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Por Laura Ardila Arrieta · 04 de Mayo de 2015

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-- Un saludo a un gran amigo, liberal de racamandaca: ¡Ministro Cristo! Cristo, Cristo... ¡qué buen nombre!

Esta vez, el saludo más llamativo desde la tarima en la fastuosa y exclusiva parranda de la familia Gnecco, en su hacienda Las Marías, no fue para el detenido exgobernador guajiro Juan Francisco ‘Kiko’ Gómez. Ni para Marquitos Figueroa, el capturado capo al que llaman “el perrero de los malcríaos”.

Hace dos años en el mismo sitio, en el cumpleaños de Cielo Gnecco Cerchar, la matrona del polémico clan que manda en el Cesar, habían sido ellos dos los aplaudidos desde el micrófono por el reconocido cantante Jorge Oñate.

Esos honores ahora fueron para el Ministro del Interior que, en ausencia del Presidente Juan Manuel Santos, fue uno de los principales rostros del Alto Gobierno en el Festival de la Leyenda Vallenata, cuya versión número 48 terminó ayer en Valledupar.

Cristo fue protagonista en la fiesta privada más importante de todas las que se realizan en el marco del evento, que es un festejo de tres días que todos los abriles ratifica que hacer relaciones políticas al son del acordeón y en medio de “la cachaquera”, (como le dicen los vallenatos a la ola de interioranos que se toma calles y callejones estos días), está en su naturaleza.

Conocidas y recordadas son las felices y antiguas parrandas con presidentes, ministros y congresistas, que concretaron el matrimonio entre la clase política local y la dirigencia nacional. Una unión de la que en un tiempo (antes de la parapolítica) salieron nombres de ministros, alcaldes, gobernadores y congresistas, definidos en medio de tragos de whiskey en los patios de los ricos de la región.

Con intensidad y maneras distintas, esa relación de pareja sigue viva. Así se evidenció el pasado viernes, desde las tres de la tarde hasta la medianoche, cuando los Gnecco vieron desfilar por su finca a buena parte de la dirigencia local y nacional. Incluyendo al embajador de España Ramón Gandarias Alonso de Celis, que la acompaña en esta foto.

La fiesta

Dos ministros de Estado (junto a Cristo, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas), el presidente de la Cámara Fabio Amín, el presidente del Partido Conservador David Barguil, el gobernador de Santander Richard Aguilar, el senador de La U Andrés García Zuccardi y su papá Juan José García (condenado por corrupción), los cuatros representantes del Cesar… todos, y varios otros personajes públicos, llegaron a disfrutar del parrandón ofrecido por Doña Cielo, primera dama del departamento y cabeza de la casa política que tiene al gobernador, al único senador, a tres de cuatro representantes y a 23 de 25 alcaldías.

La misma casa en la que convive la paradoja de contar con el gobernador (de La U) que finalizó 2014 con el mejor índice de favorabilidad del país (según el Centro Nacional de Consultoría para CM&), por un lado. Y de ser parientes y aliados de Kiko Gómez y haber tenido como cabeza a un hombre señalado de ser protagonista en la génesis del paramilitarismo en el departamento.

Ese hombre es Jorge Gnecco Cerchar, hermano de Cielo, conocido guajiro del sur, quien fue asesinado en 2001 por su supuesto exsocio ‘Jorge 40’, quien luego declaró que éste era homicida y narcotraficante. Él se ideó un sueño llamado el "Magdalena Grande", que consistía en poner políticos en el Magdalena, el Cesar y La Guajira para crear un gran bloque regional que protegiera sus negocios. Hoy en el valle muchos (al menos cinco personas conocedoras que así nos lo dijeron) ven en su sobrino José Jorge, hijo de Cielo y hermano del Gobernador, a su heredero.  

Pero al sonar del fuelle nostálgico que nos arruga el sentimiento, como diría García Márquez, es posible que nadie esté pensando en estas cosas. 

Después de todo, la historia reciente de los Gnecco habla de su papel clave en la reelección de Santos, el año pasado.

Ellos se echaron al hombro la segunda vuelta presidencial en el Cesar y su estructura fue determinante para que el Presidente doblara su votación aquí, entre primera y segunda ronda electoral (poco más 100 mil votos adicionales entre una y otra).

Además, dos personas que conocen bien el trasfondo de la política local, coinciden por aparte en que esta familia asumió los gastos para esas elecciones y no pidió recursos a la campaña en Bogotá. Y no escatimaron en gastos.

Así como no escatimaron en la farra para sus invitados. Nunca faltó el whiskey en las mesas ni la comida (chivo guisado, gallina criolla, chicharrones).

Bajo una gran carpa blanca con aire acondicionado, tocaron uno tras otro artistas vallenatos de moda e importantes: Churo Díaz, Farid Ortiz, Jorge Oñate, Silvestre Dangond, Poncho Zuleta… para un grupo que, en cálculos al ojo, no superaba las mil personas.

Fuera de la carpa, la casa de recreo, un mito para muchos vallenatos que nunca han podido verla por dentro: con su piscina con chorritos de agua cayéndole encima, una pantalla grande para seguir los conciertos, mesitas con bebidas y pasabocas, el bufé, las camionetas y la estricta seguridad de los dueños y sus invitados.

“El que vino aquí, disfrutó de lo que había que disfrutar, esta fiesta no debe bajar de mil millones de pesos”, le escuché a alguien.   

El homenaje recurrente que se escuchaba entre canción y canción por los amplificadores que inundaban el lugar, eran los saludos y honores de cantantes y animadores a Doña Cielo, la matrona, la anfitriona, la gestora y primera dama: la mujer que decidirá las cartas con las que jugará el clan en octubre para intentar repetir Gobernación.

La política

En el congelador están los nombres de Katrizza Morelli Aroca y Eliécer Salazar, ambos presentes en la parranda, como posibles candidatos. Ella era la gerente del Sistema Integrado de Transporte de Valledupar y renunció para no inhabilitarse. Ya está en campaña: ha visitado el sur del Cesar y en twitter le hicieron una cuenta llamara “katrizza gobernadora”. Además dicen que es muy querida en el seno de los Gnecco.

La aspirante, que recientemente anunció en El Pilón que se inscribirá como precandidata en La U y que quiere ir hasta el final, aprovechó el festejo del viernes para hacerse fotos con algunos personajes nacionales. Como esta con el Ministro Cárdenas y el Representante Barguil, en pleno toque de Silvestre Dangond.

Eliécer Salazar es exdiputado, exsecretario de despacho en la Gobernación y dirigente local de La U.

Antes del viernes y durante varios días, corrió el rumor de que los Gnecco estarían contemplando lanzar más bien a alguien de su sangre, como ahora, que el gobernador es el hijo de Cielo Gnecco. El nombre que sonó es el de Pepe Gnecco, hermano de Cielo y Jorge Gnecco Cerchar, quien en el pasado quiso ser gobernador, fracasó y finalmente llegó al Senado (el 23 de julio de 2001 firmó el Pacto de Ralito, un acuerdo de más de 100 dirigentes políticos de la Costa con los paramilitares para “refundar la patria”. Fue investigado por eso y luego el proceso se archivó).

En la fiesta no se evidenció ninguna movida que señale quién es el ungido. Tampoco hubo saludos a los precandidatos por los micrófonos.

La nota política entre varios en la farra corrió, curiosamente, por los lados del Partido Liberal, que unas horas antes había concretado oficialmente darle su aval para la Gobernación a Arturo Calderón.

Fue un apoyo que se empezó a cantar un día antes de la inauguración del Festival, luego de una reunión en el hotel Sicarare entre la dirigencia roja local y el secretario general nacional, Héctor Olimpo Espinosa.

Con la segunda votación hace cuatro años y una oposición permanente, Arturo Calderón es visto como la carta que podría poner en vilo la hegemonía de los Gnecco y encarecerles la campaña.

Por eso, ese clan se había estado moviendo para convencer a los liberales de jugar sólo por la Alcaldía y apoyarse mutuamente, mientras ellos buscaban la reelección.

El liberalismo -que perdió casi por completo su poder local luego de la captura por parapolítica del excongresista Pedro Muvdi- decidió, no obstante, ir por la silla del gobernador y además por la del alcalde. Lanzarán un candidato en Valledupar cuyo nombre saldrá de una encuesta.

Un asistente nos dijo que un líder liberal presente en la mega fiesta Gnecco comentó que así se les cayera la carpa del baile encima, la decisión de apostar así en octubre estaba tomada.

La jugada del trapo rojo a dos bandas podría terminar enfrentando al Partido Liberal con la alianza U (en cabeza de los Gnecco)-Cambio Radical (en cabeza del alcalde de Valledupar Fredys Socarrás). Eso porque por deseos del vicepresidente Germán Vargas Lleras (jefe natural de Cambio) esas dos colectividades irán juntas a pelear la Gobernación y la Alcaldía, respectivamente.

El deseo de Vargas es que sus dirigentes cesarenses conserven la Alcaldía para Cambio Radical. Y muy seguramente para engordar su estructura con miras a las presidenciales de 2018. Una alianza con los Gnecco le podría garantizar los votos del Cesar.

El alcalde Socarrás fue elegido por firmas, pero terminó convertido al vargasllerismo (como pasó con el gobernador del Magdalena, Luis Miguel ‘el Mello’ Cotes). Su grupo fue determinante para elegir al único representante del Cesar de Cambio Radical y el único que no es de la casa Gnecco, Eloy ‘Chichí’ Quintero, quien a su vez había acompañado al mandatario para llegar a su cargo.

El problema para los planes de Vargas Lleras es que ni el Alcalde ni Chichí Quintero y Alfonso ‘Poncho’ Mattos (excandidato al Congreso y líder local de Cambio) han podido ponerse de acuerdo para elegir candidato en Valledupar.

Socarrás y Mattos, quien es hermano del empresario Carlos Mattos, tienen un consenso alrededor del nombre del concejal Jaime González.

Pero Quintero -quien por ser Representante tiene la autonomía para decidir el aval según los estatutos-  se resiste argumentando que ese cabildante no lo apoyó a él, sino al congresista Fernando de la Peña (elegido por el grupo del chance en el departamento y con el aval del viejo PIN). Y también se opone porque Socarrás y Mattos no lo consultaron y le desconocieron su jefatura.

Desde el grupo de los primeros responden que González votó con de La Peña por un compromiso previo. Creen que Chichí Quintero podría estar interesado en enredar la candidatura de Cambio, pues su hermano Rodolfo es el líder de izquierda de la Alianza Verde y precandidato a la Alcaldía de Valledupar.

‘Los Quintero se voltean más que un desvelado’, publicó Radio Guatapurí en octubre pasado, citando a una fuente anónima.

El pulso no se terminó de resolver en la reunión que, en los días del Festival, tuvieron algunos de los interesados regionales con el superintendente de Notariado Jorge Enrique Vélez, que es de la cuerda de Vargas y representa sus intereses informalmente (pues su cargo le impide participar en política). Al parecer el acuerdo es que se hará una encuesta entre seis precandidatos.

En otra esquina, durante la fiesta del vallenato, corrió el rumor de otra candidatura a la Alcaldía para poner más interesante la puja: la de Sergio Araújo Castro (hermano de la excanciller María Consuelo Araújo y del exsenador condenado por parapolítica Álvaro Araújo) por el uribismo. Los Araújo han sido los rivales históricos de los Gnecco y hoy parecen no tener mayores fuerzas políticas, pero si Sergio se lanza y logra alianzas importantes podría eventualmente pisar duro en esa competencia.

Ninguna de estas notas políticas, eso sí, superó la “ausencia sentimental” de Santos (como le han dicho algunos, porque así se titula la canción himno del Festival), por inusual. Por ejemplo, un columnista del diario más importante de la ciudad, El Pilón, se quejó de que el mandatario haya roto la tradición presidencial de asistir a todas las inauguraciones.

Otros opinaron en corrillos que no vino porque seguro lo esperaba una rechifla y además ya no está en campaña por la reelección. En cambio, sí estuvieron durante la inauguración en el parque de la Leyenda Vallenata el procurador Alejandro Ordóñez, el contralor vallenato Edgardo Maya y la ministra de Cultura Mariana Garcés. Ella leyó unas palabras en nombre del Presidente y no hubo chiflidos.

Las aguas de lo político hirvieron quedamente, mientras el pueblo vallenato disfrutaba a todo timbal de la personalidad popular de su festejo: en la tradicional plaza Alfonso López con las competencias, en el concierto gratuito que ofreció la Gobernación, en casetas, en farras de barrio.

Y mientras los dirigentes locales y nacionales brindaban en las fiestas privadas, que tuvieron una reina: la matrona Cielo Gnecco Cerchar. Representante de un clan al que muchos en la dirigencia bogotana celebran y le reciben votos. Como pasó con su pariente Kiko Gómez, que se abrazaba con ministros, hasta que cayó en desgracia y ya nadie lo conoce.

CONTEXTO

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