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Por Jineth Prieto · 03 de Mayo de 2017

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Luego de un plan tortuga que dejó como saldo el hundimiento de 9 de los 11 proyectos que presentó la Alcaldía de Bucaramanga entre marzo y abril al Concejo, ayer Rodolfo Hernández instaló un nuevo periodo de sesiones extraordinarias en esa corporación.

Aunque lo hizo con un discurso más bien conciliador que pasó de agache el hecho de que por falta de trámite de los proyectos está congelado el uso de al rededor de $50 mil millones en recursos, que entre otros van para deporte, bomberos, agua potable y tránsito; entretelones el ambiente sigue tan tenso como de costumbre, y ahora está enmarcado en un trancón de proyectos que tiene doble propósito.

 

El primero y más obvio está en la presión política que quiere meter la oposición (integrada por los10 concejales liberales, uno de Opción Ciudadana y uno del Mais).

Y es que de las 9 iniciativas que se hundieron, siete ni siquiera arrancaron el trámite, una tuvo ponencia negativa, y la restante pese a que tuvo ponencia positiva jamás llegó a debatirse.

Lo llamativo de ese balance, es que aunque el Concejo tiene la potestad de negarle el trámite a un proyecto si está incompleto o si considera que algo debe ser modificado (que es lo que en casi todas las ocasiones ha argumentado la oposición), todas las iniciativas que Hernández presentó, a excepción de una en la que pedía facultades para adquirir predios de compensación ambiental, eran de procedimiento (la gran mayoría con temas de presupuesto), es decir, normalmente se aprueban sin mayor debate.

“Cuando hay voluntad se piden los documentos que faltan y se tramita en cuestión de días, pero cuando no, los tiempos son más difíciles. Ese es el poder de la oposición”, le dijo a La Silla un concejal de la oposición.

Sin embargo, si algo dejó claro este episodio es que aunque los ánimos en un sector del Concejo están caldeados por todas las peleas que ha cazado con Hernández, por lo menos en el lado de la Alcaldía no tienen intención de seguir la cuerda.

A diferencia del año pasado, cuando por el hundimiento de uno de los proyectos, la Alcaldía citó a una rueda de prensa para culpar a los concejales por el hecho de que aún no se había contratado el transporte escolar, en esta ocasión Hernández no solo fue a dar discurso al Concejo, sino que lo invitó a trabajar junto a él. 

Pero más allá del impacto político, el otro alcance del plan tortuga está del lado de la plata que reciben los concejales por sesionar en extraordinarias. 

Dos concejales -uno de la oposición y otro de la coalición minoritaria (no es gobiernista pero sí afín a Hernández)- le dijeron a La Silla que debido a que en la Alcaldía se quedaron sin participación burocrática y perdieron injerencia en la contratación, el llamado a extraordinarias se convirtió en su otra fuente de ingresos.

“Un concejal gana alrededor de $450 mil por cada sesión en plenaria, así que si nos  llaman 5 o 6 seis veces sirve. Al final la mayoría querían las extras”, le dijo a La Silla uno de los concejales de la coalición minoritaria.  

Por ahora, los concejales tienen a su favor que, según le dijo a La Silla una fuente de adentro de la Alcaldía, allá han optado por esperar hasta las extraordinarias, que es cuando el Concejo no tiene margen de maniobra (debe discutir exactamente lo que el Alcalde radicó) para asegurar el trámite de los proyectos que les interesan.

Sin embargo, como por ley el Concejo solo puede tener hasta 40 extras al año, eventualmente se le acabará el aire a ese comodín a las dos partes.

Hernández radicó 10 proyectos, todos los que se hundieron entre marzo y abril, y uno adicional, para que en 10 días sean tramitados. Si al Concejo no le alcanza el tiempo podrá extender las extras por otro tanto.

Como en este periodo la Alcaldía se asegura de que tramiten pero no de que le aprueben los proyectos, aún falta ver si la tortuga se queda coja o si el trancón se despeja. 

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