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Por Santiago Mesa Rico | Natalia Arenas · 20 de Enero de 2017

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Desde que se acordó el cese al fuego bilateral en agosto del año pasado, y sobre todo, desde que la guerrilla se empezó a pre-concentrar cerca a las zonas donde dejarán definitivamente las armas, las Farc se llenaron de familias.

No sólo porque ahora los familiares pueden ir a buscar a sus hijos, hermanos y primos, que se fueron a la guerrilla hace años. También porque dentro de las mismas filas, las parejas que antes eran ‘camaradas’ hoy están esperando bebés juntos.

En el Bloque Occidental Alfonso Cano, en el Cauca, por ejemplo, ya llegaron dos. Y según las cuentas de un alto funcionario del gobierno, en más de cinco mil guerrilleros que el gobierno ya ha entrevistado, el 20 por ciento de las mujeres están embarazadas.

 

“Quedamos aterrados”, dice Victoria Sandino, la guerrillera que lideró la subcomisión de género en la mesa de conversaciones de La Habana.

“Vemos que hay compañeros muy emocionados pero yo también les preguntaba a ellos ¿cómo lo van a mantener, cómo se van a vincular a los proyectos productivos ahora? En las Farc era más fácil, porque se les daba todo”.  

Además de hacer las cuentas de lo que les costarán los pañales y la leche para los teteros, y de hablar de la posibilidad de que en las zonas veredales de concentración se construyan jardines infantiles donde las madres puedan dejar a sus hijos al cuidado de otros, la guerrilla se está adelantando a lo que se viene para las nuevas familias guerrilleras, ahora en la vida civil.

Por eso, en los campamentos, Sandino está liderando una serie de talleres sobre el enfoque de género, que busca que no se pierda en los próximos desmovilizados la costumbre que adquirieron en la guerrilla de compartir tareas por igual entre hombres y mujeres, sobre todo las que tienen que ver con las labores de la casa.

“Esperemos que así no se amañen cuando salgan, porque claro que el machismo es más cómodo, sobre todo para los hombres. Estamos creando normas de convivencia para lo que hemos llamado ‘ciudadelas de paz’ pero sabemos que las normas pueden existir pero si no hay cultura no va a funcionar”, dice.

Sandino dice que hoy las guerrilleras tienen muchas expectativas de poder estudiar y tener una profesión y están empoderadas para que una vez salgan, el hecho de tener una pareja no las detenga en cumplir esos sueños. Ellas saben que tener un bebé con su pareja no es garantía de que los padres se van a quedar juntos y algunas reconocen que se aceleraron, cuenta Sandino.

“Dicen, ‘si mi pareja me aguanta vamos a estar juntos, si no, de malas, no me voy a someter’. Ellas no están dispuestas a quedarse en la casa, a cumplir el papel de esposas que no ha cambiado afuera”, dice.

Mientras tanto los hombres, que también toman los talleres, aseguran que en la vida civil su rol no va a cambiar, que cumplirán las labores dentro de la casa, porque “ya lo han hecho en los campamentos y no se les ha quitado nada”.

Aunque por ahora, los guerrilleros asisten a los talleres como parte de la rutina, la expectativa más grande entre ellos, sobre todo desde la comandancia, es qué va a pasar después, cuando ya no estén vinculados directamente a la organización.

 

Fotografías por: Santiago Mesa Rico Instagram:@smesari

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