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Por Juan Esteban Lewin · 22 de Marzo de 2017

Foto: Efraín Herrera - SIG

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Con el cambio de Secretario General de la Presidencia, Juan Manuel Santos deja el poderoso computador de Palacio en manos de alguien que conoce los intereses y las necesidades de los políticos al dedillo, porque es uno de ellos.

Mientras que el saliente Luis Guillermo Vélez es un abogado que conoce el mundo político pero que nunca se ha lanzado a una elección, el nuevo Secretario Alfonso Prada es un político de carrera que ha sido concejal y congresista, y que trabajó en la campaña reeleccionista de Santos y en la del plebiscito por el Sí, en los dos casos coordinando el trabajo político en Bogotá.

Pero el cambio no solo obedece a las capacidades políticas de Prada, sino también al desgaste que había sufrido Vélez en Palacio

El cambio de estilo

Vélez, que ahora pasa a dirigir la Agencia de Defensa Jurídica del Estado, llegó a Palacio en abril del año pasado. Tuvo la difícil tarea de reemplazar a María Lorena Gutiérrez, quien manejaba todos los hilos de poder en Palacio.

Y lo hacía tomando decisiones claras, montando y ganando peleas (incluso frente a Néstor Humberto Martínez cuando era el Súper Ministro)  y con medidas que ponían a sudar a muchos altos funcionarios, como el famoso ‘semáforo’ en los consejos de ministros.

Vélez, en contraste, tiene un estilo mucho más conciliador, en el que busca poner de acuerdo a los funcionarios antes de que imponer una decisión.

A pesar de que con Vélez la Secretaria dejó de ser una fuente de conflicto que podía llegar a crear problemas internos como la pelea de Gutiérrez con Martínez, varios altos funcionarios le dijeron a La Silla que había sufrido un gran desgaste.

“Eso estaba cantado”, dijo un ministro. “No coordina, que es su principal tarea” resume otro ministro.

En los 11 meses que duró en Presidencia, Vélez logró varios resultados. Por ejemplo, le metió el hombro a sacar adelante la intervención de Electricaribe, algo que en la Costa fue recibido con alborozo y alivio y que es uno de los pocos resultados recientes que puede mostrar Santos.

También encabezó la intervención del Gobierno en La Guajira y la exitosa negociación con varios líderes de paros como el del Chocó en agosto del año pasado o el de los campesinos de Nariño en febrero.

Además, fue fundamental para lograr que existieran las zonas de concentración de los guerrilleros de las Farc. A pesar de los evidentes problemas que han tenido, y del reto tan grande que es crear 24 pueblos en medio de la nada pues esos campamentos no son transitorios, dos altos funcionarios del Gobierno le reconocieron a La Silla que sin sus esfuerzos la situación podría ser peor porque él se echó literalmente al hombro la tarea de sacarlas adelante.

A pesar de eso, según tres altas fuentes, parte de lo que le costó la salida fueron las zonas. Dicen que aunque el problema se debe en buena medida al cruce de mangueras entre el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, y el del Posconflicto, Rafael Pardo, Vélez no logró solucionar ese choque ni poniéndolos de acuerdo ni imponiendo una posición.

Y eso lo desgastó.

A eso se sumó su relación con los congresistas frente a quienes marcó cierta distancia.

”Le cobran no ser el articulador que había logrado ser María Lorena con el Congreso y con el consejo de Ministros

Ex ministro de Santos

“Estaba totalmente desdibujado en Presidencia desde hace rato”, explica un ex ministro. “Le cobran no ser el articulador que había logrado ser María Lorena con el Congreso y con el consejo de Ministros”

Un congresista explica así la comunicación poco fluida con un ejemplo: “Con Vélez no podíamos hablar en plenaria”, que es cuando muchos congresistas definen con el Gobierno cambios a proyectos de ley, manifiestan sus necesidades o inconformidad, piden puestos y, en general, sienten que tienen una interlocución fundamental.

“Varios congresistas de La U estaban pidiendo su salida porque no servía como interlocutor con el Congreso”, le dijo a La Silla otro congresista, de oposición.

“Luis Guillermo no tenía mucho manejo en el Congreso, y había mucha queja. Algunos congresistas contaban que de la secretaría de Presidencia los mandaban llamar y cuando iban, Vélez no sabía por qué los habían citado“, explicó un alto funcionario del Gobierno, citando un caso concreto.

A pesar de sus otros logros, esas dificultades fueron creciendo. Y la llegada de Maria Lorena a Bogotá, hace dos semanas, aceleró el cambio, según dos altas fuentes del Gobierno, aunque no supieron explicarle a La Silla por qué.

Vélez pasa a un cargo con menos poder y visibilidad, pero que es clave para el país y tiene alguna continuidad frente a lo que venía haciendo: parte de su labor era manejar grandes líos legales, como las intervenciones en Electricaribe y Cafesalud, y como director de la Agencia de Defensa Jurídica será la cabeza de toda la estrategia de defensa del Estado en pleitos en Colombia.

Con él a la cabeza es posible que la Agencia se meta más en la defensa en el exterior (algo que se coordina desde el Ministerio de Comercio), y también es probable que siga participando en temas como el ingreso a la Oecd y la elaboración de las ternas para la Corte Constitucional.

Prada, el político santista

La llegada de Prada al puesto que maneja buena parte de las relaciones del Gobierno con el Congreso, incluyendo el computador de Palacio, tiene varios motivos.

 

Uno es que, según dos altos funcionarios, ya estaba cumpliendo algunas funciones de la Secretaría General.

“Ya cumplía muchas de las funciones del secretario, de apoyo al Presidente en general” explica un ministro. “Por eso lo práctico era nombrarlo a él”.  En esa apreciación coincide un ex ministro de otro partido.

El segundo, que de hecho explica por qué podía tener esas labores, es que Prada, como Luis Guillermo, ha sido un político muy leal con Santos.

Aunque venía del peñalosismo y en 2010 hizo campaña con el verde Antanas Mockus en oposición a Santos, después se convirtió en un santista de primera línea.

En 2011, como congresista y copresidente verde, fue uno de los impulsores de la entrada del partido a la Unidad Nacional.

Luego se opuso al ingreso del progresismo de Gustavo Petro al Partido Verde, algo en lo que salió derrotado, y por eso terminó quedándose solo en el Verde. Y convertido en santista: según dijo en una entrevista a Semana en 2013, “Desde hace tres años hemos encontrado grandes coincidencias con el presidente Santos alrededor de sus reformas“.

Él prefirió no buscar una curul en el Senado ni reelegirse sino jugársela a fondo por la reelección de Santos, lo que le costó que otros verdes buscaran quitarle su derecho a voto en el Congreso.

En todo caso fue el gerente de campaña en Bogotá en la primera vuelta. En la segunda vuelta, tras la derrota, mantuvo el cargo aunque otras figuras como Rafael Pardo ganaron importancia.

Tras la victoria y la posesión de Santos, Prada entró en el gran recambio de gabinete como director del Sena, lo que muestra que Santos ya le agradecía ese trabajo.

Encima, el año pasado pidió una licencia a su cargo en el Sena para meterse en la campaña para el plebiscito. Se la jugó a fondo en Bogotá, con lo que quedó aún más marcado como santista en la ciudad donde ha hecho toda su carrera política, y allí ganó el Sí.

La tercera razón para nombrarlo es que en el Gobierno creen que puede tener mucho más manejo en el Congreso, justamente dado que es un político de carrera.

“Prada sabe mucho del manejo del Congreso, le gusta el Congreso y tiene mucha más experiencia en ese sector”, resume un alto funcionario encargado de las relaciones políticas.

Prada sabe mucho del manejo del Congreso, le gusta el Congreso y tiene mucha más experiencia en ese sector

En esa línea, cuatro congresistas de diferentes partidos le dijeron a La Silla que esperan tener con Prada una relación más cercana de la que tenían con Vélez.

“Prada es un hombre que se lleva bien con todo el mundo” explica un congresista de La U. “Es un tipo serio”, explica un conservador.

“El Presidente estaba buscando algo más de choque, más político y que le de más gobernabilidad”, resume una alta fuente de Palacio.

El cuarto motivo es que en Palacio ven a Prada como un buen ejecutor, que podría ayudar a solucionar líos como el de las zonas veredales, aunque es probable.

“Es un gran ejecutor”, dice una fuente de Palacio. “Es muy bueno, decente y hábil con los políticos”, explica otra que conoce el Gobierno por dentro.

Sin embargo, su propensión a complacer puede convertirse en una fragilidad en el futuro. Lo mismo que muy probablemente los demás ministros no se dejarán coordinar de él.

Y el quinto motivo es que a pesar de ser un político no cae mal en ningún partido: ya no es visto como verde sino como santista en general, y tiene relaciones especialmente buenas con los liberales y con Cambio Radical.

Según cinco fuentes, el vínculo con Cambio se nota en que es pareja de una política vargasllerista, Adriana Barragán.

Barragán fue candidata a la Cámara en el Valle por Cambio Radical en 2010 y en 2012 Santos la nombró presidente de 4-72 (el viejo Adpostal) en representación de ese partido, y se quedó.

Quizás por eso para un congresista de oposición lo pudieron elegir porque “le da garantías a Vargas”.

Sin embargo, no es visto como una ficha de Vargas. De hecho, Prada se ve más como un político autónomo.

Por eso cuatro fuentes diferentes, conocedoras de la política bogotana y de las movidas de Palacio, le dijeron a La Silla que lo ven como posible candidato a la alcaldía de Bogotá en 2019, pero no necesariamente por Cambio.

Prada mantiene buenas relaciones con el vargasllerismo y tiene una estructura política propia en Bogotá, según le dijeron a La Silla dos concejales.

Además, como director del Sena le dio espacio a por lo menos tres políticos (el ex congresista de la ASI Juan Valdés, el ex diputado de Cambio en el Tolima Mauricio Alvarado y el ex candidato a edil verde Juan Pablo Castro) que renunciaron antes de quedar inhabilitados para lanzarse al Congreso, y que vienen de partidos distintos, lo que da cuenta de esa falta de adscripción clara.

Esa diversidad de aliados deja ver que Prada se mueve como el político que es.

Eso le puede servir mucho a Santos en este momento.

Por un lado porque aunque hoy tiene mayorías amplias en el Congreso, los conservadores están definiendo si se salen de la Unidad Nacional (hoy aplazaron la decisión para el 5 de abril, pero sigue en su agenda) y los otros partidos tienden a concentrarse en sus propios cálculos electorales para 2018.  Además, a medida que se acerquen las elecciones de 2018 y si la imagen de Santos no repunta, para los políticos se puede ir haciendo más rentable hablar contra el Presidente que a favor de él.

Como eso hace que la coalición cada día sea un poco más frágil, y en el Congreso hay que tramitar los proyectos de fast track para implementar el Acuerdo con las Farc, tener a Prada (con el computador de Palacio y los 'argumentos' que más convencen a los congresistas) le puede ser más útil que tener un técnico en la Secretaría. Lo mismo si a la Comisión de Acusaciones de la Cámara eventualmente llega, a raíz del escándalo de Odebrecht, alguna denuncia contra Santos por la financiación de sus campañas, incluyendo la violación de topes en 2010.

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