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Por Juan Esteban Lewin · 02 de Mayo de 2016

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La columna del senador Horacio Serpa de hoy, que fue tomada en muchos medios como un anuncio de que el Partido Liberal se sale de la Unidad Nacional, tiene toda la pinta de ser más un ladrido que un mordisco, y de tener más que ver con la política interna de los rojos que con las relaciones con el Gobierno.

La Silla confirmó con siete fuentes del partido, incluyendo una muy cercana a Serpa, que la posición solo es personal y que definitivamente no es una posición del Partido Liberal como un todo.

 

“Hay malestar pero no se ha decidido salir de la Unidad Nacional”, explica un congresista. Y eso mismo nos dijeron por aparte otras seis fuentes del liberalismo.

Mañana habrá una reunión de bancada, como las que hubo la semana pasada, y como ellas seguramente incluirá una discusión sobre el punto de las relaciones con el Gobierno. Pero lo más probable, según las fuentes consultadas, es que ese punto no se decida esta semana.

Todo indica más bien que el tema será parte del congreso interno liberal del 14 y 15 de mayo, en el que se juega buena parte de la estrategia liberal para las elecciones de 2018, incluyendo el papel de Serpa.

En la medida en que el senador logre ser más visible antes del congreso, podrá tener más incidencia en éste; y como será la última convención roja antes de las elecciones de 2018, ese mayor margen de maniobra puede convertirse en un poder decisorio para las elecciones.

El congreso de las definiciones

El Congreso que arranca en 10 días en Bogotá tiene un temario que aún no está definido del todo, pero que incidirá en el camino de los liberales para el 2018. Y sus resultados son difíciles de prever porque atienden no sólo los congresistas sino que hay una larga lista de asistentes, incluyendo diputados, directores de medios liberales, ex congresistas, ex ministros, y los elegidos en asambleas departamentales y municipales que se están dando en estos días.

En total, unas 500 o 600 personas que no necesariamente pertenecen a grupos políticos definidos, por lo que una vocería firme que encarne el malestar de muchos liberales, como la que está haciendo Serpa hoy, puede transformarse en liderazgo dentro del congreso.

Lo primero que debe hacer el congreso es aprobar unos nuevos estatutos, después de que el año pasado el Consejo de Estado anuló los que había adoptado en 2011.

Hay malestar pero no se ha decidido salir de la Unidad Nacional

Congresista liberal

Para hacer esa tarea, que es esencialmente legal más que política, la Dirección Nacional armó un comité como ordenó el Consejo de Estado, y puso a la cabeza al ex congresista Gilberto Rendón, quien es conocido porque estuvo ternado a la Contraloría en 2014 con el apoyo del ex presidente liberal César Gaviria.

Rendón le explicó a La Silla que el trabajo se ha enfocado en unos estatutos que van a crear más organizaciones liberales nacionales de sectores como pensionados, grupos étnicos, jóvenes o mujeres, y en reformar la estructura disciplinaria del partido. Es decir, temas más bien poco sexys.

Pero todo indica que mientras se discuten esos borradores también se van a mover los temas más políticos, pues serán los siguientes en la agenda. Entre esos, el de las relaciones con el Gobierno.

Sobre ese punto hay posiciones encontradas entre los liberales.

Van desde el llamado que hicieron hace meses las senadoras Viviane Morales y Sofía Gaviria para salirse de la Unidad Nacional hasta posiciones como las del representante vallecaucano Fabio Arroyave, quien dice que deben seguir en esa coalición, pasando por la “independencia crítica” que propone Serpa.

“Esto está muy dividido”, resume el representante por Bogotá Andrés Felipe Villamizar.

En todo caso, ese debate se dará en esa convención del Partido y mientras tanto no se va a decidir nada. Y  tampoco es claro que la decisión final sea la que propone Serpa.

“Al doctor Serpa le tenemos un profundo respeto y admiración, pero de ahí a la sumisión hay un trecho muy largo”, dice el representante caldense Mario Castaño.

En todo caso, ese no es el único punto central que se va a debatir en el Congreso.

Otro es el mecanismo para entregar avales para las elecciones legislativas de 2018, algo que es crucial para los congresistas y diputados por el poder que les da tener incidencia en quién es candidato.

Las opciones son que los entreguen los congresistas y diputados; que compartan ese poder con los directorios; u otro mecanismo como consultas abiertas en las que tendrían menos incidencia.

Y un asunto más es quién va a dirigir el partido, un tema que también tiene el potencial de definir mucho poder y, además, le puede dar mucha visibilidad a quien sea elegido con miras al 2018.

Allí, antes de nombres, se debaten tres opciones: un jefe único (que algunos dicen que podría ser César Gaviria o el mismo Serpa), una jefatura bicéfala con un senador y un representante, o una colegiada como la actual, en la que hay seis de cada cámara.

También se deben discutir otros puntos que pueden cambiar el poder dentro del liberalismo, pero que para todas las fuentes consultadas en principio no van a modificarse: la decisión de si llevar candidato propio a la Presidencia (todos creen que sí), la de cómo se elegiría (dicen que la tradición de hacer consultas abiertas se respetará) y algunos lineamientos para hacer coaliciones y alianzas.

En todo caso, como el congreso del Partido no va a estar dominado por los parlamentarios, los resultados no son fáciles de prever. Más, porque entre ellos hay otra división grande. Y es quizás allí donde se encuentra la verdadera explicación a la ‘pataleta’ de Serpa.

Las tensiones en la bancada de la Cámara

Según los acuerdos políticos de la Unidad Nacional, en la legislatura que arranca el 20 de julio al Partido Liberal le toca la presidencia de la Cámara. Y definir quién ocupará ese cargo tiene a la bancada toteada.

Aunque inicialmente se había acordado que el elegido sería el santandereano Edgar “Pote” Gómez, lo que le permitiría volver al Senado cuatro años después de haberse bajado a la Cámara, su candidatura se desinfló.

Como ha contado La Silla Santandereana, primero se peleó con su aliado el senador Jaime Durán; luego le salió de competidor el también santandereano Miguel Ángel Pinto (que tiene más apoyos pues fue fórmula de Serpa y es tío político del gobernador de Santander, Didier Tavera); y luego se fue quedando rezagado en apoyos frente a Pinto.

Hoy hay entre cinco y ocho candidatos, según la fuente (La Silla conversó al respecto con cuatro miembros de esa bancada), que incluyen también al sanandresano Jack Housni, al norsantandereano Alejandro Carlos Chacón, al metense Angelo Villamil, al antioqueño Iván Darío Agudelo y al nariñense Neftalí Correa.

Esa situación hace que las las relaciones estén tensas. “Esa bancada es complicada”, dice uno de sus miembros. “En donde hay políticos nunca hay tranquilidad”, explica otro.

Hoy los que pintan más opcionados, según las fuentes, son Pinto y Agudelo. Esa puja se está moviendo de a pocos, pues antes se viene el congreso liberal y la decisión puede darse más adelante, pero hace que la bancada tenga otra fuente de tensión - y que Serpa tenga otro motivo para mostrar su liderazgo hacia afuera, pues entre más poder tenga, mejor para su aliado Pinto.

Al final, la posición que ha tomado Serpa en la última semana, desde el remezón de gabinete, le ha permitido asumir hacia afuera la vocería de las molestias de algunos congresistas y posicionarse para el congreso liberal.

Comentarios (1)

yakurumaz97

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