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Por Laura Ardila Arrieta · 02 de Agosto de 2015

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Lo evidencia bien lo sucedido el año pasado, cuando el presidente Juan Manuel Santos llegó a Montería para entregar la Policía Metropolitana con la que la ciudad pasó de 363 a 970 policías. “No se le olvide que cuando yo llegué al Gobierno, usted tenía más hombres cuidándolo a usted solo que toda la Policía cuidando a Montería. No se le olvide”, le dijo en micrófonos el mandatario a su antecesor Álvaro Uribe, uno de los presidentes que más ha consentido a los cordobeses y que ahí tiene fincas y a varios de sus mejores amigos.

Uribe, que antes de eso había acusado a Santos de aprovechar ese evento con la Policía para su campaña reeleccionista, le contestó vía twitter al Presidente que más bien le dijera a los cordobeses que “para tapar el fracaso de sus anunciadas autopistas comprometió créditos del Banco Agrario”.

 

Un año más atrás, en 2013, Santos había llegado al vecino pueblo de Lorica en un recorrido nacional por vías rurales, lanzando puyas a la inversión uribista en el departamento: “Yo soy un Presidente cordobés… el amor y la política se expresan con presupuesto… ni Córdoba ni Lorica habían recibido tanta inversión del Gobierno Nacional”.

El asunto es así: Córdoba y su capital han estado en el centro de la pelea Uribe-Santos. Se trata del fortín del Caribe que más votos le puso al primero para reelegirse en 2006, de entre los ocho departamentos de la región, y que el segundo se ha empeñado en ganarse a punta de ‘cariñitos’ en la inversión nacional.

Así quedó claro con la cantidad de mermelada (cupos indicativos) que recibieron los senadores cordobeses Bernardo ‘Ñoño’ Elías y Musa Besaile, quienes a la postre se convirtieron en los más votados del país después del polista Jorge Enrique Robledo.

Santos quiso ser la cara visible de toda esa inversión de la Nación en Córdoba, como lo evidenciaron varios recorridos que hizo para reiterar que se trataba de un presupuesto “sin precedentes en nuestra historia”.

“Santos se obsesionó con quitarle Córdoba a Uribe”, le contó a La Silla una alta fuente del Gobierno. Y, a juzgar por los resultados en las pasadas presidenciales, lo consiguió.

Una de las grandes beneficiadas de este pulso es la perla del río Sinú: Montería, que gracias a esa atención nacional, y a la inédita gestión de dos alcaldes gerentes, en ocho años pasó de ser un pueblo inmóvil y polvoriento a transformarse en una prometedora ciudad con planeación urbana y ambiciones turísticas.

La perla que renació

Un vendedor informal de 34 años que lleva la mitad de su vida comerciando en la calle, me dice que lo único que le faltaba a Montería hace una década era que la gente se transportara en burro por sus calientes calles destapadas, en medio de construcciones levantadas sin ninguna planeación, como quien deja caer granos de maíz sobre una mesa.

Están los datos del atraso y estos señalan que, entonces, apenas el 28 por ciento de esa capital contaba con el servicio de alcantarillado y el 60 por ciento de las vías no conocían la palabra pavimento.

La gente de los barrios pobres (pobres eran en 2008 el 40 por ciento de los 500 mil habitantes) le pedía a los políticos letrinas, como si fuera la gran cosa, y en la margen izquierda del río Sinú que atraviesa la ciudad sentían que eran parte de otra Montería muchísimo más abandonada que sus vecinos de enfrente.

Los reyes del gobierno local habían sido hasta entonces los López, que llevaban dos administraciones seguidas en Montería y 20 años con poder en la Gobernación y presencia en el Congreso. Liderado por el exsenador y cacique liberal Juan Manuel López Cabrales (quien en 2008 fue condenado por nexos con paramilitares y luego reemplazado en el Senado por su esposa Arleth Casado), este clan controlaba todos los temas de educación en la ciudad.

Sin mayor expectativa de que liderara una Alcaldía disruptiva, en 2007 fue elegido mandatario el conservador Marcos Daniel Pineda, quien le ganó la carrera a Juan Carlos Lengua, la carta de los López.

Nacido en el seno de la misma familia del excongresista y exministro de Estado Amaury García Burgos y de la hoy senadora Nora García Burgos (quien tiene una investigación abierta por parapolítica), Pineda venía de ser asesor en Bogotá del concejal David Luna y luego director de asuntos políticos y electorales del MinInterior, en donde tuvo como jefes a Fernando Londoño, Sabas Pretelt y Carlos Holguín.

Su amigo David Barguil, hoy representante y director nacional del Partido Conservador, lo acompañó en su campaña, primero, y le ayudó a armar el gabinete después.

Uribe estuvo en su posesión. Dicen que lo consideraba en ese momento como un hijo. Ese día, Pineda aprovechó para pedirle públicamente para Montería la sede de los juegos nacionales de 2012, que efectivamente se hicieron en Córdoba, Cauca y Norte de Santander, y que significaron para la ciudad la construcción de impensables escenarios deportivos con plata y gestión de la Alcaldía, el Departamento y la Nación.

La Avenida primera de Montería, en la parte en donde ya se construyó la ronda del río, se ha convertido en el epicentro en el que convergen todas las ciudadanías.

El mandatario empezó a sumar puntos en su popularidad, además, porque en un año logró tumbar concesiones onerosas o innecesarias como lo eran la del recaudo de impuestos, la administración de los parques y la de parqueaderos. Y se ganó la simpatía de los dolientes del sector educativo cuando trasladó a todos los rectores de los colegios públicos, muchos de los cuales venían fungiendo como líderes políticos de los López, que habían controlado hasta ese momento la Secretaría de Educación.

Con ese escenario, y de la mano de Uribe, le llegó a Montería el que fue considerado entonces el proyecto de inversión nacional más grande de los últimos años en la capital cordobesa: Ciudades Amables, una iniciativa de la Nación que consistió en obras para implementar sistemas estratégicos de transporte público en 12 ciudades intermedias, y que en Montería significó 222 mil millones de pesos de los recursos nacionales para vías, andenes, puentes vehiculares y peatonales, paraderos.

La cofinanciación del 40 por ciento que tenía que asumir la ciudad corrió por cuenta del cobro de la valorización por beneficio general, que por primera vez se aprobó en Montería después de una dura pelea de Marcos Daniel Pineda con el Concejo.

Todo eso, sumado a la ampliación de la ronda del Sinú, que comenzaron los dos alcaldes anteriores (Luis Jiménez Espitia y León Fidel Ojeda) y que devolvió el río a los ciudadanos, evidenció lo tanto tiempo atrás impensable en Montería: que comenzaban a pasar cosas en la ciudad. Cosas que no eran la desidia, la corrupción o los grupos armados ilegales.

El último año de su gestión, Pineda logró otro asunto inimaginable al inicio de la misma: superó al alcalde barranquillero Álex Char en las encuestas de favorabilidad de los mandatarios del país.

Entre ellos, el esperado puente de la calle 41, embolatado desde hacía 10 años, que costó 22 mil millones de pesos.A sus metas cumplidas en los temas de obras y calidad educativa (cuando llegó el 70 por ciento de los colegios públicos estaban en nivel bajo, según el MinEducación, y en 2011 apenas seis seguían así), hay que añadir otros logros que el Gobierno Uribe dejó para detallar la buena suerte de Montería.

Faltaba. Con la entrada de Carlos Eduardo Correa -también por el conservatismo, del mismo grupo de Pineda y Barguil- al Palacio de la Torre y Miranda en 2012, le llegó a Montería la noticia de su soñado alcantarillado, pavimento y la bonita concepción del río Sinú como eje de su desarrollo.

Pasaje del Sol. Otra postal de la "nueva" Montería.

Sin trayectoria en lo público, pero con amplia experiencia en el sector privado, el actual alcalde monteriano recibió a la mitad de la ciudad sin alcantarillado y hoy, según le aseguró a La Silla, ya tiene diseñado y contratado el 100 por ciento (los trabajos en ejecución hoy amplían la cobertura al 86 por ciento).

Lo hizo con la cofinanciación del Gobierno Santos, que asumió buena parte de los 90 mil millones de pesos que cuesta el megaproyecto.

Con el saneamiento ha llegado, es obvio, el cemento a las calles. Las cifras oficiales señalan que de 7 kilómetros de vías pavimentadas en promedio cada cuatro años, de 2008 a la fecha en Montería se han pavimentado 80 kilómetros de caminos.

La Silla recorrió algunos barrios populares como Pastrana Borrero, La Coquera, Cantaclaro y La Granja y vio el pavimento, aunque hay obras que fueron inauguradas y carecen de complementos como canales (barrio La Granja, diagonal 12 con transversal 6) y andenes (barrio San Martín, carrera 15 con calle 2).

También llegó el cemento en forma de centros comerciales, como el Buenavista y el que construyen los hijos de Uribe por más de 100 mil millones de pesos.

Aunque a partir de la Administración de Marcos Daniel Pineda se creó la oficina de Control Urbano, la construcción no es fácilmente medible más allá de los ojos aún, porque apenas este año llegó a la ciudad Camacol.

El Alcalde Correa, al que sin duda tratan con cariño en el periódico El Meridiano (el más importante del departamento) que dirige su suegro William Salleg, lo cual ha contribuido con su buena imagen, ganó el año pasado el título del “mejor alcalde del mundo” de la City Mayors Foundation. Un think tank que nació en 2003, tiene sede en Londres y promueve ciudades prósperas.Pero acaso la mejor estadística sea la de la pobreza, que entre 2008 y 2014 bajó del 40 al 20 por ciento, según el DANE. Mientras, en el caso de los pobres extremos, el dato pasó en el mismo periodo del 6,6 por ciento al 1,4 por ciento. “Unas reducciones extraordinarias de pobreza”, como le dijo a La Silla el investigador monteriano Aarón Eduardo Espinosa, aunque la distribución del ingreso es bastante concentrada y la informalidad alta.

Él, como su antecesor y la ciudad misma, ha corrido con la suerte de un Presidente que, a diferencia de lo que pasa en La Guajira, invierte aquí. Así, además del alcantarillado, están por ejemplo el segundo anillo vial que costó 66 mil millones de pesos y sirve para descongestionar el tráfico y las cerca de cinco mil casas gratis que le aprobaron a Montería y que hoy se levantan en las urbanizaciones El Recuerdo, La Gloria y Finzenú.

El año pasado, cuando era presidente-candidato, Santos visitó Montería y dijo sobre la ciudad: “Yo reconozco que el pasado Gobierno fortaleció Familias en Acción, pero nosotros lo pasamos de 2 millones a 2 millones 900 mil familias beneficiadas y vamos a seguir creciendo”. Por sólo dar otro detalle.

El exconcejal Juan José González es la carta de los López que promete un "nuevo corazón" para la ciudad.

La perla que se recupera con ambición turística (entre 2005 y el año pasado, los viajeros que llegaron al aeropuerto Los Garzones pasaron de 325 mil a 800 mil, según nos contó el Alcalde), y espera que su próximo mandatario complete los 9 kilómetros de la ronda del río que la atraviesa, y una solución a su lunar más grande: las 15 mil mototaxis ilegales que la invaden, seguirá definiendo su rumbo en las regionales de este octubre.

Vuelven a enfrentarse por su timón la casa López (en cabeza del candidato liberal Juan José González) y los Burgos, de nuevo, con Marcos Daniel Pineda. Con un elemento adicional: también va jugando el uribismo, que puso de aspirante a Carlos Ordosgoitia con el padrinazgo de Uribe que lo promueve localmente. Habrá que ver a quién prefieren abrazar los sinuanos.

Comentarios (2)

Henry Castro Gerardino

04 de Agosto

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Cuando llegué a Montería en 1992 era una ciudad pobre, abandonada, con servi...+ ver más

Cuando llegué a Montería en 1992 era una ciudad pobre, abandonada, con servicios de muy mala calidad y sin futuro. Hoy es una ciudad pujante y ojalá siga así, pues la verdad es que allí hay dinero, inversionistas, buenas tierras y se cría ganado de excelente calidad para exportar. Muy buen artículo.

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