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Por Jineth Prieto · 14 de Marzo de 2016

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Hace 49 días nadie sabe nada de Henry Pérez, un líder del corregimiento La Gabarra en el Catatumbo que desapareció sin dejar rastro alguno.

A hoy no hay ni una pista de su paradero, ningún grupo armado ha manifestado tenerlo en su poder, y tampoco han llamado para pedir recompensa.

Mientras los días pasan, la preocupación crece en una región que carga en sus espaldas los horrores de las acciones de paramilitares y guerrilleros.

Muchos se preguntan si ese es el inicio de otra ola de violencia  en una región que paradójicamente será priorizada en el posconflicto si se firma la paz en La Habana con las Farc.

El último día que todos vieron a Henry

A Henry, lo están buscado por cielo y tierra, “hasta debajo de las piedras” dicen en La Gabarra.

El último día que lo vieron, fue el 26 de febrero a las 7:30 de la mañana cuando salió de la finca que le pertenecía a sus papás en la vereda la Trocha Ganadera para cumplir una cita.

A esa vereda Henry había llegado el día anterior por dos razones; la primera ayudar a Ciro, el dueño de la finca vecina, a arriar el ganado; y la segunda regar los cultivos de limón que se están empezando a dar en esas tierras que antes solo producían coca.

El 26 era un martes. Ese día Henry se levantó a las 4 de la mañana  y junto con otro obrero de la finca de Ciro fue a echarle agua a sus cultivos, que por el verano corrían el riesgo de perderse.

Según los relatos de las últimas personas que lo vieron, cuando solo le quedaban dos pimpinadas de agua, Henry le dijo al otro obrero que terminara por él y que fuera a la finca de Ciro por el desayuno, que él ya lo alcanzaba porque se iba a cumplir una cita y que también le tuvieran el desayuno listo porque no se demoraba.

La cita, según la versión de todos los habitantes de La Gabarra y de las autoridades que están pendientes del caso, había  sido acordada el día anterior en horas de la tarde con otro dueño de una finca en la Trocha Ganadera al que le dicen ‘Chuchomadre’.

Como pasaron varias horas y Henry no llegaba a la finca de Ciro, él lo mandó a buscar con el mismo obrero pero esta vez sobre un caballo. Henry había estado enfermo de la espalda desde hacía algunas semanas y lo que todos pensaron fue que no se había podido devolver por el dolor.

Cuando el obrero llegó no lo encontró, empezó a gritar el nombre y tampoco respondió, luego lo llamó pero ahí ya estaba apagado el celular.

La noticia llegó a la finca de Ciro, quien –dicen en La Gabarra- es como su papá. Cuando Henry está en La Gabarra vive en una casa de él, cuando no tiene trabajo Ciro es el que se lo da.

Henry y Ciro se conocen desde hace 20 años. “Yo lo conocí porque las fincas son colindantes. Él es muy buena persona, lo que ha hecho es trabajar por la gente de acá, nadie entiende por qué se lo llevaron a él”.

Con la certeza de que el obrero no había encontrado a Henry, Ciro envió más empleados para que lo buscaran por todo el sector, pero no apareció.

En el recorrido por la finca de Henry para ver si estaba entre las matas de limón, entraron al rancho que improvisadamente había construido allí para resguardarse del sol, pero lo único que encontraron fue su sombrero y la linterna.

Los primeros reclamos se los hicieron a ‘Chuchomadre’ (nadie en La Gabarra le dio a La Silla el nombre real), quien, según la versión de seis habitantes de La Gabarra, reconoció que lo había llamado, pero quien también dijo que Henry no llegó a la cita que le había pactado.

La Silla buscó a ‘Chuchomadre’ para conocer su versión pero fue imposible contactarlo.

¿Por qué Henry?

Henry tiene 47 años y desde hace 7 años vive en unión libre con Elibeth Murcia. Nació en Aguachica, César, pero llegó a vivir a La Gabarra cuando era un niño. Le gusta la política, y en las elecciones del pasado 25 de octubre fue candidato al Concejo de Tibú con el aval del Partido Liberal. Sin embargo, perdió la tercera curul que obtuvo ese partido por 33 votos.

Hace ocho años también había aspirado al Concejo, por la ASI – partido que para ese entonces era indígena- pero solo sacó 173 votos.

Todos lo conocen en el corregimiento,  que está a tres horas de Tibú  en bus, por ser el presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de La Gabarra y por liderar la llegada de proyectos productivos en la región como alternativa a la siembra y producción de coca.

Muchos dicen en La Gabarra que esa puede ser la razón de su desaparición. Y es que aunque, según los cálculos de los mismos líderes de ese corregimiento, cerca el 80% de la población vive de la siembra y procesamiento de coca directamente, la mayoría se quiere salir.

“El negocio ya no es tan rentable, a ellos les siguen pagando el kilo de coca a 2 millones cuatrocientos mil, y ese precio se ha mantenido como por 10 años. Ya la gente está cansada de mantener ese negocio, y por eso lo que estamos buscando es otra manera de sobrevivir”, le dijo a La Silla otro de los líderes que prefirió la reserva de su nombre.

En los últimos años, algunos de los campesinos, entre esos Henry,  empezaron a sembrar árboles frutales, plátano, maíz, zapote, a pensar en producción de madera y en caucho.

Precisamente, cuando Henry se fue para la Trocha Ganadera, iba a cuidar los árboles que había sembrado como prueba piloto para demostrarle a los habitantes de La Gabarra que pueden tener otra manera de subsistir.

“Henry tiene algo que todos valoramos, él ha sido el único que se les para a todos, no importa si  son guerrilleros o lo que sean para defender a la comunidad y para cambiar la cara de La Gabarra, porque ya estamos cansados de que cuando uno busca en internet aparezcan masacres”, le dijo a La Silla otro líder del corregimiento.

Aunque aún no hay pistas de su paradero, en las semanas previas a su desaparición ocurrieron dos hechos que también hacen parte de las hipótesis que podrían explicar la desaparición de Henry.

El primero fue en la invasión 6 de abril.  Esa invasión, que ya es considerada un barrio de La Gabarra,  nació en un lote al que le sacaron 700 parcelas, una de las cuales le entregaron a Henry para que construyera su propia casa. No obstante, a mediados de enero fue ocupada por otra persona, a la que el desaparecido líder le hizo el reclamo.

“Por eso hubo una discusión. Después de eso, cuando Henry iba caminando, un señor en una moto lo alcanzó y le dijo que le dejara la parcela a la señora que  la ocupó. Él le dijo que no estaba robando a nadie.  Después contó que parecía que le habían echado a la guerrilla, porque eso era muy extraño”, relató una fuente allegada a Henry que pidió la reserva de su nombre.

El segundo hecho está relacionado con una discusión que Henry sostuvo en inmediaciones de la vereda la Trocha Ganadera porque unos finqueros pusieron un peaje y estaban cobrando el paso de carros. De esa discusión no se saben detalles.

Desde el día de la desaparición, los  habitantes de La Gabarra han cuadrado bloques de búsqueda para encontrar a Henry pero ninguno ha dado resultado. Hasta con brujos han tratado de dar con su ubicación pero eso tampoco ha dado fruto.

La cruz de La Gabarra

La Gabarra es un corregimiento de Tibú  que está ubicado estratégicamente en Norte de Santander. Al oriente tiene la frontera con Venezuela a menos de 20 kilómetros de distancia, en ese mismo costado tiene el río Catatumbo, del que es el mayor puerto, y en los otros sentidos lo rodean San Calixto,  El Tarra y Teorama (municipios que también son cocaleros y que en los últimos días han sentido la guerra de cerca).

Su ubicación es ideal, porque además de estar en uno de los mayores puntos de siembra de coca de Colombia, tiene los corredores para sacarla procesada por el vecino país, o transportarla a través del río. La Gabarra también  es un gran corredor para el contrabando de gasolina

En La Gabarra, contando los ocho barrios que están legalmente reconocidos y las 43 veredas que están dentro de su territorio, habitan, según cifras de Colombia Humanitaria 8.500 personas. Muchos de ellos pueden contar que han sobrevivido a la incursión de todos los grupos armados del país.

Fue  en 1999 cuando La Gabarra empezó a sonar con nombre propio en el país. En mayo de ese año una incursión paramilitar que se extendió hasta agosto dejó decenas de muertos en medio de masacres, asesinatos individuales y torturas, que obligaron a un desplazamiento masivo a sus habitantes. 

Aunque el desplazamiento fue en esa época, desde mucho antes los habitantes de La Gabarra habían tenido que aprender a convivir con grupos armados ilegales. El ELN y las Farc ya se financiaban de la producción de coca, y la incursión paramilitar se dio por la disputa del negocio del narcotráfico en la zona.

“En el 99 a mí los guerrilleros me habían dicho que me tenía que ir, yo era comerciante y les dije que me dieran un plazo y me dijeron que hasta el 29 de mayo. Ese día, en el que yo ya tenía todo listo para irme, fue la incursión paramilitar, sacaron a la guerrilla y no me tuve que ir. Después las cosas se pusieron muy feas y salí para Ocaña”, dice José Luis, quien actualmente es el líder de los comerciantes en La Gabarra.

Otros líderes como Óscar Rico, quien pertenece a las Asociación de Víctimas del Tarra y Tibú, Asovitt, cuentan cómo en esa época algunos pudieron predecir la incursión paramilitar.

“Yo trabajaba en la vereda Caño Salado sembrando coca, porque no había otra manera de subsistir, y allá se escucharon rumores de que los paramilitares venían en camino. Nos tocó irnos antes de que nos mataran”.

Ese año marcó el antes y el después para los habitantes de La Gabarra. Los que no salieron se convirtieron en ayudantes y los que se fueron empezaron a buscar ayuda en Cúcuta, Ocaña, el Cesar y en algunos casos llegaron a Bucaramanga, y no les fue bien.

A La Gabarra empezaron a retornar las familias después de la desmovilización paramilitar, cuando la violencia volvió a sus tradicionales proporciones y los asesinatos y desapariciones volvieron a ser ocasionales.

Henry y su esposa Elibeth también sufrieron los embates de la guerra, y aunque para 1999 no estaban juntos, a los dos les tocó desplazarse por miedo y amenazas de los grupos armados.

“A uno le toca acostumbrarse a que ese tipo de cosas pasen, a vivir pegado a Dios y a esperar que nada le pase a uno. La situación venía calmada desde 2007, cuando fue el último asesinato de un líder en La Gabarra. De ese entonces para acá volvimos a tener más confianza y por eso ahora hay líderes y juntas de acción comunal”, dice Rafael Casadiego, líder de la Asociación de Productores del Catatumbo, Asoprocat.

El ELN ha sido la única guerrilla que se ha pronunciado sobre la desaparición de Henry Pérez y ha dicho que no lo tiene en su poder, el resto están guardando silencio.

La tensa calma

Aunque en La Gabarra tienen presencia el ELN, las Farc y el EPL, los Urabeños y los Rastrojos, y en todo el Catatumbo corre el rumor de que antes de que ocurra su desmovilización, las Farc están heredándole su estructura al ELN  y al EPL, si es que llega a feliz término el proceso de paz en La Habana, el municipio se mueve normalmente.

Las tiendas se abren temprano y cierran tarde en la noche, los bares abren, se venden almuerzos, llegan los buses y sus habitantes viven como en cualquier municipio del país.

Muchos dicen que aprendieron a ignorar la presencia de todos los grupos, que cuando llegan al pueblo se mueven entre ellos como civiles.

“Esos son los milicianos. El problema es que uno no sabe quién es quién entonces es mejor no hablar de eso. Si no hacen nada malo, no nos preocupa”, señala un habitante de La Gabarra.

En ese mismo espacio también hay presencia del Ejército, la Policía, la Naval, hay estaciones y comandos y todos viven en aparente calma.

Sin embargo, con la desaparición de Henry esa línea se inclinó. En la calle principal de La Gabarra y en muchas de las tiendas hay afiches con su foto que ofrecen recompensa a cambio de información y con mensajes como ‘La comunidad lo exige, su familia lo espera’.

Desde el 26 de enero hasta hoy, cuatro marchas han rodeado La Gabarra reclamando por Henry Pérez. La iglesia, la Alcaldía y organizaciones sociales y campesinas, así como ONG nacionales e internacionales se han sumado al reclamo.

“El mensaje es terriblemente doloroso. Henry es un vocero con credibilidad en la comunidad y un mensaje de estos en pleno proceso de paz es muy preocupante”, señaló Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, organización experta en procesos de paz y en protección a las víctimas.

La Silla también habló con las Fuerzas Armadas que custodian en la zona y todas señalaron que todavía no han encontrado rastro alguno de Henry, que las investigaciones están en manos de la Fiscalía y que están adelantando consejos de seguridad varias veces a la semana para hacerle seguimiento al caso.

“A mí me mataron a mi hermano y lo descuartizaron, me tocó salir desplazada con mi primera hija y volver a iniciar de cero, pero esto que me está pasando en estos momentos es lo peor que he vivido. Por momentos me da depresión y solo me refugio en Dios”, dice Elibeth Murcia, la esposa de Henry.

Desde la desaparición de Henry en La Gabarra se han reportado amenazas a siete líderes más del corregimiento. Nadie tiene claro de dónde provienen.

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