibir el agua potable sin restricciones de seis u ocho horas cada dos o tres días. Porque así es como llega el agua en Vélez.

Aunque la comunidad lamentó el colapso de la represa, lo cierto fue que a la larga no causó una gran sorpresa, especialmente para las veedurías que durante toda la ejecución del proyecto cuestionaron el diseño y la calidad de los materiales que usaron.

“Es un proyecto que inicialmente era por ocho meses y se demoró cuatro años, hágase una idea. Hicimos llegar cerca de 12 informes con denuncias al supervisor, a la Empresa de Servicios Públicos de Santander Esant (la que contrató), a la Gobernación, a la Contraloría y a la Procuraduría pero nunca fuimos escuchados”, dijo Enrique Santamaría, uno de los ingenieros veedores de la obra.

En esos cuatro años para los habitantes también hubo frustraciones. “Nos trataron de vender la idea de que la represa iba a ser la solución, pero yo siempre he pensado que la represa era una manera de hacer salir la plata pública a bolsillos privados”, le dijo un veleño a La Silla.

Por ahora, según le dijo el Alcalde a La Silla, todo acerca de la represa es especulación y el tema lo están manejando desde la Gobernación. Mientras tanto, volvió el racionamiento.

Sumado al problema de la represa, desde hace mes y medio la Superintendencia de Servicios Públicos intervino la Empresa de Servicios Públicos de Vélez, Emprevel, porque en los indicadores del último año, el agua que estaban surtiendo era de alto riesgo para el consumo humano.  Además, en la operación de la recolección de residuos estaban incumpliendo normas mínimas de salubridad, tal y como le contó a La Silla Nick Ardila, el delegado de la Superservicios que está al frente de la empresa.

Sin agua potable y con filtraciones

Sin embargo, esa  es solo una de las sombras que rondan el problema de aguas que vive Vélez.

Durante la construcción de la represa, la gente no sólo peleó por las demoras y las dudas por especificaciones técnicas. Por falta de una red de alcantarillado en óptimas condiciones en varios sectores de Vélez como La Esperanza o el corregimiento Alto del Jordán, se presentaron filtraciones de aguas que ocasionaron que las casas se empezaran a agrietar y las vías a presentar hundimientos.

El problema se hizo tan evidente, que en 2012 un juzgado falló en segunda instancia a favor de los veleños y obligó a la administración municipal, entre muchas otras cosas, a ejecutar un plan maestro de acueducto y alcantarillado.

“Logramos un censo de las viviendas afectadas. Así se ordena que reubiquen 32 familias del casco urbano y 48 del corregimiento del Alto del Jordán, con subsidio de arriendo y un plan de vivienda para reubicar. Además se ordena un estudio de geología, geotecnia e hidrología muy completo de donde nacen las obras que se deben realizar” dijo Custodia Castillo, la demandante.

Los damnificados ya dejaron sus casas y tienen subsidios pero el plan de vivienda no avanza. Apenas hasta el año pasado el municipio adquirió un predio, pero aún el proyecto no existe; y los estudios del terreno, que costaron mil millones de pesos (que aportaron entre Gestión Nacional de Riesgo, la Gobernación, la Alcaldía y la Universidad Industrial de Santander que se encargó de hacerlos) apenas hasta noviembre de 2015 se entregaron.

En paralelo, la contratación del plan maestro de acueducto y alcantarillado empezó a andar.

La millonaria inversión

En noviembre de 2013, y cuando los estudios detallados que el fallo de la acción popular demandaba aún no existían, la Gobernación contrató una primera etapa del mejoramiento de la red de alcantarillado de aguas lluvias y aguas negras en varios sectores del casco urbano por $2.329 millones con un plazo de diez meses.

El argumento fue que la necesidad de intervenir esos lugares apremiaba dado que las tuberías ya eran obsoletas y las filtraciones iban a empeorar, por lo que seguramente, además de las 80 familias, más veleños se iban a ver perjudicados.

Aunque esa obra debía estar lista en septiembre de 2014, hoy la obra no se ha terminado.

El Alcalde le dijo a La Silla que cuando hizo el empalme se dio cuenta de que el contrato no se había liquidado y de que la obra estaba parada. Eso lo reportó a la Gobernación para que liquidara unilateralmente el contrato por incumplimiento y también dijo que actualmente la obra la estaba terminando la aseguradora.

No obstante, otra fue la respuesta del secretario de Infraestructura de la Gobernación, Mauricio Mejía. Dijo que no es la aseguradora sino el mismo contratista quien, después de dos años, está terminando la obra: “la orden era liquidarlo pero los contratistas alegaron que el municipio no les había cumplido con una servidumbre. Eso ya se solucionó y ahora ya la están terminando”.

Hoy el proyecto está, según Mejía, a 15 días de concluir.

Con el precedente de la primera fase, y cuando los estudios que fueron contratados con la Universidad Industrial de Santander, UIS, no estaban concluidos, en la Empresa de Servicios Públicos de Santander, Esant, decidieron adelantar una nueva licitación, esta vez sí, según los anuncios de la época, por todo el plan maestro de alcantarillado. 

La sentencia decía que cuanto antes debía dársele solución al tema

Edwing Ballesteros, exgerente Esant

Esa contratación arrancó en septiembre del año pasado, justo cuando el país estaba en plena efervescencia electoral, y ascendió a los $27 mil millones.

Sin embargo, y a pesar de la carrera de la Esant contra el tiempo, La Silla corroboró con el supervisor de la obra, Hermes Fuentes, que la puesta en marcha de las obras no se dio sino hasta finales de Enero de este año.

Una de las razones, según dijo Fuentes, fue porque decidieron reformular el proyecto, debido a que cuando se adjudicó (en noviembre) la UIS acababa de entregar los estudios detallados del plan maestro de acueducto y alcantarillado.

La Silla le preguntó al exgerente de la Esant Edwing Ballesteros, por qué no esperaron los estudios de la UIS para licitar el millonario contrato y aseguró: “Nosotros recibimos el concepto técnico favorable por parte del viceministerio porque ellos tienen la norma técnica y la sentencia (de la acción popular) decía que cuanto antes debía dársele solución al tema”.

Anaya y Cardozo: los megacontratistas

Así las cosas, la obra fue adjudicada a la Unión Temporal Plan Maestro 2015. Ese consorcio está integrado por cinco empresas: Ingecol S.A (uno por ciento de participación) Sayan S.A.S (12 por ciento), Polo Construcciones S.A.S (12 por ciento), Construcciones Oca S.A.S (54 por ciento) y Cahe ltda. (21 por ciento), viejas conocidas de la contratación de servicios públicos en Santander.

Por una parte, Sayan S.A.S y Polo construcciones S.A.S son dos empresas que como lo contó La Silla, son del hermano y el cuñado del representante a la Cámara de Opción Ciudadana, Fredy Anaya. Por otro, está Construcciones Oca S.A.S y Cahe Ltda., empresas relacionadas con el excandidato conservador al senado Raúl Cardozo Ordóñez.

Esta no es la primera vez que las fuerzas de esos dos políticos se encuentran concentradas en una contratación. Como lo contó La Silla, en la obra del acueducto del municipio de Los Santos que también contrató la Esant y que tiene un valor de $22 mil millones, los contratistas fueron Ingecol (también con uno por ciento de participación), López Morales y CIA, otra empresa de la familia de Fredy Anaya y Construcciones Oca, que a su vez subcontrató a Cahe ltda, propiedad de los hijos y la esposa de Cardozo Ordóñez.

Entre los veinte contratos que actualmente está ejecutando la Esant, esos dos son los únicos que superan una inversión de $10 mil millones. 

La gerente de la Esant Mónica Monsalve le dijo a La Silla que aunque inicialmente se pensaba que el contrato era para todas las redes de acueducto y alcantarillado del municipio, el alcance de esa licitación no cubría la totalidad de las obras y aseguró que esa puede ser considerada como la segunda fase del plan maestro. 

“Para que el alcance sea del 100 por ciento, se necesita hacer un tercer contrato. Eso aún no está formulado”, explicó.

Se suponía que el Plan Maestro era para todo el casco urbano pero ahora parece que no.

Veedor ciudadano

A pesar del afán de la licitación, y como los estudios de la UIS estuvieron listos en noviembre, la nueva administración decidió retrasar la ejecución de la obra y le pidió al contratista que los acogiera, por lo que finalmente el proyecto fue reformulado y solo quedó listo hasta finales de abril.

Esos cambios, según información de la Esant, se resumen en que la cantidad de reposición de tubería para el acueducto se mantiene, la de tubería para aguas lluvias aumentó en 3 mil metros pero la de aguas negras se redujo en 12 mil metros.

En ese sentido, sobre la obra, que hoy va en un 12 por ciento de ejecución, la veeduría Vélez 500 años, tiene sus reservas. Su coordinador Juan Carlos González, le dijo a La Silla que han solicitado insistentemente a los contratistas y a la Esant los diseños definitivos pero que no han obtenido respuesta. 

“Se suponía que el Plan Maestro era para todo el casco urbano pero ahora parece que no. Además tenemos observaciones por la calidad de los materiales que están usando y creemos que hay sobrecostos en el suministro de esos materiales. También sobre la manera en que se están haciendo los filtros porque no se están siguiendo los diseños suministrados por la UIS. Hemos enviado oficios pero no hemos sido tenidos en cuenta” dijo González. 

Además, ya hay versiones encontradas sobre la reformulación de la obra y mientras que en la Esant dicen que desde finales de abril tenían los diseños definitivos, en la Alcaldía aseguran que hasta la semana pasada se reunieron con la Esant para conocer los alcances reales del proyecto.

Pero el panorama para los veleños es aún más gris. El supervisor de la obra también le dijo a La Silla que como va la ejecución no la van a entregar en el plazo inicial, noviembre de 2016, y tampoco dio una fecha en la que las obras podrían estar listas. 

Eso, sumado a la desconfianza que tienen los veleños frente a la contratación estatal, tiene al municipio prevenido y andando a paso lento, tal y como le contó el Alcalde a La Silla: “Yo voy a cambiar un tubo de un alcantarilla en una vereda y me toca reunir a toda la vereda. Eso es útil para el proceso de gobierno porque la gente está atenta. Pero es complicado para la ejecución. Nuestro municipio esta ancalado. No hemos podido avanzar por la falencia de servicios públicos”.

Mientras tanto en Vélez hay agua, en el mejor de los casos, día de por medio. 
 

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