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Por Juanita León · 03 de Abril de 2016

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A Frank Pearl le tocó bailar con la más fea. Y quizás solo alguien con tanta confianza en que todo sale bien en la vida como la que tiene el jefe negociador del gobierno con esa guerrilla, podía haber persistido hasta sentar al ELN en la mesa de negociación con una agenda difusa pero con la decisión explícita de que debe conducir a la dejación de las armas.

Pearl, de 54 años, es un yupi bogotano con el cargo de conciencia que tienen muchos de su clase social por haber crecido en medio de privilegios en un país con tanta carencia.

Pero a diferencia de otros, él un día tomó la decisión de trabajar activamente por construir un país para los otros más parecido a aquel en el que estaba criando a sus hijas. Y así, en la última década, pasó de ser uno de los hombres claves del Grupo Santodomingo a sentarse a la mesa a negociar con las Farc y el Eln.

Un viraje en el camino

A Pearl le gusta decir que nació en “una casa chiquita con una ventana grande”.

Esa casa quedaba en Santa Ana en el norte de Bogotá, un barrio tradicional bogotano de clase alta. Tradicional como el colegio – el Gimnasio Campestre- en el que estudió desde kínder. Tradicional como la infancia que tuvo de niño ‘bien’ bogotano, en una familia de cinco hermanos, conectada socialmente, pero no adinerada. Su única particularidad era su apellido extranjero.

 

Su abuela había viajado a Estados Unidos muy joven, se había casado con un canadiense y regresado años después sola con su hijo, que se crió como colombiano pero con algo de otro lado que quizás imprimió en su nieto la intuición de que no todo estaba ya escrito para él.

La austeridad anglosajona de su papá con el catolicismo de la familia de su mamá, donde hay varios tíos provinciales jesuitas, contribuyeron a darle una especial sensibilidad social. Pero ésta solo se manifestó décadas después cuando ya llevaba suficientes años garantizándose la estabilidad económica de la que no gozó cuando niño.

Comenzó a trabajar a los 18 años, cuando estaba en primer semestre de economía de la Universidad de los Andes, y se encargó de la distribución de periódicos y revistas extranjeras que llegaban a Colombia. Era un negocio que había rechazado su papá, en ese entonces representante de Gallup en Colombia, pero que Frank pensó que le podía generar  unos ingresos.

Así, recogiendo periódicos y revistas temprano en el aeropuerto y repartiéndolos por la tarde, Pearl incursionó en el mundo de los negocios. Cuando terminó, se especializó en Finanzas  y luego hizo una maestría en Administración de Negocios del Richard Ivey School of Business, una de las mejores escuelas de Canadá.

Con esa preparación, su pista de aterrizaje de vuelta a Colombia también era obvia: la consultora McKinsey, en esa época una cofradía importante de formación de talento empresarial cuya oficina en Colombia fue abierta por el ahora director de la Agencia Nacional de Infraestructura Luis Fernando Andrade. Pearl fue un producto de esa empresa.

“Frank es muy McKinsey: le entregas un desafío y él entrega resultados”, dice una persona que trabajó con él.

El primer gran desafío lo tuvo a finales de los noventa, cuando el grupo Santodomingo entró en crisis y estuvo a punto de quebrarse por el pasivo de Avianca y Comcel. En la transición entre Augusto López y Andrés Obregón, la banquera Violi McCausland entró a evaluar las empresas y tras decidir que había que salir a vender la mayoría de ellas decidieron montar Valorem para reestructurar las empresas del grupo. Frank Pearl fue el escogido para dirigir esa nueva empresa.

El reto era grande pero para Pearl el único indicador que le interesaba para su vida no era el económico y logró negociar con Valorem que le permitieran dedicar un tiempo a trabajar en proyectos sociales.

En 1998, cuando trabajaba para Dow Química, el vicepresidente de esa empresa era Mauricio Rodríguez, el ahora Primer Cuñado de la Nación, y a través de él conoció a Pacho Santos y a su esposa.

Era la época de las marchas del No Más! organizadas por Santos contra el secuestro, y Frank entró a formar parte de la junta y a trabajar en ese movimiento ciudadano. Cuando las negociaciones en el Caguán se dañaron, y al suegro de Frank lo secuestraron, Pearl sintió que marchar no hacía gran diferencia y que tenía que haber otro camino.

“Sentí que ese movimiento se había agotado”, dice Pearl. “Le dije a Pacho si quiere hacer algo métase a la política y me llama”.

Pacho hizo eso. En 2002, cuando ganó como vicepresidente de Álvaro Uribe, lo llamó para que le ayudara a formular el plan para su entidad. Lo mismo le pidió la primera dama Lina Moreno para sus programas sociales. Eso hizo a través de un consejo consultivo con McKinsey una vez al mes.

Cuatro años después, y con los mismos amigos de McKinsey con los que había montado el Consejo Privado de Competitividad, decidieron que el siguiente reto era cómo podía contribuir el sector privado a la reinserción de guerrilleros, una política que ya en ese momento era bandera del gobierno de Uribe.

Estaba en ese tema cuando en un consejo consultivo con Lina Moreno, la Primera Dama le preguntó qué haría frente a la reinserción. Como llevaba meses trabajando en ese tema, tenía un plan muy concreto. Y a los pocos días, lo llamó Uribe y le ofreció montar el programa de Reintegración como su Alto Consejero.

Pearl dice que tuvo dudas. Tenía una hija de cinco meses y sentía que le faltaba trabajar unos cinco años más para garantizar la seguridad económica de su familia. Pero dijo que sí.  Una imagen de uno de sus viajes con la esposa de Uribe inclinó la balanza: era una escena que había visto en el Putumayo de una familia que vivía al lado de un cultivo de coca, en un rancho miserable, lejos de todo salvo de un río sucio. Una niña con un vestido azul, raído, sin agua y sin comida. Es la persona en la que piensa cuando siente que quiere tirar la toalla. En ella y en sus tres hijas y en el país en el que le gustaría que vivieran las cuatro.

Fue una decisión que lo cambió de carril pero que lo puso en la dirección a la que quería ir y de la que considera que no tiene ya vuelta atrás.

Su carrera política

Como Consejero de Reintegración, logró definir una política pública para la reintegración que quedó consignada en un Conpes 3554, crear centros de servicio que permitieron atender de manera descentralizada más de 700 municipios y vincular cientos de empresas privadas al programa. Metió el tema en los planes de desarrollo de muchas gobernaciones y más de 100 municipios. Y logró condicionar el subsidio mensual a los desmovilizados a compromisos concretos.

Sin embargo, como lo destacó en su momento un informe de Verdad Abierta, Pearl (aunque no solo él) “no logró resolver el problema de fondo: que los desmovilizados realmente se reinserten en la sociedad como ciudadanos de bien.”

De los un poco más de 50 mil desmovilizados durante el gobierno de Uribe, la Consejería de Pearl estimó que un 7,4 por ciento habían vuelto a delinquir (una cifra que otras fuentes consideran que era más alta en la realidad y que se habría visto reflejado en que las bandas criminales comenzaron a retoñar en donde se habían desmovilizado los paras) y la OEA calculaba que se desconocía el paradero de unos 7 mil. A pesar de las empresas privadas que vinculó, siete de cada 10 desmovilizados terminaron en empleos informales.

Era, en todo caso, una tarea que desbordaba a cualquiera, y Pearl pasó de allí a convertirse en el Alto Comisionado de Paz de Uribe cuando Luis Carlos Restrepo renunció.

En ese cargo fue que comenzó a buscar contactos secretos con miras a abrir una negociación tanto con el ELN como con las Farc. En 2010, después de un año de visitas al eleno preso Juan Carlos Cuéllar firmaron un documento que establecía los lineamientos de un eventual proceso con esa guerrilla, que nunca floreció.

Con las Farc también logró el contacto a través del empresario Henry Acosta, amigo de Pablo Catatumbo. Como contó Semana, meses antes de que Santos se posesionara, la agencia de noticias Anncol publicó un comunicado dirigido a Pearl en el que mostraban su interés por conversar “de cara al país”.

Al día siguiente de ser elegido presidente, Santos lo llamó para que le contara todo sobre esos contactos secretos. Y ya posesionado, le envió a las Farc con Acosta una carta diciendo que Pearl sería uno de sus delegados.

Dado su papel protagónico en la fase exploratoria junto con Sergio Jaramillo, la gente cercana a él, y quizás él mismo, asumieron que Santos lo nombraría Alto Comisionado de Paz.  Pero Santos nombró a Jaramillo, que venía de ser su viceministro de Defensa y era el entonces Consejero de Seguridad.

“Fue un golpe por el voto de confianza porque el Presidente oye mucho a Jaramillo. Pero Frank se recuperó rápido de eso”, contó a La Silla una persona que lo conoce.

Gente cercana a él cree que también pagó un precio porque al principio del gobierno se filtró un chat de él con Uribe hablando sobre León Valencia, que Frank dice que fue editado y sacado de contexto, pero que al Presidente le molestó mucho.

Pearl tenía, además, la limitación de que era ministro de Medio Ambiente y no tenía tanto tiempo disponible para la negociación de la agenda secreta como Jaramillo.

En efecto, en ese momento, Pearl era ministro de Medio Ambiente y uno muy criticado porque aparecía episódicamente en el ministerio, y como la negociación era secreta, nadie sabía dónde estaba el resto del tiempo.

La gente que lo conoce dice que Pearl tiene problemas para concentrarse en un tema durante mucho tiempo y quizás eso explique que una constante en su vida profesional haya sido que está en un sitio pero a la vez en otro. Lo hizo en McKinsey, lo hizo en el Ministerio y también en la mesa de negociación con las Farc.

Su rol en La Habana

Ya en la fase pública de la negociación en la Habana, Pearl ha jugado un papel menor aunque importante de representar de alguna forma al sector empresarial y ser un vaso comunicante con la élite bogotana.

También, dado que “es una persona muy cálida y cercana al jefe negociador Humberto de la Calle, logra tener comunicación más fluida con el general Mora en los momentos álgidos de las discusiones y eso no es fácil”, según le dijo a La Silla una persona que conoce la mesa de la Habana por dentro.  “Producto de su trabajo con el ELN, que se intensificó mucho en la recta final, sus idas a la Habana han sido más espaciadas aunque ha tratado de estar en los momentos más estratégicos”.

Aunque las2orillas publicó recientemente una nota en la que hablaban de la “soledad de Frank Pearl” y su mala relación con Jaramillo, Pearl la desmintió a La Silla.

“Mi tema con Sergio es más inventado por la gente”, dijo. “Para nada tenemos una enemistad. En La Habana hay un juego de roles y yo tengo el mío”.

Uno de sus roles principales a medida que se fueron consolidando las negociaciones con el ELN es que las dos agendas tuvieran relación y pudieran converger conceptualmente.

Porque una de las cosas difíciles que le ha tocado a Pearl y al equipo negociador con el ELN es lograr un acuerdo para arrancar que no vaya a descarrilar la negociación principal con las Farc –que es la que más le interesa a Santos- y que opere bajo los mismos principios y que al mismo tiempo sea aceptable para una guerrilla que se resiste a recibir un tratamiento de segunda.

¿Jefe negociador?

El día que se anunció la agenda de negociación con el ELN la semana pasada hubo dos omisiones que no pasaron desapercibidas para los observadores informados.

La primera fue la ausencia del Alto Comisionado de Paz, quien ya se sabe que no estará presente en las negociaciones con el ELN. Y la segunda, fue que el Presidente Santos no anunció –como sí lo hizo cuando sucedió lo mismo con las Farc- quiénes serían los negociadores en esta nueva mesa.

Pearl sería uno de los candidatos obvios pues tiene varias ventajas a su favor: lleva negociando con ellos desde el 2010; conoce las entrañas del proceso con las Farc; tiene unas relaciones personales excelentes; es ecuánime y persistente; pertenece al Establecimiento; tiene carácter; y logró que firmaran un papel que dice que el objetivo de la negociación es el fin del conflicto armado.

Pero también tiene cosas que juegan en contra: no tiene el peso de estadista de un Humberto de la Calle; su plena confianza en el lado luminoso de la vida y de los seres humanos puede limitar su capacidad de anticipar las malas jugadas de una guerrilla que no se ha caracterizado por su buena fe. “Le falta un poco de maldad”, dijo una fuente; su falta de atención a los detalles y sus ambiciones políticas.

La agenda de negociación anunciada esta semana es un poco el reflejo de esas virtudes y esas debilidades: logró sentar a una guerrilla que no tiene un mando único y claro después de una negociación extenuante de más de tres años y remando en contra de medio mundo.

Pero, al mismo tiempo, la agenda pactada ha suscitado mil dudas entre expertos en el tema porque no es claro sobre qué es que van a negociar y el énfasis en la participación de “la sociedad civil” parece una concesión y una apuesta demasiado arriesgada que podría poner en riesgo los avances con las Farc. Quizás porque da la impresión de que el gobierno se dejó meter un golazo, el anuncio de que finalmente arrancarían las negociaciones con esta guerrilla pequeña pero con una capacidad de daño enorme generó poco entusiasmo en los medios.

Pearl está tranquilo. Sabe que lo que viene será complicado pero cree que la participación de la sociedad civil lejos de entorpecer el proceso lo enriquecerá. “Tengo muy pocas dudas de que las cosas van a salir bien”, dice.

Si las tuviera no sería él. “Frank nunca tiene plan B”, dice una amiga.

Comentarios (3)

Jose Mario Aristizabal

03 de Abril

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Lo peor que se puede decir de alguien es que no tiene un plan B, eso implica e...+ ver más

Lo peor que se puede decir de alguien es que no tiene un plan B, eso implica en español que es un imbécil, también que puede ser un fanático o un sectario, es mas creo que habla pésimo de los amigos que tienen que crean que eso es un halago, posiblemente la amiga tampoco tiene mucho criterio.

Hace unos años vi en Discovery o Nat Geo un análisis sobre el comportamiento de los hominidos y mostraban como un orangután definía las rutas alternativas en la cúspide del bosque para poder seleccionar dentro de un numero de alternativas cual era la mejor ruta en la espesura y a partir de ahí actuaba. Los algoritmos para tratar de desarrollar inteligencia artificial implican que un robot pueda ir a otro planeta y enfrentar en la medida de lo posible el medio ambiente hace que estemos abocados ante una persona con enormes limitaciones.

Si cada vez que a Juanita le robaran el portatil LSV se acabara la información que transmite el sitio estaría en riesgo y posiblemente no hubiera sobrevivido la comunidad, Chamberlain que quería la paz, aun así tenia un plan B, que fue renunciar para que Churchil pudiera defender al imperio, supongo que 50 millones de vidas entre las cuales se cuentan 3 millones de gitanos y 6 de Judios, podrían pensar que lo mas bondadoso no era la paz, sino la vida.

En cierta forma ese es el mayor problema del mediocre circulo de santos y sus aúlicos, que como no conocen de historia, biología o cibernetica asumen como cualquier fanático que existe la predeterminación de los hechos.

Juanita León

03 de Abril

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Hola Lechatnoir. El sentido de que no tiene un plan B, es que no contempla el ...+ ver más

Hola Lechatnoir. El sentido de que no tiene un plan B, es que no contempla el fracaso sino que se entrega convencido de que saldrán bien las cosas. No tanto en el sentido de que no tenga la flexibilidad de buscar alternativas para llegar al punto final.

Jose Mario Aristizabal

03 de Abril

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Un problema de nuestro medio es que creemos que tener segundas intenciones es ...+ ver más

Un problema de nuestro medio es que creemos que tener segundas intenciones es malo, pero en el fondo si la intención es perversa da lo mismo el orden. Una critica que se le ha hecho al segundo gobierno de Santos es que depende mucho del resultado del proceso de paz, porque en los otros frentes no hay resultados.

Asociamos no tener segundas intenciones a la bondad y entiendo que el optimismo y la esperanza sean sentimientos que aparezcan cuando estamos hablando de algo que parece puro, sin embargo los procesos simultáneos se han presentado como negociaciones, lo que implicaría que se debe llegar a consensos admisibles, en lo personal a lo que le tengo mas miedo de este proceso de paz es que están volviendo los paramilitares(ya leo los comentarios diciendo que nunca se fueron) pero en las estadísticas aparentemente habían desaparecido y todos sabemos que si se quieren hacer visibles el posconflicto sera muy parecido a la guerra.

A mi no me gusta este proceso pero reconozco en el General Mora alguien que parece tener mínimos y que dentro de sus alternativas la no firma es una posibilidad. La diferencia entre un líder de una secta y el de algo que trasciende es que en el segundo las opciones se valoran y respetan, con todo lo que me pareció grosero el tono de Claudia Lopez hoy respecto a la marcha uribista, en el fondo creo que ella entiende que es preferible una manifestación política a que los violentos se tomen la representación como cuando Carlos Castaño decía que los paras luchaban por la clase media.

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