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Por Jineth Prieto · 02 de Mayo de 2017

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Tras casi  año y medio de haber llegado a dirigir Floridablanca, un municipio que en los últimos ocho años ha tenido siete alcaldes, Héctor Mantilla, el alcalde más joven del país, lejos de haber pagado novatadas, ha demostrado que a sus 23 años sabe hacer tanta política como los caciques más viejos de las regiones.

Concretando alianzas, cumpliendo compromisos, metiendo en su equipo a sus potenciales detractores y coqueteando con los eslabones más altos de poder para atraer inversión, es como Mantilla, un joven de familia conservadora, sobrino del secretario del Congreso, Jorge Humberto Mantilla, y ahijado político de Marta Lucía Ramírez, ha mandado en el segundo municipio del área metropolitana de Bucaramanga.  

Con todos en el llavero

Desde que llegó al poder Héctor Mantilla se ha sabido mover para poner de su lado -y de paso neutralizar- a todo los  actores que tienen juego dentro del poder de Floridablanca.

La destreza con que lo ha hecho ha sido tal, que según ocho fuentes, entre políticos, concejales y periodistas, si hay algo que ha demostrado el alcalde más joven del país, es que entiende muy bien la política y que sabe jugar para poner la balanza a su favor.  

 

Por un lado, ha sido clave su capacidad de rodearse con el poder independientemente de su origen o su imagen.

Esa destreza ya  había quedado en evidencia desde la campaña de 2015 cuando a pesar de presentarse como un candidato independiente se alió con los poderosos tradicionales de Santander para llegar al poder. 

En esa carrera no solo contó con el apoyo del parapolítico Luis Alberto ‘el Tuerto’ Gil, sino que también montó al bus de su aspiración al controvertido contratista y representante de Opción Ciudadana, Fredy Anaya, al exsenador conservador condenado por el ‘carrusel’ de las Notarías, Alirio Villamizar, al senador de Cambio Bernabé Celis, a una parte de los liberales de Santander.

Como suele suceder con este tipo de apoyos, empezaron a ser correspondidos una vez la administración de Florida quedó en sus manos, y a varias secretarías y cargos clave del municipio llegaron fichas de esos grupos políticos.

Además de haber correspondido el apoyo de los más poderosos, Mantilla también le apostó al Concejo y ya como mandatario dio muestras de que su capacidad política está lejos de ser la de un principiante.

Aunque inicialmente hubo un sector que no se incluyó dentro de su coalición, en los primeros meses de su mandato logró alinear a los 19 concejales, y hoy dentro de esa corporación solo cuenta con aliados.

Sin embargo, Mantilla no dejó rueda suelta en su municipio, y más allá de los poderosos tradicionales de Floridablanca, también puso de su lado a los veedores, un grupo que es ciertamente poderoso allí y que en los últimos ochos años además de tumbar al Concejo, puso contra la pared a los alcaldes del momento.

Esas movidas sumadas a que apenas llegó puso en cintura el controvertido contrato de las Fotomultas -su principal acierto en temas de ejecución-, le puso de su lado a los ciudadanos de a pie.

"Floridablanca tiene muchos problemas, pero arreglando ese entraba ganando", le dijo a La Silla un político que lo ayudó en campaña.

Eso le ha servido a Mantilla para gobernar sin oposición, algo que no se había visto en Floridablanca en los últimos doce años.

Sin embargo, el Alcalde de Florida no solo se ha movido en lo local, sino que también ha dado varias puntadas políticas en el área.

Por ejemplo, se pronunció en contra del pico y placa zonal en Bucaramanga, ciudad en la que su papá -Jaime Mantilla- tiene todos sus intereses económicos puestos.

Mantilla papá además apareció en fotos con el comité de la revocatoria a Rodolfo Hernández, y aunque eso no tiene que ver directamente con su hijo, sí refuerza la línea en la que se ha movido la administración de Florida respecto al trabajo en conjunto en municipios que no son sus aliados naturales.

"Digamos que él solo se mueve cuando hay un interés directo", le dijo a La Silla una fuente que conoce de cerca su administración.

Por ejemplo, Mantilla no se pronunció frente a la potencial quiebra de Acualago, pese a que el proyecto está en su municipio y Floridablanca es uno de los socios; y tampoco se ha movido en la misma línea que los demás para definir temas relacionados con Metrolínea, proyecto que comparte con todo el área Metropolitana.

Así que si Mantilla deja clara otra cosa es que sabe hacerle contrapeso político a quienes no son sus aliados.

El mejor amigo de Tavera

En medio de la alineada con todos los sectores de Floridablanca, Mantilla concretó otra alianza que se ha vuelto clave para su administración: se convirtió en el alcalde más cercano al gobernador de Santander, Didier Tavera.

Mantilla y Tavera hicieron campaña juntos en 2015, y terminaron sellando una alianza luego de que el ahora Gobernador le diera la espalda a Édgar Higinio Villabona, el otro candidato fuerte en la contienda.

Si bien eso les sirvió para acercarse, según le dijeron a La Silla seis fuentes, dos de las cuales están dentro de la Gobernación, lo que terminó siendo decisivo en esa alianza fueron las ansias de figuración de los dos, algo que podían lograr trabajando juntos.

Por un lado, esa alianza le funciona a Tavera porque cultivaba su imagen y la de su casa política en el segundo municipio del área metropolitana y el tercero más fuerte electoralmente en el departamento; y por otro, le funcionaba a Mantilla porque podría servirle para atraer recursos, como efectivamente pasó.

En octubre del año pasado y luego de varios meses de protagonismo por el tatequieto que le puso al concesionario de las fotomultas en Floridablanca, Mantilla anunció el ‘Plan Floridablanca 2019’, y dio a conocer que la Gobernación le pagaría la mitad de las obras que prometió en campaña.

Según dijo Mantilla, el acuerdo quedó en que de los $108 mil millones que cuesta construir el  intercambiador de Fátima, la intervención del intercambiador de Papi Quiero Piña, el parque del parapente y el parque de la familia, Tavera pondría $50 mil millones y su administraciòn los restantes $58 mil millones. 

Además de los recursos, junto a Tavera, Mantilla logró que la Universidad Industrial de Santander, UIS, se fijara en la construcción de la universidad de Floridablanca (una obra que se contrató hace dos administraciones y que hoy solo tiene levantado el esqueleto de su estructura) y firmó un convenio para que esa institución educativa, la pública más importante del país aceptara terminarla y convertirla en su segunda sede en el área metropolitana.

Esa jugada le dio varios puntos dentro del tablero de ajedrez político porque además de que salvó el edificio (era considerado un elefante blanco en Florida), lo hizo sin meter un solo peso, debido a que el acuerdo quedó en que la Alcaldía entregaba lo que había, la Gobernación ponía plata para terminarlo y la UIS lo dotaba y lo administraba.

Así que si todo sale bien, y las obras no solo arrancan sino que se concluyen dentro de lo esperado, la alianza seguramente le dará réditos políticos a Mantilla en el futuro y de paso a Tavera, quien tendrá como reforzar su imagen en ese municipio en el que en 2015 -pese a que contó con gran parte de la maquinaria local- quedó 15 mil votos por debajo del candidato independiente de esa contienda, Leonidas Gómez-.

La contratación y las ías, chapadas a la antigua

Si bien la simpatía que ha ganado con esas movidas le ha servido para tener una imagen ciertamente buena en el área metropolitana y en la encuesta del Cómo Vamos logró una aceptación del 89 por ciento (fue el que obtuvo la más alta del área en esa medición), Mantilla ha enfrentado varios cuestionamientos por dos hechos en particular. 

El primero está relacionado con las elecciones de contralor y personero. 

Aunque esos procesos no están directamente ligados a él y son resorte del Concejo, desde que se eligió como Alcalde, en Floridablanca empezaron a denunciar que estaba moviendo fichas para poner a gente de su cuerda en esos dos cargos.

Esas versiones no se han comprobado y están siendo investigadas, pero sí hay varios hechos que las refuerzan.

Por un lado, el primer Personero que eligieron en Florida fue Robiel Barbosa, un abogado que es conocido en Florida por ser cercano a la familia del Alcalde. 

Barbosa llegó a ese cargo luego de que el Concejo inclinara la balanza a su favor dándole la máxima calificación en la entrevista del concurso y la mínima a quien hasta ese momento era el primero en la competencia por sus resultados en la prueba de conocimientos. 

La manera en la que gran parte de los concejales concretaron esa jugada fue tan cuestionada, que el Consejo de Estado declaró nula la elección y ordenó que se reiniciara el proceso de selección desde la entrevista.

Al final, el que se quedó con ese cargo fue José Escamilla, quien además de ser el demandante, según dos concejales y un líder del municipio, es cercano al senador de Cambio Bernabé Celis, congresista que también apoyó la campaña a Mantilla, y quién fue denunciado ante la Corte Suprema por su presunta injerencia en ese proceso. 

Sin embargo, el proceso de la Contraloría ha sido más problemático aún.

El lío con ese cargo estuvo básicamente en que los actuales concejales desconocieron el concurso que dejaron listo sus antecesores y llamaron a uno nuevo pese a que existía una orden judicial que ordenaba que nombraran a quien lo había ganado.

De ese nuevo proceso fue elegida Luz Marina Díaz, quien es esposa de Javier Duarte Delgado, y quien a su vez fue uno de los tres miembros del comité que inscribió a Renace Floridablanca, el movimiento por el que se eligió Mantilla. 

El Tribunal Administrativo de Santander ya declaró nula la elección porque determinó que Díaz ni siquiera cumplía los requisitos para ser contralora. El fallo fue apelado y aún el Consejo de Estado no se ha pronunciado.

Por esas irregularidades la Fiscalía ya abrió investigaciones contra los concejales y está a punto de imputarlos. Aunque en las denuncias también han pedido que investiguen a Mantilla dados los hilos que lo unen con los beneficiados de los cargos, no lo han vinculado.

El segundo hecho que tiene en entredicho la administración de Mantilla, está relacionado con la contratación de la Alcaldía.

Si bien su contratación gruesa no ha sido mucha y desde que se eligió solo ha entregado 21 contratos de más de mil millones, 10 de los cuales han sido convenios con otras empresas del Estado, los restantes han encendido las alertas en Transparencia por Santander.

Por ejemplo, desde que arrancó su administración Mantilla ha entregado a dedo todos los contratos del Programa de Alimentación Escolar, PAE, que suman más de $7 mil millones, a empresas allegadas a los aliados del grupo de los hermanos Torrado, dos políticos que fueron señalados de estar detrás del carrusel de los contratos de alimentación en el país. 

Además, de los ocho que Mantilla ha sometido a concurso,  siete cerraron con único oferente (el que no fue una subasta en la que se presentaron dos propuestas), y tuvieron observaciones de posibles oferentes  e incluso de Transparencia por Santander que hablaban de condiciones restrictivas que podían direccionar la contratación.

Por ejemplo, mientras que en Bucaramanga el contrato de transporte escolar tuvo ocho oferentes, en el de Floridablanca -municipio que tiene características geográficas muy parecidas a las de la capital de Santander-, esa licitación cerró con solo uno. 

En los contratos más pequeños, como lo contó La Silla, ya han sido beneficiadas personas cercanas a sus aliados políticos, e Ibeth Suárez, esposa del director de la Cdmd, Martín Carvajal, quien a su vez es ahijado político del representante Fredy Anaya, recibió un contrato por $630 millones.

Eso sin contar que la contratación directa está disparada en su gobierno: el 79 por ciento de la plata la ha entregado a dedo.

Con ese arranque de precedente, Mantilla empezará a aterrizar su plan de desarrollo.  Ahí se medirá si tiene la misma destreza para ejecutar.

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