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Por Jineth Prieto · 28 de Julio de 2016

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Siete meses después de que Rodolfo Hernández arrancara su administración como Alcalde de Bucaramanga se quedó sin el apoyo de su hermano Gabriel Hernández, quien no solo fue el que ideó si no el que dirigió toda la campaña que lo llevó a dar un golpe de opinión en las urnas y derrotar a las maquinarias políticas de la capital de Santander.

La campaña

Cuando Rodolfo Hernández ganó la Alcaldía de Bucaramanga en octubre de 2015 se convirtió en uno de los palos electorales del país.

 

Su triunfo sonó no solo porque fue el candidato antipolítico que se enfrentó a toda la maquinaria tradicional con una campaña a la que le invirtió poca plata  y porque era un rico de Santander que se le fue de frente a la corrupción con discursos desparpajados, sino porque su campaña se construyó con base en los fundamentos teóricos de Emmanuel Kant.

Detrás de esa propuesta, en un país en el que las campañas se tienden a cimentar en el pan y circo romano, estuvo su hermano, el semiólogo y filósofo Gabriel Hernández.  Él, con el discurso del imperativo categórico kantiano – una teoría que consiste en actuar de tal forma que si todos hicieran lo mismo el resultado sería positivo o, simplificado, en actuar bien por la virtud intrínseca de hacerlo y no por las consecuencias para quien lo hace- se convirtió en el guía de la quijotesca travesía de Rodolfo Hernández.

Bajo los principios de Kant fue que se montó una campaña cuyo símbolo era el número pi y se creó el eslogan 'Lógica, ética y estética', tres palabras que Rodolfo se aprendió de memoria y que explicó en todos lo espacios donde le abrieron un micrófono cuando estaba en campaña. 

"La lógica es coger la plata del pueblo, no robársela el alcalde como están haciendo vulgarmente en toda Colombia y aplicársela a la gente más pobre en programas serios y estructurados, ¿qué es la ética? pues no robarse la plata y ¿qué es la estética? que todo sea bello", le dijo Hernández a La W cuando arrancó su campaña en medios.

La influencia de Gabriel Hernández fue tanta, que antes de que iniciara formalmente la campaña, Rodolfo Hernández estudió filosofía con él hasta que se apropió de lo que su hermano quería decir.

"Él, al principio, no estaba convencido. Estaba totalmente orientado a recibir el apoyo de los barones politiqueros que hay aquí en la región, pero yo empecé a cultivarlo, a hablarle del imperativo categórico que es la herramienta necesaria para derrotar la politiquería. Ya lo habíamos visto con Mockus, así Mockus nunca la hubiera nombrado así", le dijo Gabriel a La Silla en una entrevista cuatro días después del triunfo.

Por eso, cuando inició la administración de Hernández era común ver a Gabriel  en los pasillos de la Alcaldía, quien de hecho, como contó La Silla, era uno de los que mandaba en el edificio municipal. Él influyó en la definición del gabinete, en la contratación del personal y en general en todo el arranque del gobierno. Era el principal consejero del Alcalde.

Sin embargo, hace tres meses poco o nada se volvió a saber de él en la Alcaldía.

“Se retiró porque se desencantó”, le dijo a La Silla uno de sus allegados.

El inicio de la división

La campaña de Rodolfo Hernández se hizo con un círculo cerrado, que en la práctica fue más un triángulo. Detrás de la aspiración, además del candidato, estuvo un publicista de HG (la constructora del hoy Alcalde) y su hermano Gabriel Hernández, quien se encargó de la filosofía, de dirigir los discursos de la ‘Lógica, ética y la estética’ y de perfilar las propuestas.

Cuando el triunfo fue un hecho todo anduvo bien. Y en el discurso del Alcalde electo el imperativo categórico de Kant se aplicó con todo su rigor.

El discurso contra la corrupción arreció. Por primera vez, un alcalde le pidió a los ciudadanos que le enviaran las hojas de vida al apartamento (que fue su sede de campaña) para que los procesos de selección de contratistas de prestación de servicios también fueran transparentes y se armó el equipo de empalme con voceros de diferentes organizaciones que son conocidas en Santander por luchar contra la corrupción.

Sin embargo, con el pasar de los días las cosas empezaron a cambiar.  

La primera diferencia estuvo cuando se definieron los asesores. La Silla supo que a Gabriel Hernández no le gustó que su hermano vinculara al gobierno a Rodrigo Fernández, un ingeniero que aunque es uno de los principales voceros en Bucaramanga contra la corrupción en la contratación de obras públicas fue funcionario de gobiernos como el del destituido alcalde de Bucaramanga Fernando Vargas; ni a Florentino Rodríguez, quien además de ingeniero es un reconocido activista en la defensa del Páramo de Santurbán.

Tanto Fernández como Rodríguez tienen buena fama en lo local, los dos pertenecen a la Sociedad Santandereana de Ingenieros y en los últimos cuatro años denunciaron presuntas irregularidades en las administraciones de Bucaramanga y Santander.

“Gabriel es muy rígido en su actuar, y cree que porque ellos en algún momento asesoraron a otros gobiernos no deben estar en el actual, porque no lo representan. Esa es su percepción pero no la de Rodolfo”, le dijo a La Silla una persona que hizo parte del empalme de Rodolfo Hernández.

Esa primera ruptura empezó a ahondarse con el tiempo, debido a que muchas cabezas empezaron a mandar en la Alcaldía. 

Como contó La Silla, el inicio de gobierno de Rodolfo Hernández fue muy accidentado. No solo se demoró en arrancar más de lo esperado, sino que en medio de la lentitud con la que operaban empezó a vivirse el síndrome del teléfono roto en la administración.

“Primero Rodolfo decía algo, luego Gabriel decía otra cosa y luego Manolo Azuero (el jefe de gabinete de Hernández, quien trabajó en La Silla y fue el primer editor de la Santandereana) otra diferente. Al final nadie hacía lo que tenía que hacer porque no se sabía cuál era la orden final ni a quién había que hacerle caso”, contó un funcionario de la Alcaldía.

A eso se sumó el hecho de que, según una fuente que se mueven adentro de la Alcaldía, Gabriel Hernández “tiende a ser voluntarioso y si no se le da toda la razón se molesta”.

Cuatro fuentes que le hablaron a La Silla a cambio de la reserva de su nombre aseguraron que esas fricciones ocasionaron que al ideólogo de la campaña lo fueran dejando de lado.

“Rodolfo se dio cuenta de que él era el Alcalde y que no podía depender tanto de su hermano. Eso de alguna manera funcionó para que la Alcaldía se moviera más rápido”, le dijo a La Silla una persona que conoce como se mueve la Alcaldía adentro.

La ruptura

Aunque las relaciones no estaban del todo bien, el gobierno de Rodolfo Hernández fue avanzando con su hermano como ‘guía ideológico’. Pero para abril Gabriel dejó de estar dispuesto a acompañarlo.

Según supo La Silla, para ese entonces Gabriel consideró que Rodolfo había empezado a dar el brazo a torcer no solo con la vinculación del personal, sino también en sus relaciones con los políticos; y además tuvieron diferencias con el manejo de los contratistas y funcionarios. Mientras que el Alcalde creía que el manejo debía parecerse más al del sector privado, en el que si no sirve un empleado se despide, para su hermano la relación debía ser más conciliadora, con el ánimo de que quienes eran nuevos aprendieran.  

La Silla se enteró de que Gabriel Hernández ha descrito el camino que le trazó a Rodolfo con el imperativo de Kant como "una autopista pavimentada para que se rigiera por los principios de la campaña" y que ahora considera que su hermano "ha preferido irse por las trochas”, y que la "ética la mandó para la porra". No pudimos corroborar esa versión con otra fuente independiente.

Pero lo que sí es un hecho es que desde que su hermano se alejó de la administración, Rodolfo empezó a achicar distancias con los políticos.

Por ejemplo, antes de la aprobación del Plan de Desarrollo hubo una reunión con los concejales en la que Rodolfo relevó como vocero de la alcaldía a Manolo Azuero, y designó en su lugar al secretario del Interior, Ignacio Pérez. Esa decisión para muchos demostró que el Alcade había cedido ante las presiones del Concejo, cuyas mayorías están en oposición y despreciaban al joven funcionario.

Más adelante, el congresista liberal Édgar ‘El Pote’ Gómez medió para que Rodolfo se reuniera con Juan Manuel Santos, luego de los desplantes que le había hecho el Alcalde al Presidente cuando éste había estado en Bucaramanga. Esa reunión, en los principios kantianos de la campaña, era el equivalente a sentarse a negociar con los políticos que criticaron.

Pero La Silla supo que lo más le disgustó a Gabriel Hernández fue la foto de Rodolfo alzando las manos de los concejales en medio de la posesión del contralor de Bucaramanga. Esa foto para el semiólogo "desdibujaba" toda la simbología que había construído alrededor de la imagen de su hermano.

Además, varios de los integrantes del gabinete que inicialmente escogió Gabriel Hernández han sido cambiados por Rodolfo. En Educación, Interior, Tesorería, Cultura y algunas subsecretarías ya se han dado cambios.

Esas decisiones, ahora más que nunca, han marcado una distancia ideológica entre los hermanos, y aunque en la administración de Hernández se mantienen en que esos hechos en nada han cambiado el espíritu del gobierno, no todos los cercanos a él piensan de esa manera.  

“La salida de Gabriel de lo administrativo ayudó a que se empezaran a mover las cosas más rápido, pero el soporte filosófico lo tenía él y eso lesiona bastante el espíritu con el que fue elegido. Ahora uno ve a Rodolfo dando tumbos en su discurso”, le dijo a La Silla alguien que conoce desde adentro la administración de Hernández. Por lo menos Kant sí desapareció de ellos.

Comentarios (3)

DIDUNDI

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A Gabriel H le molesto la vinculación de Rodrigo Fernández y Florentino Rodríguez -el ultimo sin cuestionamientos- pero en cambio Gabriel H influencio para nombrar en el gabinete al parasito Jorge Figueroa, Secretario de Desarrollo Social y esto si decepciono y le quito mucha credibilidad a los electores. Doble rasero. Es problema de egos. Pésimo haber alzado las manos de los consejales.

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