Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Tatiana Velásquez Archibold · 01 de Junio de 2016

4057

0

Una de las familias más tradicionales de la política del Caribe, pero cuyo poder ha estado en picada los últimos años, son los Merlano de Sucre. Tan poderosos llegaron a ser que tuvieron curul en el Senado y pusieron alcalde en Sincelejo por 20 años. En contraste, hay otro tronco de la misma familia, liderado por el empresario Remberto Merlano, que ha logrado consolidarse como uno de los dueños del alumbrado público del país. Sin embargo, su peso en ese sector podría cambiar dentro de poco porque dejará de tener las concesiones de Neiva, Santa Marta y Barranquilla.

Los alcaldes de las dos primeras capitales están tratando de acabar los contratos antes de que se venzan en 2017. Mientras que el mandatario Alejandro Char anunció que no lo prorrogará el próximo semestre, que llega a su fin. Tres anuncios que son un verdadero revés para este zar, que le apuesta a las prórrogas por 10 años, como ya lo logró en Sincelejo y lo intentó el año pasado en Cúcuta.

 

Remberto Merlano, más conocido en el Caribe como el ‘Mono’ Merlano, es un exitoso empresario sincelejano que vive en Miami y es dueño de las empresas Iluminaciones Especializadas del Norte (Ilesa), Iluminaciones del Alto Magdalena S.A. (Iamsa), Ingeniería, Suministros y Montajes (ISM) y Distribuciones Eléctricas de Sabanas S.A. (Diselecsa).

A través de ellas se ganó siete concesiones de alumbrado público, en una primera ola que gobernadores y alcaldes entregaron en casi todo el país a finales de los 90.

Además de Barranquilla, Neiva y Santa Marta, Remberto Merlano maneja las concesiones de alumbrado público de otras dos capitales: Cúcuta y Sincelejo, y de los municipios de Soledad y Girardot. También tiene el 41% del recaudo del sistema masivo de Cali MIO y negocios en Estados Unidos, México, Guatemala y Argentina que, como él mismo se lo dijo a La Silla en 2013, le representan el 90% de sus ingresos.

Ese emporio económico lo ha construido independiente de sus primos y otrora todopoderosos de Sincelejo, los hermanos Jaime y Jairo Merlano: fundadores del Movimiento Independiente Liberal (MIL) y exalcaldes de esa ciudad. El segundo, además, fue senador y tiene una condena por parapolítica. Puso a su hijo como su sucesor en el Congreso, pero éste acabó destituido en 2012 después de haber sido sorprendido, por policías en Barranquilla, conduciendo alicorado.

Las concesiones

La empresa con la que Remberto Merlano comenzó a construir su historia como zar del alumbrado público es Diselecsa, que creó en 1988 en Sincelejo y cuya sede mudó un año después a Barranquilla. De la junta directiva de esa empresa hacen parte otros dos Merlano: Luis Miguel Merlano Hoyos y Katia Vergara Merlano. Esta última, sobrina de Remberto y actual gerente de la concesión en Barranquilla.

En esa ciudad, el ‘Mono’ Merlano obtuvo su primera concesión de alumbrado público. El 2 de agosto de 1996, siendo alcalde Edgar George, pero en un proceso que dejó listo el gobierno de Bernardo el ‘Cura’ Hoyos, Merlano se ganó el contrato como miembro de una unión temporal, de la que inicialmente hizo parte la multinacional Industrias Philips. En 2007, ésta le cedió su participación a la empresa panameña Suministros Eléctricos de Panamá.

De las siete que Merlano tiene hoy, la de Barranquilla es la concesión que más recursos produce. Los últimos cinco años, los barranquilleros han pagado anualmente entre $35 mil y $39 mil millones de pesos por el impuesto de alumbrado público, de los cuales el concesionario se queda con el 75%.

Un año después, en 1997 y también con Diselecsa, Merlano se ganó las concesiones de Neiva y Santa Marta. La primera en unión temporal con ISM SA, otra empresa suya, y la segunda, en sociedad con Eléctricas de Medellín Ltda, del megacontratista antioqueño y dueño del grupo Ethus William Vélez.

Justo esas tres concesiones, que las alcaldías entregaron por 20 años, han sido criticadas, desde sus inicios, por diferentes mandatarios, concejales y columnistas de opinión. La razón es que los cobros de las tarifas suelen ser altos y no siempre se ven reflejados en inversiones de infraestructura para que las calles estén mejor iluminadas. Por eso, ninguna de las tres será prorrogada.

En el caso de Santa Marta, el alcalde Rafael Martínez comenzó la semana pasada la liquidación para terminar cuanto antes la concesión y anunció que abrirá una licitación para que distintas firmas -incluida Diselecsa, si así lo desea- concursen. Deben invertir, por lo menos, $60 mil millones en el cambio de las lámparas de las principales avenidas.

Martínez busca que sean del sistema LED para ahorrar energía y que los samarios paguen menos en impuesto de alumbrado público, cuyo valor depende del consumo de energía de las luminarias instaladas en las calles. La Alcaldía recauda unos $13.600 millones anuales por ese concepto.

La otra concesión que Remberto Merlano podría perder antes de que se le venza el contrato, el 31 de diciembre de 2017, es la de Neiva. Allí la Alcaldía va a cambiar su modelo de alumbrado público y por eso el alcalde Rodrigo Lara Sánchez anunció que la ciudad asumirá su administración, operación y mantenimiento. Desde ya ese gobierno estudia diferentes alternativas jurídicas para lograrlo, le explicó a La Silla Mauricio Bahamón, asesor del alcalde.

Desde 2006, la Alcaldía opita mantiene una disputa jurídica con Remberto Merlano. Para aquella época, la alcaldesa Cielo González le solicitó a la Cámara de Comercio de Neiva la convocatoria de un Tribunal de Arbitramento para revisar el contrato con el  concesionario Unión Temporal Diselecsa - ISM, ya que consideraba que la manera como se firmó fue desventajosa para las finanzas de la ciudad y el servicio no era el mejor.

En respuesta, las empresas de Merlano pidieron que el municipio les pagara $15 mil millones por déficit en el recaudo del impuesto de alumbrado público.

El Tribunal de Arbitramento falló a favor del municipio, pero después el Consejo de Estado anuló esa decisión. Solo el año pasado la Corte Constitucional la revivió y ahora el Tribunal de la Cámara de Comercio debe determinar cuánto es el dinero que Diselecsa le pagará a Neiva.

Por el impuesto de alumbrado público de Neiva, la unión temporal recibe unos $7.200 millones anuales.

La tercera concesión que Merlano perderá a corto plazo es la de Barranquilla. En abril, Alejandro Char anunció que para reemplazar a Diselecsa estudia la posibilidad de constituir una empresa mixta, con el Distrito como socio.

Ya en 2008, durante su primera administración, Char había intentado sin éxito tumbar esa concesión. Liquidó unilateralmente el contrato basado en un informe de la Contraloría de ese mismo año, que decía que el concesionario estaba recibiendo ganancias económicas excesivas en detrimento de las finanzas del Distrito. Un juez echó para atrás esa decisión y dejó en firme la concesión hasta su vencimiento.

Otra concesión que tiene Merlano en ciudad capital es la de Cúcuta, donde también hay quejas frecuentes por las tarifas y la falta de luminarias en las calles, tal como lo manifestó el entonces concejal Óscar Sanabria Uscategui en un debate de control político de 2014.

El anterior alcalde de Cúcuta Donamaris Ramírez intentó prorrogarle por 10 años más la concesión a Diselecsa, que la tiene desde 1997. Así el contrato quedaría vigente hasta 2027, pero el Concejo hundió la propuesta. Y antes de posesionarse, el actual mandatario de los cucuteños César Rojas Ayala le advirtió a su antecesor que no le dejara la prórroga, especialmente ante tantas “voces de protesta por parte de la Contraloría Municipal y el Concejo”, dijo en diciembre el entonces mandatario electo.

Ahora, como alcalde, Rojas no ha dicho si piensa acabar ese concesión o prorrogarla.

Entre Merlanos

A diferencia de Cúcuta, en Sincelejo Remberto Merlano sí logró una prórroga de 10 años. Eso fue posible gracias a su primo, el entonces alcalde Jaime Merlano Fernández, quien firmó el contrato.

Merlano Fernández, sancionado por la Contraloría por sobrecostos en los terrenos que compró para construir la laguna de oxidación de Sincelejo, fue alcalde de la capital sucreña entre 2004 y 2007. El 21 de julio de 2005 firmó un otrosí para que el concesionario Ilesa se quedara con el alumbrado hasta 2030. Inicialmente, la Alcaldía había entregado ese servicio en el 2000 por 20 años.

La cabeza visible de la concesión en Sincelejo es la hermana de Remberto, la exconcejal Teresa Merlano. Ella es la gerente y la mamá de la gerente del alumbrado público en Barranquilla.

La Silla llamó a Diselecsa en Barranquilla -que maneja la concesión más grande- para conocer la posición de la empresa frente a las críticas y la no renovación de los contratos en esa capital, Santa Marta y Neiva. Pero no pudimos hablar con la gerente Katia Vergara porque se encontraba fuera del país.

En 2013, Remberto Merlano no solo había sido noticia por sus negocios de alumbrado público sino por su amistad con Alberto Rojas, hoy magistrado de la Corte Constitucional. Ese año, el entonces ternado a la Corte tuvo que explicar por qué no le había declarado a la Dian la plata que por asesorías a varias empresas recibió entre 2010 y 2011. Entre esos recursos estaban los provenientes de las empresas Diselecsa e ISM de Merlano. Esta última le pagó honorarios por $14 millones en 2010 y por $54 millones en 2011.

Aunque por ahora sus negocios están en vilo, con ese emporio del alumbrado que ha consolidado las últimas dos décadas, Remberto Merlano podría ser  uno de los jugadores clave en la eventual segunda ola de concesiones que se acerca en todo el país, porque comienzan a vencerse los contratos firmados por 20 años a finales de los 90. Aunque ya muchas administraciones dudan de la conveniencia del modelo en todos los casos. 

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia