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Por Laura Ardila Arrieta · 19 de Marzo de 2016

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En el mundo político, es de lo más normal oír que una u otra entidad pública “es” de algún congresista, como si se tratara de su finca privada, debido a que el poder que ejercen en ella es tal que parecen más dueños que servidores públicos. Estos entes son el corazón del clientelismo porque allí los políticos tejen sus redes de amigos a los que les dan puestos o les hacen favores para que más tarde eso se traduzca en votos. En algunos casos casi imposibles de confirmar, también suelen servir de caja menor para las campañas.

La Silla comienza desde hoy a armar el álbum de ese clientelismo en las regiones, incluyendo Bogotá. Para ello, consultamos a varios expertos de la política tradicional para establecer primero cuáles son las cuatro entidades más apetecidas por los puestos o el presupuesto que manejan. Y luego averiguamos qué grupo político tiene representación allí y cómo se evidencia eso.

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