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Por Juan Esteban Lewin · 20 de Mayo de 2014

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La ‘locomotora’ de la innovación empezó el gobierno con grandes cambios que aseguraban que por fin tendría plata. A pesar de eso, cuatro años después, la locomotora nada que arranca.

No va a cumplir ninguna de las dos metas que se propuso en el Plan de Desarrollo: ni va a aumentar la inversión en ciencia y tecnología, ni va a lograr la meta de aumento de las exportaciones de productos y servicios elaborados. Y el dinero de las regalías que iba a financiar este sector está tan enredado que los gobernadores ya anunciaron hace un mes que no volverían a la reunión en la que se define cómo se gasta esa plata. Incluso el presidente Santos dijo hace una semana que el sistema de asignación de recursos no está funcionando.

 

El gobierno Santos recibió a Colciencias, la entidad encargada del sector, en pleno cambio. La ley de ciencia y tecnología del 2009 había ordenado convertir este instituto adscrito al Ministerio de Educación en un Departamento Administrativo autónomo.

Santos nombró inicialmente como director a Jaime Restrepo Cuartas, un académico paisa que había entrado a la política en el uribismo.

Pero con el distanciamiento entre Uribe y Santos, Restrepo perdió importancia en el gobierno, y finalmente renunció a mediados de 2012.

Cuando Restrepo estaba en la dirección de Colciencias, el gobierno modificó el sistema de regalías y creó un fondo al cual va el 10 por ciento de toda la plata de regalías para proyectos de ciencia, tecnología e innovación.

Desde entonces y hasta ahora, el problema ha sido cómo gastar esa plata.

El esquema enredados

Recién arrancó el nuevo sistema, La Silla mostró que la lógica de la reforma a las regalías, que es que todos los departamentos recibieran recursos, chocaba con la de la investigación científica, que es que la plata vaya para los buenos proyectos, donde quiera que estén.

El Ocad de Ciencia y Tecnología, conformado por gobernadores, universidades y gobierno, define en qué proyectos invertir un presupuesto que ha sido de unos 800 mil millones en 2012 y alrededor de 1,6 billones entre 2013 y 2014.

Pero desde el principio hubo demoras para que despegara el Ocad.  La primera reunión para elegir los proyectos fue en noviembre de 2012, después de varias demoras y aplazamientos y cuando el gobierno ya llevaba dos años.

Un año más tarde, en agosto pasado, la plata seguía estancada por otro lío.

El gobierno acababa de cambiar por segunda vez de director de Colciencias (salió Carlos Fonseca, el reemplazo de Jaime Restrepo y ficha del Partido Verde, por Paula Marcela Arias, también en representación de los verdes) y ese cambio demoró la salida de un decreto que se necesitaba para que las gobernaciones supieran cómo contratar.

Aunque ese lío ya se superó porque el decreto salió en 2013, los problemas no paran.

La plata no sale

Hasta ahora el Ocad se ha reunido, en total, 13 veces en casi dos años y se han aprobado 204 proyectos  por casi 1,6 billones de pesos. De éstos, hasta fines de febrero (fecha hasta la que se encuentra consolidada la información) se habían girado poco más de 900 mil millones.

Algunos departamentos, como Cundinamarca o Casanare, habían recibido menos del 10 por ciento del presupuesto que les habían aprobado, mientras que Bolívar, Norte de Santander y Risaralda ya habían recibido toda la plata.

A esa fecha quedaban unos 650 mil millones ya aprobados pero en los bancos, y había 1,1 billones sin definir a qué proyectos irían. De la plata para los años 2012, 2013 y 2014 solo se ha desembolsado un tercio y dos de cada cinco pesos ni siquiera se sabe a dónde van.

Con las regalías trancadas, la inversión en ciencia y tecnología avanza muy lentamente: ha pasado de 0,21 a 0,224 por ciento, mientras que las de actividades de ciencia, tecnología e innovación (que es un poco más amplia) era de 0,501 por ciento en 2010 y es de 0,5 por ciento en 2013, según el Observatorio de Ciencia y Tecnología.

La meta del plan de desarrollo era llegar al 0,7 por ciento.

La otra meta es aumentar las exportaciones no primarias de 14.318 a 21 mil millones de dólares Ese indicador, que depende menos directamente del Estado porque implica una renovación del sector exportador de manufacturas y servicios, casi se logra en 2012, después de varios años de crecimiento: según el Dane fueron 20.754 millones de dólares.

Pero esa tendencia se quebró en 2013, cuando sumaron 19.111. Mejor dicho, por ese lado tampoco.

Con los resultados negativos en los dos indicadores que eligió el mismo gobierno para medirse, la inyección del dinero de regalías se vuelve aún más crítica.

El frenazo

En la reunión más reciente del Ocad de Ciencia y Tecnología, el 18 de marzo, estalló  el problema de fondo del esquema de distribución de regalías.

Un proyecto que presentó el Departamento de Amazonas con la Universidad de Antioquia para crear un sistema de alertas tempranas para las enfermedades transmitidas por vectores (como la leishmaniasis, el dengue y la malaria) y que vale más de dos mil millones de pesos fue el florero de Llorente.

Primero las universidades dijeron que no debía ser aprobado porque no incluía que la Universidad de Antioquia transmitiera conocimiento a los funcionarios departamentales y por eso, al terminar el proyecto, no había garantía de continuidad.

Aunque el Ministerio de Educación respaldó esa crítica, quedó en minoría entre las entidades estatales y por eso el proyecto fue “viabilizado” por dos votos a favor (el de los gobernadores y el del gobierno nacional) y uno en contra (el de las universidades).

A pesar de tener esa luz verde, el proyecto se estancó por una puja alrededor de quien administra la plata: si los gobernadores (con los réditos políticos que eso implica) o las universidades (con los réditos políticos que eso implica).

Resulta que cuando presentó el proyecto, la gobernación de Amazonas pidió ser ella misma el ejecutor (es decir, quien recibe la plata y hace los contratos), pero la directora de Colciencias propuso que lo ejecutara la Universidad de Antioquia, y ahí fue Troya.

El representante de la Universidad del Cauca la apoyó, señalando que en su departamento ha habido retrasos y sobrecostos por nombrar ejecutor a la Gobernación y no a la Universidad a pesar de que ésta es quien en la práctica lleva a cabo los proyectos; el secretario de Planeación de Nariño y el Gobernador del Caquetá se opusieron y pidieron que se dejara al Amazonas como ejecutor.

A la hora de votar, el gobierno nacional y las universidades señalaron que debía ser la Universidad de Antioquia y los gobernadores que debía ser el Amazonas, lo que llevó a que los gobernadores de Caquetá y Vichada se fueran de la reunión. Finalmente se suspendió el Ocad, que desde entonces no se ha vuelto a reunir.

Esa pelea es la que tiene a los gobernadores en rebelión, porque dicen que el gobierno nacional les pone muchas trabas a los proyectos. El gobierno, por su parte, ha dicho que tiene que velar por la fortaleza técnica de los proyectos y asegurarse de que realmente le van a aportar a la ciencia, la tecnología o la innovación.

Mejor dicho, cuando finalmente esta locomotora tiene plata, sus maquinistas no logran ponerse de acuerdo en cómo gastarla.

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