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Por Jineth Prieto · 11 de Octubre de 2016

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El triunfo del No en el plebiscito no ha sido impedimento para que en el Catatumbo se sigan adelantando los preparativos para una eventual zona de concentración de las Farc. Cinco días después del plebiscito La Silla llegó a Caño Indio, una de las 22 veredas seleccionadas para albergar a los guerrilleros si el Sí ganaba en las urnas, y encontró que mientras en el resto del país hay incertidumbre por lo que pueda pasar, el Plan B de la Presidencia ya está en marcha allá.

La visita

El día que el Presidente Santos se ganó el Nóbel de Paz, en Caño Indio era un día normal. 

La noche anterior había llovido y, aunque el clima era húmedo, el sol pegaba fuerte como siempre en la vereda.

Ese día el Ejército, que desde agosto es parte del panorama, estaba aparcado en El Puerto, como conocen la única tienda que hay a varios kilómetros a la redonda. Los lugareños cumplían con la rutina de cada día: unos raspaban coca, otros cuidaban sus cultivos, otros procesaban la hoja para sacar la pasta y otros se dedicaban a sus quehaceres diarios, los del hogar.

Mientras las noticias hablaban del Premio, de sus implicaciones, y del espaldarazo internacional para el proceso de paz, en Caño Indio nadie se inmutaba con la noticia. Su atención estaba puesta en una camioneta gris oscura que se movía en la vereda ese día desde temprano. Nadie sabía de dónde venía.

Aunque desde que empezaron a figurar como zona de concentración no es raro ver a gente que no es de allá, no es común que alguien llegue a Caño Indio sin avisar.

- ¿Usted sabe si es de la ONU? ¿Qué dijeron cuando estaban acá?, preguntó Luis David Rincón, ‘Tori’, el presidente de la Junta de Acción Comunal de la Vereda.

- No sé, vinieron y compraron unas gaseosas y luego se fueron como a la 1 de la tarde, respondió el dueño de la tienda.

“Esto no puede ser así. Aquí no puede entrar  el perro y el gato como Pedro por su casa. Después pasa algo, Dios no lo quiera, y nosotros ¿qué hacemos? Eso se vuelve una bomba”, decía Tori. Se sentía ignorado.

Cuando ya el ambiente se tornaba tenso, la camioneta volvió a aparecer cuando el reloj bordeaba las 4 de la tarde. El inicio de la discusión con sus ocupantes fue accidentado. 

“Hermano, no se moleste, estamos acá porque queremos mirar el arrendamiento de dos casas, una para la comisión de tripartita (ONU, Gobierno y Farc) y otra para las comunicaciones, porque con lo del No, este es el Plan B”, dijo uno de ellos. Eran los delegados de Presidencia, del Fondo de Programas Especiales para la Paz, Fondopaz.

El Plan A era arrancar con la construcción de los campamentos de las Farc y de la comisión tripartita, pero con el triunfo del No todo el andamiaje estatal no se desplazó a la vereda. 

Así que por lo que explicaron los funcionarios, el Plan B está en arrendar casas, para avanzar en la llegada de los funcionarios de la ONU y el Gobierno, así como de delegados de las Farc (politólogos e ideólogos), a la zona de concentración.

La coca y los campamentos

Aunque los ánimos se calmaron con la explicación, en el aire la tensión seguía viva.

En las dos semanas previas al plebiscito, en Caño Indio hubo un encontronazo entre la comisión del Gobierno que venía a finiquitar los detalles de la zona de concentración y los campesinos porque les dijeron que debían erradicar toda la coca que había en sus tierras. 

El anuncio había caído mal en la vereda.

Además de que las 52 familias que viven en ella no tienen otra manera de sostenerse, los campesinos dicen que jamás les advirtieron sobre esa posibilidad y que de hecho, cuando preguntaron en etapas previas del proceso sobre este punto, les dijeron que la coca en la zona de concentración no iba a ser discutida.

 

Sin embargo, esa pelea era algo que se veía venir. 

Tal y como están contempladas las condiciones de las zonas de concentración, en un radio de 1,4 kilómetros alrededor del campamento de las Farc no debe haber cultivos ilícitos. Eso, para el caso de Caño Indio, donde la coca está en todas las parcelas y sus cultivos copan el paisaje, tiene grandes implicaciones. 

En los días previos a la votación del plebiscito, ya el Gobierno había dicho que una vez la zona entrara en vigor el tránsito de los químicos para preparar la base de coca en Caño Indio no estaría permitido, y eso tenía los ánimos encendidos; las propuestas que les hicieron para erradicar la coca tampoco los convencieron.

“Primero dijeron que daban dos millones cuatrocientos en dos contados y un mercado. Eso no lo aceptamos porque ¿nosotros cómo vamos a vivir con eso?”,  le dijo a La Silla Tori “Luego nos dijeron que seis millones, tres en efectivo y tres en un proyecto productivo y un subsidio de mercados, tampoco la aceptamos porque tres millones no alcanzan para nada. Solo un cultivo de plátano de una hectárea son más de $10 millones sin mantenimiento y no hay garantías para sacarlo porque no tenemos vías”.

Sin acuerdo a la vista, antes del plebiscito se dejó en el aire la programación de una nueva reunión. Pero con el triunfo del No, todo se dispersó y solo hasta que aparecieron los funcionarios de la Presidencia en la camioneta gris oscura el día del Nóbel de Santos volvieron a saber del Gobierno.

“Tranquilos, no se preocupen que nosotros no venimos a hablar los cultivos. Acá lo que estamos viendo son temas de logística”, insistió uno de los funcionarios. “Mire, yo tengo que montar todo los campamentos, hay que poner baños, cocinas y todo lo que se necesita. Estamos haciendo la visita en terreno para ir adelantando lo que podemos, para ir avanzando en algo”.

El otro funcionario recalcó: “Los de las casas solo las estamos mirando, no hemos hablado de precios ni de nada. Pero como le digo es para la comisión tripartita y las comunicaciones, porque por ahora los campamentos no se pueden construir”.

Las mismas explicaciones las dieron una y otra vez hasta que se despidieron. Ya pasaban las cinco, y por fin el sol se estaba ocultando.

El 2 de octubre

Aunque lo de la coca tenía a los habitantes de Caño Indio con los ánimos encendidos, la victoria del No cayó como un baldado de agua fría en la vereda.

Ese día, todo el pueblo estaba reunido en el Puerto para ver los resultados de la votación. El ambiente era de celebración; sin embargo, cuando el noveno boletín de la Registraduría fue publicado, la fiesta se apagó. 

“Aquí nadie se esperaba eso del No. Usted viera, apenas dijeron que el No ganaba, apagaron el televisor y la gente quedó con cara de aburrida. Todo el mundo se fue callado”, le contó a La Silla Yadira Pineda, la dueña del Puerto.

En Caño Indio, las cosas habían empezado a cambiar desde hacía algunas semanas, y a excepción de la coca, las esperanzas estaban puestas en la implementación inmediata de los acuerdos. 

Ya las Farc estaban preconcentrados cerca de la vereda, muchos guerrilleros se movían vestidos de civil y el Ejército estaba custodiando la zona. Todo, sin que un disparo se hubiera escuchado .

El arreglo de la vía, la llegada de la electricidad y del agua potable, dejaron de ser ilusiones lejanas para los habitantes de Caño Indio y por primera vez con certeza estaban hablando de los cambios que llegarían para la vereda. Algunos ya hacían planes para lo que venía.

De hecho, para la reunión que se realizaría después del plebiscito con los delegados de Presidencia para hablar sobre los cultivos de coca también tenían su propia propuesta.

Querían que les entregaran dos salarios mínimos por familia durante los seis meses de la concentración, un mercado mensual durante ese tiempo, que empezara la implementación de proyectos productivos y que les dejaran la coca, con el compromiso de que no la procesarían, como prenda de garantía.

“Es que los que votaban se dejaron creer de los cuentos y no leyeron. Yo quedé sorprendido y triste”, le contó a La Silla Eliécer Leal, un campesino de Caño Indio “Yo le tengo que decir que no me leí todo, pero sabía que muchas cosas de las que decían era mentira. Yo tengo familia en otros lados y me decían que iban a votar por el No porque los programas del Gobierno se iban a acabar y los impuestos iban a subir”.

En los días siguientes el panorama fue confuso, y mientras que en Bogotá arrancaba la renegociación con las Farc, el Gobierno y los del No, en la zona se empezaron a sentir los embates de las decisiones.

El 3 de octubre, Caño Indio amaneció sin Ejército, y la confusión por el cese bilateral al fuego ocasionó que los guerrilleros se alejaran de la vereda y se devolvieran al monte. 

Ese mismo día, la Asociación de Campesinos del Catatumbo, Ascamcat, organización que se consolidó tras el paro agrario agrario de 2013, que agrupa a una porción importante de los campesinos de esa subregión de Norte de Santander y que tiene postulados políticos afines a los de las Farc, llegó hasta la vereda y acordó que independientemente del resultado,en el Catatumbo iban a seguir presionando para que los acuerdos se ejecutaran.

“Si hay que marchar, marchamos. Aquí lo importante es que lo que es bueno para el campesino se cumpla”, le dijo a La Silla Daniel Durán, un campesino de la vereda.

En medio de la zozobra de esos días, el Ejército volvió el jueves, después de que desde de La Habana los negociadores de las Farc y el Gobierno dijeran que estaban abiertos a hacer los ajustes y las precisiones necesarias para ofrecerles “garantías a todos”. Y el viernes, después del anuncio del Nóbel para Santos, en Caño Indio apareció la camioneta con los delegados de Presidencia.

“¿Sabe? Lo que no vamos a dejar es que esto tenga reversa”, dijo Durán, mientras las noticias de la noche en el televisor del Puerto -el único de la vereda que está prendido todo el día y y que funciona con una planta de energía porque allá no hay luz- seguían hablando del máximo galardón de Paz.

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