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Por Juanita León · 22 de Junio de 2012

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Con la 'objeción' a la Reforma a la Justicia, Santos se la jugó para mantener su popularidad. Pero la movida tiene muchos riesgos.

Foto: Andrés Piscov - SIGa

 

Ayer, al filo de la medianoche, Juan Manuel Santos interrumpió la programación de televisión para hacer una alocución y anunciar que iba a ‘devolver’ la Reforma a la Justicia por inconstitucional e inconveniente. Fue una medida desesperada para contener el palo que llevaba recibiendo todo el día el Gobierno por una reforma a la Constitución que en cambio de promover mayor justicia terminó garantizando mayor impunidad para los congresistas, nuevas gabelas para los magistrados y más poder para el Ejecutivo. Pero legalmente no es claro que el Presidente pueda hacer lo que dijo que haría. Y políticamente, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

La justificación del Presidente para ‘objetar’ la Reforma a la Justicia y ‘devolvérsela’ al Congreso es que durante la conciliación de los proyectos aprobados en la Cámara y el Senado, los congresistas a puerta cerrada metieron unos ‘micos’ que “en nada favorecen a la justicia y la transparencia”.

Los micos

Santos mencionó cuatro ‘micos’. La Silla Vacía revisó lo aprobado en los ocho debates, y de esos cuatro 'micos', tres ya habían sido aprobados en el Senado o en la Cámara antes de la conciliación. Es posible que Santos se hubiera defraudado al descubrir que los conciliadores optaron por el texto que al Gobierno menos le gustaba, pero esos temas ya habían quedado incorporados en debates anteriores y el ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, había decidido seguir impulsando la Reforma.

El 'mico' cierto es que la Comisión de Conciliación le quitó la competencia al Fiscal de investigar a algunos aforados como los ministros, un punto sobre el que no había desacuerdo entre la Cámara y el Senado.

Sin embargo, los otros tres ‘micos’ que Santos ofreció como justificación para objetar la reforma habían sido aprobados anteriormente en las plenarias de la Cámara o el Senado.

El parágrafo transitorio que extiende la doble instancia a todos los procesos contra congresistas en la jurisdicción contencioso-administrativa (y que por lo tanto haría más largos procesos como los electorales) había sido aprobada en octavo debate por la plenaria de la Cámara de Representantes.

Es cierto que respecto al régimen de pérdida de investidura de los congresistas, la Comisión de Conciliación mezcló decisiones que venían de la Cámara y el Senado.  Pero no incluyó nada nuevo: del texto aprobado por la plenaria del Senado, adoptó la posibilidad de suspender la investidura (y no sólo de perderla) y las necesidades de procesar a los congresistas teniendo en cuenta la proporcionalidad de la sanción y si actuaron con dolo o culpa. De lo aprobado en la Plenaria de la Cámara los conciliadores tomaron la supresión de la causal de violación del régimen de inhabilidades. 

Es decir, el Ministro de Justicia, hubiera podido prever que el texto conciliado incluiría lo decidido por el Senado, por la Cámara, o por qué no, una mezcla de los dos.

Por último, la cuarta razón que aduce el Presidente es que en conciliación se suprimió el régimen de transición de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, y que la Rama quedó transitoriamente en manos del actual Director Administrativo de la Rama Diógenes Villa. Esto puede ser muy inconveniente (ver artículo). Pero así venía el texto aprobado por el Senado en sexto debate, que no creaba una transición y establecía que “el actual director de la rama terminará su periodo.”

En todo caso, como lo explica Dejusticia en su blog de La Silla, así los congresistas hubieran metido estos micos en el último momento durante la conciliación hecha a puerta cerrada y sin permitir la presencia del Ministro de Justicia,  es difícil que Santos pueda objetar un acto legislativo.

Esta facultad de objetar normas se refiere exclusivamente a los proyectos de ley. Y la jurisprudencia de la Corte ha dicho explícitamente que no puede objetar actos legislativos como lo es el de la Reforma a la Justicia.

El Tiempo menciona unos ‘ases’ que tendría Santos, como por ejemplo, no publicar la ley en el diario oficial para que no entre a regir. Fuera de las razones que esgrime Dejusticia de por qué esto sería improcedente, tendría que convencer al presidente del Congreso Juan Manuel Corzo que tampoco la mande a publicar él. Y Corzo no solo fue uno de los conciliadores sino que le tocaría invalidar la decisión de sus colegas, lo cual sería políticamente muy costoso para él.

Lo político

Más allá de si jurídicamente Santos logra que le funcione esta movida, lo que es claro es que políticamente buscaba contener el impacto que esta reforma estaba teniendo en la imagen de su gobierno. Y aparecer ahora como el sepulturero de un cambio a la Constitución al que le insufló toda la vida.

Como lo contó La Silla, la reforma no había sido todavía aprobada cuando ya había arrancado un movimiento ciudadano para convocar un referendo para derogarla.

Aunque ese movimiento apenas estaba naciendo, Santos prefirió evitar que creciera y se convirtiera en un actor político como le pasó con los estudiantes universitarios que se organizaron y lograron bloquear la Reforma a la Educación el año pasado.

Además de ese precedente, ya existían rumores de que si se hacía un referendo este no solo sería contra la Reforma sino contra el Gobierno de Santos, e incluso algunas voces hablaban de aprovechar para cambiar la Constitución en otros puntos. Eso podría abrir otra caja de Pandora.

Aprovechando el descaro de los conciliadores y convirtiéndolos a ellos en el chivo expiatorio de esta reforma, Santos muestra, una vez más, que prefiere cambiar de opinión a enfrentarse a una oposición fuerte. Ya lo hizo en el pasado con el paro de camioneros, la reforma a la educación, la reforma arancelaria o la edad de jubilación, entre otros asuntos.

En cualquier circunstancia, uno de los grandes perdedores es el Ministro de Justicia. Esguerra termina perdiendo por todos los lados. La ley que pasó no le gustó a nadie, ni siquiera a los que obtuvieron grandes beneficios como los magistrados de las Altas Cortes. Y si su único logro hasta el momento era haber pasado una Reforma a la Justicia, está a punto de perderse si a Santos le prospera la idea de objetarla. Y, encima de todo, hoy Esguerra se empleó a fondo defendiendo la Reforma tal como había quedado conciliada. “Es una buena reforma aún cuando no sea la reforma ideal”, dijo Esguerra en la W como respuesta a las críticas de los periodistas. 

Ya sea porque sacar adelante la Reforma se le había convertido al Gobierno en un punto de honor después del fracaso de la reforma educativa o porque realmente estaba convencido de que los mecanismos de descongestión y la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura lo justificaba, durante el trámite de la reforma el Gobierno cedió en muchísimos aspectos para conseguir el aval de los congresistas y de las cortes.

Santos le dio su visto bueno a una verdadera contrarreforma política que debilitó varios de los controles a los congresistas que los ciudadanos habían ganado con el esfuerzo de muchos años y solo al final rechazó que los magistrados actuales se beneficiaran con la ampliación de su período. Cedió tanto que analistas como Claudia López dijeron que esa era la ¨primera cuota de la reelección” de Santos.

Quizás el Presidente no anticipó que el rechazó en la opinión pública iba a ser de esa magnitud y decidió desmontarse en el último minuto aprovechando lo de la conciliación. Así se vuelve a congraciar con los líderes de opinión.

Pero esto tendrá un costo en la Unidad Nacional. Para comenzar, se enemista con los 12 conciliadores que durante el día de ayer se conocieron en los medios y fueron objeto de muy fuertes críticas. También quedan mal Cambio Radical, el PIN y el Partido Conservador, que se movieron en bancada y votaron unidos la conciliación (de Cambio no votó Jesús Ignacio Mesa).

El Partido Verde y el Liberal fueron críticos a través de voces como las de Alfonso Prada, Angela María Robledo, Juan Manuel Galán o Guillermo Rivera, que rechazaron la conciliación (ver listado de opositores). E incluso, desde el mismo día de ayer comenzaron a explorar la posibilidad de presentar una contrarreforma a la Reforma en la próxima legislatura.

Pero desafiar de frente el poder del Congreso y poner en riesgo asuntos que habían ganado los congresistas y que llevaban buscando hace años como la doble instancia lo enfrenta con la mayoría de parlamentarios, que tendrán que decidir entre seguirle el juego a Santos o conservar sus nuevos privilegios. Y en ese pulso, el Presidente puede perder.

En todo caso, en este episodio, el Gobierno demuestra que a pesar de contar con una coalición de casi el 90 por ciento del Congreso es relativamente débil frente a los intereses de los congresistas y de cualquier grupo organizado. Y también, que frente a un revés, Santos está dispuesto a hacer malabares jurídicos. Incluso decir una frase que hace eco de la lógica del famoso Estado de Opinión de Uribe: “Pero la buena salud de la Justicia y nuestro compromiso con la transparencia y contra la corrupción ¡están por encima de todo!”. ¿De todo?

Comentarios (53)

luis46eme

26 de Junio

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Al contendor más fuerte, que usted menciona, también debemos sacarlo del lla...+ ver más

Al contendor más fuerte, que usted menciona, también debemos sacarlo del llavero de nuestras próximas decisiones electorales. No más repeticiones o re-elecciones. Busquemos caras nuevas y con méritos. Hojas de vida a la opinión pública y no a la decisión amiguera o devolutoria de favores. No es lo que esperamos de nuestros empleados. Los colombianos no debemos ser así.

Fernando Velásquez

04 de Julio

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A propósito de la frase del ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra: “Es ...+ ver más

A propósito de la frase del ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra: “Es una buena reforma aún cuando no sea la reforma ideal”, recomiendo visitar: http://frasesinmarcesiblesdecolombianos.blogspot.com/

nilson

06 de Julio

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Fue desesperada pero a la hora del te valiente, es mejor que se reconozca los ...+ ver más

Fue desesperada pero a la hora del te valiente, es mejor que se reconozca los errores y se pare su acción a dejar que lagartos sigan haciendo de este país una colcha de retazo del cual disponen cuando y como les de la gana. ahora nos toca a los colombianos avanzar con un referendo para sepultar cualquier forma de reforma constitucional.

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