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Por Laura Ardila Arrieta · 06 de Septiembre de 2015

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Rafael Enrique Prins Velásquez fue muchas cosas antes que periodista: fue un político, un simpatizante de las causas sociales. Un crítico de la corrupción. Un tipo solitario que quiso sin éxito levantar una casa con esposa e hijos. Un sobreviviente de las drogas. Y un asiduo amigo de ellas. Un bacán que arrollaba pescado a la orilla del río y contaba chistes. Un empleado público con intereses. Pero cuando tuvo que ejercer el oficio, lo hizo como pocos. Y por eso lo mataron. Aunque aún después de muerto derrota a sus victimarios.

 

Fue en una de las horas más oscuras que haya conocido Magangué, la segunda ciudad de Bolívar después de Cartagena, la reina de los ríos, en cuya jurisdicción convergen el Magdalena, el Cauca y el San Jorge.

Acababa de nacer 2005 y la mujer conocida como La Gata (Enilce López, hoy condenada por homicidio y concierto para delinquir) era dueña y mandamás en la región. No sólo manejaba la Alcaldía en cabeza de su hijo Jorge Luis Alfonso López, sino que tenía el jugoso monopolio del chance en tres departamentos y tenía influencia en la Gobernación bolivarense de Libardo Simancas (condenado más tarde por parapolítica).

Su esposo, el policía retirado Héctor Julio Alfonso Pastrana, había sido protagonista de la génesis del paramilitarismo en la zona al fundar, junto al hacendado magangueleño Álvaro Botero Maya, una convivir o grupo privado de seguridad, y ella misma -como lo evidencia su condena- era una aliada de las autodefensas.   

Oriunda de un caserío de Sucre, pero asentada en Magangué,se trataba nada menos que de “la señora” o “patrona”. Nadie se atrevía a llamarla de una manera distinta.

“Rafa Prin”, o “Prin”, como era más conocido por la famosa tipografía Prins que fundó su familia y fue la primera que tuvo el pueblo, tuvo parte en ese imperio como impulsor y amigo de la Alcaldía de los Alfonso López hasta poco antes de su asesinato. Que se vinculara a este clan causó sorpresa en muchos de sus allegados que lo vieron nadar siempre en una orilla distinta y luego lamentaron su muerte a manos de su otrora aliado. 

Rafael Prins (primero de izquierda a derecha), poco antes de morir, en su papel de edil frente al entonces alcalde Jorge Luis Alfonso, condenado por su asesinato.

***

Autodidacta de 44 años y ex jugador consumado de bola e’ trapo del famoso parquecito Olaya, el hombre se había formado políticamente en el recordado Foro Democrático que unos 15 líderes sociales (jóvenes y viejos) inspirados en la figura de Luis Carlos Galán crearon a fines de los 80 para tirar línea y pelear por las comunidades.

Aún sin la elección popular de gobernantes ni los paramilitares merodeando, Magangué era administrado en aquel tiempo por liberales y conservadores prestantes y tradicionales que se alternaban el poder y se apellidaban Posada, Raad, Zea y Amín.

El Foro Democrático, en cabeza entre otros del hoy director de la Unidad de Víctimas de Bolívar Arturo Zea (esposo de la exalcaldesa de Cartagena Judith Pinedo) y del exalcalde y actual candidato Alfredo Posada, emergió como una fuerza alternativa que después del 91 llegó a tener concejales y dos alcaldes.

Al principio fueron, básicamente, unos tertuliadores de pensamiento liberal que se reunían todas las semanas “a hablar de lo que les faltaba a las comunidades y cómo se podía pelear por eso”, como me contó uno de sus fundadores, quien me pidió que no incluyera su nombre en este perfil.

Prins estuvo ahí de pie desde el primer momento. “Era un tipo revolucionario, le preocupaba que no hubiera suficientes maestros en las escuelas y, como muchos de nosotros, se enfocó mucho en criticar el problema de los terratenientes que se quedaron con las tierras de muchos campesinos… también era un gran mamador de gallo”, añadió el viejo miembro del Foro.

Más allá de cualquier inquietud, Magangué era entonces un pueblo sabroso, sencillo, en donde duraba más tiempo que ahora el olor de la tierra mojada y se vivía del puerto, del algodón, del arroz y del ganado.

En ese momento de formación política, Rafael Prins decidió fundar un periódico. Los tres amigos que lo conocieron en el Foro con los que pudimos hablar no precisan la fecha exacta ni los motivos, pero coinciden en que fue a principios de los 90. Como el periodista no dejó mujer ni hijos y sus padres ya fallecieron, quedó difícil saber ese dato.

Lo llamó Apocalipsis. Lo imprimía en hojas de block en la tipografía de su familia. Jamás dejó que nadie distinto a él escribiera una letra allí.

Al principio lo usó, sobre todo, para difundir las actividades del colectivo en el que estaba. 

“Eran unas hojas de block que imprimía, doblaba y les sacaba fotocopias para repartirlas. A veces cobraba cualquier cosa que cogía para sacar más copias”, recuerda sobre Apocalipsis un colega local que lo conoció.

Esa tribuna, al comienzo inofensiva, se empezó a volver incómoda para algunos cuando el Foro Democrático se deshizo luego de la llegada a la Alcaldía, en 1998, del hoy representante de Cambio Radical Hernando ‘Picho’ Padauí.

Padauí, a quien la Corte Suprema le abrió este año una investigación por supuesto peculado y celebración de contratos sin los requisitos legales cuando era mandatario de Magangué, fue elegido con el apoyo del Foro. Pero ese grupo se dividió antes los rumores de presuntas irregularidades en la Administración, y algunos de sus militantes terminaron desligados de lo local y mirando hacia el Congreso acompañando el movimiento Vía Alterna de Antonio Navarro.

Prins empezó a sacar críticas sobre la Administración magangueleña en su Apocalipsis, y graduó a su artesanal medio como “de denuncia”.

“El vivía de su papá y su mamá. Tuvo mujeres, pero nunca pudo tener hijos, por eso le mamábamos gallo diciéndole que era ‘purina’ (estéril), pero nunca se molestó por eso. Era de muy buen humor. Radical, eso sí, frente a los temas de corrupción”, comenta un amigo suyo sobre aquellos días y ríe.

Tan radical que, indignado, Prins llegó con papas explosivas y toda la intención de ayudar a quemar la sede de la Registraduría, durante la jornada inolvidable para la ciudad política en la que supuestamente le robaron las elecciones al médico Pablo Lora, que iba en reemplazo de Padauí, y centenas se sublevaron. El ganador oficial de esos comicios fue Gonzalo Botero y su impulsor Hernando Padauí, a quien desde entonces algunos llaman localmente “el rey del fraude”.

Después de Botero fue que llegó a la silla más importante de este puerto Jorge Luis Alfonso López, ‘el gato’. Era 2003.

Y hay varias versiones de por qué se pudo haber montado en su bus el tajante ‘Rafa Prin’.

Dos amigos, un colega periodista y una vecina que lo apreciaban coinciden más o menos en que, a pesar de que todo el mundo sabía ya quién era La Gata, su movimiento ‘La esperanza de un pueblo’ entró a la política con la candidatura de Jorge Luis Alfonso bajo la premisa de que no tenían necesidad de robar porque ya contaban con suficiente plata. Y Prins les creyó. Eso piensan sus seres queridos.

Durante esa campaña, Enilce López salió con una tranca en la mano anunciando que esa era la tranca con la que le iban a dar a los corruptos. Su hijo prometió hasta el cansancio que ni siquiera iba a cobrar el sueldo de mandatario.

“Rafa Prin creyó, como creyó prácticamente toda Magangué, que esa gente iba a hacer las cosas bien y se iba a diferenciar de toda la clase tradicional corrupta que Prin criticó desde Apocalipsis”, agrega un político local.

Otro político, uno que ha estado cerca del primer círculo de ‘La Gata’, asegura por el contrario que Rafael Enrique Prins Velásquez “no era ningún periodista” ni una persona íntegra y que recibió plata por su adhesión.

En realidad nadie, ni cercano ni malqueriente, conoce a ciencia cierta las motivaciones de este personaje que también fue bohemio y amante de la poesía. Como sea, la historia cuenta que Apocalipsis terminó al servicio de la campaña de los gatos con publicaciones favorecedoras. Y cuando llegaron a la Alcaldía, su dueño y fundador entró a trabajar en el área administrativa del Fondo Municipal de Tránsito y Transporte y llegó a ser edil de la cuerda del mandatario.

“Era muy allegado a esa gente (a los gatos), me consta que ahí era de ellos”, me aseguró una persona que tenía un cargo directivo en ese momento en la entidad.

El día de esa Alcaldía nacionalmente famosa se convirtió en una noche oscura cuando Magangué se empezó a llenar de gente armada por todos lados, se volvió un acto osado reunirse con más de dos a hablar de política, cada tanto aparecían en el pueblo camiones robados en otras regiones y hasta los mototaxistas dejaron de salir por la noche. Una persona que lo vio me asegura que el Alcalde despachaba con armas sobre su escritorio. Los ruidos de corrupción eran más bien gritos.

La esperanza de un pueblo que prometió La Gata se convirtió en toda una pesadilla. Y Rafael Prins se volvió a poner la camiseta de periodista combativo.

Como es entendible, las bocas de los colegas locales se callaron. La de “Prin”, por el contrario, se volvió a abrir ante los rumores de desgreño en el Tránsito y en la Secretaría de Salud.

“Ñerda, Prin, estos y que no iban a robar y, mira, te están dando con la tranca es a ti”, dice uno de los ex compañeros del Foro Democrático que molestaban al periodista en la calle haciendo referencia a la tranca que sacó en la campaña La Gata. Aparte de Prins, ninguno de los otrora integrantes del Foro, valga decirlo, entró al grupo de los gatos.

Con estos antecedentes fue que, en un cortocircuito que le costó la vida, Rafael Prins rompió los lazos con el poderoso imperio de miedo de los Alfonso López cuando volvió a sacar en su Apocalipsis críticas y denuncias contra la Administración. No alcanzó a hacerlo por mucho tiempo.

Puntualmente, se refirió al tema que tenía más a la mano por su trabajo: el Tránsito. Contó acerca de unas carpetas con datos sobre chatarrización de vehículos que se perdieron misteriosamente y preguntó por un mal manejo en el cobro de las multas. En su de nuevo poderosa hoja de block habló también de unos recursos supuestamente desaparecidos en la Secretaría de Salud que debían invertirse para prevenir la fiebre amarilla.

Según el testimonio que dio a la justicia una paramilitar menor de edad, todas estas publicaciones les molestaron a La Gata y a su hijo el mandatario y causaron la muerte de Prins.

El día que lo mataron, 19 de febrero de 2005 por la tarde, la moto de los sicarios estuvo recorriendo desde muy temprano algunas calles en su búsqueda. “Cuando uno veía esas motos era porque algo iba a pasar. Uno ya sabía que esos eran escoltas de los gatos y esos hijueputas siempre andaban buscando al que es”, cuenta una vecina de Prins: “A él lo venían a matar a la esquina de mi casa, pero no lo encontraron”.

Lo encontraron a una cuadra, en el parque de la energía (que el actual alcalde Marcelo Torres rebautizó como el parque Rafael Prins) y allí lo empujaron al piso para que cayera y después dispararle.

El fundador, director y único periodista que tuvo la hoja de block llamada Apocalipsis murió cuatro horas después en el hospital San Juan de Dios.

“Él me decía ‘no me dejen morir’”, recuerda ahora uno de los vecinos que lo embarcó en una buseta rumbo a la atención médica.

***

Con Rafael Enrique Prins Velásquez murió la verdad de los supuestos hechos de corrupción en el Fondo de Tránsito de Magangué. Las balas no sólo lo silenciaron a él sino a otros periodistas magangueleños que, aun queriendo, no podían contar ningún detalle de aquel reino del horror sin quedar bajo el riesgo de correr la misma suerte del viejo “Prin”.

El jefe del Apocalipsis, no obstante, ha logrado después de muerto mucho más que destapar la olla podrida de una entidad. A fines del año pasado, Jorge Luis Alfonso López fue condenado en primera instancia a 39 años de cárcel como autor intelectual de ese homicidio.

Aunque su defensa anuncia que va a apelar, por ahora podría decirse que el sacrificio de Prins y la verdad judicial que se estableció en su caso selló la caída del imperio de La Gata, pues se sumó a las condenas y al desprestigio que ya acumulaba Enilce López.

Además, se trata de la primera condena contra un autor intelectual de la muerte de un periodista en el país.

Así que el fin del mundo no fue sólo para él.

 

*Con esta historia continuamos nuestro especial ‘Desenterrar al periodista’, un proyecto hecho con el apoyo de Oxfam y la Unión Europea, que busca rescatar la memoria de ocho periodistas anónimos asesinados en región a causa del oficio.

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Ulises Cantor

07 de Septiembre

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