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Por Carlos Hernández Osorio · 23 de Febrero de 2017

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“Lo más torpe que pudo hacer Peñalosa fue haberse agarrado con Néstor Franco, el director de la CAR”, dice una fuente del sector ambiental que explica que la CAR es fundamental para varios de los proyectos más ambiciosos del alcalde.

La pelea  a la que alude es el reciente rifirrafe entre la Alcaldía de Bogotá y la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), que se produjo luego de que un grupo de ciudadanos dio a conocer que funcionarios del Distrito habían quitado unas vallas informativas sobre la Reserva Thomas Van der Hammen.

La CAR aclaró que las había instalado con permisos de la propia Alcaldía, pero hasta ayer se mantenía la discusión entre ambas entidades, que se sentarán a dialogar, pues el Distrito considera que son publicidad exterior visual que está prohibida.

Las redes reventaron, destacando en muchos casos la labor de la CAR:

Este episodio, por pequeño que parezca, reúne a los principales actores de las discusiones ambientales que se vienen para Bogotá: la sociedad civil (por medio de los ambientalistas), la Alcaldía (que propone varios megaproyectos que tocan inquietan a los ambientalistas) y la CAR (que deberá dar conceptos sobre la viabilidad ambiental de esas propuestas).

Esa entidad, entonces, se convierte en un actor poderoso con el que al alcalde no le conviene agarrarse.

La CAR, actor clave

La relación con la CAR es una activo para el alcalde Enrique Peñalosa debido a que algunos de los proyectos más importantes para que pueda concretar su visión de ciudad dependen de un concepto de esa corporación sobre sus impactos ambientales.

Es decir, tiene la capacidad de frenarlos o de ordenar que sean modificados.

El principal es el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que será discutido a finales de este año y en el que Peñalosa incluirá en detalle sus propuestas para cambiar los usos del suelo y urbanizar tanto el occidente a lo largo del río Bogotá, como el borde norte, incluida la intervención en la Van der Hammen.

A eso se suma el sendero en los Cerros Orientales (que también son reserva), proyecto que el alcalde propone como cortafuegos y como imán para el turismo.

El futuro del Relleno Sanitario Doña Juana, sea en el sector donde opera actualmente o en otro lugar, también dependerá de un concepto de la CAR.

Y otro punto fundamental son las licencias para construir en los Cerros. El año pasado, después de una controversia de décadas, se definió que, en casos puntuales, esa corporación es la que detentará el poder de seguirlas otorgando.

De ahí que para varios conocedores de esa dinámica, sea necesaria una relación, al menos, de coordinación y cooperación.

María Mercedes Maldonado, secretaria de Planeación de Gustavo Petro que también trabajó en la CAR, le dijo a La Silla que la cooperación sería ideal, aunque cree que la autoridad ambiental no puede trabajar con la Alcaldía como lo hacen juntos dos ministerios o dos secretarías que están al mismo nivel. Para ella, la CAR debe ofrecer cooperación al tiempo que manteniene clara su independencia por ser autoridad ambiental.

Una fuente independiente que conoce estos procesos y pidió no ser citada le explicó a La Silla que sí es necesaria una mínima coordinación para trabajar que, a su juicio, hoy no existe, a pesar de que los proyectos de Peñalosa para la reserva y para el río Bogotá se contraponen con lo que ha dicho la CAR en estos últimos 15 años.

“El director de la Corporación, Néstor Franco, se ha limitado a decir que esperará hasta último momento a recibir los proyectos detallados, pero debería proponer, al menos, que se sienten en una mesa de trabajo para que haya más coordinación, sobre todo porque puede ocurrir que la Alcaldía le termine presentando proyectos que podrían tener un concepto negativo de la CAR”, agrega la fuente.

Y está probado que esa entidad puede entorpecer los planes del Alcalde.

El juego político

Peñalosa ya probó en su primer gobierno (1998-2000) el trago amargo de enfrentarse a la CAR.

Cuando plasmó en el POT su iniciativa de expansión urbana hacia el norte, la CAR no quiso concertar ese punto, que implicaba cambiar suelo rural a urbano en ese sector. Con eso dejó la pelota en manos del Ministerio de Ambiente, que acogió la sugerencia de un panel de expertos que recomendó declarar esa zona como reserva forestal protectora. Peñalosa perdió.

El director de la Corporación que no quiso concertar la propuesta de Peñalosa era Diego Bravo, años después candidato del Polo al Concejo y gerente del Acueducto de Gustavo Petro.

El director actual, Néstor Franco, le aseguró a La Silla que hoy la relación entre Distrito y CAR marcha bien.

Y es que hasta ahora él no le ha dado mayores motivos a Peñalosa para tensar la relación.

En sus salidas a medios, de hecho, ha afirmado que la Reserva puede ser modificada, aunque ha aclarado, al hablar de este y otros temas como el sendero, que espera que Peñalosa presente en detalle las propuestas.

Con el incidente de las vallas, no obstante, marcó territorio. A través de su oficina de comunicaciones les envió a los medios los documentos que soportaban que la CAR había obtenido el permiso del Distrito para instalarlas.

En todo caso, el poder en la CAR no se limita al director. En unos casos es él es competente para dar los conceptos a nombre de la entidad, y en otros le corresponde pronunciarse al Consejo Directivo, un órgano que lo elige a él y es más político que técnico.

La concertación de los asuntos ambientales del POT, en general, le corresponde al director, pero algunos puntos le corresponden al Consejo Directivo. Por ejemplo, éste es el que debe decidir si modifica la reserva para que Peñalosa sustraiga una parte de la Van der Hammen para urbanizarla.

Ese Consejo Directivo tiene 18 integrantes, que van desde el Presidente de la República y su delegado hasta representantes de gremios y de comunidades indígenas, pasando por el Alcalde de Bogotá, los Gobernadores de Boyacá y Cundinamarca, y tres alcaldes de municipios de Cundinamarca, entre otros.

Que la mayoría tenga una procedencia política y ocupe su cargo bajo la sombrilla de algún partido hace que se preste con más facilidad para negociar que si fuera un conjunto de técnicos, aunque como son tantos y los alcaldes cambian cada año, el mapa político interno puede variar de acá al momento en el que se defina cada asunto.

En medio de ese juego, al abordar la solicitud de Peñalosa sobre la Reserva, el Alcalde podría obtener los votos positivos de los representantes del Gobierno Nacional, con quienes ha mantenido una relación fluida.

Está por verse, no obstante, el sentido de los votos del gobernador Jorge Rey y de su delegado (que pueden influir sobre los tres alcaldes de Cundinamarca que tienen asiento en el Consejo Directivo), teniendo en cuenta que las relaciones entre Rey y Peñalosa no han sido las mejores.

La primera prueba para Peñalosa ante la CAR será en julio, cuando espera pasarle el borrador del POT a la corporación. Falta ver si para entonces las vallas de la van der Hammen están montadas o no, y cómo reciben sus propuestas.

CONTEXTO

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